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31

El año de 1783, el 12 de diciembre, las religiosas Franciscanas de Ferrara estrenaron con mucha solemnidad el Altar dedicado a la Virgen de México en su Iglesia de San Vito. Ordenadas en procesión, con velas encendidas en la mano y con cánticos de alabanza, las religiosas recibieron a la puerta del Monasterio la Santa Imagen que los padres mexicanos les habían proporcionado; lleváronla como en triunfo por todo el Claustro, ornado de flores y perfumado con incienso; y desde la sacristía el Capellán la recibió para colocarla en el Altar que le estaba preparado en la Iglesia. Siguió la misa solemne, pero muy solemne, durante la cual después del Evangelio, el conde monseñor Pablo Luis Mantovani predicó el Panegírico en honor de la Virgen Guadalupana de México. Gustó tanto y a todos esta Orazione Panegírica, por referirse en ella con mucha elocuencia la Historia de las Apariciones, que las devotas religiosas tuvieron que costear el año siguiente la impresión, para repartir los ejemplares en la ciudad y en otras partes.

Uno de estos ejemplares encontré acaso aquí en México, y no puedo resistir al deseo de dar a conocer al lector siquiera la división de esta pieza verdaderamente oratoria. Por tema de su Panegírico el orador se sirvió de las palabras que se leen en el Sagrado Libro de Ester, cuando por decreto del rey Asuero los Judíos fueron librados del inminente exterminio, preparado por Amán, Ministro, que diríamos, del Rey. «Nova lux oriri visa est, gaudium et honor: y pareció que les nacía una nueva luz, gozo y honor». (Esth., c. 8, v. 16). Aplicó estas palabras a la Virgen de Guadalupe de la manera siguiente:

María es luz a los mexicanos con sus Apariciones; y estas Apariciones son para los mexicanos un argumento de fe, confirmándolos en la Religión Cristiana que acababan de abrazar: nova lux.

María derrama sobre los mexicanos alegría y gozo por los muchos prodigios y singulares beneficios; y éstos son para los mexicanos un argumento del amor especial que la Virgen les tiene: gaudium.

María ordena a los mexicanos que le construyan un templo bajo el título de Santa María de Guadalupe; y este orden y este templo son para los mexicanos un argumento de sumo honor, que la Virven les hizo: et honor.

 

32

Otro altar hay, erigido hace mucho tiempo a la Virgen de los mexicanos, en la Catedral de la ciudad de Mondoñedo, arzobispado de Santiago de Compostela. El cuadro es de mayor tamaño que el de la celestial Imagen original, y ocupa el centro del Altar que se alza en la parte derecha del crucero. Es venerada allí con mucha devoción esta preciosa Imagen que comúnmente llaman aquellos fieles La Virgen de México. «Yo recuerdo, dice el P. Laureano Veres que me comunicó esta noticia, que cuando estudiaba Filosofía en el seminario de Mondoñedo, iba casi diariamente a la Catedral, y tanto a mí como a mis compañeros nos atraía y embelesaba con su mirada dulcísima la Virgen de México, y la saludábamos con cariño y veneración. Y cuando, deseosos de oír Misa en la Catedral, íbamos a la sacristía para ver si se disponía a celebrar algún sacerdote, más de una vez oíamos al acólito, que preguntaba al viejo sacristán a qué altar debía ir el celebrante: ¡A México! respondía el grave mansionario. Bien sabíamos todos que aquella encantadora Imagen era copia de la celestial Imagen de la Virgen de Guadalupe aparecida sobrenaturalmente entre las milagrosas flores; pero nos parecía mejor llamarla de México para distinguirla de la de Extremadura».

 

33

Hay otras Imágenes de la Virgen de los mexicanos, conocidas bajo otras denominaciones por algún otro beneficio recibido. Ya hemos visto que los romanos hicieron grabar muchas Imágenes de la Virgen de Mexico con el título de Salus Infirmorum por haber sido librados de la peste. En La Habana hay una hermosa Iglesia de tres naves y en el Altar mayor hay una Imagen Guadalupana de México a la cual está dedicado; y sin embargo la Iglesia llámase comúnmente de Nuestra Señora de la Salud, por haber experimentado los habaneros su protección en varias enfermedades. Dicha Iglesia hállase situada en el Distrito de Guadalupe de la citada ciudad de La Habana.

De un milagro obrado por medio de una Imagen de la Virgen de Guadalupe se originó el nombre de la Imagen del milagro, como escribe el P. Fr. José Arleguí en la Crónica de la Provincia de N. P. S. Francisco de Zacatecas. En la Parte III, c. 11, tratando de la sublevación de los Tarahumaras, acaecida el año de 1625, refiere: «Había prevenido esta fatal desdicha una Imagen de María Santísima de Guadalupe, pequeña, que estaba y está en nuestro Convento de San Francisco de Conchos, con tres días de muy copioso y continuo sudor a vista de los religiosos, del general Retaña y soldados de su presidio, que admirados del suceso no sabían a qué atribuirlo, hasta que el cuarto día vieron alzados y de guerra a los indios Tarahumaras». Sobre esta sublevación general de los pueblos de Tarahumaray Sonora, véase la Historia del P. Alegre, Tomo III, Lib. IX, pág. 92.

 

34

Todo esto no se opone a lo que el muy benemérito Pbro. D. Antonio Plantarte y Labastida acaba de escribir en una carta impresa en el periódico de México «El Tiempo», julio 19 de 1895. En resumen, el P. Planearte dice que la idea de la Coronación de la Virgen de Guadalupe nació en el pueblo de Jacona, Diócesis de Zamora, Michoacán, el día 14 de febrero de 1886, día de la Coronación de Nuestra Señora de la Esperanza. En la noche de ese día el Ilmo. Sr. arzobispo Labastida en presencia de unos doce que habían sido convidados, dijo: «Este ha sido el ensayo para la Coronación de la Santísima Virgen de Guadalupe». Todos aplaudieron aquel santo y glorioso pensamiento y se convino en que «se dejara transcurrir algún tiempo en profundo silencio». Y todo esto lo refiere ahora el P. Plancarte «para que nadie pretenda arrebatar esa corona al Ilmo. Sr. arzobispo Labastida».

Después de las fiestas de Jacona, prosigue el P. Plancarte, de Puebla fueron a México primero D. Santiago Beguerisse; más tarde una Comisión a iniciativa del Lic. D. Tomás Lozano para tratar con el Ilmo. Sr. Labastida del proyecto de la Coronación de la Santísima Guadalupana. El Arzobispo acogió la súplica, recomendó la reserva, pero no les reveló la idea surgida en Jacona. Entretanto por escrito y de palabra, los tres Arzobispos combinaban el plan de la Coronación, etc.



En este entretanto hay que colocar la entrevista del que es ahora Ilmo. Sr. Ibarra con el Ilmo. Sr. Labastida, el cual al oír proponer la idea de que se lleve al cabo la Coronación, no guardó la reserva como en las dos antecedentes ocasiones, sino que «acogió la idea con entusiasmo, y ya escribió el Sr. Labastida a los otros dos Arzobispos» y efectivamente con fecha 2 de julio los dos Arzobispos recibían la carta.

Más pormenores sobre este punto pueden leerse en El Amigo de la Verdad, Puebla, diciembre 28 de 1895. En resumen: de las Actas de la Sociedad Católica de Puebla de los Ángeles resulta que cuando en la sesión de 4 de abril de 1886 se promovió la iniciativa de la Coronación, no fue un plagio, ni una idea transmitida: porque cuando en Jacona se emitió el pensamiento de la Coronación de la Imagen Guadalupana, este pensamiento estuvo en secreto o en profundo silencio, como se expresa el P. Plancarte. Y en la sesión del día 2 del siguiente mes de mayo, «el Secretario manifestó que la Comisión encargada de promover la Coronación había comenzado sus trabajos, y había conseguido que el Sr. canónigo don Ramón Ibarra y González se trasladara a México para tratar el asunto con el Ilmo. Sr. Arzobispo. El Ilmo. Prelado acogió la idea con entusiasmo y ha ofrecido dar los pasos necesarios para la realización, empezando por poner de acuerdo en el proyecto a todo el Episcopado Mexicano...».

Con más precisión puede decirse que cuando los mexicanos supieron lo de la Coronación de Nuestra Señora de la Esperanza en Jacona, se preguntaban: ¡¿cómo no se efectúa la Coronación, ya decretada por el Cabildo Vaticano, de Nuestra Señora de Guadalupe?!

En resumidas cuentas, y tomando las cosas desde su principio, el caballero Boturini fue el primero que ideó, promovió y consiguió la Coronación en el año de 1740. El Ilmo. Sr. Labastida en febrero de 1886 manifestó el proyecto de efectuarla y a los tres meses después, el que es ahora Ilmo. Sr. Ibarra con haberle propuesto la idea de que se lleve a cabo la Coronación, consiguió que el arzobispo Labastida rompiera el «profundo silencio», y pusiese mano a la grande obra, que cumplirá34.1, Dios mediante, el 12 de octubre de 1895, otro anciano pastor, el Ilmo. Sr. Dr. D. Próspero María Alarcón, actual arzobispo de México.

 

34.1

[«Cumplió» corregido de la fe de erratas del original (N. del E.)]

 

35

LEO PP. XIII. Ad perpetuam rei memoriam.- Relatum est Nobis Beatam Virginem Mariam titulo de «Guadalupe» singulari pietatis studio ac fiducia quotquot sunt fideles incolas Mexicanae Ditionis iampridem venerari, eosque imaginem prodigiis ilustrem aurea corona redimiendam inde ab anno MDCCXL penes Vaticanum Capitulum curis omnibus institisse, sed ex civilibus Mexici vicissitudinibus factum esse ut ad hace usque tempora eiusmodi sollemne pietatis, cultusque tributum nondum redditum sit. Nunc vero temporis cum Archiepiscopi ceterique Mexicanae Ditionis sacri Antistites fidelium sibi commissorum votis obsecundantes, nacti occasionem qua Nos Quinquagesimum a nostro primo Sacro Annum celebraturi sumus, Nos enixe precibus rogaverint, ut proximo mense Decembri eamdem Imaginem Nostro nomine et Auctoritate pretioso diademate ornandi facultatem facere velimus, votis huiusmodi libenti animo annuendum censuimus. Quae cum ita sint, omnes et singulos quibus Nostrae hae Litterae juvent peculiare beneficentia prosequi volentes et a quibusvis excomunicationis et interdicti, aliisque eccleslasticis censuris, sententiis et poenis, quovis modo vel quavis de causa latis, si quas forte incurrerint, huius tantum rei gratia, absolventes et absolutos fores censentes, de Apostolica Nostra Auctoritate, vi praesentium, concedimus ut Archiepiscopus Mexicanus vel unus ex Mexicanae Ditionis Antistitibus ab eodem eligendus uno die infra Decembris proximi mensis spatium statuendo, praedictae Imagini Beatae Mariae Virginis de Guadalupe aureum diadema sollemni ritu, servatisque servandis, Nostro nomine et Auctoritate imponere licite possit ac valeat. Quo vero sollemne sacrum huiusmodi vel in spirituale fidelium bonum cedat, omnibus et singulis utriusque sexus Christifidelibus veré poenitentibus, et confessis, ac sacra communione refectis, qui coronationis eiusdem die vel uno ex septem diebus continuis immediate subsequentibus ante illud Delparae Virginis simulacrum pro Christianorum Principum concordia, haeresum extirpatione, peccatorum conversione, ac Sanctae Matris Ecclesiae exaltatione pias ad Deurn preces effuderint, qua ex iis die id egerint, Plenariam omnium peccatorum suorum Indulgentiam et remissionem, quam etiam animabus Christifidelium, quae Deo in charitate coniunctae ab hac luce migraverint, per modum suffragii applicari posse misericorditer in Domino concedimus atque elargimur. Praesentibus hac una tantum vice valituris. Non obstantibus Constitutionibus et ordinatio nibus Apostolicis, ceterisque contrariis quibuscumque. Datum Romae, apud Sanctum Petrum sub Annulo Piscatoris, Die VIII Februarii MDCCCLXXXVII Pontificatus Nostri Anno Nono. M. Card. Ledochowski.

 

36

No será fuera de propósito repetir al lector que a la fecha la Iglesia Mexicana era gobernada por tres arzobispos y diez y nueve obispos, incluso el de Tamaulipas. Llegaron al obispo de Querétaro veinte protestas, tres de los tres arzobispos y diez y siete de los demás obispos. No le llegó la del obispo de San Luis Potosí; y sea cual fuere la razón de esto, es de creer que el Ilmo. Sr. Montes de Oca no fuese del parecer del Sr. obispo Sánchez, de Tamaulipas. Pues de otro modo no pudieran explicarse aquellas solemnes palabras del Sermón que predicó en 1883 en Monterrey, siendo obispo de Linares, como más adelante se dirá; ni las que pronunció en su homilía el 12 de diciembre de 1891, como queda por extenso referido en el Opúsculo Defensa de la Aparición, cap. 11, págs. 54-56. Las palabras de su Ilma. fueron las siguientes: «Nuestro siglo investigador y descreído ha podido recoger de la Aparición de la Virgen en Francia, (Lourdes) toda suerte de testigos y pruebas que acreditan superabundantemente el milagro; mas en un siglo como en el XVI en que eran señoras de nuestra patria la fe viva y la piedad sincera, para nada eran necesarios los documentos; pues la posteridad recibía de viva voz la TRADICIÓN UNIVERSAL Y CONSTANTE del favor singularísimo que la Madre de Dios se dignó hacer a los mexicanos. Prueba de esta verdad es...». Pronunció estas palabras el Ilmo. Sr. Montes de Oca cuando bendijo solemnemente el nuevo Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en el Valle de San Francisco, hoy conocido con el nombre de Villa de Reyes, de la Diócesis de San Luis Potosí, a los cien años cabales de haberse puesto en ese día, 12 de diciembre de 1791, la primera piedra. Véase la descripción que hizo de esta fiesta el periódico potosino El Estandarte en el número 533 de 16 de diciembre de 1891.

Y preguntado sobre la exactitud de este pasaje, tal como lo hemos copiado del periódico sobredicho, el Ilmo. Sr. Obispo me contestó que con toda fidelidad el editor o redactor había expresado lo que su Señoría había dicho en su Homilía. Nada diremos de una Poesía en que el Ilmo. Sr. Montes de Oca habla de


Zumárraga... el Pastor Santo,
que enarboló cual edita bandera,
Del buen Indiano el milagroso manto.



 

37

Muy brevemente y con claridad trátase de todo esto en el Diccionario de Antigüedades Cristianas de Martigny, en las páginas 33, 97, 316, 615 y 638. En la página 429 hállase dibujado el plan de las Basílicas Cristianas (Dictionnaire des Antiquités chrétiennes par l'Abbé Martigny, París, 1865).

 

38

Entiéndese con el nombre de Obra del Centavo el proyecto iniciado por la Sociedad Católica de México el año de 1869, para sostener el culto del Santuario de Guadalupe, extendiéndolo a toda la República. Y se reducía a que se inscribiesen los fieles siquiera con un centavo cada mes, o con lo que más pudieren, depositando la pequeña oblación en poder de los señores que formaban dicha Comisión, o de sus corresponsales, o bien de los mismos curas, que cuidarían de remitirla o directamente a la Colegiata o al Tesorero de la Comisión.

Según los datos que proporcionó el muy benemérito D. Victorio Suárez, Tesorero que había sido por más de veintitrés años, la Comisión del centavo había colectado durante dicho tiempo, en la capital, la cantidad de noventa y ocho mil y tantos pesos (9815625). En los primeros años la colecta, en media proporcional, era de cuatrocientos pesos mensuales, después se fue disminuyendo, hasta que en los dos últimos años (1892-93) apenas llegaba a ciento y treinta pesos al mes.

 

39

El conocido periódico romano La Civilitá Cattolica reproduce por entero el Texto latino de este Breve, en la Serie X, Vol. I, pág. 134, 1877. Aquí nos contentamos con poner el texto de las palabras traducidas:

PIUS PP. IX. Dilecte Fili, salutem et Apostolicam Benedictionem... Quamobrem nequimus non probare, vos Syllabi Nostri sententias propugnandas explicandasque suscepisse, praesertim adversus liberalismum quem dicunt catholicum, qui cum plurimas habeat ex ipsis honestis asseclas, et minus a vero recedere videatur, ceteris est periculosior, faciliusque decipit incautos, sensimque et latenter scindens animorum coniunctionem, catholicas minuit vires et auget hostiles.

Multi profecto imprudentiae vos arguent, inopportunumque dicent inceptum vestrum; verum non ideo quod veritas multis displicere possit aut obfirmatos in errore suo irritare, imprudens censenda et inopportuna: immo eo prudentior et opportunior quo gravius est et vulgatius malum, cui opponitur. Secus nihil imprudentius aut inopportunius existimandum esset Evangelii promulgatione, tunc facta, cum omnium gentium religio, leges, mores adversa fronte illi repugnabant. Nequibit certe huiusmodi39.1 certamen vobis non comparare reprehensiones, contemptum, simultates; verum qui veritatem attulit terriis39.2.

Datum Romae apud Sanctum Petrum, die 11 decembris 1576. Pontificatus Nostri anno trigésimo primo. Pius PP. IX.

 

39.1

[«Huiusmodi» corregido de la fe de erratas del original (N. del E.)]

 
39.2

[«Attulit terris» corregido de la fe de erratas del original (N. del E.)]

 

40

Como una refutación de estos errores contra la Aparición puede considerarse lo que en 1883 el Ilmo. Sr. Montes de Oca, siendo obispo de Linares, dijo en el sermón que en dicho año predicó en Monterrey en la dedicación del Santuario de Nuestra Señora de Lourdes el 1.º de mayo.

Hállase el sermón en el Tomo II de sus obras, pág. 350; y he aquí sus palabras: «Tres templos insignes se elevan hoy en la cristiandad, dedicados a la Reina de todos los santos, cuya construcción reconoce por origen un milagro patente, y se debe a la voluntad de la augusta Señora, manifestada por sus propios labios. El primero, es la soberbia Basílica que el Papa Liberio construyó sobre el monte Esquilino, con los haberes de dos piadosos cónyuges a quienes apareció, lo mismo que al Pontífice, la Virgen Sacrosanta. El segundo, lo tenemos en nuestra patria, y nadie de vosotros ignora que la misma María descubrió su voluntad al neófito Juan Diego, y le señaló el montecillo que en Guadalupe se eleva, como el lugar en que quería ser adorada por los habitantes del Nuevo Mundo. El tercero, es el que en Francia acaba de construirse, y de que hemos querido hacer un remedo en miniatura en el Santuario que acabo de bendecir».

Al bajar del cielo la Madre de Dios, no quiso, como compete a todo embajador, que se prestara fe o a sus propias palabras o a la de aquéllos a quienes se dignó aparecer, sin presentar, por decirlo así, sus credenciales, y dar evidentes pruebas de su venida y de su celestial procedencia. Sólo Liberio y los afortunados esposos vieron en sueños a María; pero Roma entera pudo contemplar la cumbre de una de sus siete colinas cubierta de nieve, de milagrosa nieve, mientras el sol abrasaba el resto de la ciudad y la península itálica, en la época de los más fuertes calores. Sólo a Juan Diego recreó la vista de la soberana Señora de Guadalupe; pero a muchos fue dado tocar las rosas nacidas prodigiosamente en árido terreno y en pleno invierno: todo el que quiera puede admirar el lienzo en que quedó pintada la imagen divina; y el mundo entero, quiera o no quiera, tiene que contemplar con asombro ese prodigio entre los prodigios, la casi repentina conversión de los aborígenes, que sucedió a la aparición de la Virgen y que persevera hasta el día a despecho de los esfuerzos de la impiedad.

Al bajar la Reina del cielo a la roca de Lourdes, los tiempos y las circunstancias eran bien diversos. Para satisfacer a la generación tan incrédula como investigadora, del día, se necesitan milagros mayores y más patentes que para convertir a los feroces aztecas o afirmar la fe en la Roma del cuarto siglo. La incredulidad de nuestra época, como los escribas y fariseos del tiempo de Jesucristo, niega con inaudito descaro hasta la evidencia, y sería capaz como aquellos, de intentar matar de nuevo a un muerto resucitado, por no dejar ni rastro de un portento.


(Cogitaverunt ut et Lazarum interficerent. Joan, XII, 10).