181
CANGA ARGÜELLES, Diccionario de Hacienda, artículo Deudas de la Corona.
182
En febrero y marzo de
1760.-«Con querer pagar el Rey todas las deudas hasta de
los reyes austríacos ha creído satisfacer a
su honor y conciencia. Son la mayor parte del tiempo del
Rey padre, y horroriza ver gente que ha dado su dinero en
las mayores angustias, no cobrar renta ni capital; otros
a quienes se les han quitado las casas y terrenos para usos
de la corte, no pagados, entre los cuales se cuentan viudas
y huérfanos... No sé cómo está
en pie la monarquía. Pero lo mejor es que todo esto
se representaba por recursos o consultas, que dormían
en la secretaría, porque entristecían sel ánimo
y no podían presentarse al Monarca. ¡Buena conciencia
de ministros!».
Amalia de Sajonia a Tanucci: 20 de mayo de
1760.
183
En 29 de junio de 1760.
184
En 19 de agosto de 1760.
185
FERNÁN NÚÑEZ, Compendio, parte II, cap. 1.º, hace una exacta pintura del desaseo de la corte.
186
Así lo dispuso desde Cariñena el 2 de diciembre de 1759.
187
La Real orden a los ministros de los tribunales se expidió el 18 de enero de 1760; la referente a los militares el 31 del mismo; la otra fue posterior, pero también del año 1760.
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FERNÁN NÚÑEZ,
Compendio, p. II, cap. 1.º Es fama que, a causa de los clamores
suscitados contra la limpieza de Madrid, dijo Carlos III:
«Los españoles son como los niños; lloran cuando
se les quita la basura»
; aunque se valió de otra expresión
más gráfica y no para escrita.-«El temple de
Madrid es muy aplaudido en toda España por razón
de la pureza del ambiente, calificada con la pronta disipación
de todos los malos olores, aun de los propios cadáveres,
pues los de los perros y gatos dejados en las calles se desecan
sin molestar a nadie con el hedor... La causa verdadera,
a lo que entiendo, de este fenómeno es la grande hediondez
de los excrementos vertidos en las calles, la cual sofoca,
entrapa o embebe los hálitos que exhalan los cadáveres.»
Feijoó, Teatro, t. I, disc. 6.º, Régimen para
conservar la salud.
189
Para fijar la fecha de las juras Reales, equivocada en Becattini y Coxe, hago uso de una carta escrita el 8 de julio a Tanucci por Carlos III, y precisamente del pasaje en que tengo sacado su fac-símile.
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Cuenta
FERNÁN NÚÑEZ que, hallándose
la reina Amalia encinta y en días mayores, se mandó
a los de la servidumbre que, apenas sintiera los dolores,
se pusieran de gala para asistir al punto, según costumbre
de Nápoles, al bautizo del vástago regio. Como
gentilhombre servía uno de aquellos días a
la mesa el príncipe de Espacaforno, dado a decir entre
mil bufonadas un chiste, a la manera de los que hacen profesión
de agudos. A tiempo de poner un plato vertió salsa
cerca de la Reina, la cual dio un grito de enojo. Espacaforno
echó a correr en presencia de la corte. «¿A dónde
vas?»
le dijo el Rey.-«Señor, repuso, a ponerme el
uniforme de gala, porque, según parece, la Reina está
de parto.»
-«No seas loco,»
replicó el Rey mordiéndose
los labios de risa; y añadió, mirando a la
Reina de reojo como solía en tales ocasiones y con
aire malicioso: «¿Lo ves?».
No por esto dejó de tratar
con la misma afabilidad que antes a Espacaforno.