411
Traducción literal del Padre Theiner, Historia del pontificado, etc., Cuadro, etc., 30.
412
Hasta sobre los trámites seguidos en el asunto se ha desvariado de una manera deplorable. WILLIAM COXE, La España, etc., t. IV, cap. 65, da por cierto que el Soberano y el conde de Aranda concertaron la providencia a solas, llevando este último recado de escribir en el bolsillo para que no diera en qué sospechar la colocación de una mesa de despacho en el Real aposento. Ni de refutación es digna la tal especie por lo absurda. SAINT-PRIEST, Historia de la caída de los jesuitas en el siglo XVIII: cap. 2.º, refiere que también Roda, Mohino y Campomanes fueron iniciados en el secreto, bien que procediendo Aranda respecto de los dos últimos sin que lo supiera el uno del otro. Difícilmente se conserva la gravedad, tan exigida por la historia, ante esta especie de juego del escondite. CRETINEAU JOLY, Clemente XIV y los jesuitas, cap. 2.º, asegura que el Rey tomó ojeriza a la Compañía de Jesús porque la presencia y autoridad de algunos de sus individuos bastaron a calmar la furia del pueblo contra Esquilache; que a este sucedió en el ministerio el conde de Aranda, y que, figurándose muy elevado para tener comunicaciones con la corte romana, autorizó a Roda para seguirlas. Nadie apaciguó el motín de Madrid más que Carlos III, otorgando sus peticiones a la plebe. Ni Esquilache había sido capitán general de Castilla la Nueva ni presidente del Consejo de Castilla, ni Aranda fue ministro de Hacienda ni de la Guerra; mal pudo suceder al uno el otro. Ni como capitán general ni como presidente del Consejo tenia Aranda para qué entenderse con Roma.-CÉSAR CANTÚ, Historia de cien años, capítulo sobre jesuitas, dice que su expulsión provino de cierto expediente instruido con el mayor secreto a consecuencia de una carta, forjada por el duque de Choiseul, y en la cual, imitando la letra del Padre Lorenzo Ricci, se aseveraba que este poseía documentos de sobra para probar que Carlos III era hijo adulterino. Mucho dudo que existiera tal carta: si existió realmente, no puedo creer que la escribiera el Padre Ricci. Por lo demás, Choiseul no tuvo arte ni parte en el extrañamiento de los jesuitas españoles, y para decretarlo no se hizo mérito alguno de carta en que se mancillara la honestidad de Isabel de Farnesio, que jamás puso en duda la historia.
413
Se lee así textualmente en una papeleta volante que ocupa el lugar donde debía estar la consulta, en el archivo de Simancas.
414
Dictamen del fiscal. D. Francisco Gutiérrez de la Huerta presentado y leído en el Consejo de Castilla sobre el restablecimiento de los jesuitas: Madrid, 1845. Dos observaciones ocurren de pronto: primera, que la consulta de 29 de enero de 1767 desapareció el año de 1815 en el itinerario que se la hizo llevar desde el archivo del ministerio de Gracia y Justicia hasta el bufete del Sr. Gutiérrez de la Huerta: segunda, que este no vio o no citó los documentos en que me fundo y por vez primera son conocidos ahora.
415
Es la Memoria, ministerial que llevo citada, y de cuyo origen se dará noticia oportuna.
416
Alusión a la especie maligna y ajena de todo fundamento sobre existir relaciones ilícitas entre Carlos III y la marquesa de Esquilache.
417
Para pensar así respecto del marqués de la Ensenada, que es a quien se alude, habia razones de bulto: con sus sueldos no se pudo hacer rico: no se le tacha de impureza: al ser desterrado le señaló Fernando VI una dotación mezquina y casi como por vía de limosna, para más humillarle: a su vuelta hizo a Carlos III el magnífico regalo que se ha dicho: triunfó y gastó en la corte más de lo que permitían sus sueldos; y cuando se le desterró a Medina del Campo hubo que dar órdenes a las administraciones de Rentas para que le facilitaran lo que necesitase.
418
Se hace referencia a D. Francisco Antonio Salazar, caballero murciano, cuya causa se vio en casa del conde de Aranda.
419
Aquí se alude a D. Antonio Miguel de la Gándara, al Padre Isidro López, a D. Lorenzo Hermoso y al marqués de Valdeflores sorprendidos, según ya consta, la noche del 20 de octubre.
420
Sobre esto conviene reseñar una causa de que existen varios traslados y alguno en la Academia de la Historia.-D. Benito Navarro, asesor que fue del general Ceballos en Buenos-Aires, delató el 21 de octubre de 1766 a D. Juan Barragán, pasante de abogado, diciendo que en su presencia habia dirigido anónimos a determinados personajes para que no fuesen al Real sitio en virtud de razones allí insinuadas; que durante el motín quiso prender fuego a la casa del señor Hermosilla, consejero de Hacienda; que fue uno de los que más influyeron en dejar libres a las reclusas; y que era autor del papel en que se habia excitado a desobedecer el bando contra sátiras y pasquines. Para averiguar la mayor o menor certeza de lo que la delación contenía, pasóla el conde de Aranda al presidente de la Sala de Alcaldes. De las declaraciones de muchos testigos resulta que los jesuitas fueron autores principales del motín de marzo de 1766 y de la tentativa del año siguiente. Luego de. expulsados estos regulares, confesó Navarro que su delación era falsa, y que la hizo a instigación de ellos, quienes como en cera la imprimieron en sus ideas, pues habían sido dueños de la casa de sus padres, y no habia mamado otra leche ni doctrina que la suya. Aun reconociendo el fiscal de esta causa por máxima de los jesuitas lo lícito de la muerte de la persona de más dignidad con hierro o veneno, si redundaba en interés de la Compañía, fue de dictamen que esto no disculpaba a Navarro, y se le debía condenar a las mayores penas. Tras de varios trámites se le impuso la de encierro en el castillo de San Felipe del Ferro por cuatro años, al cabo de los cuales cumpliría seis desterrado de la corte y los sitios Reales, prohibiéndole perpetuamente solicitar empleo alguno sin que se le autorizara de antemano.