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Azara a Grimaldi: 21 de abril de 1767.

 

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Grimaldi al Nuncio de Su Santidad en España: 5 de mayo de 1767.

 

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Expediente contra D. José Agustín de Iriarte, inquisidor de Zaragoza. De resultas fue enviado a servir su prebenda de Santillana: arrepentido luego, expuso que había pecado, no de voluntad, sino de entendimiento: en 1772 le nombró el Rey prior de Acoba, en la catedral de Lugo. Archivo de Simancas, leg. 582 de Gracia y Justicia.

 

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CRETINEAU JOLY asegura con su característico desenfado que intercedió el Papa con el fin de que en la isla de Córcega fueran admitidos los jesuitas españoles; pero es la verdad que Clemente XIII, después de rechazarlos como soberano temporal de sus Estados, no se contradijo intercediendo para que se les admitiera en ninguna parte. Quien lo solicitó y obtuvo fue el rey de España. Grimaldi, en el despacho de 5 de mayo, dijo al Nuncio que entonces tal vez estarian ya navegando algunos jesuitas. Después de hablar de las órdenes comunicadas a Civita Vecebia sobre hacer fuego contra los buques españoles, decía Tanucci el 26 de mayo a Losada: Por lo que a tenor de la orden del Rey han ido a desembarcar a la Córcega genovesa.-Con igual fecha escribía a Carlos III: Ciertamente me puso monseñor Azpuru en grande aprieto con su expedición sobre la negativa del Papa a recibir en el Estado eclesiástico a los jesuitas: Dios ha inspirado a los genoveses recibirlos en Córcega, donde el mal que experimenten habrán de atribuirlo al Papa, a Torrigiani y al general de los jesuitas.-Ya el 15 de agosto se daba por enterado el Consejo extraordinario de cómo vivían en diversas poblaciones de Córcega los jesuitas españoles, habiéndose ofrecido cordialmente los paolistas a suministrarles comestibles y alojamientos. Resulta, pues, que los jesuitas solo estuvieron en el mar el tiempo necesario para la travesía desde los puertos españoles a los de los Estados de la Iglesia, y de estos a los de los corsos, y que todo cuanto se ha dicho sobre que vagaron de costa en costa y pasando enormes trabajos no menos de seis meses, mientras se concertaba dónde serían conducidos, es simplemente inventado y declamatorio.

 

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THEINER, Historia del pontificado de Clemente XIV, t. I, Cuadro de la época, 37. Como ya he citado bastante y citaré todavía a este Padre del Oratorio, me parece oportuno dar a conocer su opinión personal sobre los jesuitas, a quienes tanto desfavorece su documentada obra. Desde la Introducción asegura que se engañaría quien le atribuyere el designio de perjudicar a la Compañía de Jesús, designio tan distante de su mente como el cielo de la tierra, y que rechaza con la indignación de un hombre honrado. Llámala corporación respetable y santa, y añade que ha pasado con ella los más dulces instantes de su vida; que a ella le unirán siempre vínculos tiernos y sagrados; que en muchas de sus obras la ha pagado el legítimo tributo de su amor y respeto, y que siempre que se lo permitan sus ocupaciones literarias se complacerá en enaltecerla; pero que por estas mismas razones se atreverá también a levantar el velo de sus debilidades, sin cubrirlas con excusas artificiosas, pues, según San Bernardo, la verdadera amistad reconviene a veces, mas nunca adula.

 

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Circular a los ordinarios eclesiásticos y a los prelados regulares, de 23 de octubre de 1767.

 

457

THEINER, Historia del pontificado, etc., Cuadro de la época, t. I, § 39.

 

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Sinceramente declaro cómo no sé que jamás haya existido en España la costumbre, por cuya virtud gentes del pueblo pidieron y alcanzaron en Jerusalem la libertad de Barrabás y la crucifixión de Jesucristo. Con evidencia aseguro que no había tal costumbre en la época de Carlos III, y que este pasó en el Escorial todos los días de su santo de los veinte y nueve años que reinó en España.-Por oficio de Roda a Aranda de 11 de junio de 1767 consta que el arzobispo de Toledo, conde de Teba, escribió al Papa en el correo siguiente a la expulsión de los jesuitas, dándole cuenta de todo lo ocurrido, enviándole todos los impresos publicados sobre el asunto, y concluyendo con un expresivo elogio de la Compañía; cuya carta remitió el ministro de Gracia y Justicia al Presidente de orden del Rey para que la presentara al Consejo. Este elevó consulta el 6 de julio, y sobreella nada providenció el Soberano, diciendo a Roda que la reservase para el Real sitio de San lldefonso. Cuando allí le dió cuenta de la consulta dijo Carlos III que, la despedirle el arzobispo en Madrid, le había pedido licencia para pasar a su Iglesia a celebrar la octava de la Asunción, a lo cual le había contestado que era muy justo que residiese en su catedral, que era su esposa, y que lo contrario seria reparable. Con fecha 24 de octubre ofició Aranda a Roda manifestándole que, por justos motivos que explicaría al Rey, creía el Consejo por necesario que el arzobispo de Toledo se restituyese a su Iglesia, aun cuando no había venido a Madrid sino cuatro dieras antes. A consecuencia de ser aprobado así volvió el arzobispo a Toledo, y no de resultas de la ridícula patraña a que dan asenso WILLIAM COXE y D. ANDRÉS MURIEL, La España, etc., t. V, cap. 65, no se sabe con qué fundamento, y que, apoyándose en su autoridad, trae por segura el PADRE DE RAVIGNAN, De la existencia y del instituto de los jesuitas, nota Del fabuloso poder atribuido a los jesuitas. Este religioso de la Compañía cita la especie para probar un aserto insostenible a todas luces: que los jesuitas tenían en España sobre la muchedumbre una influencia más extensa y sólida que sobre los grandes y los ricos.

 

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Instrumentos auténticos, que prueban la obstinación de los regulares expulsos y sus secuaces, fingiendo supuestos milagros para conmover y mantener el fanatismo por su regreso, Madrid, 1768.

 

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Memorial ajustado, hecho de orden del Consejo pleno a instancia de los Señores Fiscales, del Expediente consultivo sobre el contenido y expresiones de diferentes cartas del Reverendo obispo de Cuenca, D. Isidro de Lancaster: Madrid, 1768.-La alegación fiscal de Moñino es de 12 de abril de 1767: la de Campornanes de 16 de julio: la consulta del 18 de setiembre: la Acordada de 22 de octubre: consta el Memorial ajustado de 204 folios; y lo último que contiene es la noticia de haberse mandado unir al expediente las ya citadas cartas del corregidor y el prelado por auto del Consejo de 8 enero de 1768.