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501

SAINT-PRIEST, Historia de la caída de los jesuitas en el siglo XVIII, cap. V: 1843. Este es libro de más amenidad que sustancia.

 

502

CRETINEAU JOLY, Historia religiosa, política y literaria de la Compañía de Jesús, t. v, 1845.-Clemente XIV y los jesuitas, cap. 5., 1847. En la primera de estas obras califica de históricamente dudoso el que Ganganelli suscribiera la obligación de extinguir el instituto de San Ignacio; en la segunda afirma sin ambages que Solís obtuvo de Ganganelli una carta para el rey de España, en que se comprometía formalmente a dictar la tal providencia; carta por la cual el franciscano, según la versión que de ella trae Cretineau Joly en su obra citada, reconocía en el Sumo Pontífice el derecho de poder extinguir en conciencia la Compañía de Jesús, guardando las reglas canónicas, y expresaba su opinión y deseo de que el futuro Papa se esforzara cuanto estuviera a su alcance por realizar lo que pedían las Coronas.

 

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Billetes de Bernis a Aubeterre, de 17, 18 y 19 de mayo.-Despachos de Bernis a Choiseul, de 28 de julio y 30 de noviembre de 1769. Nada de esto prueba ni por asomo otra cosa que el espíritu parlero de Bernis, su proverbial ligereza de juicio, y su prurito de hacer que hacia sin hacer nada. Aunque este purpurado no contradijera y pulverizara tan de lleno lo mismo que se aventuró a suponer acerca del imaginado pacto entre Ganganelli y la España, habría de sobra para saber a qué atenerse en punto a la ninguna validez de sus asertos con trascribir estas palabras de su puño, dirigidas al marqués de Aubeterre, con intervalo de dos días, el 17 y el 19 de mayo: Jamás han tenido más poder que en este cónclave los cardenales súbditos de la casa de Francia... Los españoles no quieren seguir a nadie, y hoy día nos llevan a remolque. Ya se le alcanza al mismo Cretineau Joly el ningún peso de lo dicho y contradicho por Bernis sobre la simonía y no simonía de la elección de Clemente XIV. Estrechado por el autor de la Historia del pontificado de Clemente XIV hasta dejarle sin salida, no se da por vencido a pesar de todo, y en su Carta al Padre Agustín Theiner, escrita e. impresa el año de 1853 y en tono mal adecuado a la indagación de la verdad en historia, procura reponerse del golpe de una manera incalificable. Asienta que por sus relaciones diplomáticas pudo Saint-Priest introducirse en los archivos de España, hacer todas las investigaciones necesarias para su libro, y ver con sus ojos y palpar con sus manos el escrito de Ganganelli; bien que, siendo apologista de este Papa, limitóse a presentarlo bajo una forma dubitativa. Después añade Cretineau Joly que, cuando un acaso providencial trajo a sus manos todos los documentos, el año de 1847, le era dado ver y leer el escrito que ya Saint-Priest había visto y leído el año de 1844. A continuación de estos preliminares, dice al Padre Theiner lo siguiente: «Vos no creeis en la existencia del escrito que los cardenales españoles hicieron firmar a Ganganelli; escrito del cual aún no teneis quizá más que las premisas. Acepto la incredulidad vuestra; pero haciéndola remontar a mayor altura, pregunto humildemente si participa de ella la corte de Roma, y si en este caso consiente que la demostración se lleve al extremo. He pesado y conozco el valor de las voces, y si la corte de Roma juzga que no se debe sofocar tal debate, si quiere que lo reanimen revelaciones supremas, no tiene más que pronunciar una sola palabra. Con la ayuda de Dios quizá no me será del todo imposible completar estas revelaciones. Esto no es una vana amenaza, ni un audaz reto, etc.». M. Cretineau Joly puede calificarlo como guste. Por mi parte, me limito a decir que Saint-Priest distó mucho de hacer en los archivos españoles todas las investigaciones necesarias para su libro, y que ni en los archivos españoles ni en parte alguna ha existido ni existe el pacto que se supone suscrito por Clemente XIV. Lo primero está demostrado con el texto de este segundo tomo que escribo con numerosos datos adquiridos en los archivos españoles, y que Saint-Priest no tuvo a la vista para tratar de igual asunto. Lo segundo se prueba a las claras por la correspondencia de Solís y La Cerda con Azpuru y de este con el Gobierno de España, donde se explica del todo cómo y por qué subió Fray Lorenzo Ganganelli al pontificado. Aún añadiré en lugar oportuno otras pruebas evidentísimas de que no existió ningún pacto.

 

504

Billete de Solís a Azpuru para que participara a su Gobierno lo ocurrido dentro del cónclave en los días 17 y 18 de mayo.

 

505

Despacho de Azpuru a Grimaldi de 25 de mayo.

 

506

Azara a Roda: 25 de mayo.-Tampoco Azara se daba por satisfecho de la elección del franciscano, como lo acredita este pasaje de carta suya a Roda de 8 de junio: «Si hay cosa clara para mí en el mundo, es la de que solos los Rezzónicos y jesuitas han hecho Papa a Ganganelli; y se me altera la bilis cuando oigo a estos bufones: España sola ha hecho el Papa En esta carta misma habla de haber tenido en su poder un billete de cierto purpurado, donde se obligaba a la extinción de los jesuitas; y añade que Rezzónico le hubiera querido por Papa mejor que a Ganganelli, y que no lo fue porque se le rebeló, diciéndole en sus barbas que no tendría más voluntad de lo que le mandase el rey de España.

 

507

Carlos III a Tanucci: 13 de junio.-Ya el 30 de mayo le había dicho: «En este punto recibo la noticia, que ya sabrás, de la elección de Papa, de la cual quedo muy contento, pues espero todo el bien que deseamos.»

 

508

Despachos de Azpuru a Grimaldi, de 23 de mayo y 8 de junio de 1769.-De Aubeterre a Choiseul, 31 de mayo. Carta de Azara a Roda, de 25 del mismo.

 

509

Carta de Azara a Roda, de 13 de julio de 1769

 

510

Despacho de Bernis a Choiseul, de 26 de julio.