601
El rey de Portugal respondió a Carlos III el 14 de marzo; el de Francia el 15, y la Emperatriz Reina el 2 de abril de 1773.
602
«Se repara en
el modo de salvar el decoro de las cortes y del Papa, a fin
de que no aparezca que se han restituido aquellos Estados
para obligar a Su Santidad a hacer la extinción de
los jesuitas, ni que el Santo Padre la ha hecho para recobrarlos.
Entiendo que en esta parte se quiere hacer justamente distinción
entre la gratitud y el pacto, que ciertamente no ha intervenido... Por lo que mira al perjuicio de las regalías de los
soberanos que pudiera haber causado el Breve o Monitorio
que se publicó, quedó enteramente reparado
con las providencias legales que se tomaron en todas las
cortes ofendidas. Solo restaba desagraviar la personal ofensa
del señor infante-duque y castigar los autores de
ella, que, según justo fundamento, se creía
haber sido los jesuitas y sus terciarios, que entonces mandaban
la curia romana, y se creyó que no había satisfacción
ni castigo más cabal y sensible para los autores que
solicitar activamente la retractación de lo hecho...
Parece que ya que los soberanos quieren mostrar gratitud
con el Papa, puede reputarse como desagravio personal del
infante-duque la extinción del cuerpo jesuítico,
que es el mayor castigo que pueden haber recibido los que
sugirieron y apoyaron aquellas turbulencias. Bajo de estos
supuestos, y siendo constante que el Papa jamás ha
exigido como pacto la restitución de dichos Estados
ni otro partido alguno, como tengo avisado a V. E. reiteradamente,
ni ha querido ni quiere pedir nada, dejándolo todo
a la justicia, equidad y generosidad de corazón de
los monarcas de la casa borbónica, me parece que,
si la restitución se ha de hacer como estos piensan
ser digna de su grandeza de alma, se puede usar de uno de
los medios, que tengo por decorosos y podrán salvar
los reparos, o tal vez se podrían unir entrambos,
porque no son incompatibles.»
El primero era que el infante
solicitase la mediación del Padre Santo para reconciliarle
con sus augustos tío y abuelo y demás príncipes
de su familia, siendo entonces natural que el infante-duque,
reconocido por una parte a los oficios del Papa, y satisfechas
por otra las cortes de que, lejos de seguir este las pisadas
de su antecesor en agraviar la persona del infante, había
protegido su reconciliación, pidiese el uno y acordasen
las otras la restitución de Aviñón y
de Benevento. El segundo era que los ministros de las cortes
presentaran una declaración al Papa, en que, dándose
por satisfechas de la ofensa hecha al infante con la extinción
de los jesuitas, y habiendo salvado sus regalías con
las providencias tomadas a la aparición del Monitorio,
y aunque Su Beatitud se había abstenido de hablar
cosa alguna sobre estos asuntos, gobernándose únicamente
por los principios de su justicia y paternal solicitud, y
no obstante los derechos que creían tener Nápoles
y Francia a los territorios ocupados y a otros, derechos
que serían discutidos, querían acreditar al
Papa su confianza, como también su veneración
y amor, volviendo a dejar a Aviñón y Benevento
en el estado que tenían antes de haber sido ocupados.
Moñino a Grimaldi, despacho del 15 de abril.
603
Moñino a Grimaldi, despacho del 10 de junio.
604
Moñino a Grimaldi, despacho del 17 de junio.
605
Cretineau Joly es el que ha pretendido dar carta de naturaleza en la historia a semejante conseja, apoyándose en una relación del jesuita Vicente Bolgeni, quien supuso haber adquirido la noticia por el cardenal de Simone.
606
Carta confidencial de Moñino a Grimaldi, de 8 de julio.
607
Carta confidencial de Moñino a Grimaldi, de 15 de julio.
608
De la incertidumbre en que estuvieron todos relativamente a la publicación del Breve, dan además testimonio Azara en carta a Roda, Tanucci en carta a Moñino, Bernis en despacho a Aiguillon, con fecha del 12, del 14 y del 24 de agosto. Sobre lo mismo se debe leer al PADRE THEINER, Historia del pontif., etc., t. II págs. 348 a 357.
609
No ignoro la suposición
hecha por algunos de que este obispo venerable se retractó
de sus clamores contra los jesuitas, y que pretenden patentizarlo
con una de las notas que puso a la carta 65 de Santa Teresa.
No es razón que a una mujer como yo la pasen de más
a menos, había escrito la Santa, y dijo el prelado
por nota: «Esto sucede de continuo: a lo menos así
lo experimenté yo en mí mismo, y sobre todo
lo probé en una ocasión, pues no importa que
lo confiese públicamente, ya que pequé a vista
de todo el mundo. Sucedióme, pues, en una materia
hallar razones para oponerme a cierto negocio... me parecían
buenas y santas; pero efectivamente nacían de un espíritu
vano y soberbio, porque conocí después, alumbrado
con la luz del cielo, que lo que parecía ser de Dios
era totalmente contrario a su servicio y puramente efecto
de mi amor propio, de mi pasión, de mi orgullo, de
mi vanidad y de mi presunción.»
Y leyendo el cap.
34 de la Vida interior de este insigne obispo, se adquiere
la convicción íntima de que su espíritu
pasó por tal prueba cuando se le trasladó de
la silla de la Puebla de los Angeles a la de Osma, y no por
mudanza de opiniones relativamente a jesuitas, viéndose
a las claras que perseveraba en las antiguas al anotar dicha
carta de Santa Teresa, pues dijo en el núm. 14: «¡Pobres
arzobispos y obispos! Si castigan porque castigan, si callan
porque callan: si defienden la jurisdicción son inquietos; si no la defienden, omisos.»
610
Azara
acusó a Azpuru de intimidad con los jesuitas en muchas
de sus cartas a Roda. Tanucci dijo el 5 de octubre de 1773
a Losada: «Entre los deudores de los jesuitas cuentan a Azpuru
antes de obtener el arzobispado de Valencia.»
«¡Vea V. E.
qué se podía esperar cuando tal hombre trataba
la extinción de los jesuitas!»