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FERNÁN NÚÑEZ, Compendio, etc., parte II, cap. 2º., dice que la negociación concluyó «desaprobando para con la Inglaterra la conducta de Bucareli, a quien por otro lado se dio la llave de gentil-hombre para hacerle ver que esta desaprobación había sido solo un efecto necesario de la política.» Antes había escrito el autor del discurso inglés titulado Junius lo siguiente: «Y después de todo esto, señores, ¿qué especie de desaprobación es en la que ha consentido el rey de España? Dado de barato que esta se haya hecho en tiempo, ¿no debiera haber ido acompañada de una inmediata restitución? Y si el Sr. Bucareli obró sin orden de su corte, ¿no merecía la muerte? Ahora bien, señores: en lugar de una inmediata restitución tenemos una negociación de cuatro meses; y el oficial Bucareli, cuya empresa se desaprueba, ha vuelto a la corte de Madrid y está en ella colmado de honores».

 

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Quince meses después (el 15 de agosto de 1769) nacía allí Napoleón; por aquellos pactos y por tan poco tiempo se disputan Italia y Francia el grande hombre. CÉSAR BALBO, Compendio de la historia de Italia, edad VII, §30. Cabalmente escribo la presente nota en los días en que, según los periódicos, acaba de perder la nación sarda este escritor eminente.

 

683

Al tenor de los despachos de lord Rochfort de 9 de junio y 14 de setiembre de 1768, lo afirma así WILLIAM COXE, España bajo los Borbones, t. V, cap. 66.

 

684

Entonces fue cuando Federico de Prusia hizo al general austriaco Landon, que le había puesto en grandes apuros durante la guerra, el más insigne, lacónico y oportuno elogio. A tiempo de celebrarse un banquete regio, buscaba el modesto general el último asiento; y observándolo el monarca prusiano, le dijo: «Venid, venid, señor mariscal; mejor quiero teneros a mi lado que en frente.» En este elogio iba también envuelta una especie de reconvención al emperador de Austria, pues Landon no era mariscal todavía, y ya decoraba este grado al favorito de José II, que se hallaba asimismo presente. En todos los accidentes de la entrevista de ambos soberanos resaltó, como no podía menos de suceder, la incomparable superioridad de Federico; de donde no sería temerario inferir que de este y no de aquel provino la desmembración de la Polonia.

 

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«No obstante la justa sorpresa e indignación que este inesperado robo político produjo en los gabinetes de la Europa, todos fueron espectadores pasivos de tan singular escena; y aunque el rey Carlos conoció la irregularidad de ella, y hubiera querido poderla impedir, como tan contraria a su justo modo de pensar y de proceder, ni la distancia ni los medios le permitían hacerlo solo; de lo cual le pesó no poco, y nada ganó en su concepto con este paso la corte de Viena.» FERNÁN NÚÑEZ, Compendio, etc., parte II, cap. 2º. «Con motivo de esta usurpación injusta, expresóse el rey de España con más violencia y enojo que eran de esperar de su reserva y de su templanza. No me sorprenden (dijo) la ambición y la usurpación por parte del rey de Prusia y de la Czarina; pero nunca pude imaginar tanta falsedad y perfidia en el corazón de la Emperatriz Reina. Si otras potencias hubieran abrigado iguales sentimientos, España abrazara sin duda la causa de los polacos.» WILLIAM COXE, España, etc., t. V, cap. 66.

 

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Cartas inéditas de Voltaire, publicadas por lord Broughan el año 1845: las cita CÉSAR CANTU en la Historia de Cien años por nota del capítulo titulado Desmembración de la Polonia.

 

687

«La acción fue tan odiosa, que cada una de las tres potencias se esforzó en echar el oprobio sobre las otras dos.» WILLIAM COXE, Historia de la Casa de Austria.

 

688

WILLIAM COXE, España, etc., t. V, cap. 61, dice que Aranda se complacía en referir esta anécdota, súpola por uno de los que la oyeron de su boca, y corre muy acreditada entre los que conocieron al conde y han llegado hasta nuestros días. A este incidente parece aludir la reconvención de Carlos IV al conde de Aranda, al decirle, según afirma el príncipe de la Paz en sus Memorias, t. I, cap. 20: Con mi padre fuiste terco y atrevido; pero no llegaste hasta a insultarle en su Consejo.

 

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En 14 de enero de 1772 falleció el teniente general don Juan Gregorio Muniain a los setenta y los años.

 

690

ARMONA (D. José Antonio), Papeles privados de casa, parte 3.ª.