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MACANAZ: «Agravios que me hicieron y procedimientos de mis enemigos para perseguirme y arruinarme; medios injustos de que se valieron para hacerme caer de la gracia del Rey y apartarme de su Real persona, con las verdaderas causas que motivaron su furia contra mí; y se ve tan claro corno el sol que todo cuanto hice y ellos sintieron más, fue, o por orden del Rey o por puro hecho de justicia; se tocan puntualmente las traiciones e infidelidades de algunos ministros contra el Rey, su soberanía y derechos, y se justifican plenamente con los medios de que usé en todo caso para mayor gloria y esplendor de Dios, del Rey y del Estado; con un compendio de la vida del cardenal Julio Alberoni; y como mis enemigos fueron arrojados del reino o depuestos de sus empleos como merecían.» Dos tomos en 4.º-De Madrid salió Macanaz con dirección á Bagneres de Bigorre el 8 de febrero de 1715.

 

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En una utilísima obra, publicada sin nombre de autor el año 1849 con el título de Colección de concordatos y demás convenios celebrados después del Concilio Tridentino entre los reyes de España y la Santa Sede, se dice que de este ajuste apenas hay más noticias seguras que las escasas dadas por el caballero Artaud en la vida de Pío VII, según las cuales debía estar concebido en términos de derogar la Concordia de Facheneti. Donde se hallan noticias exactas y completas de este documento es en la Historia civil de Belando, t. III, cap. 15.

 

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La Nunciatura, cerrada hacia mediados de 1709, se abrió en agosto de 1717; volvió a cerrarse en julio de 1718, y a abrirse en noviembre de 1720.

 

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Ambos Memoriales se hallan impresos en el Semanario erudito; el primero a nombre de las órdenes monacales y mendicantes, aunque sin firma; el segundo con la del Padre maestro Fray José Haro de San Clemente, carmelita de la antigua regular observancia en Sanlúcar de Barrameda.

 

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BELANDO, Historia civil, etc., t. III, cap. 24.

 

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RIOL (D. Santiago Agustín) redactó un buen informe para negociar el Concordato de 1737.- Sobre todos estos ajustes hay impresos muy importantes, como los siguientes: BENEDICTO XIV, Demostración a los cardenales Belluga y Aquaviva sobre las bulas presentadas por el segundo en nombre de España, para probar las pretensiones sobre el patronato Real universal en todos los dominios del Rey católico. La tradujo D. Miguel José de Aoiz en 1742 del italiano.-OLMEDA (D. Gabriel), Satisfacción histórico-canónico-legal al manifiesto o demostración que la Santidad del Santísimo Padre Benito XIV dio en respuesta del apuntamiento, etc. Fue escrita de Real orden en 1743.-JOVER Y ALCÁZAR (D. Blas), Examen del Concordato ajustado entre la Santidad del Señor Clemente XII y la Majestad del Señor D. Felipe V: 1747.-MAYANS Y SISCAR (D. Gregorio), Observaciones sobre el Concordato del Santísimo Padre Benedicto XIV y del rey católico D. Fernando VI. Las ofrece a la memoria de los españoles y las dedica a su Rey que Dios guarde: 1753.

 

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EL CONDE DE ROBRES, Historia de las guerras civiles de España, lib. I, § 1.º, cita un Memorial que los dominicos presentaron sobre este asunto.

 

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DEL GALLO (Padre D. Nicolás), Papel sobre las circunstancias que deben concurrir en la persona que ejerza el delicado cargo de confesor del Rey: 1750. Lo escribí noticioso de que Fernando VI quería que lo fuera suyo, y declarando no tener las cualidades necesarias. Allí demuestra cómo los antiguos confesores Reales eran a semejanza de los cometas, que rara vez y con asombro aparecían en la esfera de los negocios profanos, al par que los modernos cultivaban el trato de las personas encargadas del gobierno temporal de la monarquía, por su anhelo de intervenir hasta en la elección de los ministros superiores y de muchos subalternos de todas clases. Palabras textuales suyas son estas: «No puede menos de hacer mucha impresión cualquiera palabra y recomendación de un ministro, cuyos dictámenes son oídos de V. M. como principios de conciencia dictados del celo; y ministro que puede secretamente, sin ser reconvenido, inspirar a V. M. la afección o desafección de aquellos que fomenten o se opongan a sus designios y empeños, por irregulares que sean. Cuántos mayores inconvenientes se deben temer de la demasiada familiaridad de los ministros del Sacramento con los del gobierno político de una monarquía, que los que se pretenden evitar con su mutua comunicación, no es difícil conocerlos, y V. M. los comprende bastantemente.

 

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En Zamora, usurpando cierta parroquia, poseyeron los jesuitas una casa de residencia, y tan general oposición hallaron, que con orden de soldados hacían el edificio, porque el pueblo lo derribaba; desterráronse de Zamora cuantas personas de carácter se oponían; y formada la guarnición, tomaron posesión a fuerza de armas.-En Toro ganaron una rica herencia y se establecieron asimismo, hasta que, furiosos los del pueblo, una mañana a pedradas los sacaron de la ciudad, a que no volvieron más.-En Vitoria quisieron fundar colegio, y hubo litigio ante el Consejo de Castilla y la corte romana; y aunque esta, viendo la oposición de mucha parte del vecindario, del cabildo y de los dominicos y franciscanos, impuso silencio a los jesuitas, por su prepotencia y artificiosa conducta lograron romperlo y hacer la fundación el año 1751.-Todo consta en informes de dos obispos, que se especificarán a su tiempo.

 

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Así lo declaró el mismo Belando en papel escrito de su letra por marzo de 1745, al salir desterrado a Valencia, y también expuso que lo relativo al Padre Daubenton era notorio, y que no lo hubiera contado en el cap. 50 del tomo III de su Historia civil sin el beneplácito del Monarca. Dicho tomo, publicado el 20 de junio de 1744, se recogió el 6 de setiembre por contener proposiciones temerarias, escandalosas, injuriosas, denigrativas de personas constituidas en dignidad, depresivas de la autoridad y jurisdicción del Santo Oficio, próximas a la herejía y respectivamente heréticas. Considerando su reputación ofendida los que expidieron las licencias para la impresión de aquel libro, suplicaron a la Inquisición que les ilustrara sobre lo que allí merecía tales censuras, para que no erraran nuevamente; pero el tribunal llamado Santo dejó sin resolver tan legítima instancia.