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Real cédula de 12 de diciembre de 1608, dictada, como se ve, poco tiempo después que Merlo de la Fuente había sido nombrado oidor de la audiencia de Chile. Según este documento, parece que el Virrey le había hecho entre otros cargos el de tener en Lima algunos parientes de su mujer a quienes favorecía. Merlo de la Fuente se defendió de esos cargos en una larga carta dirigida al Rey desde Santiago el 30 de noviembre de 1609. Dice allí que el virrey marqués de Montes Claros estaba mal prevenido en contra suya por varios hechos que refiere con más o menos prolijidad. Merlo de la Fuente había instruido proceso a un maestre-sala del Virrey porque tenía relaciones ilícitas con una monja enclaustrada, que era parienta del Virrey; había prohibido los juegos de intereses en casa de otros dos servidores del Virrey, y en sus relaciones con éste había mostrado siempre cierta independencia que ese elevado funcionario debía tomar por altanería y desacato. Por lo demás, Merlo de la Fuente, lejos de negar algunos de los cargos que se le hacían, los acepta como un título de honor. «Y en cuanto, dice, a ser descortés con la gente del reino y de poco estilo y de áspera condición, digo que tengo por santo y bueno el haber reprendido y afeado los vicios en el modo que yo lo he hecho. Vuestra Majestad no me puso por alcalde de corte para que fuese perro mudo, sino por celador contra los vicios y para que ladrase contra ellos, y corrigiese y castigase a todos los malhechores con el valor necesario hasta quebrantar su maldad, y no es ajeno al evangelio el haber Jesucristo Nuestro Señor reprendido a delincuentes y pecadores con palabras ásperas, a cuya imitación yo entiendo que hice bien en lo que reprendí... El ser yo descortés se puede atribuir a haber guardado con más puntualidad que otros el no visitar a nadie, ni dejarme acompañar de ninguno, ni recibir nada de nadie, cumpliendo lo mandado por Vuestra Majestad para mejor hacer justicia sin respetos humanos que de ella me pudiesen apartar, de lo cual se siguió que todo el tiempo que fui alcalde de corte todas las cuestiones graves que hubo en contra de personas poderosas y granadas de la ciudad, todas vinieron a mí; y yo, ejerciendo mi oficio como se debe, sustanciando las causas, les tomé sus confesiones a los reos, a los cuales en ellas los tenía en pie y descubiertos; y como otros alcaldes no lo han hecho así, formaron de mí grandes quejas». Esta interesante carta, de que apenas extractamos unas cuantas líneas, deja ver la fisonomía moral de este adusto magistrado.

El padre Rosales ha hecho un lisonjero retrato de Merlo de la Fuente en el capítulo 46 del libro V de su Historia jeneral. Recomienda su celo por el servicio público, su probidad, la entereza de su carácter y la rectitud con que sabía hacerse superior a los chismes e intrigas con que se suele apartar a los que gobiernan, de la línea del deber. El padre Ovalle habla en términos análogos en el capítulo 18 del libro VI de su Histórica relación, y refiere que este Gobernador dejó una esclarecida descendencia «con que se honran hoy, dice, Chile y el Perú».



 

2

Carta de Merlo de la Fuente a Felipe III, escrita en Santiago el 16 de agosto de 1610. El gobernador interino desplegó una gran energía para hacer cumplir estas disposiciones. Un soldado llamado don Diego Clavero, que por anticipo de sueldos debía a la Corona unos 300 pesos, quiso abandonar el servicio militar para no volver al sur, y al efecto se asiló en el convento de frailes agustinos de Santiago, declarando que quería tomar el hábito de religioso. El provincial de la orden, fray Miguel Romero, según la costumbre establecida, lo recibió; y, aunque lo reclamaron las autoridades militares, se negó a entregarlo. «Por no haber querido convenir en esto el dicho padre Romero, dice Merlo de la Fuente, fue en persona a su convento; y, aunque hice primero todas las instancias posibles por bien, no bastó razón a que me lo quisiesen dar y me lo quitaron con desenvoltura no religiosa de delante. Respecto de lo cual, habiéndome ido a mi casa, proveí un auto en el cual mandé se notificase al dicho fray Miguel Romero para que me entregase al dicho don Diego Clavero; donde no, que como a inobediente a los mandatos hechos en nombre de Vuestra Majestad le echaría del reino y daría cuenta a Vuestra Majestad de su proceder». El provincial bajo esta formal conminación, desistió de sus pretensiones, y entregó al soldado prófugo; pero poco más tarde éste se huyó de nuevo y otra vez encontró asilo en el convento de agustinos. Merlo de la Fuente se hallaba entonces en campaña, y la corta duración de su gobierno no le permitió tomar medidas contra los que así desobedecían sus mandatos. El mismo ha dado cuenta de este hecho en dos cartas dirigidas al Rey en 31 de octubre y en 18 de diciembre de 1610.



 

3

Carta citada de Merlo de la Fuente de 16 de agosto.



 

4

Acuerdos del cabildo de Santiago de 20 y 28 de agosto de 1610.



 

5

Carta de Merlo de la Fuente al Rey, fechada en Concepción el 31 de octubre de 1610.



 

6

Carta de Merlo de la Fuente, de 31 de octubre. El gobernador interino volvió a referir estos mismos hechos, aunque con menos accidentes, en otra carta escrita en Purén el 18 de diciembre del mismo año, y en el prolijo informe que acerca de su gobierno escribió para su sucesor en 1 de marzo de 1611 junto con las advertencias que creyó oportuno comunicarle. Esta última pieza, muy útil para conocer los sucesos de este tiempo, ha sido publicada por don Claudio Gay en las páginas 204-233 de su segundo tomo de Documentos, aunque con muchos errores de detalle, lo que nos obliga a usar con preferencia la copia manuscrita que conservamos en nuestra colección.

Los caciques mandados ahorcar por Merlo de la Fuente se llamaban Categuanhuelén, cacique principal de Lebu, Llanganao, Nahuelbode, Quilarquihue y Millacho. No tenemos más noticias acerca de su culpabilidad y del proceso que se les siguió, que las que consigna el mismo Gobernador. La ejecución de esos infelices no debió preocupar mucho la atención de los españoles, acostumbrados como estaban a estos actos de crueldad tan comunes en aquella sangrienta guerra.



 

7

Carta de Merlo de la Fuente al Rey, escrita en Angol el 18 de diciembre de 1610.



 

8

Carta al Rey del gobernador Jaraquemada, de 1 de mayo de 1611.



 

9

El padre Rosales en el capítulo 46 del libro V, ha referido prolijamente este combate de que apenas se hace referencia en los documentos.



 
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