En el Archivo de Indias se conservan los memoriales presentados por Pedro Cortés y el padre Sobrino, y otros escritos por el padre Francisco de Figueroa en representación del padre Valdivia. Las razones alegadas por una y otra parte son casi siempre las mismas que se habían alegado antes; pero estos documentos contienen, además, algunas noticias que hemos aprovechado en las páginas anteriores. El padre Rosales ha insertado uno de los memoriales del padre Sobrino en el capítulo 17 del libro VI de su Historia; pero es de los menos interesantes. Sin duda no conoció los otros.
Carta del virrey del Perú a Felipe III, del Callao a 30 de abril de 1615.
Carta de Felipe III al padre Valdivia, escrita en Madrid el 3 de enero de 1616. Esta carta ha sido insertada por el padre Rosales en el capítulo 17 del libro VI de su Historia, con ligeras incorrecciones de copia. Se halla igualmente publicada en la página 186 de la Historia de los jesuitas en Chile del padre Miguel de Olivares.
Estos últimos accidentes de la vida de Pedro Cortés, constan de un expediente promovido en 1699 por una de sus descendientes, doña Josefa Cortés, para que se le diera un repartimiento de tierras y de indios que había quedado vacante en el Huasco bajo.
El tratado de tregua de 1609 entre Holanda y España ha sido publicado muchas veces en varios idiomas. Las Memorias de Matías Novoa, dadas a luz con el título de Historia de Felipe III en los tomos 60 y 61 de la Colección de documentos inéditos para la historia de España, lo ha insertado íntegro. Véase el primero de ellos, pp. 390-400).
Carta de Ribera a la real audiencia de Santiago, fechada en Concepción el 25 de septiembre de 1614. Carta de la misma Real Audiencia al virrey del Perú de 3 de octubre de ese año. Carta de Ribera al Rey de 20 de febrero de 1615.
Carta de Ribera al Rey, de 13 de abril de 1615.
La relación del viaje de la escuadrilla de Spilberg fue publicada en holandés en la ciudad de Leide en 1619, traducida el mismo año al latín, y en 1621 se dio a luz en Amsterdam, con las mismas láminas y mapas de la edición original, la traducción francesa junto con la relación del viaje de Le Maire, que tendremos que referir más adelante. Para conocer las numerosas ediciones que se han hecho de esta obra, conviene consultar a Camus, Mémoire sur les grands et petits voyages, París, 1802, pp. 147-153, y más particularmente a F.P.A. Tiele, Mémoire bibliographique sur les journaux des navigateurs néerlandais, Amsterdam, 1867 pp. 62-73. Nosotros nos servimos de la edición hecha en el tomo VIII del Recueil des voyages de la compagnie des Indes orientales, Rouen, 1735.
Se atribuye la redacción del importante viaje de Spilberg a Jan Comeliszoon May, marino experimentado que había hecho un viaje a los mares de la India oriental en los años de 1598-1600, que había dirigido una expedición naval al norte de América, y que servía ahora en la escuadrilla cuya campaña vamos refiriendo.
En efecto, en el curso de la relación, hablando de las islas Molucas, y del mapa que acompaña la descripción, dice así: «He aquí la carta de estas islas de Botton, que yo Juan Cornelio Moye (May), he dibujado con toda la exactitud posible, etc., etc.». Esta indicación revela, además, que May es el autor de los mapas que acompañan la relación del viaje de Spilberg. El del estrecho de Magallanes, en el cual ha dibujado palmeras como árboles de aquellas regiones es, sin embargo, un valioso documento geográfico, superior a todas las cartas de este estrecho que se conocían hasta entonces, y que sólo fue sobrepujado muchos años más tarde.
El comandante Burney ha hecho un excelente resumen de este viaje en el capítulo 18 del tomo II de su Chronological history of the voyages and discoveries in the South sea, London, 1806.
Relación citada, pp. 43 y 44. Los holandeses, acogidos favorablemente por los indios de la Mocha, pintan a éstos como hombres mansos, tratables, sobrios, relativamente aseados y casi tan civilizados como los cristianos. Sin embargo, pocos años antes, como hemos contado en otra parte, recibieron de muy distinta manera a los soldados holandeses de la expedición de Cordes. El autor de la relación describe el guanaco, del cual dice que servía a los isleños para labrar los campos en vez de asnos y de caballos, hecho referido también por otros viajeros, pero negado por algunos historiadores españoles, entre otros por el padre Rosales.
La relación holandesa está en toda esta parte casi perfectamente conforme con la que hizo el gobernador Alonso de Ribera en su carta al Rey, de 2 de febrero de 1616. Ribera, sin embargo, no dice expresamente que en la isla se hubiese preparado una emboscada contra los holandeses, pero sí cuenta que el corregidor estaba cumpliendo en todo las instrucciones que él mismo le había dado. Poco más adelante refiere que los holandeses desembarcaron en la isla en son de guerra el domingo 30 de mayo, en lo cual hay un error evidente porque el domingo fue el 31, fecha verdadera de ese ataque, según la relación holandesa. Ésta, por su parte, estropea algunos nombres propios, y llama José Cornelio al español Cornejo que fue tomado prisionero.
Esta comparación de las dos relaciones es necesaria para formarse una idea cabal de los hechos. Así, la holandesa no contiene ninguna indicación sobre el poder de su escuadra ni el número de sus tripulantes. La carta de Ribera dice a este respecto: «La capitana y almiranta eran de 600 toneladas para arriba, las otras dos de 300, y el otro era un patache de 100, en los cuales traían siete lanchas grandes y pequeñas en que echar la gente en tierra con gran presteza. Venían 720 hombres entre marineros, soldados y gente de servicio». Puede suceder que estas cifras no sean precisamente exactas, pero indudablemente no se alejan mucho de la verdad, y ellas dan una idea de la importancia de la expedición.