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Véase lo que hemos dicho en el capítulo 12, § 1 de la parte III acerca de la población de Chile al terminar el siglo XVI, para que pueda apreciarse este progreso. Hemos dicho en el texto que los documentos de la época no contienen noticias precisas acerca del número de la población. En efecto, los trabajos estadísticos de esta clase, no existían aún en las naciones más adelantadas de Europa, que carecían de un censo medianamente regular, y estaban más descuidados aún en las colonias españolas. Sin embargo, en una carta de Alonso de Ribera al Rey, escrita en Rere en febrero de 1603, hallamos las palabras siguientes: «Se anda haciendo una visita general de los indios que hay, a los cuales mando tomar por nombre y a sus hijos y mujeres, y de qué encomienda son, y los que son yanaconas y los que están en poder del clérigo y frailes. Y estoy haciendo lista general de todos los vecinos y moradores, estantes y habitantes de este reino con sus nombres y de sus hijos y mujeres y de qué tierra son y edad y de qué vive cada uno, y de los clérigos y frailes y ordenantes que hay en él, y de las encomiendas a quién las posee y de la calidad y cantidad que son, para enviar a Vuestra Majestad luego que la visita se acabe, porque vaya todo junto. Y será lo más breve que yo pudiese. Y aunque ha muchos días que pensaba hacer esto, las ocupaciones de la guerra u otras muchas no me han dado lugar». Ribera, como se ve, había concebido el proyecto de hacer un censo en regla del reino de Chile; pero no encontramos el menor vestigio de que esta obra se hubiera ejecutado en parte siquiera.



 

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Según el informe otras veces citado del doctor Celada, en 1610 Santiago tenía 200 casas, Concepción, 73, de las cuales 36 eran construidas de empalizadas cubiertas con paja; Chillán, 52, sólo ocho cubiertas con tejas; La Serena, 46, pero sólo once de tejas; Castro, en Chiloé, 12 casas, todas de paja. Las ciudades que los conquistadores de Chile habían fundado al otro lado de los Andes eran más miserables todavía. Mendoza tenía 32 casas, pero sólo dos estaban cubiertas con teja; San Juan tenía 23 y San Luis 8, pero en uno y otro pueblo no había una sola cubierta con teja.

El maestre de campo González de Nájera, que salió de Chile en 1607, y que en 1614 escribía en Italia su Desengaño i reparo de la guerra de Chile, apelando a sus recuerdos, daba a las ciudades de Chile un número mayor de casas y, por tanto, de pobladores. Según él, La Serena tenía 150, Santiago, 300; Concepción, 150; Chillán, menos de 100; Castro, más de 100; Mendoza, 100; San Juan, menos de 100 y San Luis, 50.

El obispo de Santiago don Francisco de Salcedo, en carta dirigida al Rey, en 10 de febrero de 1632, decía que Santiago tenía menos de 300 vecinos o jefes de familia; Concepción no llegaba a 100, Chillán tenía 35 o 40 y La Serena poco más de 30.

Ninguno de estos datos descansa en una cuenta exacta, y no se pueden tomar sino como meramente aproximativos. Tan lejos se estaba entonces de haber algo parecido a estadística, que el cabildo de Santiago apreciaba la población de esta ciudad de 250 vecinos «más o menos». En 1634 el secretario del gobernador Lazo de la Vega le daba 500 casas.

Estos datos contradictorios no permiten hacer un cómputo medianamente seguro. Sin embargo, tomándolos a todos ellos en consideración, y recordando que entonces ya vivían en los campos muchas familias de origen español, puede comprenderse que la cifra que damos en el texto no debe alejarse mucho de la verdad.

Sin embargo, existe otro dato que, aunque nos parece muy exagerado, debemos recordar. En 1633 el obispo de Santiago pedía empeñosamente al Rey que suprimiese la Real Audiencia, y para ello le hablaba de la despoblación de Chile en los términos que siguen: «Esta Audiencia es excusada (innecesaria), que las causas son pocas y de ninguna sustancia; y si hay algunos pleitos es porque hay Audiencia; y aun cuando el reino estuviera de paz también la hallará excusable porque no se compone todo él de cuatro mil españoles con el ejército que Vuestra Majestad tiene en él; y hay en España muchas villas y lugares de más gente que todo este reino, y los gobierna un corregidor y un teniente». Carta del obispo Salcedo al Rey, de 15 de febrero de 1633. Todo nos hace creer que el Obispo, deseando probar la inutilidad de la Audiencia, ha rebajado la población española a la mitad de su número.



 

252

Carta del obispo de Santiago don Francisco de Salcedo al Rey, de 20 de enero de 1630.



 

253

Carta de Fernández de Córdoba al Rey, de 1 de febrero de 1627.



 

254

Ley 1.ª título 27, libro IX de la Recopilacion de las leyes de Indias.



 

255

Ley 7.ª del mismo título y libro.



 

256

Leyes 4 y 5 del mismo título y libro.



 

257

Leyes 3 y 6 del libro y título citado.



 

258

Amunátegui Los precursores de la Independencia de Chile, tomo I, capítulo 7. Las palabras citadas son un resumen de las leyes 31, 32, 33 y 34 del título 27, libro IX de la Recopilacion de Indias. Por lo demás, el capítulo citado del libro del señor Amunátegui trata con toda extensión y con lato conocimiento de causa, de la condición de los extranjeros en América durante la dominación española.



 

259

Carta de don Cristóbal de la Cerda al Rey, de 10 de marzo de 1621.



 
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