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280

Véase el capítulo 20, § 10 de la III parte.



 

281

Real cédula dada en Barbastro el 1 de enero de 1625. Dos años más tarde, en 1627, los holandeses se apoderaron, cerca de los Azores, de las naves que conducían los tesoros de Nueva España.



 

282

Novoa, Historia de Felipe III, en el tomo 71, p. 330 de la Colección de documentos inéditos para la historia de España.



 

283

El padre Alonso de Ovalle, Histórica relacion, pp. 168 y 169, hace una larga y prolija descripción de estas fiestas características de la época. Habla allí de las coplas compuestas por los jesuitas, que se cantaron en esta fiesta, pero no reproduce desgraciadamente más que la glosa que no da una alta idea de esas poesías. Dice así:


   «Todo el mundo en general
a voces, reina escogida,
diga que sois concebida
in pecado original».



El libro 9.º del cabildo de Santiago, a fojas 51 vuelta, registra el acuerdo de 16 de noviembre de 1618 que ordenó esta fiesta.



 

284

El lector puede hallar la confirmación de lo que dejamos dicho recorriendo las cartas anuas de los provinciales de la Compañía de Jesús, y las crónicas de las órdenes religiosas, algunas de las cuales, como las de Ovalle, Lozano y Olivares, son muy conocidas. El primero de éstos refiere a cada paso centenares de prodigios, declarando, sin embargo, que no cuenta sino lo que no admite duda. «No soy, dice en la página 289, amigo de hacer milagro lo que no es, ni está aprobado por la Iglesia, o recibido por tal con los fundamentos que la fe humana pide para creer lo que refieren fidedignos».



 

285

Carta del obispo Salcedo al Rey, de 20 de enero de 1630. Los documentos de la época consignan las más curiosas noticias acerca del desarrollo de la riqueza de las órdenes religiosas, a tal punto que sería difícil hallar un testamento que no contenga un legado directo o indirecto a favor de ellos o de alguna iglesia.



 

286

Los holandeses de la expedición de L' Hermite recogieron en 1624 de boca de un prisionero español natural de Lima llamado Pedro de Madrigal, noticias muy curiosas y bastante exactas acerca del estado del Perú en aquella época, que publicaron junto con la relación de su viaje. Allí se dice que en Lima había 6.000 eclesiásticos de misa; pero indudablemente hay un error de pluma o de imprenta, y se ha querido decir en todo el Perú, puesto que allí mismo se da a Lima una población de poco más de diez mil habitantes.



 

287

En 1632, el obispo Salcedo escribía al Rey lo que sigue: «Los conventos que hay en esta ciudad son cuatro. Santo Domingo tiene ordinariamente 70 y más religiosos; San Francisco, 40; San Agustín; más de 30; la Merced, 35 o 40, sin el colegio de la Compañía de Jesús que tiene ordinariamente de 25 a 30. ¡Cómo podrán sin molestia llevar sobre sí estos pocos vecinos y moradores tanto peso! Y así conforme van adquiriendo los conventos heredades, censos y posesiones, no tardarán muchos años en hacerse dueños de lo que resta. Éste es grave inconveniente al estado y conservación de estas provincias. Ésta es plaga universal de las Indias... Diré a Vuestra Majestad lo que vi en la ciudad de La Serena cuando la visité, que siendo de tan pocos moradores tiene cuatro conventos, un cura y vicario, ermitas y hospital, y son más los frailes que los vecinos, que con gran sentimiento me dieron a entender la molestia que padecen con importunas limosnas que cada día les piden, y no pocos desconciertos que en conventos tan pequeños y de menos clausura acontecen... No es sólo este daño el que causa la multitud de frailes que hay en Chile. Ellos vencen cuantos pleitos hay en esta Audiencia Real, por ser tan válidos de deudos y amigos y tanto el decoro que les guardan los oidores, no sé si diga de temor, que no hay cabildo, proveimientos de oficios, encomiendas de indios, casamientos, y en cuanto el Gobernador y la Audiencia ejercitan su jurisdicción, en que no metan manos los frailes en perjuicio de otros que pueden menos, y es forzoso por ser tantos que busquen en qué entretenerse. Algunos tienen dinero y crédito para ir por negros a Buenos Aires y otras mercaderías con escándalo de los buenos y, aun, con dinero de algunos ministros que lo consienten. Y defraudan la Real Audiencia, pues se trae por esta vía todo lo que se compra en Buenos Aires o la mayor parte sin pagar derechos... Los conventos piden frailes para que en esta provincia hagan doctrina y prediquen a estos indios, siendo tan dificultoso aprender la lengua los hombres de España y casi los más poco aficionados a entender en eso... No queda razón de duda de que no conviene traer frailes de España, que los pueden sacar de este reino para otro sin hacer falta a las obligaciones de sus religiones». Carta del obispo Salcedo al Rey de 10 de febrero de 1632.



 

288

Ovalle, Histórica relacion, p. 297.



 

289

El capitán don Diego Flores de León, haciendo en 1621 la probanza de sus servicios y de los méritos de su familia, para pedir al Rey que le hiciera alguna gracia, recuerda que su suegro el capitán Jerónimo de Molina dejó catorce descendientes entre hijos e hijas, que ocho de éstas fueron monjas profesas y dos de aquéllos, religiosos regulares. El doctor don Cristóbal de la Cerda tuvo una larga familia. Uno de sus hijos fue clérigo, otro jesuita y dos frailes agustinos. Dos de sus hijas se hicieron monjas y su viuda, doña Sebastiana de Avendaño, se hizo también monja. Estos ejemplos eran frecuentes, de tal suerte, que habría sido difícil hallar una familia que no contase entre los suyos algunos o muchos clérigos, frailes y monjas.



 
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