La batalla de Picolhué, o del Paso de don García, como otros la llaman, a la que consagra sólo unas cuantas líneas Lazo de la Vega en su carta al Rey de 27 de abril de 1630, ha sido referida prolijamente por Tesillo en las páginas 18-20 del libro citado. El padre Rosales, que se halló en esta jornada, la cuenta también sumariamente, pero ha consignado circunstancias que completan el conocimiento de los hechos.
Los españoles comenzaban a dar a esta ciénaga el nombre de la Rochela de Purén, en recuerdo del puerto de Francia en que los protestantes se habían defendido durante trece meses (1627-1628) contra el ejército de Luis XIII.
El cabildo de Santiago expresaba estos sentimientos en sus acuerdos de 14 de septiembre de 1630 y de 23 de septiembre de 1631, pero no consigna sino muy pocas noticias acerca del combate. En nuestra relación, nosotros seguimos la memoria escrita por don Lorenzo de Arbieto, que hemos mencionado antes, y las obras de Tesillo (pp. 25-28), y de Rosales en el lugar citado. Arbieto se halló en la jornada, y fue uno de los primeros heridos que hubo ese día. Su memoria, aunque desprovista de todo valor literario, según lo explicaremos más adelante, es muy útil como documento histórico, y en este sentido fue aprovechada por el padre Rosales.
El sitio en que tuvo lugar este combate, es denominado Los Robles en la mayor parte de los documentos; pero en el acuerdo celebrado por la audiencia de Santiago, presidida por el mismo Gobernador, se le denomina Los Membrillares. Ocupa un punto de la ribera sur del río Itata, seguramente en el mismo sitio en que se verificó en marzo de 1814 el combate del Membrillar entre patriotas y realistas.
Carta de Lazo de la Vega al Rey, escrita en Yumbel el 27 de abril de 1630.
Don Miguel L. Amunátegui ha dado a conocer estos acuerdos de la Real Audiencia en el capítulo 5, § 4, del tomo II de Los precursores de la Independencia.
El padre Diego de Rosales confirma este hecho dando cuenta de la expedición de los indios de Purén contra Santiago por los caminos del otro lado de la cordillera. Refiere que el caudillo que los mandaba era un indio llamado Guillipangui, que había vivido antes como prisionero en los campos vecinos a la capital, y que habiendo acometido la empresa con toda resolución, se revolvió del camino por el mal estado de sus caballos. Véase el libro VII, capítulo 15 de su Historia jeneral.
El maestre de campo Santiago de Tesillo. Los grandes elogios que al referir estos sucesos tributa Tesillo en la página 30 de su libro a Alonso de Ribera, repetidos también en otros documentos de esa época, revelan que entonces se hacía espléndida justicia a los servicios y a la inteligencia militar y administrativa de ese Gobernador.
Acuerdo de la Real Audiencia de Santiago de 7 de agosto de 1630, publicado por don Miguel L. Amunátegui, en el libro y capítulos citados § 5.
Estas dificultades, que ocuparon al Gobernador los meses de agosto, septiembre y octubre de 1630, han sido referidas en conjunto por Tesillo, por Arbieto y por el padre Rosales en las obras citadas; pero en los documentos es fácil estudiar más prolijamente todos los accidentes en que no podemos entrar aquí. Deben verse, sobre todo, los acuerdos del cabildo de Santiago de 14 de septiembre y de 8 de octubre de ese año. El último de éstos ha sido publicado íntegro por don Miguel L. Amunátegui en La cuestión de límites entre Chile i la República Arjentina, tomo III, pp. 471-475.
Acuerdo de la real audiencia de Santiago de 20 de noviembre de 1630.