Todos estos decretos y ordenanzas fueron firmados en los últimos días de marzo de 1612. Le padre Rosales los ha reproducido en los capítulos 4, 5, 6 y 7 del libro VI de su Historia jeneral.
Carta de Merlo de la Fuente al Rey, escrita en Santiago el 25 de mayo de 1611.
Carta de Jaraquemada al Rey, de 28 de enero de 1612.
«Alonso de Ribera está muy enfermo e impedido de unas fístulas entre las dos vías, y para traerle tienen hechas unas andas por no poder venir de otra manera», escribía Jaraquemada en su carta al Rey, de 28 de enero de 1612. Sufrió este enfermedad todo el resto de su vida, de tal suerte que durante su segundo gobierno, montaba a caballo con dificultad y con no pocos inconvenientes: pero en sus cartas al Rey se abstenía de hablar de su mala salud calculando, sin duda, que esto podría ser causa de que se le diese un sucesor.
Sin embargo, no faltaban quienes, por un motivo o por otro, dieran al soberano informes sobre todo esto. Así, el capitán don Diego Flores de León escribía al Rey desde Concepción el 30 de octubre de 1613 lo que sigue: «La vejez y enfermedades del señor Alonso de Ribera son tan grandes que lo han hecho otro de lo que era, y trocado de suerte que apenas puede salir a caballo, y de ninguna manera levantar los brazos ni ceñir espada; y cuando esto tuviera, como tuvo en grado aventajado, siento plenamente que le falta y va faltando el vigor con las pesadumbres que en el gobierno de Tucumán mantuvo, con que se halla sin fuerzas para sufrir los trabajos de la guerra, aunque su ánimo y deseo de servir a Vuestra Majestad es bueno».
Libro 8.º de cabildo de Santiago, foj. 170. Libro de recibimientos de la Real Audiencia, foj. 2.
El padre Valdivia en sus relaciones, la carta anua del padre provincial Diego de Torres y los cronistas posteriores de la Compañía, han exagerado los peligros de este viaje, refiriendo que después de la insurrección de febrero anterior toda la tierra estaba alzada al otro lado del Biobío. Los documentos de esa época demuestran, por el contrario, que el levantamiento de Catirai se extendió principalmente a la región de los fuertes que cerraban la entrada del valle central y que la región de la costa se mantuvo más o menos en paz. El gobernador Alonso de Ribera insiste mucho en este hecho en algunas de sus comunicaciones.
El mismo padre Valdivia abrigaba serios temores por la seguridad de su persona al emprender este viaje: «Ordené, dice, que el día siguiente estuviese descubierto el Santísimo Sacramento en la capilla de Arauco, y repartidas las compañías para que le asistiesen y acompañasen encomendando a Nuestro Señor la jornada, y me ofrecieron todos los soldados españoles estar muchas horas en oración por mí».
Entre los compañeros que llevó consigo en esta jornada fue uno el capitán Juan Bautista Pinto, chileno de nacimiento que hablaba perfectamente la lengua de los indios, y que debía servirle de intérprete. «Aunque yo sé la lengua, dice el padre Valdivia, fue voluntad del señor virrey que hablase también por intérprete». La verdad es que, aunque había compuesto una gramática y un vocabulario de la lengua chilena, aprovechándose, sin duda, del manuscrito que dejó otro jesuita, el padre Gabriel de la Vega, que falleció en Santiago en 1605, el padre visitador la hablaba con suma dificultad y necesitaba de intérprete. Mientras tanto, los cronistas de la Compañía, tan aficionados a contar prodigios, nos han referido que aprendió esa lengua como por milagro. El padre Ovalle dice a este respecto lo que sigue: «El padre Luis de Valdivia se aplicó tan de veras al cuidado de los indios, y era hombre de tan gran talento, que a los trece días que comenzó a aprender su lengua, comenzó a confesarlos en ella, y a los veinte y ocho a predicar, que es cosa rara por ser la lengua de los indios de Chile tan distinta de la española y latina». Histórica relación, p. 338.
Declaración prestada ante la real audiencia de Santiago por el capitán Luis de Góngora Marmolejo el 20 de marzo de 1614. Este capitán, de edad de 57 años y hombre considerado por su carácter y sus servicios, era chileno de nacimiento e hijo del honrado y discreto cronista Alonso Góngora Marmolejo, primer historiador de la conquista. El capitán Luis de Góngora, que hablaba perfectamente la lengua chilena, tenía el cargo de intérprete general del ejército.
La carta del padre Valdivia al provincial de la orden fue escrita en Concepción el 2 de julio de 1612, y se halla publicada íntegra en la obra citada del padre Lozano, libro VII, capítulo 6; pero por un error de copia o de imprenta se le da la fecha de 2 de junio. El padre Diego de Torres, como superior de la provincia de Chile, estaba obligado a escribir al padre general una carta anua, o relación de los sucesos de cada año. La que se refiere a estos hechos es sumamente extensa y tiene la fecha de Santiago el 12 de febrero de 1613. Se conserva original en la rica biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid, de donde saqué la copia que conservo en mi colección. Allí consagra un capítulo a esta primera entrada del padre Valdivia al territorio enemigo, y omitiendo cuidadosamente todo lo que no favorecía a los sostenedores de la guerra defensiva, y hasta lo mismo que cuenta el padre Valdivia, la presenta como un gran triunfo de su causa. Los cronistas de la Compañía escribieron sus prolijas relaciones de estos sucesos sobre las relaciones emanadas de los jesuitas, sin tomar en cuenta ni siquiera conocer los documentos de otro origen que sólo han podido estudiarse en los últimos años; y los historiadores subsiguientes los han seguido fielmente y, por lo tanto, sin oír más que a una sola parte. Al terminar los capítulos que dedicamos a la guerra defensiva, haremos un reseña bibliográfica de estos trabajos que puede ser útil a los historiadores futuros.
La historia de la primera entrada del padre Valdivia al territorio enemigo está contada en muchos documentos, y todos ellos guardan conformidad con la relación de Góngora Marmolejo que reproducimos en el texto. El gobernador Alonso de Ribera la ha referido en dos ocasiones en la misma forma: pero existen, además, otros testimonios que conviene dar a conocer en esta nota.
El viejo capitán Antonio Recio de Soto escribía al Rey una extensa carta sobre los sucesos de la guerra en abril de 1614, y le refería este hecho en la forma siguiente: «El padre Luis de Valdivia dio promesa que con sola su palabra pondría de paz a los indios rebelados; y cuando llegó Alonso de Ribera a la Concepción, había entrado en Arauco y salido por San Jerónimo de Catirai, donde si no fuera por diez y seis personas, hijos, parientes y mujeres, que estaban cautivas en Talcamávida, sin duda alguna lo mataran a él y a un soldado que traía de lengua. Donde le dijeron al padre Valdivia que era mentira todo lo que traía, pues no les quitaba aquel fuerte de San Jerónimo; y así les prometió de se los quitar en viéndose con el Gobernador, y en llegando al fuerte de Talcamávida entregarle al cacique los cautivos, como lo hizo y trajo otro ante el Gobernador. Y le dijo el padre Valdivia al cacique que dijese a los indios que la promesa que había hecho a los indios había sido por escapar la vida, y que andando el tiempo se los quitaría».
Pero es más curiosa y detallada todavía la relación hecha por uno de los testigos y actores de aquella escena, el capitán Juan Bautista Pinto, que había servido de intérprete del padre Valdivia. Dice así: «Cuando llegó el padre Valdivia con las órdenes que trajo de Su Majestad para cortar la guerra, entró luego en Catirai a hablar a los indios que en aquella ocasión estaban levantados. Oí entre los dichos indios que nos querían matar al padre y a los que íbamos con él, y advertí al padre disimuladamente de ello, porque lo entendí como hombre que sabía la lengua e iba allí para interpretar lo que los indios decían y lo que se les había de decir a ellos de parte del padre Luis de Valdivia. Al cual le dije que convenía conceder con todo lo que los indios pidiesen porque estábamos en gran riesgo. Y por esta causa el padre les concedió y dijo que despoblaría el fuerte de San Jerónimo de Catirai. Nos vimos en muy gran peligro; y me dijo el dicho padre que no dijese nada acerca de la aspereza de los indios y de lo mal que nos habían recibido, y me hizo grandes promesas por que no lo dijese». Declaración prestada por el capitán Juan Bautista Pinto en la estancia de Buena Esperanza el 27 de febrero de 1614.
Representación del cabildo de Concepción al Rey de 3 de abril de 1613. «Ninguna cosa quedó por hacer, dice otro documento, de cuanto él (Valdivia) imaginó; y por eso se dejaron ir muchos indios e indias que estaban esclavos; y a los que venían a tratar de paz se les hacían muchos regalos y buena acogida, dándoles botijas de vino y harina, capotillos y sombreros y otras cosas y las piezas (los cautivos) que pedían de sus parcialidades, que estaban acá en prisión. Y en todos los fuertes tenían trato y contrato abierto, y llegaban sin que se les ofendiese, y en muchos días no se entró en sus tierras ni se les hizo ningún daño». Exposición hecha en Concepción por Alonso de Ribera en 16 de agosto de 1616.