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461

La palabra taqui es peruana, y debía ser conocida sólo en la parte de Chile que estuvo sometida a los incas. Taki o taqui, en la lengua quechua, significa música o reunión en que se canta y se baila. En la región de Santiago y en el norte de Chile debían de designarse con este nombre las borracheras y fiestas de los indios.

 

462

Cabildo de 31 de julio de 1551.

 

463

En los libros del Cabildo se habla algunas veces de estas diversas disposiciones; pero el lector encontrará noticias suficientes en los cabildos de 2 de enero y de l de julio de 1552. Por ordenanza dada por Valdivia en Concepción a 4 de octubre de 1551 se mandó que los españoles que viajaban entre Santiago y Concepción debían hacerlo con indios propios, y no tomarlos en los tambos del camino. Mandó igualmente que a los soldados que viajaban entre esos puntos «se le den al de a caballo cuatro indios, y al de a pie dos; y si fuere casado y trajere su casa y mujer, le provean de lo que fuere menester de indios para su buen aviamento». Esos pobres indios prestaban en la marcha el servicio de bestias de carga.

 

464

Parte I, cap. 5, § 5.

 

465

Cabildo de 2 de enero de 1552. Ambicamayo o, más propiamente, hamppicamayu (de hamppi, medicina, veneno, hechizo, y de camayu, el que tiene poder) es una voz peruana que significa hechicero, el que sabe matar con hechizos. Los indios chilenos, como hemos dicho en otra parte, llamaban a sus hechiceros huecuvutuvoe, y también machituvoe.

 

466

Cabildo de 13 de noviembre de 1552.

 

467

En años posteriores desempeñó este cargo, por nombramiento del gobernador Rodrigo de Quiroga, el capitán Góngora Marmolejo, autor de la crónica de la Conquista que hemos citado en las páginas anteriores, y que tendremos que citar muchas veces más.

 

468

Ordenanza de 27 de noviembre de 1551.

 

469

Cabildo de 31 de diciembre de 1544 y 1 de enero de 1545.

 

470

Parece que la primera iglesia que existió en Santiago fue la ermita de Santa Lucía, en el cerro de este nombre, que los indígenas llamaban Huelén, fundada por Juan Fernández de Alderete. Inés Suárez, la antigua manceba de Valdivia, fundó otra con el nombre de Monserrate, al norte de la ciudad, a cuya ermita dotó el Gobernador de un buen lote de tierra. Existía, además, la ermita de la Virgen del Socorro.