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471

Defensa de Valdivia, p. 66.

 

472

Cabildo de 13 de noviembre de 1552. Valdivia mandó ese día que el año siguiente los oficiales reales entregaran dos mil pesos del producto de los diezmos para terminar la iglesia mayor de Santiago.

 

473

Ordenanza dada en Concepción en 4 de octubre de 1551.

 

474

Cabildo de 29 de diciembre de 1543.

 

475

Cabildo de 13 de noviembre de 1552.

 

476

La iglesia de Santiago había sido elevada en 1547 al rango de parroquia dependiente del obispado del Cuzco; y los curas, como dijimos en una nota anterior, fueron dotados con una subvención por el cabildo de Santiago, aparte de los derechos parroquiales que podían percibir. Cinco años más tarde llegaba a Chile el presbítero, licenciado Hernando Ortiz de Zúñiga, revestido con el carácter de visitador eclesiástico enviado por el obispo diocesano. La visita de este funcionario no ha dejado más huellas que las de las primeras competencias y altercados que fueron tan frecuentes más adelante y que, apasionando a las gentes, interrumpieron más de una vez la monotonía de la vida colonial.

Apenas llegado a Santiago, pidió al Cabildo las ordenanzas del hospital para examinarlas y someterlas a su aprobación. El Cabildo, presidido por el mismo Valdivia, acordó inmediatamente en 13 de noviembre de 1552, «que las vea y las confirme, como no sea en daño de la constitución y fundación del hospital, porque como sea en su perjuicio, no quieren que se entremeta en cosa ninguna». El Gobernador, siempre dispuesto a no tolerar sugestión de nadie, no podía someterse a las resoluciones del visitador.

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Ortiz de Zúñiga quiso, además, hacer una ordenanza de entierros o, más propiamente, revisar la tarifa o arancel fijado por el Cabildo en años anteriores. A petición del procurador de ciudad que reclamaba que se moderasen los precios, y que a los indios y a los pobres no se les cobrase nada, Valdivia resolvió esto último comunicándolo al visitador. Cabildo de 13 de noviembre de 1552.

El año siguiente los altercados fueron más ardientes todavía.

En Santiago había habido dos curas. No habiendo más que uno sólo a fines de 1552, Valdivia ordenó que tomase el cargo vacante el clérigo portugués González Yáñez, su amigo particular. El otro cura, Nuño de Ábrego, se negó a aceptarlo; y el Cabildo hizo, sin embargo, entrar a aquél en funciones. El visitador, que se hallaba en Concepción, desaprobó la conducta del clérigo González Yáñez, y lo llamó al sur. El cabildo de Santiago se mantuvo firme en su resolución. Se opuso al viaje de su protegido, defendiéndolo resueltamente, y acusó al cura Ábrego de ser hombre apasionado e intratable. «Es persona, decía, que no conviene a esta ciudad que sea de condición que es; y si no fuera por no dar qué decir, se hubieran con él de otra manera». Las pocas noticias que acerca de este litigio consignan los libros del Cabildo, acuerdos de 7 de enero, 17 de abril y 18 de mayo de 1553, no bastan para seguirlo en todos sus incidentes ni para conocer su desenlace. Se sabe sí que el cura Nuño de Ábrego, obligado a aceptar al otro cura, por mandato terminante de Valdivia, se fue a Concepción pocos meses después, y que allí murió como soldado y como valiente peleando contra los indios araucanos.

Entre otros muchos hechos, estas competencias del Cabildo con el visitador Ortiz de Zúñiga, revelan que los soldados de la Conquista, aunque devotos hasta el fanatismo, no tenían un respeto ilimitado por los clérigos. Sin duda, el ver a éstos envueltos con frecuencia en altercados y competencias, y mezclados en revueltas y en guerras civiles, como había sucedido poco antes en el Perú, donde la justicia había ahorcado algunos, era causa de que los soldados no les guardaran el acatamiento a que ellos aspiraban.

 

477

Cabildo de 3 de octubre de 1553. Este día, Juan Fernández Alderete hizo donación a fray Martín de Robledo, comisario de la orden de San Francisco, de unos terrenos que tenía al pie del cerro Santa Lucía, y de la ermita que en este cerro había levantado. El Cabildo sancionó esa donación. E1 convento y la iglesia de San Francisco se levantaron, sin embargo, en otro lugar de la ciudad, en donde existen hasta el presente.

De los antiguos cronistas, el que da noticias más completas de la fundación de conventos y monasterios es el padre Olivares en su Historia civil de Chile. Pero esas noticias no están fundadas de ordinario en documentos fehacientes, sino en las crónicas de las órdenes. Estas crónicas, excelente documento para apreciar las creencias de esos siglos en materia de milagros y de cosas sobrenaturales, abundan en los mayores errores en cronología y en historia, de tal suerte que parecen más ser en gran parte la obra de la imaginación de sus autores que el fruto de un estudio regular de los hechos. El examen atento de muchos de sus capítulos, y su confrontación con los documentos más fidedignos, me ha probado que no se puede tener mucha confianza en sus noticias o, más bien, que no deben aceptarse sino cuando están apoyadas en otras autoridades. Por otra parte, casi la totalidad de esas noticias es ajena a la historia propiamente dicha, o trata de ésta con un notable descuido. Bajo este aspecto, las crónicas de los jesuitas forman excepción: no sólo suponen mucho más estudio de los documentos sino que, por referirse a una orden que tuvo tanta injerencia en los sucesos políticos, no han podido dejar de tratarlos más detenidamente.

Dejándose engañar por las falsas noticias de algunas de esas crónicas, algunos historiadores han asentado que los primeros frailes que se establecieron en Chile fueron los dominicanos, los cuales fundaron su convento, según se dice, en 1552, esto es, un año antes que los franciscanos. Estas noticias no constan de documento alguno, sino de las simples aseveraciones de los cronistas. De los documentos aparece que los dominicanos se establecieron cuatro años después que los franciscanos, esto es, en 1557.

 

478

La única indicación que en los primitivos documentos hallamos de alguien que en esos años aprendiera a leer, se encuentra en el artículo 51 del acta de acusación de Valdivia. He aquí sus propias palabras: «Ítem, que yendo Vallejo, un soldado, a ver a Inés Suárez (la manceba de Valdivia) la estaba mostrando a leer un bachiller que se llama Rodrigo González (el primer cura y después el primer obispo de Santiago), y le dijo el dicho Vallejo al bachiller: muestra a leer a la señora, de leer verná a otras cosas. Por esto y porque dijo un día que los enviaban por maíz viéndoles muertos de hambre, lo echaron en una cadena en dos colleras y le quisieron ahorcar». Proceso de Valdivia, p. 39.

 

479

En 1589, fray Cristóbal Núñez, apoderado en Madrid de los frailes dominicanos de Chile, dirigía al Rey una «representación para remediar lo espiritual de Chile». Allí decía que el obispo Medellín había «tenido mucha rotura para ordenar mestizos, y a lo que se platica y yo he visto, dos son muy ignorantes porque no saben leer ni han estudiado, y lo mismo ha ordenado a criollos y otra gente de Castilla, que son en público muy faltos de ciencia».

 

480

Cabildos de 23 de diciembre de 1549 y de 7 de enero de 1550.