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21

Probablemente el 23 de febrero de 1554. Ni en los cronistas primitivos ni en los antiguos documentos hallamos la fecha de esta batalla. La que indicamos, que no puede apartarse mucho de la verdad, es una deducción de haber aceptado que Villagrán salió de Concepción el 20 de febrero.

 

22

Algunas antiguas relaciones dan a estas serranías el nombre de Laraquete, nombre también del río y del valle que hay a sus espaldas.

 

23

Don Alonso de Ercilla, que ha referido este combate con mucha extensión en los cantos V y VI de La Araucana, nombrando a los soldados españoles que más se distinguieron en la pelea, y adornando su narración con accidentes poéticos, ha contado en esta parte que Villagrán, colérico al ver la retirada de los suyos, volvió solo contra el enemigo buscando la muerte, que recibió de manos de los indios un golpe que lo dejó aturdido, y que habría sido ultimado si no acuden a salvarlo algunos de los suyos. Creemos que dejando a un lado lo que hay de poético en este episodio, es el mismo lance que refiere Góngora Marmolejo, y que nosotros hemos contado más arriba.

 

24

Ercilla describe este estado de desorganización y de desaliento de los fugitivos en las últimas estrofas del canto VI de su poema:


«El hermano no escucha al caro hermano;
las lástimas allí son excusadas».


(Estrofa 52.)                


............................................................................


«A aquel que por desdicha atrás venea,
Ninguno, aunque sea amigo, le socorre».


(Estrofa 55.)                


 

25

La batalla de Marigueñu ha sido contada por tres escritores contemporáneos de una manera uniforme en su conjunto y casi uniforme en sus detalles; por Ercilla, en los cantos citados; por Góngora Marmolejo en el cap. 16 y por Mariño de Lobera en el cap. 48. Este último fue actor en el combate, y su crónica original podría contener la exposición sencilla de sus recuerdos personales. Pero en el estado que ha llegado hasta nosotros, refundida y ensanchada por manos extrañas, ha debido sufrir modificaciones en esta parte, que la hacen desmerecer como documento histórico. Así, por ejemplo, en el sumario del capítulo da por jefes de los araucanos en la batalla a Peteguelén y Colocolo, en el texto del capítulo a Caupolicán, y más adelante a Lautaro. Del mismo modo, en la descripción del combate hay exageraciones tales que no parecen escritas por quien ha visto el lugar del combate. Las serranías de Marigueñu no tienen en aquella parte ningún punto que alcance a 300 metros de elevación y, sin embargo, se hace decir al cronista que los despeñaderos de los cuales eran arrojados los españoles, tienen más de dos mil estados, es decir, cuatro mil varas de alto.

Las serranías de Marigueñu tomaron después de este combate el nombre de cerros y de cuesta de Villagrán, que conservan hasta ahora.

 

26

En la crónica de Mariño de Lobera, cap. 49, se cuenta que este capitán, a pesar de hallarse mal herido, fue el primero que pasó el río con grave peligro, dio el aviso en Concepción y volvió con treinta soldados a activar la construcción de las balsas de carrizo para que pasasen sus compañeros. Ercilla, canto VII, no cuenta la destrucción de la barca, que está referida por los dos cronistas contemporáneos.

 

27

Ercilla ha bosquejado este cuadro en cuatro hermosas octavas (6-9) del canto VII.

 

28

Góngora Marmolejo, cap. 17. Mariño de Lobera, por su parte, cap. 49, cree que sinceramente hizo Villagrán todo lo que le era dable para evitar la despoblación de la ciudad.

 

29

Ercilla, después de poner en boca de doña Mencia un discurso bien ordenado y poético, explica en estos términos el efecto que produjo:


«Pues apenas entró por un oído
cuando ya por el otro había salido».


Araucana, canto VII, estrofa 30.                


 

30

No hay en los cronistas primitivos ni en los antiguos documentos indicación segura acerca de la fecha exacta de la despoblación de Concepción. En las actas del cabildo de Santiago, aparece únicamente que el 12 de marzo se sabía ya este suceso. Del examen atento de todos los antecedentes puede decirse sólo que los españoles abandonaron Concepción a fines de febrero de 1554, dos días después de la batalla de Marigueñu, seguramente el 25 de dicho mes. Ercilla dice, canto VII, estrofa 31, que la marcha de los habitantes de Concepción hasta Santiago se hizo en doce jomadas; pero todo hace creer que tardaron algunos días más.