331
En el curso de los capítulos anteriores hemos dado noticia por medio de notas, de los libros y autores que incidentalmente han tratado de los primeros tiempos de la historia de Chile, así como de las relaciones parciales destinadas a referir ciertos sucesos. En el presente capítulo vamos a hacer un examen un poco más detenido de los antiguos escritores que, por haberse consagrado especialmente a dar a conocer esos tiempos, merecen que se les denomine historiadores primitivos de Chile. Sería fuera de este lugar el hacer extensas biografías de esos escritores; pero deseamos establecer el grado de confianza que merece cada uno de ellos. Con estas indicaciones, así como con las que hemos dado en las notas anteriores, nos proponemos simplemente facilitar el trabajo de investigación de los que se dediquen al estudio de nuestra historia.
332
López de Gómara, Historia jeneral de las Indias, cap. 142. Aunque el libro de Gómara, a consecuencia, sin duda, de las noticias y juicios que contenía sobre las guerras civiles del Perú, fue retirado de la circulación en los dominios de Castilla por cédula del príncipe don Felipe de 17 de noviembre de 1552, se le reimprimió el año siguiente en Amberes, fue luego traducido al italiano y más tarde al francés, y hasta la época de la publicación de la obra de Herrera, fue quizá la principal fuente de información sobre la conquista de las Indias.
333
Zárate, Historia del Perú, lib. III, cap. 2.
334
Historia del Mondo Nuovo, Venecia, 1565.
335
De Peruvia regionis inter novi orbis provincias celeberrimæ inventione, Amberes, 1566.
336
Con el título de De rebus Indicis, libri XX, la biblioteca de la Academia de la Historia de Madrid conserva el manuscrito de la obra incompleta de Calvete de Estrella, que mereció los aplausos de Ercilla en la estrofa 70 del canto IV de La Araucana. El examen de esos fragmentos, de que copié algunas páginas, me hace creer que el cronista no alcanzó siquiera a ocuparse en redactar los sucesos de la conquista de Chile. Lo que allí se cuenta sobre la conquista del Perú es de tan escaso valor que creo que la historia latina de este cronista, aun dado el caso de que hubiera alcanzado a terminarla y corregirla, casi no habría valido la pena de darla a luz.
337
La generalidad de las biografías de Ercilla abunda en errores históricos y biográficos. La mejor de todas, la más extensa y la más estudiada, es la que ha puesto don Antonio Ferrer del Río al frente de la edición de La Araucana, publicada en Madrid en 1866 bajo los auspicios de la Academia Española y, sin embargo, deja que desear en la amplitud y en la seguridad de los detalles. Ferrer del Río, como la mayor parte de los biógrafos de Ercilla, dice que éste nació en Madrid. En el registro de pasajeros que salieron para América en 1555, hay una partida correspondiente a él, en que se especifican su nombre, su rango, su estado, y sus padres, y en que se dice que era «natural y vecino de Valladolid».
338
El cronista Calvete de Estrella, de que hemos hablado en una nota anterior, publicó en Amberes en 1552, El felicísimo viaje del mui alto i mui poderoso príncipe Phelippe, un volumen de 335 hojas en folio destinado a describir pomposamente las fiestas y honores de que era objeto el Príncipe; y que a pesar de ser de escaso valor histórico, es muy buscado y ha llegado a ser una curiosidad bibliográfica. En el folio 7 vuelto, hace la lista de los pajes que acompañaban al Príncipe, y nombra a Ercilla «don Alonso de Zúñiga», suprimiéndole el apellido paterno, que unos escribían Ercila y otros Arcila.
339
Sismondi, De la littérature da midi de l'Europe, chap. 29, tom. III, p. 456 de la edición de 1829.
340
En los capítulos anteriores hemos señalado dos de las fechas que Ercilla fija de esta manera: la tempestad, que el autor llama milagro, que dispersó el ejército araucano enfrente de la Imperial el 23 de abril de 1554, canto IX, estrofa 18, y el término de la exploración de la isla de Chiloé el 28 de febrero de 1558, canto XXXVI, estrofa 29.