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Don Luis Fernández Guerra y Orbe, D. Juan Ruiz de Alarcón i Mendoza, Madrid, 1871, parte III, cap. 2. Aunque esta obra voluminosa (de 550 páginas en 4º) sea uno de los escritos que más honran la erudición literaria de la España moderna, abundan en ella los errores en cuanto se refiere a la historia americana. Así, en la misma p. 358, de donde copiamos esas líneas, dice que don García era virrey del Perú en 1605, cuando hacía nueve años que había dejado de serlo.

 

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Fernández Guerra, en el libro citado, p. 248, lo hace natural de Madrid. El mismo Suárez de Figueroa ha dado en uno de sus libros una especie de autobiografía. Allí dice: «Reconozco por patria a la villa que tuvo en España más nombre, por su hermosura y capacidad. Baña sus umbrales el Pisuerga, que sólo por haberla visto muere contento de allí dos leguas. No hay para qué me detenga a pintaros despacio a Valladolid». El Pasajero, Madrid, 1617, fol. 286.

Son tan contradictorias las noticias que se dan sobre la biografía de Suárez de Figueroa que ni siquiera se pueden fijar con rigurosa exactitud las fechas capitales. Los señores Gayangos y Vedia, traductores de la Historia de la literatura española de Ticknor, dicen que murió en 1616. Barrera y Leirado, autor del excelente Catálogo del teatro antiguo español, Madrid, 1860, dice que vivía en 1621. Yo he visto una carta autógrafa de Suárez de Figueroa, fechada en 22 de agosto de 1624. El importante catálogo de la biblioteca de Ticknor que citaremos más adelante, fija para su nacimiento y su muerte los años de 1586-1650. La primera de esas fechas es una evidente equivocación: Suárez de Figueroa publicó en 1602 su traducción del Pastor Fido de Guarini, y ésa no puede ser la obra de un mancebo de dieciséis años. Los documentos que hemos consultado, nos hacen creer que nació en 1578, o muy poco antes, y que murió poco después de 1624.

 

363

El Pasajero, fol. 197, vuelta.

 

364

El libro del doctor Suárez de Figueroa fue publicado en Madrid en 1613 en un volumen de 324 pp. en 4º. Había llegado a ser tan excesivamente raro que el insigne y erudito historiador de la literatura española Jorge Ticknor, escribió en un ejemplar de su biblioteca: «This is one of the most curios volumes in Spanish literature. I never saw another copy». Catalogue of the Spanish library requeathed by George Ticknor, Boston, 1879. La rareza de este libro, y su indisputable utilidad para nuestra historia, sobre todo en esa época en que no se conocía la crónica llamada de Mariño de Lobera, me determinaron a reimprimirlo en 1864 en el V tomo de la Colección de historiadores de Chile junto con otros tratados históricos impresos anteriormente, pero no menos raros e interesantes. Al frente de él puse algunas noticias biográficas de Suárez de Figueroa recogidas en sus propios libros; pero entonces no pude indicar la fuente verdadera de sus informaciones acerca de nuestro país. El manuscrito de Mariño de Lobera o, más propiamente, del padre Bartolomé de Escobar, llegó a Chile cuando ya estaba impreso aquel volumen.

 

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León Pinelo, Tratado de confirmaciones reales, Madrid, 1630, fol. 34 vuelta.

 

366

En la parte II, cap. 21 § 9 de esta historia hemos copiado un fragmento de la correspondencia de don García en que se encuentran consignadas estas noticias.

 

367

Góngora Marmolejo, cap. 22; Mariño de Lobera, parte II, cap. 13.

 

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La mujer de don Pedro de Avendaño se llamaba doña Isabel de Quiroga, era hija natural del gobernador Rodrigo de Quiroga, y había nacido en Chile. Por los años de 1550, Quiroga contrajo matrimonio con Inés Suárez, la antigua compañera de Valdivia, tan famosa por su heroísmo en la defensa de Santiago en 1541. Inés Suárez daba a doña Isabel de Quiroga el tratamiento de hija, pero en realidad no era su madre. Poco tiempo después de la muerte de Avendaño, doña Isabel contrajo segundas nupcias con Martín Ruiz de Gamboa, primo hermano de su primer marido, y más tarde gobernador de Chile.

 

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Estos dos documentos, característicos por su forma y por su fondo, han sido publicados algunas veces. El lector puede hallarlos en La cuestión de límites entre Chile i la República Arjentina por don Miguel Luis Amunátegui, tomo II, pp. 16-22. El señor Amunátegui ha reproducido las instrucciones de Villagrán tomándolas del tomo 23 de la Colección de documentos de Indias de Torres de Mendoza. Cotejando esa reproducción con la copia que yo mismo tomé de ese documento en el Archivo de Indias, veo que se ha omitido el párrafo siguiente, que es el segundo de las instrucciones. «Otrosí, porque los naturales de aquellas provincias reciben mucho daño y perjuicio en sus vidas por las inmoderadas cargas que les echan, llevándolos de unas partes a otras, y para remedio de esto converná que se abran caminos y se hagan puentes con brevedad para que las recuas puedan ir libremente a todas partes, luego como llegáredes a aquella tierra daréis orden como así se efectúe, y se abran los caminos y se hagan puentes donde no los hubiere por la orden contenida en una nuestra cédula que con ésta se os entrega, porque nuestra determinada voluntad es que, dando orden en lo susodicho, por ninguna vía se carguen los dichos indios, porque cesen tantas muertes y daños como por esta causa se les puede recrecer. Y para la ejecución de lo susodicho veréis otra cédula que cerca de ello mandamos dar, que también se os entregará, hacerla heis cumplir y ejecutar como en ella se contiene».

 

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La familia de Villagrán se componía de su esposa doña Cándida Montesa, de un hijo llamado Pedro, que murió desastrosamente en la guerra de Arauco, de una hija casada con el capitán Arias Pardo de Maldonado, y de otros parientes suyos y de su mujer que esperaban hallar fortuna en Chile. Algunos documentos posteriores hacen referencia a un Álvaro de Villagrán que se da por hijo segundo del Gobernador, y que, en realidad, era su hijo natural.

Los cronistas e historiadores, que más tarde han referido estos sucesos, cuentan que Francisco de Villagrán, alejado de Chile en 1557, pasó a España, que allí obtuvo el título de gobernador de Chile y que regresó a América con su familia. Molina, Historia civil, cap. 8, lib. III, va hasta decir que volvió a Chile por la vía de Buenos Aires. Todo esto no es más que uno de los innumerables errores de detalle que se encuentran en esos libros. Según se ve en los antiguos documentos, y se comprueba por los cronistas primitivos, Francisco de Villagrán permaneció en Lima durante todo el gobierno de don García Hurtado de Mendoza, y allí recibió su nombramiento de Gobernador que le había agenciado su pariente el clérigo Cisneros, utilizando las recomendaciones que en favor suyo había en la Corte.