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371

En carta dirigida a Felipe II desde Santiago el 15 de septiembre de 1561, Villagrán le dice que llegó a Chile el día de Corpus Christi, que ese año cayó en 5 de junio. Por el tenor de esta carta se ve que Villagrán había partido del Perú sin tener noticia alguna del viaje de su antecesor, y por tanto antes que éste hubiera llegado a Lima. Villagrán venía persuadido de que hallaría en Chile a don García Hurtado de Mendoza. Conviene advertir que la correspondencia de Villagrán, que sólo consta de unas cuantas cartas de reducidísima extensión, es del más escaso interés y que apenas esclarece uno que otro hecho.

 

372

Góngora Marmolejo, cap. 33. La pérdida del libro del Cabildo en que estaban consignados los acuerdos de este año, no permite fijar con toda precisión el día de la entrada en Santiago del gobernador Francisco de Villagrán. Se sabe sí que el 19 de junio de 1561 había sido recibido como su teniente gobernador el licenciado Herrera. El solemne recibimiento de Villagrán debió tener lugar en julio o agosto del mismo año. Los alcaldes del Cabildo que prepararon y dirigieron esta ceremonia fueron Francisco de Riberos y Pedro de Miranda, ambos soldados antiguos de la conquista, vecinos de Santiago desde la época de su fundación en 1541 y, por tanto, compañeros de armas del nuevo Gobernador.

 

373

Góngora Marmolejo, cap. 33 y 34. Faltan en los documentos y en los cronistas primitivos datos precisos para estimar los estragos de esta epidemia.

 

374

El nombramiento de Juan Jufré para esta comisión tiene fecha de 27 de septiembre de 1561. En la parte II, cap. 19 § 8, hemos dado cuenta de esta expedición.

 

375

Este hecho está consignado en una extensa carta dirigida al Rey por el capitán Juan Matienzo desde Valdivia el 1 de noviembre de 1573.

 

376

El padre dominicano fray Juan Meléndez, natural de Lima, es autor de una extensa historia de su orden en estos países publicada en Roma en 1681-82, en tres gruesos volúmenes con el título de Tesoros verdaderos de las Indias, en la historia de la gran provincia de San Juan Bautista del Perú de el orden de predicadores, obra curiosa sobre todo por el innumerable caudal de milagros que contiene, y que ha llegado a hacerse sumamente rara. En el lib. II, cap. 7 y lib. IV, cap. 8 da noticia de la introducción de los dominicanos en Chile, refiriendo que los padres González y Chávez llegaron a Santiago en 1552, y que luego fundaron su convento. Según esto, los dominicanos habrían sido los primeros religiosos que se establecieron en Chile. Estas noticias han sido seguidas sin examen por los cronistas e historiadores posteriores. De los documentos antiguos y de los cronistas primitivos aparece otra cosa. Aquellos padres llegaron a Chile con don García Hurtado de Mendoza en 1557 y fundaron el convento de su orden cuando ya hacía cuatro años que lo tenían los franciscanos. Por lo demás, éstos y otros errores más graves todavía, son comunes, como ya hemos dicho, en las crónicas de las órdenes religiosas en América.

Mucho más exacto es don fray Baltasar de Obando, tercer obispo de la Imperial, más conocido con el nombre de Reginaldo de Lizárraga, en un libro que dejó manuscrito con noticias históricas y geográficas sobre Chile. Este prelado, dominicano él mismo, ha contado muy sumariamente la introducción de los frailes de su orden en Chile, pero dice expresamente que sólo llegaron en 1557. «El primero, dice, que de nuestros religiosos entró en este reino con don García de Mendoza, fue el padre fray Gil González Dávila, varón docto, gran predicador y de muy esencial ejemplo».

 

377

La instrucción del obispo San Martín existe en copia en el Archivo de Indias. Ha sido también impresa con un título equivocado y con otros descuidos, en las pp. 348-62 del tomo 7 de la Colección de Torres de Mendoza. Es un documento curioso para la historia por las noticias que contiene acerca de la explotación de que se hacía víctimas a los indios.

 

378

El tratado del padre Gil González Dávila nos es desconocido. Sólo tenemos noticia de él por lo que dice el padre jesuita Lozano en su Historia de la compañía de Jesús de la provincia del Paraguai, Madrid, 1755, lib. V, cap. V, núm. 10, según el cual ese escrito era una condenación de la manera como se practicaba en Chile el servicio personal de los indígenas. Seguramente era una dilucidación de las doctrinas consignadas en las instrucciones del obispo San Martín. Lozano y otros cronistas y aun algunos antiguos documentos, llaman a ese religioso Gil González de San Nicolás, que sin duda era su nombre conventual.

 

379

Hemos referido en la segunda parte, al contar la historia de las campañas de Valdivia, que este conquistador hacía siempre a los indios los requerimientos que según el dictamen de los letrados y teólogos españoles, debían preceder a todas las operaciones militares. Esos requerimientos, destinados a exigir de los indígenas la sumisión absoluta al rey de España en cumplimiento de la concesión pontificia, no produjeron, como sabemos, resultado alguno, pero esto no era culpa de Valdivia, el cual, según la expresión del cronista Góngora Marmolejo, «hacía todo lo que era en sí como cristiano». Ya sabemos lo que entendían por estas palabras los conquistadores del siglo XVI.

 

380

Góngora Marmolejo, cap. 34.