491
Carta de Bravo de Saravia a Felipe II, de 15 de octubre de 1571.
492
Góngora Marmolejo, cap. 74. La indignación que esta derrota produjo se refleja mejor aún en otros documentos contemporáneos. El virrey del Perú, don Francisco de Toledo, queriendo poco más tarde hacer algunas innovaciones en la dirección de la guerra de Chile, dictó en el Cuzco en 16 de agosto de 1571 una extensa provisión o decreto en que hace una reseña retrospectiva de estos sucesos como suele hallarse en las reales cédulas, cuyas formas imitaba el Virrey. Allí dice que el Virrey había recibido de Chile la noticia «del mal suceso y pérdida que había tenido la parte de gente de la tierra y del socorro que le había enviado con don Miguel de Velasco a cierta facción con los indios de guerra y de la pérdida y muerte del capitán Villegas (en Purén), y otros soldados, artillería, comida y municiones que habían perdido volviendo las espaldas tantos de los españoles con arcabucería y caballería, en campaña rasa a un escuadrón de 1.500 indios, cosa nunca vista ni oída en las Indias que indio se atreva a pelear con español sino en la montaña, donde hacen su fuerza como los moros de Granada». Martín Ruiz de Gamboa, en carta dirigida al Rey desde Santiago, en 10 de diciembre de 1572, da también una versión semejante y formaliza muchos otros cargos contra el gobierno de Bravo de Saravia.
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Según los autos originales que examiné en el Archivo de Indias, el requerimiento fue hecho al gobernador Bravo de Saravia en Santiago el 29 de noviembre de 1570 por el capitán Juan Ortiz de Zárate, y entonces desconoció la autoridad del Virrey, por no conocer la cédula real de que se le hablaba. Hallándose en Concepción en 29 de enero de 1571, los oidores de la Audiencia le mostraron esa cédula, y entonces le prestó acatamiento. Aunque estos trámites se manejaron con la mayor reserva, el público tuvo noticia de ellos, como se trasluce en algunos pasajes de Góngora Marmolejo, sin descubrir, sin embargo, toda la verdad.
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Martín Ruiz de Gamboa, en carta dirigida al Rey, en 10 de diciembre de 1572, le dice lo siguiente: «El Gobernador, vuelto a dos leguas de Engol, me mandó muy ahincadamente me encargase del ejército de este reino. Yo me eximí de lo hacer a causa de que el Gobernador no admite consejo de nadie, y por ser muy remiso en hacer proveer lo necesario para la guerra y ser tan desgraciado en todo lo que pone mano. Demás que su principal intento es recoger oro, en lo que pone su principal cuidado, lo cual hace so color de que es para pagar soldados y hacer gente, y después de recogido este oro se hunde en su poder. Y para juntar ese oro hace a vuestros vasallos grandes molestias y... (no se entiende el original) que los apercibe para llevarlos a la guerra a todos, y el que se quiere quedar ha de ser dándole oro. Por lo cual y por otras causas, pareciéndome pasando así las cosas de su gobierno yo no podía hacer bien hecha la guerra, no quise aceptar». Ya veremos que no es Ruiz de Gamboa el único que acusa de codicia al gobernador Bravo de Saravia.
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Carta de Bravo de Saravia, de 19 de octubre de 1571.
496
En su calidad de presidente de la Real Audiencia, Bravo de Saravia era designado indistintamente con este título o con el de Gobernador. Fue el primer mandatario de Chile a quien se diese el tratamiento de Presidente, que más tarde volvieron a usar los gobernadores.
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Provisión del virrey Toledo de 16 de agosto de 1571, conservada original en la Biblioteca Nacional de Madrid, a fojas 179 y siguientes de un tomo de manuscritos rotulado J 53.
498
Conservo copia de una carta de Quiroga a Felipe II, escrita en Santiago el 30 de junio de 1569, en que hace una reseña de todos los primeros desastres de la guerra de Chile bajo el gobierno de Bravo de Saravia. En el Archivo de Indias esta carta está duplicada y, aunque ambas tienen la misma fecha, parece que fueron enviadas en distintas ocasiones, lo que revela el interés que Quiroga tenía en hacer llegar esas quejas ante el Rey.
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Así lo dice expresamente Ruiz de Gamboa en su carta al Rey de 10 de diciembre de 1572.
500
Estos ataques debieron tener lugar en los últimos días de 1572 o en los primeros de 1573. Han sido prolijamente contados por Góngora Marmolejo, cap. 78, y constan, además, de la segunda información de servicios del oidor Torres de Vera, que hemos citado anteriormente, pero no hallamos en ninguna de esas dos autoridades la indicación de fechas que con frecuencia faltan en los documentos y en las relaciones antiguas.
La carrera posterior del licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón merecería un estudio especial, que nos llevaría a un terreno extraño a nuestro asunto. Suprimida la audiencia de Chile en 1575, pasó a servir a la de Charcas. Allí contrajo matrimonio con una hija del capitán Juan Ortiz de Zárate, que había capitulado con el Rey la conquista y población de las provincias del Río de la Plata. Desaprobado este matrimonio por el virrey del Perú don Francisco de Toledo, Torres de Vera fue llevado preso a Lima; pero restituido a la libertad, tomó a su cargo el gobierno de aquellas provincias como heredero de los derechos de su suegro. Aunque las peripecias de su administración han sido referidas, con divergencias de detalle por los antiguos historiadores argentinos y, aunque sus servicios son trascendentales, como la fundación de la ciudad de Buenos Aires, nos limitamos a recordar que en esos historiadores hallará el lector las noticias que puedan interesarle sobre el resto de la vida de este personaje. Don Miguel Luis Amunátegui ha reunido, explicado y comentado en los capítulos 3 y 4 del II tomo de La cuestión de límites entre Chile i la República Arjentina todas esas noticias esparcidas en muchos libros.