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La publicación de los primeros libros del cabildo de Santiago en el tomo I de la Colección de historiadores de Chile adolece en esta parte de un error o supresión notable, que proviene de la falta de algunas páginas del manuscrito. Se ha reunido en un solo cuerpo el acta de la sesión del 9 de abril con la última parte del acta del 25 de mayo de 1554. Esta supresión ha hecho creer a algunos que el 9 de abril se supo en Santiago el arribo de Aguirre a La Serena, lo que es absolutamente imposible. Francisco de Aguirre partió de Santiago del Estero el 28 de marzo, y no ha podido llegar a La Serena antes de fines de abril, y quizá en los primeros días de mayo. En sesión de 25 de este mes firmó el Cabildo el poder con que dos de sus miembros deberían apersonarse al caudillo del norte para hacerlo desistir de sus propósitos. Sin embargo, sólo uno de éstos, Diego García de Cáceres, fue a La Serena.

 

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Cabildos de 5 y 11 de julio de 1554.

 

53

Cabildo 9 de noviembre de 1554.

 

54

Cabildo de 9 de marzo de 1555.

 

55

Cabildo de 5 y de 20 de julio de 1554.

 

56

Cabildos de 23 de julio y de 2 de agosto de 1554. En la publicación de los libros del Cabildo, p. 425, se ha puesto como parte del acta de 27 de julio el poder conferido a Juan Godínez en sesión de 2 de agosto.

 

57

Cabildo de 27 de agosto de 1554.

 

58

Cabildo de 29 de agosto de 1554. El Cabildo ofreció pagar su trabajo a los letrados, si fuere necesario; pero en su libro de acuerdos no hay constancia de que se hubiere efectuado pago alguno. Góngora Marmolejo dice, sin embargo, cap. 18, que el licenciado Altamirano dio su fallo «por servir al Rey y por la paz del reino»; pero que su compañero exigió que se le pagasen cuatro mil pesos de oro. La crónica de Mariño de Lobera dice también, cap. 50, que el licenciado De las Peñas cobró un fuerte honorario, pero no expresa a cuánto ascendió.

 

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Cabildo de 19 de septiembre de 1554. Hemos insistido en contar con muchos pormenores todo lo que se refiere a este arbitraje porque creemos que estos prolijos incidentes caracterizan las ideas de ese tiempo y de esos hombres, mucho mejor que las generalidades más o menos pintorescas con que el historiador pretende a veces darlos a conocer. Los jueces árbitros juraron igualmente el mismo día en la capilla de la iglesia mayor, que aceptaban el cargo y que lo cumplirían «conforme a la comisión que para ello les ha sido dada».

 

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Cabildos de 22 y de 30 de septiembre de 1554. Este último fue celebrado en Valparaíso, y contiene los documentos más importantes sobre la constitución del arbitraje. En la forma en que estas actas han sido publicadas, aparecen confundidas en una sola, por faltar en el libro original del Cabildo una hoja en que estaba escrito el fin de la primera de esas sesiones y el principio de la segunda.

La constitución de este arbitraje dio origen a incidentes verdaderamente cómicos, pero característicos y que dan a conocer los azares de esos tiempos. El licenciado Alonso de las Peñas, que había podido experimentar en cabeza propia la violencia de los capitanes de la conquista, tenía un miedo invencible a los compromisos que podía atraerle la sentencia. Exigió que estuviera pronto en Valparaíso un buque en que pudiese marcharse al Perú tan luego como hubiese firmado dicha sentencia, que ésta fuera nula si se abría y se hacía pública antes de que se hubiera hecho a la vela, y que ese buque no se acercase durante su viaje a ningún puerto de Chile. El pobre letrado no quería por nada tocar en el puerto de Coquimbo donde mandaba Francisco de Aguirre, cuyo carácter violento le inspiraba un verdadero terror. El cabildo de Santiago tuvo que acceder a estas exigencias, y disponer que otro buque que había en Valparaíso se aprestase para salir con rumbo al Callao tan pronto como se diese la sentencia.

Los temores del licenciado De las Peñas no se desvanecieron con esto sólo. Una vez embarcado en el Santiago, temiendo que durante la ausencia de este buque del puerto de Valparaíso se hiciera a la vela la otra nave, exigió que se le quitara el timón y el velamen, que se les bajara a tierra, y que se conminara a su capitán y tripulantes con las penas de muerte y de pérdida de bienes si intentaban partir antes de que estuviese dada la sentencia, y de que él mismo estuviese embarcado en ella. El Cabildo tuvo que acceder a esta exigencia.

La Crónica de Mariño de Lobera, cuenta en el capítulo 50 que en el Perú fue despojado el licenciado De las Peñas del dinero que había recibido como honorario de la sentencia; y que volviendo a Chile cayó en manos del general Aguirre, quien le mandó cortar las narices y le hizo dar de cuchilladas, «que fue la última paga que sacó del parecer que había dado». No hallando la menor alusión a estos hechos en otros documentos o relaciones, creo que se deben considerar como pura invención.