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Cartas y expedientes del Presidente y de los oidores de Quito, vistos en el Consejo: de 1598 a 1613. Cartas y expedientes de personas seculares del distrito de la Audiencia de Quito: de 1586 a 1592. Autos de la residencia del presidente Barros. Entre estos autos se hallan las declaraciones que, acerca del estado de la salud del licenciado Marañón, recibió en Lima el señor Bonilla, electo arzobispo de Méjico. (Documentos inéditos del Real Archivo de Indias en Sevilla).
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En este punto de nuestra Historia, las fuentes no son muy abundantes y los documentos impresos escasean notablemente. Para los presidentes tenemos la Serie cronológica, trabajada, a fines del siglo pasado, por Azcaray, y las listas o nóminas de Alcedo, en su Diccionario, y de Blanco y Azpurúa, en el Tomo primero de su rica Colección de documentos para la historia del Libertador. Entre los inéditos citaremos a Díez de la Calle en su Descripción de la Real Audiencia de Quito, y los ligerísimos apuntes de Solmirón.
En cambio, los documentos de carácter oficial privado son numerosos, y consisten en la correspondencia escrita al Rey y a su Consejo de Indias por los presidentes, por los oidores, por los obispos, por entrambos Cabildos, el secular y el eclesiástico, y por los prelados de las órdenes religiosas; hay también cartas de personas particulares, tanto seculares como eclesiásticas, y, finalmente, expedientes sobre diversos asuntos, ya de interés general; ya de interés puramente individual. En estas comunicaciones dirigidas al Rey y a su Consejo hemos buscado la verdad, examinándolas con una crítica severa para depurarlas de todo cuanto hubieren puesto en ellas la parcialidad, el odio y las demás pasiones; hemos sometido cada una a un examen concienzudo y prolijo, con el cual nos ha sido necesario aquilatar su testimonio, a fin de dar con la verdad, desechando toda noticia falsa y toda aseveración apasionada.
Las comunicaciones de los particulares son tanto más preciosas para el historiador, cuanto contienen una descripción o un cuadro de las costumbres contemporáneas, lleno de pormenores minuciosos y trazado con mucha viveza; las noticias abundan, y los hechos están contados con toda aquella claridad y franqueza, que no pueden menos de encontrarse en comunicaciones escritas bajo la salvaguardia del secreto más seguro e inviolable. En esos papeles muertos, sobre los cuales se ha amontonado un polvo secular, podemos decir que se siente palpitar la vida de la colonia; nosotros nos acercamos a esos documentos sin pasión ninguna, sin ninguna clase de prevención, ni adversa ni favorable para con nuestros antepasados, a los cuales no los creíamos de antemano ni buenos ni malos; deseábamos descubrir lo que ellos habían sido y nada más, pues no aspiramos sino a la satisfacción de encontrar la verdad, y de decirla lealmente a nuestros lectores.
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Los documentos relativos a la fundación de la antigua villa de Ibarra se conservan en el archivo municipal de la ciudad moderna, donde nosotros los hemos estudiado. (Archivo de la Municipalidad de Ibarra. Libro primero de actas). En el Real Archivo de Indias en Sevilla se encuentran copias autorizadas y oficiales de todos estos documentos.
Finalmente en La Voz de Imbabura, periódico que se redactaba en Ibarra el año de 1889, se publicaron las tres primeras actas que se refieren a la fundación de Ibarra. El oidor don Matías Moreno de Mera pedía, para desempeñar la comisión de fundar la villa de Ibarra, dos mil patacones, es decir pesos de a nueve reales, según se expresa en las actas de la fundación.
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Sería cosa demasiado larga y prolija el referir una por una todas las expediciones que se hicieron para descubrir, conquistar y colonizar el territorio, que se conocía con el nombre de provincia de las Esmeraldas. Este territorio comprendía toda la actual provincia de Esmeraldas en nuestra República y, además, una grande extensión de costa, que ahora es de Colombia, hasta más allá del puerto de la Buenaventura. He aquí una enumeración de los capitanes que intentaron la conquista de ese territorio.
Garcí Lasso de la Vega entró por Manabí con ciento cincuenta soldados y más de quinientos indios de servicio.
Andagoya entró por la costa y pobló en la bahía de San Mateo.
Peña salió de Guayaquil con cien soldados, reconoció todo el río Daule, llegó a Angamarca y de ahí bajó otra vez hasta el mar.
Juan de Olmos con cien soldados fundó una población en Atacames, y luego la abandonó.
Gonzalo Díaz de Pineda, saliendo de Quito, entró por Sicchos y recorrió gran parte de la provincia; llevaba doscientos soldados y ochocientos indios.
Francisco de Orellana, con ciento cincuenta soldados y más de quinientos indios, pasó de Manabí por tierra a Esmeraldas.
Figueroa por el mismo camino que Orellana con sesenta soldados.
Alonso de Rojas, con cincuenta soldados y cuatrocientos indios, armó la expedición en Quito y entró por Sicchos.
Valderrama también desde Quito con sesenta soldados. El capitán Ochoa entró dos veces por Lita y murió en la empresa, por lo cual la tomó a su cargo el capitán Bazán, llevando ochenta soldados.
El capitán Zárate y Chacón salió de Quito con cincuenta soldados.
El capitán Galíndez entró por Barbacoas, formando su expedición en Pasto, y se estuvo un año.
El capitán Juan Crespo asimismo dos veces, ambas desde Pasto por Barbacoas.
Juan Caldera con cien hombres entró por el río de San Juan.
Payo Romero, por el mismo punto, con ochenta hombres.
Juan Sánchez, desde Pasto, con sesenta y cinco soldados, de los cuales no salieron vivos más que quince.
El capitán Ladrillero, por el río de San Juan, con más de cien hombres.
Después entraron los capitanes Benavente, Juan Mosquera, Cristóbal de la Carrera, Alonso Vera y Lucas Porcel.
Todas estas expediciones fueron anteriores a la primera de López de Zúñiga, y el camino era por Sicchos, por Manabí, por los ríos Lita, Daule y San Juan o por la costa; después se abrió un nuevo camino por la provincia, que llamaban de los yumbos, trasmontando directamente desde Quito la cordillera del Pichincha. En el texto de la narración no hablamos de todas las expediciones, sino solamente de aquéllas que tienen alguna importancia histórica. (Relación de la conquista de la provincia de Esmeraldas remitida al licenciado Castro, gobernador del Perú. Informaciones acerca de los servicios personales de Cebrián de Moreta. Informaciones de Alonso Hernández Jamaica. Documentos del Real Archivo de Indias en Sevilla).
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Carta escrita a Felipe segundo por el mismo don Miguel Cabello Balboa; Quito, a 1.º de febrero de 1578, a los quince días después de haber llegado a esta ciudad de regreso de su expedición a Esmeraldas. (Inéditos, en el Real Archivo de Indias en Sevilla. Cartas y expedientes de personas seculares del distrito de la Audiencia de Quito: de 1578 a 1585). Balboa hace mención especial de la tribu de los indios pulis y de los campaces, los cuales eran poseedores del secreto de la mina de esmeraldas. (En el mismo archivo. Asuntos Eclesiásticos: de 1576 a 1586).
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Zúñiga agotó su hacienda en estas expediciones, y aún quedó endeudado en ocho mil pesos. Su esposa era doña Mayor de Bastidas, hija de don Alonso de Bastidas, uno de los primeros conquistadores de Quito. (Cartas y expedientes de personas seculares del distrito de la Audiencia de Quito: de 1621 a 1625). Inéditos en el Real Archivo de Indias en Sevilla.
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Respecto de las misiones de los padres mercenarios de Quito en la provincia y territorio de Esmeraldas, nos apoyamos en los documentos siguientes. Los cronistas de la Orden:
REMÓN, Historia general de la Orden de Nuestra Señora de la Merced. (Tomo segundo, Libro XIII).
SALMERÓN, Recuerdos históricos. (Siglo cuarto. Recuerdo 39.º).
COLOMBO, Vida del Venerable Padre Fray Pedro Urraca. (Libro primero, Capítulo 7.º).
VARGAS, Crónica de la Orden de Nuestra Señora de la Merced. (Tomo segundo, Capítulo 13.º, párrafo duodécimo). En latín. Los cronistas de la Orden parece que no conocieron completamente los hechos.
Cartas y expedientes de personas eclesiásticas del distrito de la Audiencia de Quito: de 1596 a 1603. Cartas y expedientes del Presidente y de los oidores de la Audiencia de Quito: de 1598 a 1613.
El padre Romero era español, castellano; vino al Perú siendo todavía muy joven, tomó el hábito de la Merced y profesó en el convento de Lima.
El padre Burgos era andaluz, nativo de Nebrija.
El padre Salas fue comendador de Cali y doctrinero en la montaña de Gualea, con cuyo motivo descubrió la facilidad que había para hacer un camino que pusiera en comunicación a Quito con Esmeraldas, trasmontando el Pichincha.
El padre Torres parece haber sido quiteño, pues tomó el hábito aquí y profesó en este convento el 7 de julio de 1577, según consta de Libro primero de profesiones que se guarda en el archivo del convento máximo de Quito. Otro de los padres enviados a las misiones de Esmeraldas fue fray Hernando Hincapié, también español.
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Pondremos aquí algunos derroteros del camino de Quito a Esmeraldas, por las jornadas siguientes:
Primera.- De Quito a Guayllabamba.
Segunda.- De Guayllabamba a Tocachi.
Tercera.- De Tocachi a Otavalo.
Cuarta.- De Otavalo a Salinas.
Quinta.- De Salinas a Ambuquí.
Sexta.- De Ambuquí a la ceja de la montaña.
Séptima.- De la ceja de la montaña al río Lita.
Octava.- Del río Lita a Guacal.
Novena.- De Guacal al Pan.
Décima.- Del Pan a Pusbi.
En Pusbi estaba el embarcadero sobre el río llamador Talaculpi, por el cual la marea subía casi todo un día. De Pusbi al mar había día y medio de navegación en balsas.
De Quito a Ambuquí se calculaban como 22 leguas castellanas; y de ese punto iban a la ceja de la montaña; esta jornada era de cuatro leguas, todas de páramo.
De la ceja de la montaña a Malbucho había diez leguas y se hacían dos jornadas.
De Malbucho al pueblo nuevo del Espíritu Santo, otras cinco leguas y una jornada. Este pueblo estaba en el territorio de los cayapas. Su cacique se llamaba Pifiquí, y después que lo bautizó el padre Torres tomó el nombre de Diego.
El pueblo de Guadalupe estaba fundado en el distrito de la tribu de los lachas.
Después del pueblo nuevo del Espíritu Santo, yendo con dirección al mar, se pasaba el río Sambe, y luego el río Pumbi, que desemboca frente del Ancón de Sardinas. En el Pumbi desaguan el Malabas y el Onsolos, manso y sondable.
Tal es el derrotero del camino de Esmeraldas, como lo recorrían los padres de la Merced desde 1598, unos diez años antes de la fundación de Ibarra.
Había también otro camino, trajinado asimismo por los padres mercenarios y por los conquistadores de Esmeraldas, antes de la fundación de Ibarra. Sus jornadas eran las siguientes:
Primera.- De Quito a Cotocollao.
Segunda.- De Cotocollao a Nono.
Tercera.- De Nono a Alambí.
Cuarta.- De Alambí a Nanegal.
Quinta.- De Nanegal a Ilambo.
Sexta.- De Ilambo a Gualea.
Séptima.- De Gualea a Tambillo.
Octava.- De Tambillo a Niguas, que era entonces el último sitio poblado.
De Niguas iban al río del Inga, y de ahí al embarcadero, el cual estaba en el punto donde entran en el río Guayllabamba los ríos Blanco y del Fuego (Nina-yacu), que nacen del Pichincha. De Quito al embarcadero se calculaban 33 leguas, y 48 hasta el mar. (Documentos inéditos del Archivo de Indias en Sevilla, entre los correspondientes a los papeles llamados de Simancas. Audiencia de Quito. Legajos de cartas y expedientes de los presidentes, de los oidores, de eclesiásticos y de seculares: de 1564 a 1620).
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He aquí lo que acerca de esta obra dice un testigo de vista.
| MONTESINOS, Anales del Perú. (Nota marginal del adicionador anónimo del Códice de la Biblioteca Nacional de Madrid. Año de 1607). | ||
El que construyó este puente fue Juan Corrales, maestro cantero, el mismo que trabajó el puente de Chillo sobre el río San Pedro. Estos puentes y otro, que, por aquel mismo tiempo, se levantó sobre el Guayllabamba, se construyeron con la cooperación de los vecinos, que para la obra auxiliaron con una cuota mensual en dinero. Mas, tanto el costoso puente de Pisque como el de Guayllabamba fueron destruidos por los aluviones del Cotopaxi. El año de 1762 se edificó un nuevo puente sobre el río Pisque, y en ese mismo año fue destruido por un aluvión de piedras, según refiere el padre VELASCO, en la página 61.ª del Tomo 2.º de su Historia del Reino de Quito.
El año de 1638 estaba ya en muy malas condiciones el puente de Pisque, mandado construir por el presidente Ibarra, y asimismo amenazaba ruina el de Guayllabamba. De estos asuntos hablaremos en otro lugar.
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Los documentos en que nos apoyamos para la relación de estos hechos son de dos clases: unos impresos y otros inéditos; tanto éstos como aquéllos serán citados oportunamente.
La hazaña de los doce compañeros de Pizarro en la isla del Gallo la refieren los principales y más autorizados historiadores antiguos de la conquista del Perú, y consta de las mismas capitulaciones de Pizarro con la Reina Gobernadora. En cuanto a la biografía del obispo Ribera, citaremos los autores siguientes.
GIL GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico de las iglesias de las Indias Occidentales. (Tomo 2.º. Iglesia de Quito).
MENDIBURU, Diccionario histórico biográfico del Perú.
ODRIOZOLA, en su Colección titulada Documentos literarios del Perú.
AZCARAY, Serie cronológica de los obispos de Quito.
Entre los inéditos, DÍEZ DE LA CALLE, OVANDO, SOLMIRÓN y RODRÍGUEZ DE OCAMPO, cuyas obras hemos citado ya muchas veces en otras notas de esta Historia.