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De estos dos sínodos del obispo Solís, existen en Quito muchos ejemplares manuscritos: en el archivo de la Curia metropolitana se guarda el ejemplar, que puede considerarse como auténtico. Es un códice en folio, forrado en terciopelo carmesí sobre pasta de madera. Sin embargo, la letra nos parece moderna, y creemos que es una copia hecha posteriormente y confrontada, sin duda, con el original. En el Archivo de Indias en Sevilla hay un ejemplar auténtico, remitido por el mismo señor Solís al Consejo de Indias.
Las Constituciones sinodales del obispo Peña se conservan originales en el Libro primero de actas del Cabildo eclesiástico. Antes de 1600 se habían, pues, celebrado tres sínodos en el obispado de Quito: uno por el señor Peña, y dos por el señor Solís. Las disposiciones sinodales del obispo Peña relativas a los indios, no fueron aprobadas por la Audiencia, y así se tuvieron por insubsistentes. Los sínodos del obispo Solís recibieron la aprobación real.
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El señor don Garcí Díaz Arias no quiso firmar el auto de erección de la iglesia Catedral, por las muchas preeminencias y prerrogativas, que se concedían en él a las dignidades. El 21 de agosto de 1579 resolvió la Audiencia, que, en punto a los deberes y privilegios de las dignidades y a la distribución de los diezmos, debía guardarse en Quito lo dispuesto en el segundo sínodo provincial del arzobispo Loaysa, para la Catedral de Lima, y para todas las iglesias sufragáneas de ella, año de 1567. El auto original de la erección de la iglesia Catedral de Quito se guarda en el archivo del Cabildo metropolitano.
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Las fuentes históricas de nuestra narración son las siguientes:
TORRES, Crónica de la provincia peruana del Orden de los ermitaños de San Agustín, (Libro primero, capítulos 19.º, 20.º, 21.º, 22.º, 23.º, 24.º, 25.º y 26.º). La extensa y prolija biografía que ha escrito el padre Bernardo de Torres, es la principal fuente histórica de nuestra narración. La Crónica del padre Torres se publicó en Lima el año de 1657, es decir, solamente medio siglo después de la muerte del señor Solís. Asegura el padre Torres, que, para escribir la vida del obispo Solís, ha tenido a la mano documentos muy dignos de fe, como unas relaciones del confesor y de los capellanes del Obispo, la Oración fúnebre que se predicó en Lima en sus exequias, y ciertos apuntamientos recogidos por el padre Calancha y trabajados con los informes, que le suministraron varias personas que conocieron y trataron al señor Solís.
CALANCHA, Crónica moralizada del Orden de San Agustín en el Perú, (Libro tercero, Cap. 21.º). Contiene datos para la vida religiosa del señor Solís.
CONCETTI, Vida del Ilmo. señor don Fr. Luis López de Solís, obispo de Quito. (Es un trabajo biográfico-apologético, debido a la pluma del R. P. Fr. Nicolás Concetti, y publicado en la República del Sagrado Corazón de Jesús, Revista religiosa, que se daba a luz en esta ciudad, Tomo cuarto, Números 28.º, 29.º, 30.º, 31.º, 32.º, 33.º, 34.º y 35.º), Quito, 1887.
GIL GONZÁLEZ DÁVILA, Teatro eclesiástico de las iglesias de Indias, (Tomo segundo, Iglesia de Quito).
HERRERA, Historia del Convento de agustinos de Salamanca.
PORTILLO, Crónica espiritual agustiniana, (Tomo tercero, mes de julio). Es una reproducción sumaria del trabajo del padre Torres.
ASCARAY, Serie de los obispos de Quito.
El autor anónimo en su Noticia de los obispos de Quito (Tomo cuarto de la Colección de Documentos literarios del Perú, publicados por ODRIOZOLA).
Dan también algunas, aunque escasas, noticias acerca de este Obispo el deán Sánchez Solmirón y Rodríguez de Ocampo en sus obras inéditas, citadas ya antes en otros lugares.
El Libro segundo de actas del Cabildo eclesiástico contiene el acta de la toma de posesión del obispado y el acta de la primera sesión capitular, en que presidió el señor Solís: por desgracia, el Libro tercero, correspondiente a la época del gobierno de este célebre Prelado, se ha perdido. En sus lugares respectivos citaremos otros documentos, principalmente los oficiales contemporáneos, que estudiamos en el Real Archivo de Indias en Sevilla. El Vicario General del arzobispado de Lima practicó informaciones acerca de la legitimidad, limpieza de sangre y buena fama del señor Solís, para remitirlas a Roma, cuando éste fue presentado para el obispado del Paraguay.
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Carta escrita al Rey, Lima, 1.º de diciembre de 1591, inéditos del Archivo de Indias.
95
ORDÓÑEZ DE ZEVALLOS, Viaje del mundo, (Libro segundo, Cap. 37.º).
96
VILLARROEL, Gobierno eclesiástico pacífico, (Tomo primero, Parte primera: Cuestión l.ª, Artículo 4.º).
97
RODRÍGUEZ DE OCAMPO, Descripción histórica del obispado de Quito, (obispos de Quito, cuarto obispo), Ms. 38.
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Carta del obispo Solís al Rey. Quito, 20 de marzo de 1598.- Esta fue la última del obispo Solís a Felipe Segundo. Decía el Obispo, que cuantas medidas había tomado el Rey para favorecer a los indios, habían sido inútiles, porque aquí se recibían las órdenes reales y no se cumplían; y que así serían necesariamente todas cuantas se dieran en adelante, pues no había más remedio que o quitar los corregidores de los indios o ahorcar un corregidor en cada pueblo, para escarmiento de los demás. Ya veremos cuánta razón tenía el obispo Solís para expresarse de una manera tan enérgica (Cartas y expedientes del obispo de Quito, Inéditos, Archivo de Indias en Sevilla).
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Nos apoyamos en el testimonio del anónimo adicionador de los Anales del Perú de Montesinos. He aquí una relación prolija del monto de los bienes, con que se fundó el convento:
| Doña Leonor de Orense dio | 4000 | pesos |
| Ana de Vergara | 2200 | " |
| Juana Zambrano | 800 | " |
| Floriana Vázquez | 800 | " |
| Isabel Medina | 800 | " |
| Beatriz de Zúñiga | 1000 | " |
No toda esta cantidad fue en dinero, sino en fincas y en bienes muebles: también se incluyó en ella el precio en que fueron tasados el esclavo y la esclava. La ciudad cooperó además con dos mil pesos. Las dos monjas que de Quito pasaron a Pasto, fueron: Juliana de Arce, que después de la profesión se llamó Juliana de la Santa Cruz, la cual fue abadesa; y María Rodríguez o María de la Encarnación que tuvo el oficio de Vicaria.
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Tenemos a la vista, el título de propiedad, que se dio a Lorenzo de Cepeda del agua que la Audiencia y el Cabildo le concedieron llevar a su casa. Pertenece este documento al archivo del monasterio de Santa Catalina. Parece indudable que la iglesia de este monasterio está construida donde era la casa del hermano de Santa Teresa.