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Ad summam quondam ubertatem vini, frumenti vero inopiam, existimans nimio vinearum studio neglegi arva, edixit ne quis in Italia novellaret utque in provintiis vineta succiderentur, relicta ubi plurimum dimidia parte (Suetonius, in Domitiano). Esta bárbara ley fué revocada en tiempo de Probo (Mariana, Historia de España, libro IV, capítulo 11): «Para ganar, dice, las voluntades de las provincias, revocó y dio por ninguno el edicto de Domiciano, en que vedaba á los de la Galia y de España plantar viñas de nuevo».

 

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Son muy curiosas las observaciones de Plinio el Menor acerca de ese punto: Nam priore lustro, dice (Libro IX, epístola 37, á Paulino), quanquam post magnas remissiones, refiqua creverunt; inde plerisque nulla jam cura minuendi aeris alieni, quod desperant posse persolvi; rapiunt etiam, consumuntque, quod natum est, ut qui jam putent se non sibi parcere. Ocurrendum ergo augescentibus vitiis et medendum est. Medendi una ratio, si non nummo, sed partibus locem, ac deinde ex meis aliquos exactores operi, custodes fructibus ponam; et alioqui nullumjustius genus reditus, quam quod terra, coelum, annus refert Ad hoc, magnam fidem, acres oculos, numerosas manus poscit; experiendum tamen et quasi in veteri morbo quaelibet mutationis auxilia tetanda sunt.

 

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Habiendo venido á Cádiz unos carneros bravos de África, los compró el viejo Columela, según asegura su sobrino, los echó á sus ovejas y mejoró su casta. Cruzó después los carneros de esta nueva casta con ovejas de Tarento, y las lanas de sus crias sacaron la finura de las madres en uno con el excelente color de los padres. La excelencia de las lanas tarentinas, á que acaso debemos la de las nuestras, se colige del siguiente pasaje de M. Varron (libro II, capítulo 2): Pleraque similiter faciendum (habla de la trashumacion) in ovibus pellitis, quae propter lanae bonitatem, ut sunt Tarentinae etAtticae, pellibus integuntur, ne lana inquinetur, quo minus vel infici recte possit vellus, vel lavari ac putari. Parece que se renovó esta operacion en tiempos del rey don Alonso el Onceno, cuando se trajeron la primera vez en las naves carracas las pécoras de Inglaterra á España. Véase el Centon del bachiller Cibdad. Real, epístola 37. El Padre Sarmiento creia que por esto nuestras ovejas finas se llamaban marinas, y por corrupcion, merinas.

 

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Pro Sextio; Italiae calles atque pastorum stabula.

 

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Libro II, cap. 2.

 

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El primer objeto de todas las leyes agrarias establecidas ó propuestas en Roma fué estorbar esta acumulacion y acercarse á aquella igualdad. Rómulo señaló dos huebras de tierra para patrimonio de cada ciudadano (M. Varron, I, 10), y esta suma, expelidos los reyes, se extendió á siete huebras, y con ellas se contentó Curio Dentato cuando, regalándole el pueblo cincuenta huebras en premio de sus victorias, las rehusó como una riqueza indigna de un romano. Pero entre tanto la acumulacion hacia grandes progresos, y para contenerlos C. Licinio Stolon, en el año 385 de Roma, repartió siete huebras de las tierras de la república á cada plebeyo, y estableció la ley que fijaba en el número de quinientas la mayor riqueza de un ciudadano. El mal era tan irremediable que el mismo Stolon fué condenado porque poseia quinientas huebras á su nombre y otras tantas en cabeza de su hijo. Una terrible sedicion causó mucho después el empeño de ejecutar estas leyes: en ella perdieron la vida los Gracos y se manchó Roma por primera vez con la sangre de sus ciudadanos. Las conquistas y proscripciones de Sila y su loca profusion aumentaron mas y mas el mal é imposibilitaron el remedio. No bastó para ejecutar la Ley Agraria todo el celo del tribuno Servilio Rulo, que tuvo por contrario á Ciceron en el año de su consulado. (Véanse sus oraciones de Lege Agraria) Sin embargo, consta del mismo Tulio que la acumulacion era ya tan espantosa que apenas se contaban 2.000 propietarios en una ciudad cuya poblacion se puede calcular en 1.200.000 almas: Non esse, dice, in civitate duo millia hominum qui rem haberent. (De officiis, 2, 21.) Ya vimos por el testimonio de Plinio que toda la propiedad de África pertenecia en tiempo de Neron á seis solos ciudadanos, y por el de Amiano que este abuso fué creciente hasta los fines del siglo IV. Tal era el estado de Roma cuando fué saqueada por Alarico. (Gibbon, vol. V, cap. 31, págs. 268 á 279.) ¿Qué se infiere de aquí? Que en el progreso del espíritu humano hácia su perfeccion será mas de esperar que el hombre abrace la primitiva comunion de bienes que no que acierte á conciliar con el establecimiento de la propiedad esta quimérica igualdad de fortunas. Siendo, pues, la acumulacion un mal necesario, ¿qué deben hacer las leyes, aumentarlo ó reducirlo al mínimo posible?

 

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Nos excusará de hacer citas en esta materia el excelente trabajo de la Regalia de la amortizacion, que nuestro socio el sábio conde de Campomanes publicó en 1765, donde con gran copia de autoridades y razones demuestra la justicia de la ley que propone, y su necesidad con muchedumbre de testimonios que convencen el enorme exceso á que llegó en nuestros dias la amortizacion de la propiedad territorial. Sin embargo, en confirmacion de esta necesidad copiarémos las notables expresiones con que el defensor del reino de Galicia abrió su alegacion (en el expediente de foros), impresa en Madrid con el título La razon natural por d reino de Galicia. «Casi todo el suelo de Galicia (dice) con la jurisdiccion en primera instancia, se halla desmembrado de la Corona; casi todo viene á estar en poder de comunidades, iglesias, monasterios y lugares pios, y el resto en el de grandes, títulos y caballeros de dentro y fuera de la provincia». Este mal es tanto mas notable cuanto se trata de una provincia que alimenta la décima parte de la poblacion del reino. Júzguese por ella de las demás.

 

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En una Gaceta extranjera del año pasado de 1792, que calcula los progresos de la agricultura americana, se dice que los Estados Unidos, desde agosto de 1789 hasta setiembre de 1790, exportaron 900.156 barricas de harina y galleta, 1.124.458 boisseaux de trigo (como la tercera parte de una fanega), 21.765 de cebada, 2.102.137 de maíz, 98.842 de avena, 7.562 de trigo morisco, 38.752 de arvejos y habas, 5.318 barricas de patatas, 100.845 tercios de arroz, 118.460 sacos de tabaco; y además se calcula en dos millones los granos consumidos en destilaciones. Sin embargo, la poblacion de esta república no pasaba entonces de cuatro millones de habitantes.

 

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La baratura de las tierras causa naturalmente la de los frutos, y ésta anima al comercio y lo lleva á los puntos mas lejanos. A no ser así, ¿cómo se venderia en Constantinopla el arroz de Filadelfia mas barato que el de Italia y Egipto? Véase la Gaceta de Madrid del 11 de febrero de este año.

 

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Se puede formar alguna idea del progreso de esta despoblacion por lo que dice el ilustrísimo Manrique (citado por el señor Campomanes), á saber: que en los últimos cincuenta años se habian tresdoblado los conventos, habian emigrado muchas familias, crecido los sacerdotes, multiplicádose las capellanías y los conventos y aumentado el número de sus moradores. Calcula la mengua del vecindario en siete décimas partes, y señaladamente dice que Búrgos bajó de 7.000 vecinos á 900, Leon de 5.000 á 500, y que muchos pueblos pequeños se despoblaron del todo. Añade que sólo se sostenia Valladolid por su chancillería, Salamanca por sus escuelas y Segovia por sus telares; pero esto se escribia en 1624, y desde entonces hasta fin del siglo la despoblacion fué siempre en aumento.