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De la antigua navegacion del Ebro da la siguiente noticia nuestro Mariana (Historia de España, libro X, capítulo 15): «Para reprimillos tenian necesidad de flota, y así el rey [Don Alfonso de Aragón] mandó hacer muchas barcas y bajeles en Zaragoza; y consta que antiguamente, en el imperio de Vespasiano y de sus hijos, reparadas y enderezadas y acanaladas las riberas del Ebro, se navegaba aquel rio hasta un pueblo llamado Bario, que demarcan no léjos de do al presente está la ciudad de Logroño 65 leguas de la mar, grande comodidad para los tratos y comercio».
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Quid enim est tam populare quam pax? Qua non modo ii, quibus natura sensum dedit, sed etiam tecta atque agri mihi laetari videntur (Cicerón, De lege agraria.).