11
Juan HURTADO, J. DE LA SERNA y Ángel GONZÁLEZ PALENCIA, Historia de la literatura española, Madrid, s. e., 19252 , p. 900.
12
Alejandro GUICHOT Y SIERRA, La Montaña de los Ángeles, Sevilla, La Región, 1896, passim.
13
JUAN VALERA, Obras Completas, Madrid, Aguilar, 1961, volumen II, p. 755. La afirmación se repite con mayor fuerza en la página 1206.
14
Lo repetirá en su Discurso necrológico: «Al Duque de Rivas no le pasó siquiera por las mientes que escribía un segundo Edipo, como tantas veces han llamado a Don Álvaro.» Entre los modernos, René ANDIOC define muy escuetamente al autor del Don Álvaro, «tal vez más deseoso de ensayar una fórmula que de expresar una filosofía»; vid., «Sobre el estreno del Don Álvaro», en Homenaje a Juan López Morillas, Madrid, Castalia, 1982, p. 86.
15
Así, M. CAÑETE y E. FUNES.
16
Vid ., sobre todo, PEERS, pp. 443 y ss.
17
En Scritti letterari... di G. MAZZINI, Imola, Galeati, 1910, vol. II, p. 173. La traducción es mía.
18
Muy a propósito me parecen las palabras de PATTISON: «the sub-title La fuerza del sino is appropriate for any romantic play and should not be unduly emphasized in judging the character of Don Alvaro» (p. 68).
19
Es curioso que sólo FUNES (pp. 76 y 88-89) subraye este aspecto astrológico; la mayoría de los críticos, aunque no siempre lo ignoran, prefieren referirse al sino en un sentido metafísico.
20
También el suicidio de Don Álvaro ha sido objeto de diferentes interpretaciones. Entre las más recientes, vale la pena recordar la de GREY, que lo explica como la lógica conclusión de ese satanismo que constituye el asunto fundamental de su ensayo; la de PATTISON, que lo considera el gesto de un loco; la de CARDWELL, para el cual es la rebelión y la protesta contra Dios en nombre de la humanidad y la justicia; en fin, según NAVAS RUIZ, es la respuesta a lo absurdo de la vida y la afirmación de la libertad individual.