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La presencia de Nietzsche en la obra ha sido ampliamente detectada; ya Unamuno en su introducción a la obra en la edición conmemorativa habla de las «resonancias nietzschianas»a propósito de la conciencia universal, la fusión espacio/tiempo y el Hoy eterno. Esa misma conexión es destacada por Márquez Villanueva y Lozano Marco en diversos estudios.
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El carácter romántico de Félix ha sido comentado por Larsen en su artículo «Las cuitas de los jóvenes Werther y Félix: Die Leiden des jugen Werthers y Las cerezas del cementerio» en Lozano Marco, M.A. & Monzó, R.M, Actas del I Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert», Alicante, Caja de Ahorros del Mediterráneo, 1999: 265-276. La comparación, como es habitual en el autor, es brillante y hace hincapié, además, en que el atribulado carácter romántico de Félix es sólo una de las muchas dimensiones que posee el personaje.
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Cito del texto de la conferencia, «Lo viejo y lo santo en manos de ahora», recogida íntegramente en Vicente Ramos, Vida de Gabriel Miró, Alicante, Caja de Ahorros del Mediterráneo-Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert», 1996: p .579. La cita de Pater corresponde a la «Conclusión» de su célebre obra The Renaissance (1873).
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Y, de hecho, también en esta narración en la figura de Lambeth, el esposo de Beatriz, al que vemos sumido en los excesos y que muere en brazos de su copero. Es Larsen quién analiza la figura de Lambeth como dandy decadente en su ya mencionado artículo de 1989.
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Quede dicho ahora que es una falsa confirmación, porque Beatriz nunca mantuvo romance alguno con Guillermo, tal como suponen los Valdivia.
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Hay que notar la similitud que existe entre este razonamiento de Félix y el siguiente, de Carlos Osorio en La mujer de Ojeda: «El temor de que entonces resultase á los ojos de Clara un burlador de maridos vulgar, truhanesco; el temor de que me considere hoy un amante ordinario é insípido; el temor de verme yo mismo como los demás...» (Miró 1901: 203) La diferencia estriba en que Félix parte de una visión pura y prístina en la que la posibilidad de ser un truhán le resulta sorprendente y hasta dolorosa, en tanto que su vivencia del amor con Beatriz está despojada, para él, de cualquier connotación de pecado o culpa. En el caso de Osorio esa reflexión forma parte de las valoraciones previas a la posible relación con Clara, y lo que le resulta doloroso al protagonista no es tanto una cuestión de culpa como una cuestión de vulgaridad, de verse como los demás, como ya se ha explicado en el capítulo dedicado al análisis de La mujer de Ojeda.
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Miguel Ángel Lozano Marco, «Introducción» en Gabriel Miró, Las cerezas del cementerio, Madrid, Taurus, 1991, p. 70.
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De hecho, la orientación de Félix hacia las mujeres es un rasgo que la crítica ha destacado. Lozano Marco establece tres núcleos esenciales en la personalidad de Félix: su orientación hacia la naturaleza, hacia la mujer y su visión estética.
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Mariano Baquero Goyanes, La prosa neomodernista de Gabriel Miró, Murcia, Publicaciones de la real Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia, 1952, p. 25.
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Francisco Márquez Villanueva, La esfinge mironiana y otros estudios sobre Gabriel Miró, Alicante, Instituto de Cultura «Juan Gil-Albert», 1990, p. 55.