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111

No debemos creer por estos versos que para el autor eran indiferentes todas las religiones y todos los gobiernos. Sobre lo primero él hizo su profesión de fe en la correspondencia, que citamos anteriormente, con Racine, autor de los hermosos poemas de la Religión y de la Gracia. Y sobre el segundo punto, es claro que Pope anuncia una verdad, desgraciadamente confirmada por la experiencia; esto es: que bajo la mejor forma de gobierno, los pueblos no pueden ser felices cuando el gobierno no es administrado con integridad; y que la mejor forma de gobierno es peligrosa cuando la administración es débil, orgullosa, intolerante y corrompida.

 

112

Variante:


Quien ama a Dios y al hombre y se modera
la religión profesa verdadera.
 

113

Alusión al vaticinio del Inca, a la victoria de Ayacucho y al himno de las Vírgenes del Sol en el Canto de Junín.

 

114

Alusión a la guerra de 1829 entre dos repúblicas hermanas y vecinas, terminada felizmente por el valor y genio del general Flores.

 

115

Alusión a la guerra civil que se difundió desde el Perú hasta los extremos de Colombia, de donde provino la disolución de la República.

 

116

Alusión al nuevo Estado del Ecuador, fundado por el general Flores.

 

117

Alusión a las bellas composiciones poéticas de los señores Bello, Mora y Pardo, hechas en Londres y Lima, culpando el silencio de mi Musa, cuando tantos y tan grandes asuntos se han ofrecido a la poesía en estos últimos años.

 

118

Los facciosos de la Sierra se situaron en las terribles posiciones que ofrece la cordillera de los Andes; y los de Guayaquil, después de expelidos de la ciudad, se refugiaron en la fragata Colombia, en donde no era posible atacarlos.

 

119

Entre los admirables hechos de esta campaña debe ocupar el primer lugar el portentoso paso del Salado. Los que han visto con sus ojos el terreno se admiran más de una empresa, que habría sido calificada de temeraria si no hubiese sido coronada por el suceso. La descripción exacta de esta hazaña la haría pasar por inverosímil o fabulosa.

 

120

Aquí debe insertarse el horroroso cuadro que ofreció en el mismo tiempo la ciudad de Guayaquil, afligida por todas las plagas juntas de la guerra, del hambre y de la peste más desoladora de que hay memoria en este país. La precipitación con que, por las circunstancias, se publica esta composición, no ha permitido dar la última pincelada a este cuadro espantoso, que se insertará en otra edición.