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1

Ordaz, J., «Prólogo». En Rizal, J., Noli me tangere, novela tagala, Madrid, Ediciones de cultura hispánica, 1992, p. 16.

 

2

Martín-Santos de Ribera, L., Grana Gris, Madrid, Afrodisio Aguado, 1945, pp. 130, 131, 160.

 

3

Navarro, F. A., «José Rizal y Alonso (1861-1896), médico, poeta novelista y héroe nacional hispanofilipino», Galeno, n.º 8, 22-28-II-1977, pp. 16-17.

 

4

A un inglés al que operó de cataratas le cobró 500 ducados, cantidad que Rizal invirtió en dotar a Dapitán de alumbrado público costeando también con su propio dinero la construcción del hospital en el que trabajaba, una escuela donde enseña a los niños pobres, un embalse de agua y varias obras de interés para la comunidad. Compra tierras en las que siembra tabaco, café, abacá..., cambiando las rutinarias prácticas agrícolas de los lugareños. También recolecta especies animales, algunas nuevas para la ciencia, que las envía para su clasificación a naturalistas europeos, quienes, en compensación, le mandan libros, medicamentos e instrumental quirúrgico, que precisaba para atender a sus enfermos. Obregón de, E., «Rizal, el mártir de Filipinas», Historia y vida, n.º 345, 1996, p. 58; y, Ordaz, J., «Prólogo», en Noli me tangere, op. cit., p. 23.

 

5

«Las islas Filipinas habían sido colonizadas en 1565 por dos navegantes guipuzcoanos, el fraile agustino Andrés de Urdaneta, natural de Villafranca de Oria, a quien el rey Felipe II encargó la creación de una armada con el fin de conquistar aquellas islas y Miguel López de Legazpi, natural de Zumárraga, quien asumió el cargo de almirante de dicha escuadra. Legazpi, que había puesto el nombre de islas Filipinas a las que Magallanes había llamado islas de poniente, en honor de Felipe II, murió en las islas que había colonizado. Su talante dialogante con los nativos fue una constante en todo el proceso de colonización, tal es así que se dice que a su muerte todo el mundo lloraba, pues a causa de su bondad los indios habían llegado a considerarle como a un padre y se cuenta que la única ambición de Legazpi había sido la de merecer los títulos de prudente y pacífico, no el de conquistador» (López Sainz, C., «Miguel López de Legazpi. Conquistador de las islas Filipinas»). En 100 vascos de proyección universal, Bilbao, Editorial La Gran Enciclopedia Vasca, 1977, pp. 139-146.

 

6

La revista La Solidaridad había sido fundada en Barcelona en febrero de 1889 por Graciano López Jaena. A finales del año su redacción pasa a Madrid, siendo dirigida por Marcelo H. del Pilar. En ella colaboraron entre otros, Blumentritt, Antonio Luna, Eduardo de Lete, Mariano Ponce y Dominador Gómez. Ordaz, J., «Prólogo», en Rizal, J., Noli me tangere, op. cit., p. 20.

 

7

Ferrer Benimeli, J. A., Cuartero Escobes, S., «José Rizal y la masonería, en el centenario de su fusilamiento (1896-1996)». Conferencia pronunciada en el homenaje al Dr. José Rizal Mercado, Asociación española de médicos escritores, Madrid, 14-11-1996.

 

8

Obregón de, E., op. cit., p. 58.

 

9

Ferrer Benimeli, J. A., Cuartero Escobes, S., op. cit.

 

10

Recalde, J. R., «Testimonio personal». En Gorrotxategi Gorrotxategi, P., Luis Martín-Santos, historia de un compromiso, San Sebastián, Fundación social y cultural Kutxa, 1995, pp. 363-364.