1
Inevitable la referencia al clásico estudio de J. Caro Baroja, La estación de amor: fiestas populares de mayo a San Juan, Madrid, Taurus, 1979; y véase también J. G. Frazer, The Golden Bough: A Study in Magic and Religion, New York, Macmillan, 1940, 2.ª ed., pp. 622-632. Un compendio de las diferentes teorías sobre los orígenes de la fiesta, en À. Monferrer i Monfort, La nit de Sant Joan, València, Consell Valencià de Cultura, 2000, pp. 125-131.
2
M. Righetti, Historia de la liturgia. I. Introducción general. El año litúrgico. El breviario, Madrid, BAC, 1995, p. 948.
3
J. T. Reid, St. Johns Day in Spanish Literature, «Hispania», XVIII, 1935, pp. 401-412.
4
Sin embargo, sobre las implicaciones (no irrelevantes) del santo en el sentido global de la obra, véase ahora M. Cavillac, La figura de San Juan Bautista en el «Guzmán de Alfarache», en Les temps des saints. Hagiographie au Siècle d'Or, Mélanges de la Casa de Velázquez, 33-2, 2003, pp. 131-163.
5
Me limito a señalar un par de ejemplos: «a tercero día haríamos Sant Juan»
en El Lazarillo de Tormes, ed. F. Rico, Madrid, Cátedra, 1995, 10.ª ed., p. 35; y «Las riñas de por San Juan son paz para todo el año»
, en el Guzmán de Alfarache, ed. J. M. Micó, Madrid, Cátedra, 1994, 2.ª ed., II, p. 324.
6
Un censo ilustrativo de las prácticas difundidas en el período solsticial lo proporciona el antropólogo E. Sorazu, Antropología y religión en el pueblo vasco, San Sebastián, Caja de Ahorros Provincial de Guipúzcoa, 1980, 2.ª ed., pp. 201-202. Explora algunos de estos rituales Monferrer i Monfort, La nit de Sant Joan, cit., pp. 137 ss.
7
Las flores de don Juan, en Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (Nueva edición), Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, 1930, t. XII, p. 171b.
8
Al pasar del arroyo, en L. de Vega, Comedias escogidas, ed. J. E. Hartzenbusch, Madrid, reimp. Atlas, 1946, BAE, XXIV, pp. 400-401: «Noches de San Juan, / me colgaban ramos / de juncia y verbenas, / trébol y mastranzos»
. El cuerdo en su casa, en Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (Nueva edición), Madrid, Imprenta de Galo Sáez, 1929, t. XI, p. 554b: «Llegó el día de San Juan, / hice un jardín a su puerta, / y puse, con rojo almagre, / "Mendo, de Antona la bella"»
. El leal criado, en Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (Nueva edición), Madrid, Tipografía de Archivos, 1930, t. VIII, p. 167b: «CORINTO. ¿Posiste ramo el san Juan? / TIBERIO. ¡Y cómo! ¿Pues era bobo? / Todo un álamo y un pobo, / que enramó puerta y desván»
. Con su pan se lo coma, en Obras de Lope de Vega publicadas por la Real Academia Española (Nueva edición), Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, 1917, t. IV, p. 312a: «Oye, amigo, vuelva en sí, / y con hierbas de San Juan / acuéstese perfumado, / que le habremos aojado / por lo lindo y lo galán»
.
9
Lo recuerda de paso Casilda en Peribáñez y el comendador de Ocaña (ed. D. McGrady, Barcelona, Crítica, 1997, vv. 96-98): «En mañana de San Juan / nunca más placer me hicieron / la verbena y arrayán...»
. Al recogerse la verbena también de madrugada y con fines terapéuticos, de la frase «coger la verbena» por 'madrugar mucho', según J. Corominas y J. A. Pascual (Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, Gredos, Madrid, 1986), a partir del siglo XIX se pasó a designar con el nombre de la planta las veladas, como la de San Juan, que se prolongaban hasta el comienzo del día siguiente.
10
Cfr. Lo cierto por lo dudoso, en Comedias escogidas (BAE, XXIV), p. 456a («[...] que una destas que sé yo, / un orinal me pidió / donde ha de echar cierto huevo / luego que las doce den, / y allí ha de ver grandes cosas»
) y p. 457c.