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21

Heródoto, op. cit., p. 85.

 

22

Al respecto C. Albarracín-Sarmiento comenta: «[P]resente Ercilla en Chile le es posible valerse de un narrador que lo represente, a la vez como tal y como personaje. Y que, por ello, puede, a veces, superponer al personaje y el aedo. Este artificio, no siempre evidente para los críticos, desde los más antiguos, crea la imagen de un soldado que escribe o canta en el momento y lugar de los sucesos que presencia y comparte [...]». Op. cit., p. 11.

 

23

Es ya un lugar común considerar a Heródoto, además, como el fundador de la antropología, ya que investiga e informa sobre las costumbres de los pueblos bárbaros. Conocida también es la labor que, en este sentido, cubrieron los misioneros y cronistas en relación con los pueblos indígenas de América. Se puede decir que La Araucana se asemeja también, en este aspecto, a la obra de Heródoto.

 

24

Me parece oportuno recordar aquí la comparación aristotélica entre uno y otro género, «[...] no está la diferencia entre poeta e historiador en que uno escriba con métrica y el otro sin ella -que posible fuera poner a Heródoto en métrica y con métrica o sin ella, no por eso dejaría de ser historia-, empero diferéncianse en que el uno dice las cosas tal como pasaron y el otro cual ojalá hubieran pasado. Y por este motivo la poesía es más filosófica y esforzada que la historia, ya que la poesía trata sobre todo de lo universal, y la historia, por lo contrario, de lo singular. Y háblase en universal cuando se dice qué cosas verosímil o necesariamente dirá o hará tal o cual [...]». Aristóteles, op. cit., p. 14. (Cursivas del traductor).

 

25

C. Albarracín-Sarmiento comenta al respecto: «Este tipo de hablante [el aedo] apela a su oyente, ficticio como él, aun en los casos en que el vocativo corresponde a Felipe II». Op. cit. p. 9. Con todo, juzgo que la intención política no se pierde, sino que ha de tomarse como una más del hístor.

 

26

R. Martínez Lacy, op. cit., pp. 26 y 27.

 

27

David Quint observa que «Lucan did, however, initiate a rival, anti-Virgilian tradition of epic whose major poems -the Pharsalia itself, La Araucana of Alonso de Ercilla and Les Tragiques of Agrippa d'Aubigné- embrace the cause of the politically defeated. These works have been consigned, or perhaps consigned themselves, to a secondary canonical status in the history of the genre, never quite achieving the same rank as the Aeneid, the Lusíadas, or the Gerusaleme liberata, the poems of the dominant tradition -the tradition on the side of victors». «Epic of the Defeated, The Other Tradition of Lucan, Ercilla and D'Aubigné», en op. cit., p. 133.

 

28

Cfr. R. Martínez Lacy, op. cit., p. 45.

 

29

Cfr. ibidem, pp. 27-28.