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ArribaActo IV

 

La chacra de DON NICOLA, reformada.

   

(La chacra primitiva de DON NICOLA. El rancho ha sido sustituido por una construcción de material revocada y pintada, con un alero, sillas y sillones de paja bajo el alero. El viejo edificio se conserva igual, sin el palomar. En el sitio del primitivo pozo un molino de viento, y en el patio, jardín reciente con un canterito en el centro. Donde estaba el abrevadero, más al fondo, parvas de trigo recién cortado en formación. Dos Peones trabajan alzando horquilladas de paja. Muy temprano de la mañana.)

 

Escena I

 

DON NICOLA y ACOPIADOR.

 

DON NICOLA.-   (Saliendo con varias bolsitas de trigo.)  ¡Aquí tiene las muestras!... El grano es parejito, como le decía... Yo no quiero engañarlo... No miento nunca...

UN ACOPIADOR.-   (Observa ligeramente el trigo.)  Las conozco... las conozco... El único trigo mezclado y sucio es el de la chacra de Rodiní.

DON NICOLA.-  No me diga... Ése es un abandonado... No lo tengo ya más de mediero... Han venido unos parientes míos, ¿sabe?, y les voy a dar ese pedazo de tierra para que empiecen a trabajar... Son gente pobre, ¿me entiende?

UN ACOPIADOR.-  Bien; por las instrucciones que tengo, podría ofrecerle treinta y cinco...

DON NICOLA.-  ¿Cosa? ¿Cosa?... ¿Ma usted sabe lo que dice? ¿Se piensa que está tratando con gente que no entiende el oficio?... Aquí tiene La Capital, del Rosario, de ayer... lea un poco... Vea esos precios...

UN ACOPIADOR.-  Usted bien sabe que ese diario es alcista...

DON NICOLA.-  ¿Alcista?... Alcista porque nos abre los ojos a los gringos... Y después de todo, ya sabe que yo hago negocios con Soberán, y si usted viene a proponerme que deje esa casa, ha de ser mejorando los precios... ¿Cómo quiere que yo me cambie de cliente sin ganar nada?...

UN ACOPIADOR.-  Bueno, señor; deme las muestras y trataré de mejorar precio... si nos conviene.

DON NICOLA.-  Como le parezca... Que le vaya bien...

 

(Vase el ACOPIADOR.)

 


Escena II

 

HORACIO y DON NICOLA.

 

HORACIO.-   (Saliendo.)  ¿Qué decía ése?...

DON NICOLA.-  Figurate qué zoncería... Ofrece treinta y cinco... Se ha pensado que nosotros nos chupamos el dedo chico de la mano...

HORACIO.-  Si me lo larga a mí, pronto lo arreglo.

DON NICOLA.-  ¡Oh!... Yo también lo mandé bien arreglado.

HORACIO.-  ¿Y la trilladora empezó?...

DON NICOLA.-  La máquina ha llegado ya... Pero no puede comenzar todavía porque falta el encargado... que dice que se quedó con el birloche en la chacra de Baranda... Se espera que venga...

HORACIO.-  ¿Me ataron el tílburi?

DON NICOLA.-  ¡Sí, creo que sí!... Pero no te vayas a ir, que tengo que decirte una cosa... Vos sabés muy bien que el constructor se andaba enamorando de Victoria... La muchacha ya es grande y tiene que casarse... Anoche el mozo me habló de la cosa... y yo le contesté que iba a pensar el negocio...

HORACIO.-  ¿Sabe usted si Victoria le lleva el apunte?...

DON NICOLA.-  ¡Qué voy a saber yo!... Me he fijado... sí... y me parece que la muchacha le dispara... Nunca andan juntos...

HORACIO.-  ¡Si es así, ni qué hablar!... Ese asunto no lo resuelve nadie mejor que ella... Consúltela usted.

DON NICOLA.-  ¡Ah... no!... a mí me da... me da vergüenza hablar de esas cosas con la hija...

HORACIO.-  ¡Vergüenza! ¡Qué rica cosa!... Entonces se lo preguntaré luego o mañana...

DON NICOLA.-  ¡Qué esperanza!... El otro me ha demandado la contestación para hoy, antes de irse al Rosario... El constructor es buena persona, ¿eh?

HORACIO.-  Se lo preguntaré en seguida... Pero le advierto que esas cosas no deben tratarse así... como un arrendamiento o como una venta...

DON NICOLA.-  No digo eso... mas si a la muchacha le gusta... no hay para qué andar con tanto firulete ...

HORACIO.-  ¿Dónde estará Victoria?...



Escena III

 

DON NICOLA, HORACIO y MARÍA.

 

MARÍA.-   (Saliendo con una bolsa de galleta en la mano.) ¿Victoria?... Debe estar con el viejo... con ese viejo criollo... curándole el brazo roto... No sé, de veras, para qué habrán traído en casa esa roba de gente ... Luiggini... ¡Oh!... ¡Luiggini!... Para trabajo no más... Son un mes y medio que lo estamos cuidando y gastando la plata con el médico y el boticario...  (Impaciente.)  ¡Luiggini!... ¡Luiggiii... niii!...



Escena IV

 

DON NICOLA, HORACIO, MARÍA y LUIGGIN.

 

LUIGGIN.-   (Saliendo.)  ¿Qué hay?

MARÍA.-  Cuando la madre lo llama se viene pronto, ¿sabe?... Agarrá esa bolsa de galleta y llevala a los piones del bajo... Se podía haber quedado en su casa... y no venir a embromar a las familias... Y esa Victorina, que se pasa el día y la noche con el hombre, como si fuera el propio padre... y no hace lo que tiene que hacer... y deja que una mujer vieja tenga de andarse incomodando y cargando bolsas de galleta...

 

(Coloca la bolsa sobre las espaldas del chico, que se va agobiado por el peso. Aparece por la derecha CANTALICIO con el brazo amputado.)

 


Escena V

 

HORACIO, MARÍA, CANTALICIO y DON NICOLA.

 

HORACIO.-  Haga el favor, mamá, de no hablar así... ¡Parece que no tuviera sentimientos!...

MARÍA.-  Tengo sentimientos, tengo... Y no deseo mal de nadie... Pero es verdad lo que digo... ¿Qué nos precisaba tener en casa, ahora que hay tanto trabajo con la trilla, a un hombre enfermo que no sirve mas que para incomodar?... Dejame hablar, te he dicho. Si queríamos protegerlo al póvero diávolo, lo hubiésemos mandado al pueblo, a la fonda... Se pagaba lo que era... y se acabó... Sin embargo, lo tenemos en casa y son dos trabajos... sobre todo porque la muchacha no hace nada por cuidarlo...

CANTALICIO.-  ¡Don Horacio!...  (Sorpresa.)  Si me hace un favor... el último que via pedirle; empriésteme un birloche pa dirme al pueblo... y un pión también, porque con esta manquera, ¡maldita sea!, no via poder manejarlo...

HORACIO.-  ¿Y por qué va a irse?... No está sano aún...

CANTALICIO.-  Porque no soy sobra de naides... Bastante he incomodado ya...

DON NICOLA.-    (A MARÍA.)  Caminate pa dentro, si no querés que te pegue una trompada aquí mismo... Siempre ha de hacer zoncerías... Vieja loca...

MARÍA.-   (Yéndose.)  ¡Lo que he dicho, lo he dicho!... Y tengo razón... ¡qué demonio!...

HORACIO.-  No; usted no puede tomar en serio esas cosas... Ella misma lo aprecia... Estaría alunada... ¡Hablaba por hablar!...

CANTALICIO.-  No hable más, don Horacio... Yo sé que usted es muy güeno... casi tan güeno como su hermana, pero esos otros me tienen tirria... no me pueden querer bien... Me voy, me voy...

DON NICOLA.-  Mire, don Cantalicio... Usted sabe bien que yo no engaño nunca a las personas... nunca, ¿eh? Bueno. Yo le digo que soy su amigo... E le doy esta mano de amigo, ¿sabe?  (Se la extiende.) 

CANTALICIO.-  Mire, don... ¡Ya no tengo con qué apretarle los cinco!... Me la han cortao... Y la del corazón... disculpe... pero no es pa usted...  (A HORACIO.)  ¡Me hace aprontar el birloche por favor!...

DON NICOLA.-   (Sacando la ceniza de la pipa.)  Bueno... Está bien... haga lo que quiera.

 

(Vase.)

 


Escena VI

 

HORACIO y CANTALICIO.

 

HORACIO.-  Comprendo su delicadeza, don Cantalicio... Sin embargo, no tiene derecho...

CANTALICIO.-  Derecho no; obligación... ¿Me hace aprontar el birloche?... ¡De no!...

HORACIO.-  Venga acá... Siéntese y razonemos... Voy a traerle un sillón...



Escena VII

 

HORACIO, CANTALICIO y VICTORIA.

 
 

(Sale VICTORIA.)

 

HORACIO.-  Llegas a tiempo para ayudarme a convencer a don Cantalicio... ¡Quiere alzar el vuelo!...

VICTORIA.-  ¿Qué es eso?...

CANTALICIO.-   (Tristemente.)  ¡Sí, hijita!... Como los caranchos... comen y a las nubes...

VICTORIA.-  ¡Eso será si lo dejo! Usted es mío, viejo...

HORACIO.-   (Con el sillón.)  Aquí tiene... Siéntese...

CANTALICIO.-  Gracias... Como estoy con el pie en el estribo, les hablaré de parao... Ustedes son una yunta de güenos muchachos... Ésta... ¡un alma de Dios!... Sé muy bien que han tenido lástima...  (Protestas.)  Sí, lástima del pobre criollo viejo... Me recogieron lisiao... para curarme... Pero les pasó como a esos muchachos en el pueblo, que llevan a su casa un perro sarnoso que se han encontrao, y dispués resulta que los padres se lo echan a patadas puerta ajuera...

HORACIO.-   (Afectado.)  ¡Oh!... ¡No!... ¡No!... Le juro... que...

CANTALICIO.-  Les he dicho todo lo que tenía que decir y me voy... No crean que soy un mal agradecido... ¡Por otro lao, ya les había anunciao que nunca me resolvería a vivir entre gringos!...

HORACIO.-  ¿Pero somos gringos nosotros?

CANTALICIO.-  No, pero lo son los otros... Y no hablemos más, don Horacio. Le declaro que si ahora mismo no me hace llevar al pueblo, me marcho a pie... ¡Palabra de hombre y de criollo!...

HORACIO.-  Si es así... no habrá más remedio... lo acompañaré yo...

CANTALICIO.-  Que sea en seguida...

HORACIO.-   (Después de una pausa.) Voy a preparar el coche...

 

(VICTORIA se echa a llorar, ocultando la cara en las faldas.)

 


Escena VIII

 

CANTALICIO y VICTORIA.

 

CANTALICIO.-  ¿Qué es eso, hijita?... ¿Quiere hacerme llorar a mí también?... ¡Le aseguro!... Si me voy es porque me han echao... Ya me estaba aquerenciando aquí... con sus cuidados.

VICTORIA.-   (Sin alzar la cabeza.)  ¡Mentira! ¡Nadie lo echa!... Usted se va porque no me quiere.

CANTALICIO.-  ¡Mucho, pero mucho!... ¿Cómo no había de quererte?... Si sos tan güena... Vamos, alce esa cabeza... Deme un beso y adiosito...  (La alza.) 

VICTORIA.-   (Echándose al cuello.)  ¡Tata!... ¡Tatita!... Usted no puede irse... No se vaya... ¡No me deje sola!... ¡Porque yo me muero!...

CANTALICIO.-  ¿Tata?... ¡Oh!...

VICTORIA.-  ¡Tata!... ¡Sí!... ¡Tata!... Usted es mi otro padre...

CANTALICIO.-  ¡Me lo vas a hacer creer, muchacha!...

VICTORIA.-  ¡Es la verdad! Por eso usted no puede irse...

CANTALICIO.-  Si no hablás claro...

VICTORIA.-   (Serena ya.) ¿Me promete quedarse?...

CANTALICIO.-  ¡Eso no!... Perdoname, pero...

VICTORIA.-  Entonces, siéntese un ratito...  (Se sienta.)  Diga... ¿Usted no me había dicho que estaría muy contento si yo me casara con Próspero... y... le diera muchos nietecitos?...

CANTALICIO.-  ¡Ya lo creo!... Pero se me hace muy difícil... ¡Imposible!... De tu parte, claro está que no... Los viejos es la cosa...

VICTORIA.-  Bueno; por eso mismo es que quiero que no se vaya...

CANTALICIO.-  ¿Pa convencer a los gringos? ¡Ah! ¡No, hijita!... ¡Ah! ¡No, hijita!... Eso sería como querer contar las estrellas. Nunca se cuentan y le salen verrugas a uno en los dedos...

VICTORIA.-  Es que usted me puede ayudar de otra manera...

CANTALICIO.-  No sé cómo!...

VICTORIA.-  Mire. A mí no me hacen casar con ningún otro... Me andan metiendo por los ojos al constructor y hasta creo que ya habló con tata el individuo... pero yo primero me escapo...

CANTALICIO.-  ¿Y ande vas a ir?...

VICTORIA.-  Me iría con usted... o qué sé yo...



Escena IX

 

CANTALICIO, VICTORIA y LUIGGIN.

 

LUIGGIN.-   (Saliendo.) Manda decir don Horacio que el tílburi está pronto... Que si siempre piensa irse...

CANTALICIO.-  ¡En seguida!... ¡Alcanzame el poncho, m'hija... y adiosito!...  (Se incorpora.) 

VICTORIA.-  ¡No! ¡No! ¡No! Me va a hacer llorar otra vez... Quédese quieto... ¡Si usted supiera!... ¡Lo necesito mucho!...

CANTALICIO.-  Dejame... Es mejor que me vaya...

VICTORIA.-    (A LUIGGIN.) Decile que ya no se va... ¡Corré!...

 

(LUIGGIN hace mutis.)

 


Escena X

 

VICTORIA y CANTALICIO.

 

VICTORIA.-  ¡Si yo le contara una cosa!... ¡No se mueva!...

CANTALICIO.-  Dejate de historias y alcanzame el poncho...

VICTORIA.-  ¡Es que es muy serio... tata!...

CANTALICIO.-   (Impaciente.)  Bueno. Contalo de una vez. ¡Y se acabó!...

VICTORIA.-  Es que... ¡Ja, ja! Me da risa y me da vergüenza...  (Mirando en rededor.)  Si quiere... se lo digo al oído...

CANTALICIO.-  Pero tapate la cara si es tan feo...

 

(VICTORIA, después de un instante de indecisión, le habla al oído.)

 

CANTALICIO.-   (Levantándose.) ¿Vos?...  (VICTORIA, que se ha quedado muy avergonzada, hace una señal de asentimiento.)  ¡Ave María Purísima!...

VICTORIA.-  Fue en el Rosario... Mamá estaba en el hotel enferma... Próspero iba a verme y... ¡Por eso quiero que no se vaya!... Mañana, esto tiene que saberse, me descubren, y sino disparo, los viejos son capaces de matarme...

CANTALICIO.-  ¡Pobrecita!... Y ese bandido fue capaz de...

VICTORIA.-  Bandido ¿por qué?... ¡Pobre!...

CANTALICIO.-  ¡Hija de mi alma!... ¡Dame un abrazo!... ¡Así!... ¡Ahora comprendo por qué mientras estaba enfermo me hablabas tanto de los nietecitos!... ¡Hija querida!...  (La estrecha.) 



Escena XI

 

VICTORIA, CANTALICIO y PRÓSPERO.

 

PRÓSPERO.-   (Que ha salido un momento antes.)  ¡Bravo! ¡Así me gusta!... ¡Bravo! ¡Bravo!...

CANTALICIO.-  ¡Próspero!...  (Cae uno en brazos del otro.)  Disculpá, hijo, si no puedo abrazarte bien... Es la primera vez que echo de menos el pedazo éste...

PRÓSPERO.-  ¡Oh!... ¿Qué ha sido eso?...

CANTALICIO.-  ¡No te ocupés de mí hijo!... Ya lo sabrás... Andá y saludá a la gente...

PRÓSPERO.-  Perdoname, Victoria...  (Le toma las manos.)  ¿Cómo estás?...

CANTALICIO.-  ¡Abrácense!... ¡Si están deseándolo y no son mancos... como yo!

 

(Se abrazan.)

 


Escena XII

 

VICTORIA, CANTALICIO, PRÓSPERO y MARÍA.

 

MARÍA.-   (Que los ha visto abrazados, saliendo.)  ¡Ah! ¡Porcachona!... ¡Sinvergüenza!... ¡Yo te voy a enseñar!... ¡Bandida!... ¡Qué estás haciendo!...

 

(Corre hacia VICTORIA, que va a refugiarse, asustada, junto a CANTALICIO; PRÓSPERO se interpone.)

 

Me la vas a pagar... ¡Te voy a encajar tres palizas!... ¡Indecente!... Ahora verás cómo te arreglo. Andá para adentro ya... ¡Ah!... ¿No querés irte?...  (Llamando.)  ¡Oh! ¡Nicola!... ¡Nicola!... ¡Véngase pronto... que hay un asunto aquí!... ¡Nicola!...  (Con rabia.)  ¡Nicola!... Vení un poco... que la he encontrado a Victoria con un hombre, como la vez pasada...  (Volviéndose.)  ¡Sinvergüenza!... ¡Mala hija!...  (Reconociéndolo recién a PRÓSPERO.)  ¡Madona!... Si había sido con el compadrito criollo. ¡Ah! ¡Eso sí que no!...  (Llamando.)  ¡Nicola!... Vení pronto...



Escena XIII

 

VICTORIA, CANTALICIO, PRÓSPERO, MARÍA y DON NICOLA.

 

DON NICOLA.-   (Saliendo.)  ¿Qué te sucede... para estar gritando y gritando como un potrillo?...

MARÍA.-  Figurate que venía al patio y me la encuentro otra vez a esta sinvergüenza abrazada con un hombre...

DON NICOLA.-  ¿Cómo? ¿Victorina?...

MARÍA.-  ¡Igual que la vez pasada!

DON NICOLA.-  ¿Qué significa eso?... ¡Caramba!...

PRÓSPERO.-  Significa que, aun cuando el momento no es aparente ni tenía tal propósito inmediato, la oportuna intervención de esta señora me obliga a pedirle la mano de su hija.

DON NICOLA.-  ¿Otra vez?... ¿Pero qué se ha pensado usted?... Ma diga un poco...

CANTALICIO.-  Cualquier día van a poder negársela.

MARÍA.-  No faltaba otra cosa... con el novio que le ha salido ahora... un constructor... que daría a ese criollo...

DON NICOLA.-  Vos cállese y no grite... Usted mocito, me va a decir primero qué cosa ha venido a hacer aquí a esta casa.

PRÓSPERO.-  Soy el encargado de la trilladora... señor...

MARÍA.-  Eso es una mentira...

DON NICOLA.-  Usted callate, te he dicho...  (A PRÓSPERO.)  Bueno; y entonces, ¿por qué no está allá en su trabajo da la máquina?... ¿eh?



Escena XIV

 

VICTORIA, CANTALICIO, PRÓSPERO, MARÍA, DON NICOLA y HORACIO.

 

HORACIO.-   (Saliendo.) ¿Qué pasa aquí?... ¡Hola, amigazo!... ¡Cómo le va!... Se resolvió a venir... Ahí lo tiene a su viejo... Se lo hemos embargado...

DON NICOLA.-  ¡Ah! ¡Es verdad que eran amigos ustedes!... ¿Pero sabés vos lo que éste estaba haciendo con la muchacha?... ¿eh?

MARÍA.-  ¡La abrazaba!... ¡La abrazaba!...

HORACIO.-  Eso sí que es grave... ¿Y ella?...

MARÍA.-  ¡E la sinvergüenza también!... ¡Yo los pillé!...

HORACIO.-  Caramba... Caramba...  (A VICTORIA.)  Vení acá, vos... mosquita muerta... ¿Conque ésos habían sido los romanticismos?... ¿Es tu novio?...

VICTORIA.-   (Confundida.)  ¡Sí!...

HORACIO.-  Entonces, viejo... no hay nada que hablar...

DON NICOLA.-  ¡Eh!... Si vos te pensás que el muchacho vale la pena y a ella le gusta... a mí no me importa... Con tal de que sea trabajador...

PRÓSPERO.-  Gracias, Horacio...

HORACIO.-  Ahí lo tenés, Victoria...Supongo, Próspero, que nos hará gratis la trilla... Y usted, viejo... ¿se reconcilia ahora con los gringos?...

CANTALICIO.-  Con los gringos... en la perra vida... ¡Con la gringa y gracias!...

HORACIO.-  Mire qué linda pareja... Hija de gringos puros... hijo de criollos puros... De ahí va a salir la raza fuerte del porvenir...

PRÓSPERO.-  Se está elaborando... Otro abrazo, viejo...

CANTALICIO.-   (Aparte.)  ¡Qué se ha de estar elaborando, zonzo!... Ya está...

PRÓSPERO.-  ¿Sí?...  (Corre hacia ella.)  ¡Vida, vida mía!...  (La besa en la frente. Movimiento de estupefacción. Suena en ese instante una larga pitada.)  La trilladora empieza...

DON NICOLA.-    (Apartando a PRÓSPERO.)  Bueno, mozo... ¡A trabajar!... ¡A trabajar!...