I, 75, 7-9; I, 276, 6-15; II, 391, 20; III, 380, 18-21; IV, 11, 26-27.
El Libro de la melancolía de Andrés Velázquez (Sevilla, 1585), que Cervantes pudo haber conocido, define el humor en términos distintos a los de Cervantes (la risa es producida por la admiración, más bien que opuesta a ella), y no explica cómo producirla. Hay solamente otra discusión sobre la creación del humor que es fácil que Cervantes conociera, que es la que se encuentra en el libro segundo del Cortesano de Castiglione, pero es una discusión acerca de cómo conseguir el humor en discursos y acciones, más que en obras escritas. No he encontrado ninguna prueba de que Cervantes se inspirara en él ni siquiera para el humor verbal de Don Quijote. Margherita Morreale no menciona a Cervantes en su estudio de la influencia del Cortesano en España, «"Cortegiano faceto" y "Burlas cortesanas". Expresiones italianas y españolas para el análisis y descripción de la risa», Boletín de la Real Academia Española, 35 (1955), 57-83.
«Bien puedes preciarte que en servir al gran don Quijote sirves en cifra a toda la caterva de cavalleros que han tratado las armas en el mundo» (IV, 11, 4-7); «en él [don Quijote] se encierra y cifra todo el valor del andante cavallería» (IV, 299, 11-12).
Don Quijote simboliza todos los caballeros andantes. Como dice Sansón Carrasco, después de haber derrotado a Don Quijote, «en sólo este vencimiento hago cuenta que he vencido todos los cavalleros del mundo» (III, 174, 28-30). Véanse también los pasajes citados en la primera nota del capítulo 1.
«En quien [Sancho], a mi parecer, te doy cifradas todas las gracias escuderiles que en la caterva de los libros vanos de cavallerías están esparzidas» (I, 38, 28-30).
Se ha propuesto que los personajes, que tienen ocupaciones tan diversas, con pocas repeticiones (un cura, un canónigo, un eclesiástico, un bandido, un duque, etc.), representan a distintos tipos. Doña Rodríguez era un «exemplo de dueña» (IV, 28, 28), y Dulcinea, según Don Quijote, era «sustento de la hermosura, nata de los donaires y, finalmente, sugeto sobre quien puede assentar bien toda alabança, por ipérbole que sea» (IV, 393, 10-13); en ella «se vienen a hazer verdaderos todos los impossibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas» (I, 174, 1-3).
Así Don Quijote «[dize] grandes disparates» (III, 49, 21-22); «andavan mezcladas sus palabras y sus acciones [de Sancho] con assomos discretos, y tontos» (IV, 154, 11-13). La gradual aproximación de Don Quijote y Sancho es bien conocida; más adelante en este mismo capítulo se estudian sus similitudes. En el texto se señala la influencia de la locura, discreción y cortesía de Don Quijote en Sancho (I, 382, 7-12; III, 154, 8-20; III, 408, 27-32; III, 455, 25-31), aunque el texto también señala que Sancho nunca fue tan loco como su amo (II, 325, 17-22; II, 326, 31-327, 2), ni tan bien hablado (III, 409, 1).
Novelas ejemplares, prólogo, 23, 19-20; así deberíamos entender «las hazañas y donaires de don Quixote y de su escudero» (III, 110, 11-13). Cuando Sancho está solo, como gobernador, entonces encontramos referencias a sus «palabras y acciones» (IV, 210, 10).
III, 46. Las etimologías equivocadas, de las cuales «Ptolomeo» es el mejor ejemplo (III, 362, 5-10), son puestas en boca de Sancho. Varios de sus errores lingüísticos consisten en grotescos intentos de reducir una palabra a lo que cree que son sus componentes originales.
III, 60-62. En boca de Sancho, quien pretende ser experto en preguntas y respuestas (III, 280, 20-25) se ponen preguntas que producen risa por su contraste con un contexto inadecuado. Entre éstas se encuentran, por ejemplo, sus preguntas acerca del fabricante del puñal de Montesinos (III, 288, 30-289, 5), si los ermitaños tienen pollos (III, 305, 11-12), y si los soldados gritan «Santiago y cierra España» porque España está abierta (IV, 230, 1-6).
III, 38-40. Véase Donald McGrady, «The Sospiros of Sancho's Donkey», Modern Language Notes, 88 (1973), 335-337. Se encuentran otras alusiones a los suspiros en la anécdota del perro hinchado (III, 29, 16-20), y en IV, 71, 1-2.