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IV, 251, 2; también III, 132, 23; III, 133, 10 y 17; III, 176, 29.



 

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La familia de Aldonza, los Corchuelos, son labradores; véase I, 363, 14-15 y 22-23; I, 364, 5-7; II, 64, 11-66, 19; e incluso I, 130, 16-19.



 

392

Howard Mancing, «The Comic Function of Chivalric Names in Don Quijote», pág. 223; Augustin Redondo, «Del personaje de Aldonza Lorenzo al de Dulcinea del Toboso: Algunos aspectos de la invención cervantina», Anales Cervantinos, 21 (1983 [1984]), 9-22, en las págs. 11-12. Una Aldonza de Minjaca aparece en El juez de los divorcios.



 

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En su contexto, la declaración de Elicio implica lo mismo: «ay en la rústica vida nuestra tantos resbaladeros y trabajos, como se encierran en la cortesana vuestra» (La Galatea, II, 34, 24-26).



 

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I, 364, 3-4. Melindre era una forma de conducta, «la afectada y demasiada delicadeza» (Diccionario de autoridades), que se asociaba a una actitud distante. Marcela es melindrosa (I, 161, 14-15); la muerte, sin embargo, no lo es (III, 262, 6-7), ni lo es Galaor, el inconstante hermano de Amadís (I, 51, 30-31). La hija de Juan Palomeque no entiende por qué las damas de los caballeros son melindrosas en lugar de favorecer a sus pretendientes (II, 82, 17-23).



 

395

I, 363, 27-28. Esta palabra tiene un sentido sexual: véase Don Quijote, I, 305, 27-30; IV, 119, 22 y 28; IV, 217, 2; «La gitanilla», I, 54, 25-28; «La señora Cornelia», III, 126, 24-28; el Cancionero de obras de burlas; El burlador de Sevilla; Comedia llamada Serafina, ed. Glen F. Dille (Carbondale and Edwardsville: Southern Illinois University Press, 1979), pág. 58, línea 1697; Comedia Florinea, ed. Marcelino Menéndez Pelayo en Orígenes de la novela, Nueva Biblioteca de Autores Españoles, 1, 7, 14 y 21 (Madrid: Bailly-Baillière, 1905-1915), III, 200b. La conexión entre el sentido sexual y los estudiados en el capítulo anterior es que una mujer crédula podía ser seducida (burlada) si se le daba una falsa (de burlas) promesa de matrimonio.



 

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III, 277, 13-15; III, 321, 9-11. Sancho, como Maritornes y la hija de Juan Palomeque (II, 81, 24-82, 23), «gust[a] mucho destas cosas de amores» (I, 321, 20), y su apoyo al matrimonio de Clavijo y Antonomasia, que está embarazada (IV, 17, 22-26), da a entender que aprueba su indulgencia sexual. El propio Don Quijote sugiere que Sancho es mujeriego: «No te muestres, aunque por ventura lo seas -lo cual yo no creo-, codicioso, mugeriego ni glotón» (IV, 160, 24-26); aunque Don Quijote diga que no lo cree, Sancho ha demostrado ya que es codicioso y glotón, lo que Don Quijote tampoco cree. Lo que recalca es que Sancho no debe mostrarlo; como dice en otra parte, «menos mal haze el hipócrita que se finge bueno que el público pecador» (III, 305, 23-25; véase también III, 276, 5-8 y IV, 284, 26-29).



 

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I, 174, 8-12. Acerca del conocimiento que tenía de sus partes íntimas, véase la nota 399, infra.



 

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Es decir, que era tan virgen como su madre, I, 374, 10-11; confirmado en I, 129, 9-14: «donzella huvo en los passados tiempos que... se fue tan entera a la sepultura como la madre que la avía parido». La forma vulgar pero maestra, rara vez vista por escrito, es usada por Sancho (II, 180, 22), y por un capellán en «Rinconete y Cortadillo» (I, 236, 3): «la puta que (me) parió» («la mala puta que los parió», El retablo de las maravillas, Comedias y entremeses, IV, 122, 10). El colérico Don Quijote usa «la muy hideputa puta que os parió» (II, 390, 27).



 

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«La Cava» significaba en árabe «mujer mala» (II, 252, 8-14); es decir, puta (agradezco al orientalista Julio Cortés el que me lo haya confirmado). Aun cuando Rodrigo, el rey cristiano, según Mariana (I, 179) «le hizo fuerza», otras fuentes mantienen que La Cava no era, ni mucho menos, inocente. La conocida balada «En Ceuta está Don Julián» la culpa a ella más que a Rodrigo, y en la caballeresca Crónica sarracina de Pedro del Corral se observa que «si ella quisiera dar bozes, que bien fuera oída de la reina, mas callóse con lo que el rey quiso fazer» (ed. Ramón Menéndez Pidal, Floresta de leyendas heroicas españolas. Rodrigo, el último godo, I, 219).

En contraste con Homero, en cuyas obras la conducta de Helena es ambigua (Kenneth John Atchity, Homer's «Iliad»: The Shield of Memory [Carbondale and Edwardsville: Southern Illinois University Press, 1978], págs. 22-29), en la tradición clásica posterior y en la medieval Helena no está exenta de culpa por la destrucción de Troya; véase The Trojan War. The Chronicles of Dictys of Crete and Dares the Phrygian, traducido por M. Frazer, Jr. (Bloomington: Indiana University Press, 1966), págs. 28 y 141. En La antigua, memorable y sangrienta destruición de Troya.... A imitación de Dares, troyano, y Dictis, cretense griego de Joaquín Romero de Cepeda (Toledo: Pero López de Haro, 1583), pág. 90, Helena, aunque estaba casada con Menelao, «oyendo dezir de la gran hermosura y majestad del infante Paris vino... al templo de Venus por velle, adonde Paris se enamoró della, y ella dél, y finalmente la llevó consigo, y se casó con ella, por cuya causa suscedió después la miserable destruición de Troya, que esta historia trata» (fol. 90r-v); más tarde hace la declaración oficial que desea quedarse con Paris antes que volver a Grecia (fol. 94v). La versión de Juan de Mena de la Ilias latina, La Ylíada en romance, impresa en 1519, es aún más pintoresca. Helena, «con grandes lloros», dice lo siguiente a su amante Paris: «¿Veniste, Paris, llama de mis amores, sobrepujado y vencido de las armas de mi marido, el antiguo? La qual pelea de los muros yo vi, et avergonçéme averlo visto como te oviesse derribado el violente Menelao, ensuziando et trayendo por el ýlico polvo las tus crines y cabellos. Allí temí yo, mezquina, que la dórica espada de Menelao apartasse los nuestros dulces besos; entonces todo el color fuyera de la mi cara, la voluntad a mí dexada, et la mi sangre desamparó los mis miembros» (ed. Martín de Riquer [Barcelona: Selecciones Bibliófilas, 1949], págs. 95 y 97). Poco más o menos lo mismo puede encontrarse en la Crónica troyana; véase el Libro tercero, capítulos 13-14 (fol. 32r-v de la edición de Jacome Cromberger, Sevilla, 1552, disponible en microfilme en la serie Iberian and Latin American Books before 1701, antes Hispanic Culture Series, rollo 65).



 
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