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I, 224, 1-5; I, 271, 23-273, 2; II, 357, 7-22.



 

431

IV, 16, 1; IV, 176, 12; lo que implica IV, 250, 25-26.



 

432

I, 194, 17-18; II, 290, 1-8; véase III, 197, 20-22.



 

433

I, 209, 6-14; IV, 86, 1-2.



 

434

III, 110, 21-27. Véase el artículo de McGrady citado en la nota 357 de este capítulo.



 

435

Para estudios de la temprana influencia de Don Quijote en España, véase el artículo de Alberto Navarro González, «El ingenioso Don Quijote en la España del siglo XVII», Anales Cervantinos, 6 (1957), 1-48, reimpreso en su libro El Quijote español del siglo XVII (Madrid: Rialp, 1964), págs. 255-321, la tesis de Quilter, y «Risa a carcajadas» de Russell. Este último consiste, en un grado considerable, en una refutación de la tesis de Navarro, que en la España del siglo XVII se consideraba que Don Quijote era algo más que una figura ridícula; véase también la reseña que Juan Bautista Avalle-Arce ha escrito sobre el libro de Navarro en Hispanic Review, 36 (1968), 66-68. (En una larga nota, Navarro ha respondido a los críticos de este artículo; se encuentra en «El elemento didáctico en El Persiles [sic] de Cervantes», Actas del I Simposio de literatura española, ed. Alberto Navarro González [Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1981], págs. 279-307, en la pág. 280, nota 1.)



 

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Luis Murillo, aprovechando datos del estudio de Asensio sobre el género, ha establecido que contrariamente a lo que creyó Menéndez Pidal, el Entremés es posterior a Don Quijote, Primera Parte («Cervantes y el Entremés de los romances», en Actas del VIII Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas [Madrid: Istmo, 1986], II, 353-357). Entre los defensores anteriores de esta misma postura encontramos a Schevill y Bonilla (en su edición, I, 415-418), Rodríguez Marín (Apéndice IX de su «nueva edición crítica»), Cotarelo (citado por Rodríguez Marín), y Astrana (VI, 478-497).



 

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John G. Weiger ha mantenido que Don Quijote de la Mancha y El curioso impertinente de Castro son posteriores a 1615 («Guillén de Castro: apostilla cronológica», Segismundo, 14 [1980], 103-120).

Las dos novelas intercaladas de la Primera Parte también habían sido adaptadas al teatro por Massinger, Field, y Shakespeare y Fletcher (véase Edwin B. Knowles, «Cervantes and English Literature», en Cervantes Across the Centuries, ed. Ángel Flores y M. J. Benardete [New York: Dryden Press, 1947], págs. 267-293, en la pág. 268). Se ha llegado a la conclusión de que el perdido Cardenio de Shakespeare y Fletcher, representado dos veces en la Corte inglesa en 1613, pervive en una adaptación del siglo XVIII, The Double Falsehood, del editor de Shakespeare Lewis Theobald; véase el artículo de John Freehafer, «Cardenio, by Shakespeare and Fletcher», Publications of the Modern Language Association, 84 (1969), 501-513. Sin ni siquiera mencionar el artículo de Freehafer, hay una nueva propuesta según la cual el texto es una falsificación: Harriet C. Frazier, A Babble of Ancestral Voices. Shakespeare, Cervantes, and Theobald (The Hague: Mouton, 1974); véase la reseña de Freehafer (la única que he podido encontrar), en The Scribblerian, 8 (1975), 51. Brean S. Hammond también apoya la teoría de que el texto de Shakespeare y Fletcher pervive en la adaptación de Theobald, en «Theobald's Double Falsehood: An "Agreeable Cheat"?», Notes and Queries, 229 (1984), 2-3, y la acepta Charles David Ley en la introducción a su traducción de la obra, identificada en la portada como la Historia de Cardenio de Shakespeare y Fletcher (Madrid: José Esteban, 1987). Kenneth Muir ha anunciado un artículo sobre «Cervantes, Cardenio and Shakespeare» para «Bulletin of Hispanic Studies» (1923-1993): Essays in Memory of E. Allison Peers (Liverpool: Liverpool University Press, en prensa), y la comunicación de Tomás Pabón, Washington College, Md., «Cardenio en Cervantes, Shakespeare y Fletcher», está en prensa en las Actas del Segundo Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas.



 

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Avellaneda toma su concepto de la obra de Cervantes sobre todo del principio de la obra. Las primeras adaptaciones se basaron en los primeros capítulos: el Entremés de los romances, el entremés de Francisco de Ávila, basado esencialmente en los capítulos 2 y 3 (María Francisca Vilches de Frutos, «Don Quijote y el Entremés famoso de los invencibles hechos de Don Quijote de la Mancha, de Francisco de Ávila: dos experimentos del paso de la novela al entremés a través de la parodia», Criticón, 30 [1985], 183-200), y, al parecer, Pascual del Rábano (Ricardo Senabre, «Una temprana parodia del Quijote. Don Pascual del Rábano», en Estudios sobre literatura y arte dedicados al profesor Emilio Orozco Díaz, recogidos y publicados por A. Gallego Morell, Andrés Soria y Nicolás Marín [Granada: Universidad de Granada, 1979], III, 349-361). Cuando Salas Barbadillo, en su Estafeta del Dios Momo, describe un hidalgo rural, cazando de día y leyendo libros de caballerías por la noche, con una familia que consiste en «un mozo, un rocín, dos galgos», sólo refleja el principio de Don Quijote (ed. Rodríguez, pág. 36-37). La queja de los lectores acerca de los «infinitos palos» que Don Quijote recibió en la Primera Parte (III, 64, 8-13) debe de referirse a los palos que le dieron en los capítulos 4 y 15 de la Primera Parte (I, 86, 16-27; I, 195, 20-32; I, 199, 12-13).

Debido a este proceso, la primera aventura de Don Quijote y Sancho, la de los molinos de viento, aunque ni siquiera típica de la Primera Parte, se convirtió en el símbolo visual del libro. (Acerca de la tendencia de considerar el principio de una obra como representativo del conjunto, véanse los comentarios de Howard Mancing en «A Note on the Formation of Character Image in the Classical Spanish Novel», Philological Quarterly, 54 [1975], 528-531, quien observa que «Don Quijote... es un clásico ejemplo de un libro que se empieza frecuentemente pero pocas veces se termina» [pág. 531, nota 9]. E. C. Riley es de otra opinión sobre la fama del episodio de los molinos de viento: véase «Don Quixote: from Text to Icon», en A Celebration of Cervantes on the Fourth Centenary of «La Galatea», 1585-1985. Selected Papers, ed. John J. Allen, Elias Rivers y Harry Sieber, Cervantes, special issue [1988], 103-115, en las págs. 112-115.)



 

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I, 96, 24-97; I, 168, 13-14; II, 362, 4; II, 368, 32; II, 404, 13-15; III, 39, 16-17; III, 394, 13-14; IV, 398, 25-27; quizás también IV, 10, 28-29.



 
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