«No son burlas las que duelen, ni ay passatiempos que valgan si son con daño de tercero» (IV, 279, 10-12; del mismo modo, «Coloquio de los perros», III, 196, 3). Así es exactamente como termina la aventura de Clavileño: «sin daño de barras» (IV, 42, 15). Se manda dar los 3.300 golpes de Sancho (un número imposiblemente grande; véase III, 46, 3 y IV, 24, 8), que van a «sacaros un poco de sangre» (III, 441, 27-28), previendo que no se darán, y naturalmente sólo los reciben los árboles. El «daño» puede entenderse como «daño del alma [o] del cuerpo» (Novelas ejemplares, I, 22, 19); crear burlas no es «daño».
IV, 95, 2-5. Esta burla tenía que haber sido «más risueña que dañosa» (IV, 90, 32).
IV, 219, 16-22. Incluso se le da este regalo de la mejor manera, anónimamente; en los términos de Diego de Miranda, «sin hazer alarde de las buenas obras» (III, 202, 1-2).
«The Concept of the Norm in Don Quixote», pág. 161.
Como lo hacen en el capítulo 43 de la Primera Parte. Sin embargo, Maritornes es un personaje que duplica, en miniatura, la evolución de Don Quijote. Cuando aparece por primera vez, su fealdad es extrema hasta el punto de ser burlesca (I, 205, 16-23; I, 211, 32-212, 23). Es una puta (I, 209, 6-11; I, 214, 13), cuyas «nobles» intenciones se malgastan (I, 209, 11-18). Sin embargo, poco después ayuda a alguien necesitado, demostrando «unas sombras y lexos de christiana» (I, 229, 16-21); más tarde aboga por Don Quijote (I, 386, 11-15). Parece que el adjetivo «buena» que se le aplica (I, 209, 11; I, 386, 11) cambia de irónico a sincero.
II, 311, 14-312, 2. El narrador confirma la función del diablo, II, 313, 12-18.
Según Tirsi, hay tres variedades del amor: provechoso, honesto y deleitable (La Galatea, II, 61, 1-18). En el Parnaso, 60, 25-26, es la poesía la que es «la cifra do se apura lo provechoso, honesto y deleitable».
Edith Rogers proporciona un resumen de los comentarios anteriores sobre este episodio en «Don Quijote and the Peaceable Lion», Hispania, 68 (1985), 9-14. Miguel Garci-Gómez ha reunido numerosos precedentes literarios en «La tradición del león reverente: glosas para los episodios en Mio Cid, Palmerín de Oliva, Don Quijote y otros», Kentucky Romance Quarterly, 19 (1972), 255-284; también hay que tener en cuenta el tratamiento de los leones en la Historia natural de Plinio el Viejo (VII, 17-21), que Cervantes conocía por la traducción parcial de Jerónimo de Huerta de 1599 (véase Persiles, I, 117, 12-13, y la nota de los editores), y el martirio de los primeros cristianos echados a los leones. Hay otro encuentro con un león apacible en Trato de Argel (V, 81, 17-83, 32).
I, 256, 29-30; III, 239, 1-2.
Véase Russell, «Risa a carcajadas», págs. 418-419, acerca del significado original de este nombre.