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Madrid, en cambio, era lingüística y socialmente parte de Castilla la Vieja. Véase mi «Cervantes' Consonants», Cervantes, 10.2 (1990 [1991]), 3-14.



 

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Persiles, I, lviii, 2. Esta afirmación de Cervantes sobre su caballo, después de la publicación de Don Quijote, es especialmente significativa.



 

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I, 246, 16-20; Novelas ejemplares, I, 20, 24.



 

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Véase el capítulo 2, nota 182.



 

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«No hay ocasión en que Cervantes no se elogie, bien que excusándose por salir de los límites de su natural modestia; tantas veces ocurre esto que no es posible verla nunca ni creer en ella» (Nicolás Marín, «Belardo furioso. Una carta de Lope mal leída», Anales Cervantinos, 12 [1973], 3-37, en la pág. 21). Son ejemplos la dedicatoria y el prólogo de las Novelas ejemplares (I, 21, 19-32; I, 25, 14-17), el prólogo de la Segunda Parte de Don Quijote (III, 28, 24-26), el prólogo de las Ocho comedias y ocho entremeses (I, 5, 3-5), y la Adjunta al Parnaso (124, 16-17). Cervantes también se alaba en boca de otros, cuya alabanza puede entonces rechazar (Persiles, I, lviii, 11-22; también Adjunta al Parnaso, 121, 17-19), así como en boca de sus personajes (II, 62, 5-13; III, 61, 29-62, 2). Don Quijote también se alaba frecuentemente a sí mismo, utiliza casi los mismos términos que Cervantes (I, 208, 12-17; III, 199, 20-21); otros personajes de Cervantes también lo hacen («La señora Cornelia», III, 86, 28-31 y III, 95, 26-29; «El casamiento engañoso», III, 136, 19-21).



 

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IV, 328, 29-329; Parnaso, 56, 24.



 

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Prólogo de las Novelas ejemplares, I, 21, 10-11; Don Quijote, III, 62, 27-28; IV, 252, 16-20.



 

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I, 98, 32-99, 3; II, 406, 7; IV, 294, 17-19. Don Quijote también cita a Ariosto en español (III, 50, 29-30), el mismo pasaje que Cervantes citó en italiano al final de la Primera Parte.



 

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Cervantes: «caracteres que conocí ser arávigos» (I, 129, 31-32). Don Quijote: «Cide... en arábigo quiere dezir señor» (III, 58, 27-28); eso no era de dominio público, como lo es hoy entre los hispanistas. Pueden encontrarse más ejemplos en Josep M. Sola-Solé, «El árabe y los arabismos en Cervantes», en Estudios literarios de hispanistas norteamericanos dedicados a Helmut Hatzfeld con motivo de su 80 aniversario, ed. Josep M. Sola-Solé, Alessandro Crisafulli y Bruno Damiani (Barcelona: Hispam, 1974), págs. 209-222, reimpreso en Sobre árabes, judíos y marranos y su impacto en la lengua y literatura españolas de Sola-Solé (Barcelona: Puvill, 1983), págs. 87-103. Tienen que hacerse dos adiciones a la discusión de Sola-Solé: Cervantes sabía cómo debía empezar un libro en árabe, alabando a Alá (capítulo 8 de la Segunda Parte), y, como el turco en aquella época se escribía con el mismo alfabeto y no se distinguía tanto del árabe como hoy, véase el artículo de Samir Rizk y Rafael Osuna, «An Obscene Expression in Cervantes», Thesaurus, 26 (1971), 620-622.



 

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III, 147, 1-3; prólogo de las Ocho comedias; Adjunta al Parnaso, 124, 13-16.



 
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