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IV, 55, 15; IV, 273, 24-25; IV, 392, 23-24; III, 31, 32.



 

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III, 405, 1-3; IV, 85, 1-3; IV, 154, 13; IV, 362, 21; IV, 369, 7-9.



 

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III, 53, 29-30; se dice lo mismo de Auristela y Periandro («la naturaleza avía... formado en una misma turquessa a él y a Auristela», II, 244, 27-29). En varios puntos de la Segunda Parte se presenta a Don Quijote y Sancho como equivalentes: III, 108, 6-7; III, 367, 21-24; IV, 363, 10-11 y 29. De la misma forma que Don Quijote podía predicar, también podría Sancho: «Dígote, Sancho, que, así como tienes buen natural y discreción, pudieras tomar un púlpito en la mano y irte por esse mundo predicando lindezas» (III, 262, 24-27).



 

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II, 62, 15-21; II, 361, 17-23; III, 108, 6-7; III, 221, 12-22; III, 229, 1-231, 15; IV, 55, 6-15; IV, 321, 23-25.



 

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I, 53, 4-5. Se aplican los mismos superlativos, «el más gracioso disparate y tema que dio loco en el mundo», al loco sevillano que hinchó un perro (III, 29, 10-12).



 

525

Véanse además los pasajes citados en la nota 332 del capítulo 3. La repentina decisión de Sancho de esconder al cura y al barbero «el lugar y la suerte dónde y cómo su amo quedava» (I, 378, 13-19) es también, al parecer, una conducta caballeresca sorprendente para él.



 

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III, 378, 10-17; IV, 257, 29-31. Es verdad que en la España del Siglo de Oro la gente corriente conocía los romances, pero este hecho no explica el uso que Sancho hace de ellos. Más que cantarlos por placer, como el labrador de El Toboso (III, 125, 24-27), los cita para aclarar algunos puntos en sus discusiones, exactamente como hace Don Quijote (I, 167, 28-168, 8), Maese Pedro (III, 334, 28-32) y el narrador (III, 156, 7-10).



 

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«Al buen callar llaman Sancho» (IV, 61, 13-14). Aunque la forma original de este proverbio debe de haber sido «santo», el cambio, con el juego de palabras, a «Sancho» está bien documentado antes de Cervantes, y puede considerarse que es la forma que conocía. Además de los ejemplos citados por Schevill-Bonilla y Rodríguez Marín, se encuentra en Los refranes que recopiló Ýñigo López de Mendoça y en el Libro de refranes de Pedro Valles (he utilizado las ediciones de Valladolid: Francisco Fernández de Córdoba, 1541 y Zaragoza: Juana Millán, 1549, respectivamente). Ticknor, quien considera que la forma con «Sancho» es la original, cita las últimas recopilaciones de Garay y Hernán Núñez (History of Spanish Literature -el pasaje, de su discusión del Buscapié, no figura en la traducción española-, sexta edición norteamericana [Boston: Houghton, Mifflin, 1891], III, 504).



 

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«El señor governador Sancho a cada paso los dize [refranes]; y aunque muchos no vienen a propósito, todavía dan gusto, y mi señora la duquessa y el duque los celebran mucho» (IV, 151, 7-11).



 

529

Ni la mujer de Sancho (II, 399, 23-24) ni la sobrina de Don Quijote (III, 52, 23-25) entiende la arcaica palabra «ínsula».



 
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