En IV, 82, 1, sin embargo, se llama «pasada» a un episodio futuro. Aunque el final del capítulo 51 de la Segunda Parte comenta «las ordenanzas tocantes al buen govierno de la que él imaginava ser ínsula» (IV, 166, 1-2), Sancho dice en su relato al duque y a la duquesa «aunque pensava hazer algunas ordenanzas provechosas, no hize ninguna» (IV, 208, 19-21), todo lo cual implica que el episodio acerca de Sancho gobernador no había sido releído completa y cuidadosamente.
La revisión apresurada de Cervantes ha permitido la reconstrucción de los estados anteriores de la obra, como, por ejemplo, el que se acaba de discutir acerca del episodio de Sancho gobernador. Sobre el robo del rucio y el cambio de lugar del episodio de Grisóstomo y Marcela, véase Geoffrey Stagg, «Revision in Don Quixote, Part I», en Hispanic Studies in Honour of I. González Llubera (Oxford: Dolphin, 1959), págs 349-366; para una teoría de los motivos de esta revisión, véase mi «Cervantes, Lope y Avellaneda», pág. 139.
Puede atribuirse al impresor un error ocasional: «¿Quiere vuestra merced quemar más [en lugar de "mis"] libros?» (II, 83, 17-18); por el texto, el ventero no sabe si el cura ha quemado alguno.
Véase el artículo de Stagg citado en la nota 669, y mi «El rucio de Sancho», en el cual sostenía que las enmiendas de la segunda edición de Cuesta fueron escritas por Cervantes. (Aunque las pruebas son más escasas, puesto que las correcciones son menores, no puede descartarse que Cervantes fuera el autor de nuevas correcciones en la tercera edición de Cuesta.)
«Sancho Zancas... que con estos dos sobre nombres [Panza y Zancas] le llama algunas vezes la historia» (I, 132, 5-10).
Sobre este personaje, véase el artículo de José Ramón Fernández de Cano, «La destrucción del personaje en la obra cervantina: Andanzas y desventura del malogrado mozo de campo y plaza», Actas del coloquio La construcción de personajes en la obra de Cervantes, Cervantes, 15.1 (1995), en prensa.
Ese error fue señalado por Rafael Osuna, «¿Dos finales en un capítulo (II, 24) del Quijote?», Romance Notes, 13 (1971), 318-321.
Hay muchos otros ejemplos. Habiendo quemado «quantos libros avía... en toda la casa» (I, 107, 26-27), «uno de los remedios que el cura y el barbero dieron por entonces, para el mal de su amigo, fue que le murasen y tapiasen el aposento de los libros, porque quando se levantase no los hallase» (I, 108, 1-5). «Si el héroe ha estado ausente dos días en su primera salida, el ama dirá que son tres;... si eran ocho los cabreros que dan hospitalidad a don Quijote, luego serán seis; si Ginés de Pasamonte no se lleva la espada del héroe, más tarde éste nos declarará lo contrario.... Todo esto sin salirnos de la primera parte ni entrar en detalles sobre el confuso tiempo novelístico de los sucesos de la venta.» (Rafael Osuna, «Dos olvidos de Cervantes: El rucio de Sancho y el bagaje de Bartolomé», Hispanófila, 36 [1969], 7-9, en la pág. 7.)
Además de la sorprendente revelación del verdadero nombre de Don Quijote y de la indignada exclamación por el uso que hace Avellaneda del nombre Mari Gutiérrez, hay en la Segunda Parte numerosas referencias erróneas al contenido de la Primera Parte; son demasiado variadas para ser atribuidas sólo a una intencionada mala memoria de los personajes. Ya se ha mencionado en el capítulo 4 la afirmación de Don Quijote que había dicho a Sancho «mil vezes» que no había visto nunca a Dulcinea (III, 124, 26-28), cuando en realidad dijo a Sancho que la había visto cuatro veces (I, 362, 31-363, 4). (Quizás lo que significa es que Don Quijote ha separado mentalmente su idealizada Dulcinea, que nunca ha visto, de Aldonza Lorenzo [véase I, 365, 23-366, 28]; sin embargo, incluso si eso es correcto, no se explica claramente [véase I, 363, 4-6].) El narrador nos dice que Don Quijote ha llamado a Ginés de Pasamonte «Ginesillo de Parapilla» (III, 340, 27-29); aunque el nombre es recordado con exactitud, fue en realidad un guarda el que lo usó (I, 307, 8-31). Don Quijote habló del matrimonio dos veces en la Primera Parte (I, 294, 25-295, 29 y II, 55, 29-30), pero en la Segunda Parte dice (III, 275, 29-31) que nunca ha pensado en ello.
Sancho dice erróneamente a Diego de Miranda que Rozinante «jamás... ha hecho vileza alguna, y una vez que se desmandó ha hazerla, la lastamos mi señor y yo con las setenas» (III, 197, 26-29); en realidad fueron los gallegos los que lo hicieron (compárese I, 194, 16-196, 5). Probablemente no es la poca memoria de Sancho, sino la de Cervantes, la responsable de su duda en la frase «yo he oído dezir, y creo que a mi señor mismo, si mal no me acuerdo, que en los estremos de cobarde y de temerario está el medio de la valentía» (III, 76, 23-26; Don Quijote no había hecho nunca tal afirmación, aunque posteriormente la hace).
Para más comentarios, puede verse José Manuel Martín Morán, «Los descuidos de Cervantes en la venta de Palomeque», en Actas del Tercer Coloquio Internacional de la Asociación de Cervantistas (Barcelona: Anthropos, en coedición con el Ministerio de Asuntos Exteriores, Madrid, 1993), págs. 403-430.
En la única carta literaria de Cervantes que se conserva, la dirigida a Antonio de Eraso, dice, hablando de La Galatea, «en estando algo crecida [La Galatea] irá a besar los pies a vuestra excelencia» (Astrana, VI, 510); eso no parece indicar que preveía revisarla.
Luis Rosales indicó que eran más numerosos: Cervantes y la libertad, 2.ª edición, corregida (Madrid: Cultura Hispánica, Instituto de Cooperación Iberoamericana, 1965). I, 31, nota 21.
Joaquín Díaz Ferruz, «Vacilaciones y contradicciones en la "Historia de Timbrio y Silerio". Aspectos sobre la composición de La Galatea, de Miguel de Cervantes», Glosa, 1 (1990) 119-34; Rafael Osuna, «Dos olvidos», op. cit., (nota 674); Osuna, «Vacilaciones y olvidos de Cervantes en el Persiles», Anales Cervantinos, 11 (1972), 69-85; Stephen Harrison, «The Composition of Persiles y Sigismunda», tesis, Universidad de Toronto, 1979, resumen en Dissertation Abstracts International, 39 (1979), 4305A: «Harrison ha relacionado varias contradicciones que se encuentran en la obra con una revisión apresurada e incompleta» (Stagg, «The Refracted Image: Porras and Cervantes», Cervantes, 4 (1984), 139-153 [hay una hoja de erratas], en la pág. 146). Manteniendo la tesis de que los aparentes errores no lo son, Aden W. Hayes ha estudiado «Narrative "Errors" in "Rinconete y Cortadillo"», Bulletin of Hispanic Studies, 58 (1981), 13-20. Osuna, «Dos olvidos», pág. 7, dice que «en otras novelas suyas no faltan tampoco estos descuidos».