Es adecuado, sin embargo, recordar la utilización por parte de Cervantes de las famosas palabras de San Agustín en sus Confesiones: «Están nuestras almas siempre en continuo movimiento, y no pueden parar ni sosegar sino en su centro, que es Dios, para quien fueron criadas» (Persiles, II, 5, 10-13; también La Galatea, II, 64, 4-8).
Reproducido en Stanley Frost, The Challenge of the Klan (1924; reimpreso en New York: AMS, 1969), pág. 68. El Ku Klux Klan es una organización semisecreta de la extrema derecha, especialmente activa en el sur de los Estados Unidos. Aunque ya ha perdido mucho de su fuerza, se dedicaba a oponer resistencia por medio de la violencia y amenazas a todo lo que sus miembros consideran que hacen los negros y también los judíos para perjudicar los cristianos blancos. En esta misma línea, así empieza un artículo periodístico sobre los que tiraron bombas en clínicas donde se practicaba el aborto: «Se llamaban a sí mismos caballeros, su emblema era una máscara que habían estampado en sus camisetas con el lema "Defensores del Código", y su misión era defender los ideales de la caballería» (New York Times, 18 de enero de 1985, pág. 12).
Un aspecto que ha sido estudiado con cierto detenimiento es el influjo de Cervantes sobre Freud. Según Stanko B. Vranich, Sigmund Freud también leyó las Novelas ejemplares en español cuando era adolescente, identificándose con el perro Cipión, que escucha terapéuticamente la historia de Berganza acerca de sus sufrimientos en una sociedad enferma. Véase «Sigmund Freud y "El historial clínico de Berganza": Los comienzos psicoanalíticos de Freud» en Ensayos sevillanos del Siglo de Oro (Valencia: Albatros Hispanófila, 1981), págs. 105-114, y también León Grinberg y Juan Francisco Rodríguez, «La influencia de Cervantes sobre el futuro creador del psicoanálisis», Anales Cervantinos, 25-26 (1987-1988), 157-174 y «Cervantes as Cultural Ancestor of Freud», en Quixotic Desire. Psychoanalytic Perspectives on Cervantes, ed. Ruth Anthony El Saffar y Diana de Armas Wilson (Ithaca: Cornell University Press, 1993), págs. 23-33, Edward C. Riley, «Cervantes y Freud», Ínsula, 538 [1991], 34-35, Riley, «Cervantes, Freud and Psychoanalytic Narrative Theory», Modern Language Review, 88 (1993), 1-14 y Riley, «"Cipión" Writes to "Berganza" in the Freudian Academia Española», Cervantes, 14 (1994), 3-18.
El libro de Anthony Close que lleva este título ha provocado más comentarios que cualquier otro estudio actual sobre Cervantes. Mientras que la parte central del libro, la historia del enfoque romántico, ha sido sólo objeto de algún examen ocasional (v.g., Lowry Nelson, Jr., «Chaos and Parody: Reflections on Anthony Close's The Romantic Approach to "Don Quixote"», Cervantes, 2 [1982], 89-95), varios críticos han analizado los comentarios interpretativos que preceden y forman el contexto de su historia. Lamentablemente, esta crítica se ha dividido por naciones. En España el libro ni siquiera ha sido reseñado y sólo se incluyó en la extensa sección bibliográfica de Anales Cervantinos (24 [1986 (1988)], 265-267) después de comentarse su ausencia en la edición norteamericana del libro presente. En Inglaterra las reseñas han sido unánimemente favorables, sin ninguna objeción importante: E. C. Riley, Times Literary Supplement, 9 de junio de 1978, pág. 639; R. W. Truman, Bulletin of Hispanic Studies, 57 (1980), 349-350; Frank Pierce, Modern Language Review, 74 (1979), 477-478. Quizás tras esta división esté el hecho de que Close escriba relativamente poco sobre los errores de los románticos ingleses, y mucho sobre lo que él considera interpretaciones equivocadas de los españoles.
En los Estados Unidos la reacción al libro de Close se ha situado entre estos dos polos: ha recibido alabanzas combinadas con reservas significativas. Además del artículo de Nelson que acabo de citar, las reacciones más importantes son las reseñas de John J. Allen, Journal of Hispanic Philology, 3 (1978 [1979]), 92-94, Ruth El Saffar, Modern Language Notes, 94 (1979), 399-405, Richard L. Predmore, Modern Philology, 77 (1979), 257-260, T. R. H[art], Comparative Literature, 31 (1979), 305-306, Alexander Welsh, Novel, 13 (1980), 326-330, Henry W. Sullivan, Canadian Journal of Comparative Literature, 7 (1980), 114-118 y los artículos de Pierre L. Ullman, «Romanticism and Irony in Don Quixote: A Continuing Controversy», Papers on Language and Literature, 17 (1981), 320-333 e Inés Azar, «Meaning, Intention and the Written Text: Anthony Close's Approach to Don Quixote and its Critics», Modern Language Notes, 96 (1981), 440-444.
«Toutes les grands questions que se pose la pensée actuelle à l'endroit de Cervantes ont été levées par la critique romantique» (J.-J. A. Bertrand, Cervantes et le romantisme allemand [Paris: Librairie Félix Alcan, 1914], pág. ii.) Con la evidente excepción del problema ontológico examinado por Américo Castro en su Pensamiento de Cervantes, está afirmación todavía es válida en gran parte.
«"El principal personaje de la segunda parte de Don Quijote es la primera parte. Consiste, en su totalidad, en la reflexión de la obra sobre sí misma." Don Quijote tiene lo que toda novela desea, dos centros y dos niveles de significado. En primer lugar tenemos el nivel de acción: la primera parte de Don Quijote consiste en las violentas aventuras que acontecen a Don Quijote y, con consecuencias más graves, a los personajes que están relacionados con las novelas intercaladas. Después sigue el nivel de reflexión, la segunda parte de la novela, que consiste en gran parte en charadas que reflexionan sobre las aventuras de la primera parte y las explotan. En esta segunda parte, se revela el significado, la profundidad y, como lo llama Schlegel, la personalidad de las acciones.» (Marshall Brown, The Shape of German Romanticism [Ithaca: Cornell Univ. Press, 1979], págs. 203-204.) La cita es de Literary Notebooks de Friedrich Schlegel; su descripción de Don Quijote «podría aplicarse sin modificaciones a varias de las novelas románticas más importantes» (pág. 203).
Gerhart Hoffmeister, España y Alemania. Historia y documentación de sus relaciones literarias, trad. de Isidro Gómez Romero (Madrid: Gredos, 1980), págs. 171-172.
Se ha hablado mucho acerca de los románticos y Don Quijote, pero se ha leído menos lo que realmente escribieron sobre el libro. La única recopilación general de sus escritos, aparte de los fragmentos en Rius, III, capítulo 9, es el obsoleto Cervantes und seine Werke nach deutschen Urtheilen. Mit einem Anhange: Die Cervantes-Bibliographie, ed. Edmund Dorer (Leipzig, 1881); una antología de los escritos sobre Cervantes puesta al día, como el volumen The Romantics on Milton (ed. Joseph Anthony Wittreich, Cleveland: Press of Case Western Reserve, 1970) sería muy útil.
Como ilustración, voy a reproducir, en traducción de Rius (III, 223), un comentario de August Wilhelm Schlegel sobre la Segunda Parte. «Se ha dicho que la Parte Segunda del Quijote era muy inferior a la Primera. La injusticia de este aserto aparece en el mismo instante en que uno se hace cargo de la relación de esta parte con el todo y de lo que en ella debe esperarse dada la naturaleza de la materia. Don Quijote ya no podía ni debía chocar tan violentamente como al principio con el mundo externo, y, para evitarlo, el poeta supo aprovechar la circunstancia de que la Primera Parte de la historia había salido mucho tiempo antes; las locuras del caballero se presuponen ya conocidas, y por consiguiente son más moderadas. Cuanto más había durado la chanza de sí mismo, tanto más, naturalmente, se burlan los otros de él; a medida que la historia se va desarrollando, Don Quijote es más pasivo y en consecuencia representa Sancho papel más principal, llenando así el vacío que de otro modo se hubiera hecho evidente. Hacia el fin se observa en Don Quijote un estado como el del abatimiento que sigue a una calentura; la recién ideada apacible manía de establecer una arcádica vida pastoral, que ya en la Primera Parte previó el Ama (tanto sabe preparar el profético Cervantes), es casi su último canto; y su muerte, que, para quedar la obra satisfactoriamente redondeada, debía ser tranquila, está perfectamente traída. Y aun cuando comparemos sus graciosas aventuras ¿qué ventaja tiene la de los molinos de viento sobre la de los batanes, y la batalla de los rebaños de ovejas sobre la destrucción de los títeres? Ninguna más que el haber acontecido antes. ¿Y qué puede igualarse en fantasía y en arte el sueño de la cueva de Montesinos? Con el pie forzado de tener que repetir muchas veces acciones y palabras de los dos personajes principales, ha sabido Cervantes ayudarse, cual diestro músico, por medio de infinitas variaciones; Sancho Panza en la Segunda Parte se adelanta a sí mismo y es aun mucho más gracioso que en la Primera.» (De una reseña de la traducción de Tieck [1799], publicado en Jenaischen allgemeinen Literatur-Zeitung, 230 y 231 [1801] y reimpreso a menudo, primero en su Charakteristiken und Kritiken [Königsberg, 1801], II, 309-333; también en su Sämmtliche Werke, 11 [Leipzig, 1847], 408-426; he usado la edición que está en su Kritische Schriften, ed. Emil Staiger [Zurich y Stuttgart: Artemis, 1962], págs. 294-307, en la pág. 298.)
Seguramente no estamos de acuerdo con todo lo afirmado. Sin embargo, si consideramos que se publicó en 1801, creo que merece nuestro respeto.
J.-J. A. Bertrand, «Renacimiento del cervantismo romántico alemán», Anales Cervantinos, 9 (1961-1962), 143-167, en la pág. 155.
Close, Romantic Approach, págs. 41 y 104; Franco Meregalli, «La crítica cervantina dell'ottocento in Francia e in Spagna», Anales Cervantinos, 15 (1976), 121-148, en las págs. 124 y 135.