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Sólo había publicado, en 1930, las Leyendas de Guatemala.

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Indico, a continuación, unos textos sobre Asturias que pueden considerarse puntos de partida para enmarcar su obra y profundizar la relativa bibliografía: Rassegna Iberistica, 54, Roma, Bulzoni Editore, 1995; Centroamericana, 6/7, Roma, Bulzoni Editore, 1996; AA. VV., 1889/1999 Miguel Ángel Asturias, ALLCA, 1999; Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente. Edición crítica: Gerald Martin coordinador, Madrid, Archivos/UNESCO, 2000; Giuseppe Bellini, Mundo mágico y mundo real. La narrativa de Miguel Ángel Asturias, Roma, Bulzoni Editore, 1999.

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También guatemalteco, Arévalo Martínez ponía de relieve la fascinación en la crueldad, representando a un gobernador-dictador de provincia, semejante a un tigre, que reinaba de manera despótica sobre un mundo animal.

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Las huellas valleinclanianas en Asturias pueden fácilmente detectarse en la recreación lingüística, en la técnica de las historias paralelas, en el enfoque del dictador como monstruo mítico, en la destrucción de la realidad mediante la descomposición o fragmentación de cosas y personas. Hay, por supuesto, diferencias, principalmente porque Asturias participa al drama en carne propia, desde el interior, y no consigue reducir a sus víctimas a objetos, sino que los mira con aliento lírico e íntimamente confía en su salvación. Véase, además de Bellini, Giovanni Battista De Cesare, «Valle-Inclán en los orígenes de la novela hispanoamericana de la dictadura», en C. Camplani, M. Sánchez, P. Spinato (a cura di), Italia, Iberia y el Nuevo Mundo, Roma, Bulzoni Editore, 1997, pp. 249-255.

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5

Cfr. Francisco Albizúrez Palma, «Estudio preliminar», en Miguel Ángel Asturias, El señor Presidente, Guatemala, Editorial Piedra Santa, 1991, pp. IX-XXV.

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Recordamos la edición francesa de 1952, que obtuvo el Premio Internacional del Club del Libro en Francia.

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7

Miguel Ángel Asturias, «El Señor Presidente como mito», Studi di letteratura ispano-americana, 1, 1967, p. 10.

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Como subraya Bellini, a pesar de una extensa campaña denigratoria, conjurada para desprestigiar a Asturias, que ya había recibido el Premio Nobel, el valor de su obra ha quedado intacto. Con El Señor Presidente, el narrador guatemalteco se adelantó, aunque nadie se diera cuenta por entonces, a los futuros escritores del boom, que se considerarán exclusivos y legítimos renovadores de la novela hispanoamericana y a los que la sombra del gran escritor les resultaba y les sigue resultando molesta. Todo lo contrario que Asturias, el cual siempre reconoció el legado de sus antecesores y el valor de sus contemporáneos, y entendía la literatura como un gran río que se enriquece y continúa, tanto es así que, durante toda su vida, actuó como generoso propagandista de la obra de sus colegas y su éxito internacional fue útil también para una mayor difusión de toda la narrativa latinoamericana. G. Bellini, «La denuncia de la dictadura. El señor Presidente», en Miguel Ángel Asturias, Madrid, Editorial Síntesis, 2006, pp. 15-28.

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Para las citas, se utilizará la siguiente edición de la novela: Miguel Ángel Asturias, El Señor Presidente, Alianza Losada, México, 1996.

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El Pelele nos da su visión del espacio sagrado, proyección de realidad y sueño, síntesis de añoranzas y recelos: «Su mirada vagaba por el espacio de una bóveda muy alta. Los volatines le dejaron perdido en un edificio levantado sobre un abismo sin fondo de color verdegay. Los escaños pendían de los cortinajes como puentes colgantes. Los confesionarios subían y bajaban de la tierra al cielo, elevadores de almas manejados por el Ángel de la Bola de Oro y el Diablo de los Oncemil Cuernos». Ibid., p. 27.

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