Selecciona una palabra y presiona la tecla d para obtener su definición.
Indice


Abajo

La Nao histórica «Santa María»

Pedro de Novo y Colsón





  —481→  

Señores Académicos:

Nombrado por el venerable Director de esta Academia para que emita informe sobre la obra titulada La Nao Histórica «Santa María», escrita por el Vicealmirante D. Víctor María Concas, me complazco en manifestar que pocas veces he hallado reunidas en no más de ciento cincuenta páginas un tan gran interés de narración, de datos curiosísimos y de grandiosos recuerdos de la España del siglo XV.

Los señores Académicos no habrán olvidado que, para conmemorar el IV Centenario del descubrimiento de América, fué construído un buque, reproducción exacta de la Nao «Santa María», cuyo mando se le concedió al entonces capitán de fragata Sr. Concas, y que ésta nave zarpó del puerto de Cádiz el 10 de Febrero de 1893, llegando á Canarias el día 16 y á San Juan de Puerto Rico el 30 de Marzo; que después de tocar en La Habana y detenerse algún tiempo, continuó su viaje hasta New-York, y desde allí á Chicago, donde dió fondo el 7 de julio del mismo año.

Este viaje debe calificarse de atrevidísimo al par que afortunado, gracias á la sin rival pericia de su comandante, que supo vencer dificultades y grandes riesgos originados por distintas causas. El Diario de la derrota, consignada en el libro que informo,   —482→   es de un palpitante interés, que llena de admiración á todo hombre de mar. Desde Cádiz á las Antillas efectuó este viaje la pequeña Nao, sola y á la vela, navegando con un aparejo de cuatro siglos ha. Del 4 al 6 de Marzo sufrió un brisote muy duro, que puso de manifiesto el mal gobierno de la nave, pues daba guiñadas de siete á ocho cuartas; del 22 al 24 la alcanzó un furioso temporal, y refiriéndose á él dice el Sr. Concas en su Diario:

«Las guiñadas son increíbles, y la Nao, revolcándose, se deshace, amenazándonos los golpes de mar que rompen sobre el costado. Se cerraron las escotillas y se tomaron cuantas precauciones exigía la gravedad de nuestra situación, doliéndome de no haber insistido en la colocación de las quillas laterales, pues el mal gobierno acrece el peligro considerablemente. Se echó por barlovento un saco lleno de estopas empapadas en aceite, cuyo resultado fué asombroso, pues ganó mucho el gobierno de la Nao y con ello la posibilidad de defendernos. Pasó una barca corriendo el temporal con las gavias bajas. La tripulación muy valiente, pero muy fatigada.»



En su notable obra describe el ilustre marino la Nao «Santa María», haciendo de sus condiciones todas un análisis crítico admirable y que constituye, acaso, lo más valioso de la narración.

Pálido sería cuanto yo pudiera expresar, respecto al patriótico interés que despertaron en todo el país, los preparativos del viaje de la Nao; pero su comandante, D. Víctor María Concas, lo relata con insuperable inspiración y verdad conmovedora.

Dice así:

«La opinión pública, con ese certero instinto que dirige el sentimiento de los pueblos que, como el nuestro, están encariñados con sus glorias, al considerar la Santa María como propiedad de toda España, con tripulación de españoles, puesta en la lista de su flota, y al mando de uno de sus capitanes y con la antigua bandera de Castilla enarbolada en su popa, vió en el conjunto la resurrección de las pasadas glorias que dieron un mundo á la humanidad; no vió la carroza histórica de una procesión cívica y naval, sino la propia historia que quedó escrita   —483→   con la quilla de la Nao «Santa María» á través del Océano; vió el surco por donde desbordó la Europa afligida del feudalismo y de la intolerancia religiosa en busca de esa playa donde Colón, al mismo tiempo que alzaba el pendón de Castilla, dejaba empezado el gran período de la Edad Moderna. La opinión pública vió el viaje solamente, dejando la Nao como si no existiera, y como tal nos acogió como héroes á los que debíamos verificarlo; que, ciertamente, tendríamos muy buena voluntad, pero aún nada habíamos hecho; y, sobre todo, no habíamos hecho el viaje con Colón, sin duda por haber nacido cuatrocientos años después. Sin embargo, no faltaba gente que lo tomara á lo serio en los arranques de entusiasmo que dominaban el corazón del pueblo español; y así, entre muchos, puedo citar una mujer que me enseñaba á su hija diciendo: «ese es Colón»; y el angelito, con su manecita, me señalaba; y puede ser que el día que sea mujer jure y no haya quien la apee de que el mismo Colón le dió bizcochos y almendras en 1892.»



Y este entusiasmo patriótico que anota el autor revistió una forma de poética grandeza que, invadiendo los ánimos de todos los tripulantes, se cristalizó en las siguientes palabras del señor Concas:

«Conforme al programa, me trasladé á la vela desde Huelva al otro río frente á Palos, donde debía pasar la noche del 2 al 3 de Agosto, aniversario de la salida de Colón. Allí quedó sola la Nao «Santa María» representando un papel en que éramos los únicos actores y espectadores, pues propios y extraños habían quedado en Huelva, donde al ser obscuro reflejaba el lejano resplandor de las iluminaciones. Mas esa fiesta, para nosotros solos, ha sido la más solemne, la más grandiosa de todo el Centenario; fiesta capaz de evocar sentimientos sublimes tan grandes como en lo humano cabe dentro de ese innato dominio que tienen sobre nuestra alma los recuerdos de la historia patria, cuando revisten las formas de la realidad. En efecto; el sitio seguramente nada cambiado, y tal como lo vieron los hombres del siglo XV, idéntica Nao, en el mismo lugar en que estuvo Colón, tal como debieron verla, y con tan distintos sentimientos,   —484→   él, sus compañeros, las familias de éstos y los buenos frailes de la Rábida; el recuerdo del gran continente americano, donde he pasado los mejores días de mi juventud, que veíamos en su profunda transformación al través de cuatro siglos, la misma soledad, el lejano bullicio de las fiestas de Huelva, evocando frente á frente el hoy al ayer; el panorama, que al irse borrando entre las claridades del día, nos llevaba en fantasías á otro siglo y á otras gentes; todos nosotros, los tripulantes de la Nao de 1892, sin ser románticos y todos hombres de mundo, avezados á las grandes luchas del siglo XIX, ligábamos, sin darnos cuenta, el pasado y el presente en la indisputable y sublime unidad de la historia del hombre. ¡Sólo nosotros hemos vivido de verdad unas horas en el siglo XV!»

«Expedicionarios, fiestas, peligros, grandes discursos... ¡todo convencional! ¡Todo pálido y más que sabido! ¡Todo pequeño ante el cuadro verdad de la noche del 2 á 3 de Agosto de 1892, á bordo de la Nao «Santa María!»



Como sería incompatible con la reducida extensión de un informe académico el relato, punto por punto, de cuanto el libro contiene, pues todo en él es interesante, todo digno de especial mención y elogio, terminaré diciendo que la recepción de la Nao «Santa María» en los Estados Unidos y singularmente en Chicago, superó en grandiosidad á cuanto pueda pensarse; más de medio millón de personas pisaron su bordo; y, según el criterio de un antiguo Ministro Plenipotenciario de Norte América en Madrid, la presencia de la Nao había hecho más propaganda en favor de la amistad entre ambos países que cuarenta años de relaciones y comunidad de intereses. No lo creyó así el Sr. Concas al leer los libros de Mahan contra España, y constándole el apoyo que se prestaba á los conspiradores cubanos, opinando que, si en el país era un hecho verdad la simpatía á nuestra Patria, no lo era en el elemento político. Seis años después los sucesos le daban la razón.

La histórica Nao fué donada á Chicago, donde había de permanecer, y su comandante, el Sr. Concas, refiriéndose al acto de la donación, dice:

  —485→  

«Antes de dejar la Santa María, creyendo que no podíamos quedar sin un recuerdo de una expedición que pasara á nuestros hijos, como un deber que España cumplió con su propia historia, remití al Museo Naval la bandera española izada en el mar y en la entrada de los puertos, y el gallardetón de Castilla usado entonces á popa, saludadas ambas por todas las naciones del mundo y saludadas sin respuesta, como prueba de inmenso respeto á la página más grande de la historia de la civilización; ninguna igual ni de más trascendencia desde el misterio del Gólgota; página española de colosal grandeza, origen de 23 pueblos civilizados, página tan grande, que en esa monomanía de censurar lo nuestro, casi no comprendemos que las primeras naciones del mundo quisieran para lo mejor de su historia un sólo retazo de una de tantas páginas inimitables de la nuestra.»



En resumen, considero que esta obra merece la más alta estimación y su autor los más sinceros plácemes de la docta Academia y de la Marina; que sus páginas, como aquél dice en el prefacio, escritas están en espera de otras generaciones, por lo que dedica el libro á sus descendientes que vivan en 1992 y á los que entonces sean oficiales de la Armada, que algo útil encontrarán en él cuando se celebre el V Centenario del descubrimiento de América.





Madrid, 16 de Octubre de 1915.



Indice