841
El inevitable reproche puritano del crítico agustino aparece inmediatamente después de ese elogio: «aunque no le falten sus lunares, como el brutal atrevimiento de Muergo»
; BLANCO GARCÍA, op. cit., vol. II, pág. 526.
842
LYNCH : 1896, pág. 229.
843
Art. cit., pág. 11.
844
Art. cit., págs. 35 y 38.
845
Como apuntamos en la nota 104, esa expresión es casi idéntica a la que empleaba en su reseña Menéndez Pelayo («el autor no ha hecho más que levantar una punta del velo...»
). ¿Hasta qué punto Pereda en estas confidencias epistolares asume como intenciones propias las observaciones que le habían sido sugeridas por las críticas leídas?
846
FERNÁNDEZ-CORDERO,
art. cit., págs. 205-206. «Típica carta de Pereda
-escribe MONTESINOS: 1969, pág. 303-; en ella se repite el curioso tic que conocemos por otras a Laverde, a Mesonero, a Menéndez Pelayo:
asegurar que él es de la misma opinión que el corresponsal, aunque esto no se compadezca con los antecedentes, y hasta ofrecer argumentos»
; tras aludir a «aquello del contenido amor de Silda por Andrés y de cómo la moza se inhibe
para no dificultar la vida del amado»
, afirma: «esa interpretación me parece o imposible o una cursilería o ambas cosas y no habría manera de deducirla de los antecedentes de Silda. Por lo demás, sería curioso que
Menéndez Pelayo, tan cerca del autor, al que siguió paso a paso mientras se componía su libro, no tuviera la menor idea de aquella concepción del carácter de Sotileza, y saliera con lo del misterio poético
y cosas así, muy justas y a las cuales me atengo»
.
Ahora bien, el autor de Pereda o la novela idilio no tuvo ocasión de conocer el copioso número de críticas coetáneas de aquella novela que en este capítulo utilizamos, y en las que, como hemos mostrado, la interpretación del enigma de Sotileza que apuntó Sardá no fue tan excepcional. Que ese fuera o no el propósito del novelista, es otra cuestión, en la que nos mostramos de acuerdo con Montesinos, porque hemos podido comprobar la frecuencia con que Pereda se convencía a sí mismo de que sus intenciones eran coincidentes con determinadas interpretaciones que de sus libros hicieron los críticos. En último caso, nos parece que esta es una discusión carente de objeto, pues se basa en el malentendido que GULLÓN: 1979, págs. 9-11 ha comentado: considerar a los personajes literarios como susceptibles de interpretaciones psicologistas, como si de individuos reales se tratara; no tiene mucho sentido discutir lo que pensaba y no decía Sotileza, lo que sentía y no manifestaba, lo que hubiera hecho en otras circunstancias, sino, en rigurosa crítica textual, atenerse sólo a lo que en la novela esté expreso.
847
FERNÁNDEZ LUJÁN, op. cit., págs. 62-63.
848
LYNCH, art. cit., pág. 229.
849
«Las novelas de Pereda», en Varios autores: 1906, Sesión necrológica..., pág. 22. Como interesantes interpretaciones del «enigma de Sotileza» entre la crítica reciente, citemos la de EOFF, op. cit., pág. 55, que trata de explicar la influencia del medio en el personaje, los aspectos que llama socio-sicológicos, y la función de Silda como personaje representativo y responsable de un determinado grupo. Por su parte, PÉREZ GUTIÉRREZ, op. cit., pág. 166, sugiere que todo el enigma se basa en que, por la juventud de la muchacha, su personalidad aún no está formada; sugiere, en consecuencia, que su carácter se estudie «desde la perspectiva de la psicología juvenil de Spranger»
.
850
Revista Contemporánea, Madrid, 15-IV-1884; tomo I, volumen III, año X, n.º 201, pág. 347.