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Donde no se echará en saco roto la traducción de las Meditationes de Passione Christi, que se lee en castellano en el manuscrito 9560 de la Biblioteca Nacional de Madrid.
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De entre los primeros en subrayar con ambición teórica la relación del sermón con las formas dramáticas hay que destacar el ensayo de Cátedra (1989). Tomó el testigo, matizando algunas de las opiniones allí vertidas Manuel Ambrosio Sánchez. Sánchez, en la edición de un sermonario castellano Medieval, donde aparece un sermón sobre la Pasión de gran interés, así como menciones utilísimas acerca de la práctica de la predicación y los recursos dramáticos o parateatrales seguidos de la misma. En especial el capítulo «El Sermón de la Pasión, y su interés dramático», ( 1999, 176-85).
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No me interesa aquí citar ninguna de las impresiones castellanas del Gamaliel porque todas las que se conocen son posteriores a 1514, fecha del Auto de la Pasión de Lucas Fernández, cuya comprensión es nuestro objeto de estudio. Sin embargo, en la impresión barcelonesa, en catalán, de Johan Rosenbach, c. 1493, se presenta el texto de esta manera: Gamaliel, «que recita lo procès de la passió de Jesuchrist», Els actes de Latzer, de Santa Maria Magdalena e de Santa Marta. La destrucció de Hierusalem per l'emperador Vespasiá. La relación entre el Gamaliel y la Destrucción no puede decirse que sea casual, al menos desde 1441, todavía manuscrito, como ha sentado David Hook (2000). Me gustaría señalar que Hook utiliza como texto base para su edición de la versión castellana el texto impreso en Toledo por Juan Vázquez -del que hicimos mención con anterioridad- entre junio de 1491 y febrero de 1494. Yo apuntaría, aunque es mera hipótesis, a una fecha cercana a la toma de Granada. El impreso figura en la signatura IA. 53510 de la British Library, pero antes de ser adquirida por astucias sajonas se encontró entre los papeles del abogado barcelonés Pedro Rodríguez de Alcántara, junto con la Revelación de San Pablo, las Coplas de Román y las de fray Ambrosio Montesino, tal y como certifica Plácido Aguiló y Fuster (1888, 21-25).
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La proximidad textual entre la tradición sibilística y la propia de la Pasión quedaba ya clara en los textos latinos, como se deduce de su adyacencia en un dueto dramático recogido en el manuscrito 80 del Archivo de la Catedral de Córdoba (José López Yepes 1977).
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A este respecto es valiosísimo el trabajo minucioso llevado a cabo por Eva Castro (1997).
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Para esta Pasión he utilizado la edición y estudio de Jesús Cantera Ortiz de Urbina (1973). Lateralmente me gustaría significar que la Vie de Saint Léger es coeva de la Passio Christi, aunque el manuscrito en que se conserva haya que datarlo a principios del XI. La escritura hagiográfica es paralela a la pasional, trascendiendo los temas necesariamente comunes para afectar a estilemas concretos o a las elecciones rítmicas.
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Citaré sólo un par de monografías clásicas, donde se pueden leer algunos textos que he seguido para la confección de estas pinceladas: Emile Roy (1974) y Thomas H. Bestul (1996), y secundariamente, Sandro Sticca (1970).
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El libro de F.J.E. Raby (1927) todavía no ha sido sustituido. Una de sus virtudes es la de poder seguir minuciosamente los cambios de sensibilidad, a través de los siglos, ante un fondo de materias amplio pero fundamentalmente idéntico. Muchos de los textos imprescindibles pueden leerse con comodidad en la edición bilingüe de Manuel A. Marcos Casquero y José Oroz Reta (1997).
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Para las primeras véase, por ejemplo, Émile Mâle (1969); para las segundas puede aprovecharse el trabajo de carácter general de José Cazmón Aznar (1949).
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Sólo conozco un estudio que se haya detenido con algún espacio en la comparación entre dos de estas piezas, de Yvonne Yarbro-Bejarano ( 1984) que puede completarse para la parte respectiva a Encina con otra publicación de la misma investigadora (1982).