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La petimetra

Nicolás Fernández de Moratín

[Nota preliminar.Edición digital basada en la edición de Madrid, Oficina de la Viuda de Juan Muñoz, 1762, cotejada con la de Jesús Cañas Murillo, Badajoz, Universidad de Extremadura, 1989.]

A la Exc.ª Señora Doña Mariana de Silva y Toledo, Duquesa de la ciudad de Medina Sidonia, Condesa de Niebla, Marquesa de Cazaza en África, Señora de las almadrabas de las costas de Andalucía, y de las villas de Trebujena, Conil, Chiclana, Vejer, Bollullos, Huelva, y las de su partido: San Juan M Puerto y Aljaraque, de la de Jimena y dozava parte de la de Palos, de la de Gausín y sus lugares, y de la de Almonte, Dama de la Reina difunta, nuestra señora, etc. etc.etc.

Señora.

Conociendo los errores que han advertido los críticos en el teatro español, determiné purgar la Comedia de todas las impropiedades de que comúnmente abundan las nuestras, y así compuse La Petimetra, por el modelo de los más clásicos autores griegos y latinos, italianos y franceses que han merecido el aplauso de toda Europa, y cuyas obras se representan hoy día fuera de España con general aceptación. Sólo me falta una protección poderosa para salir defendido contra la obstinación del vulgo, y así me acojo al auxilio de V.E. suplicando admita este pequeño trabajo con benignidad, que será el último fin de mis intentos. Guarde Dios la vida de V.E. los muchos años que deseo.

Señora

B.L.P. de V.E.

u más humilde y reverente servidor

Nicolás Fernández de Moratín

Disertación

Aunque el arrojarse uno a empeños imposibles con razón es vituperado tan de los cuerdos, suele haber pasiones tan vehementes que, ofuscando el entendimiento, no dejan conocer la temeridad. Yo bien conozco la mía; pero el amor de la Patria puede tanto conmigo que, a trueque de vindicarla en lo que pueda de las injurias de los extraños, me expongo evidentemente a las de los críticos y maldicientes de casa. Bien pudieran excusarme esta afrenta muchos doctos españoles que, con más felicidad, más años, y más estudios que los míos, sabrán perfeccionar la Comedia. Solamente esta proposición era empeño de mayores fuerzas, pues parece blasfemia el decir que, habiendo en el mundo Lope, Calderón, Moreto, Solís, Candamo y otros, haya que añadir perfección a la Comedia; pues lo cierto es que los extranjeros, y algunos naturales, se burlan de las nuestras; y aún ha habido quien afirme que no tenemos una perfecta. Lope dice que escribió seis con las reglas que manda la Arte Poética, con que fuera de éstas, que él no señala cuáles sean, ni a mi noticia han llegado, podemos con licencia suya echar a un lado, por desarregladas, y consiguientemente imperfectas, las muchas que produjo aquel insigne varón. La disculpa que da no me parece digna del grande entendimiento suyo, pues dice que escribió sin el Arte por congeniar con el pueblo y dar gusto al vulgo ignorante; pero yo no puedo creer que, aunque al vulgo le agrade una cosa desarreglada (que no niego que sucede), le desagrade otra sólo porque está hecha según Arte. La razón es clara, y no la hay para que al vulgo le disguste una comedia, o tragedia, sólo porque guarda las tres unidades de tiempo, lugar y acción; y aun al mismo vulgo, que él tanto quiso agradar, le he visto yo muchas veces admirarse de que los niños pequeños se hagan hombres en el teatro, en un tan pequeño espacio, como es el de tres horas, que regularmente dura una representación; y no menos admiración es que un vestido dure treinta o cuarenta años, o más, cuando se supone que los dura una comedia, cosa que he visto notada aun de los más ignorantes, sin más noticia del Arte que la razón natural y el descuido de los actores que hacen más visible la impropiedad con no deslucir un traje en tanto tiempo. Algunos juzgan que los Poemas Dramáticos son como los Épicos o Líricos, que refieren lo pasado, o lo futuro, sin que tenga conexión la duración de lo referido con la suya, pues en cortísimo espacio se pueden referir sucesos de muchos siglos; pero la Comedia, o Tragedia, no refiere lo pasado, sino lo presente, y, aunque sean lances muy antiguos, finge que están sucediendo, y cuanta más propiedad tenga la ficción será mejor la comedia, con que siendo inverosímil que en tres horas se vean cosas que se supone que pasan en muchos años, se sigue que la comedia ni está arreglada al Arte ni a la razón natural.

Así como es impropio que en tres horas se represente una crónica entera, lo es también que se mude la escena veinte, treinta o más leguas de donde se empezó. Esto no necesita de autoridades ni sutilezas para probarse, pues a cualquier hombre de juicio le parecerá imposible ver, sin moverse de un puesto, la fachada del Palacio nuevo, el Capitolio de Roma y la Bahía de Argel. En la unidad de acción se han cometido tantos errores que juzgo que ellos han sido origen de los demás, pues, como han amontonado en las comedias tal multiplicidad de lances, ha sido preciso alargar la duración y alejarse muchas leguas para desatarlos todos. Aquí es donde oigo yo levantarse contra mí la turbamulta de los necios, llamándome atrevido, temerario, sacrílego y blasfemo, enemigo de la Patria, pues digo contra sus hijos semejantes insolencias, habiendo merecido muchos de ellos los mayores elogios de los hombres más insignes del orbe; y, en fin, rematarán diciendo que las comedias, así como están, logran aplauso, y que si querré yo saber más que Lope, ni Calderón, ni otros muchos que levantaron a los cielos las Musas españolas. Pero ni todas esas voces me espantan, ni todos los defensores juntos estiman ni veneran más a nuestros célebres poetas que yo los estimo y los venero. El que le agraden al vulgo las comedias sólo porque estén desarregladas, con licencia del gran Lope, no me parece muy cierto: lo uno, porque el Arte está fundado en la razón natural, y ésta no desagradó a ninguno; y lo otro, además de otras razones, se infiere de la experiencia, porque al vulgo embelesó en la antigüedad el dulcísimo Terencio. No ha mucho que el célebre Molière fue admiración no sólo de los doctos, sino del vulgo de Francia. Hoy día aplaude hasta el vulgo de Alemania, y aun el de toda la Europa, los dramas que da a luz pública el famoso Abate Don Pedro Metastasio. Y el vulgo de toda Italia corre ansioso a los teatros, por ver las comedias que continuamente produce el naturalísimo Goldoni, abogado y poeta cómico veneciano; y, porque no falte ejemplo español, cuenten las alabanzas que han logrado justamente las grandes tragedias de Virginia y Ataulfo del Señor Don Agustín de Montiano, y verán que compiten con sus letras. Aplaudir yo a estos célebres varones es deslucirlos, pues nunca podré hacer más que repetir lo que a una voz pregona el mundo. Sólo digo que escribieron ajustadísimos al Arte y lograron los elogios referidos, con que se infiere de aquí que el Arte no es tan aborrecido del pueblo como le parece a Lope, y que una comedia, por sólo estar según Arte, no será mal recibida. Aquí vuelve otra vez el alboroto, diciendo que, estén o no estén según Arte nuestras comedias, ellas agradan así; pero la respuesta se dará más adelante. Para agradar al pueblo no es preciso abandonar el Arte; y si alguna comedia o tragedia escritas sin él agradan, no es por la precisa circunstancia de que estén desarregladas, pues, si la tal composición tuviera el Arte, sería al doble más aplaudida. No solamente espero impugnaciones de los necios, pero aun de algunos más estudiosos que dirán que yo no escribo nada de nuevo, pues no hago más que repetir lo que dice Aristóteles en su Poética, y lo que han repetido muchísimos comentadores suyos en las más cultas naciones; pero esta impugnación me sirve de defensa contra la que me censure de introductor de novedades, pues nuestros más selectos autores han tocado ya este punto felizmente, y el condenar yo el método de nuestras comedias, no es atrevimiento mío, pues lo confesó primero el mismo Lope de Vega. Cervantes blasfema de ellas. Cascales en sus Tablas Poéticas se ríe. Don Ignacio Luzán, a quien estiman los extranjeros, aun más que los naturales, enseña en su Poética, con admirable doctrina y profunda erudición, todo lo que llevo dicho. Don Gregorio Mayans y Siscar hace lo mismo; y últimamente, el Señor Montiano y Luyando, en el Discurso de las tragedias españolas, hace una severa aunque justísima crítica de los autores españoles que faltaron a estos preceptos; y no es extraño que yo escriba en esta forma, pues no hay enmienda alguna, y las pocas comedias que hoy día salen a luz sacan los mismos defectos, y aun más, que las antiguas, de suerte que parece que ha sido en balde el trabajo de estos grandes hombres, padres de la Patria, y de la española república literaria. Los errores de las comedias españolas son tantos que en algún modo disculpan a los extranjeros, quienes con ridículas mofas y sátiras se han burlado de nuestros grandes autores, sin que les hayan valido tantos y en tan grandes primores como se ven en sus dramas; porque como la obra está mal concertada en todo el cuerpo, no la libra de la crítica alguna parte, por más que no esté dañada. Censura a Plauto Daniel Heinsio porque en el Anfitrión se tarda nueve meses, en los cuales Alemena de Júpiter, su transformado galán, concibe y pare al grande Hércules; y añade, como por burla, que apenas es mayor el período de la Ilíada de Homero que el del Anfitrión de Plauto; y la razón en que se funda es aquella tan sabida de Aristóteles que para la acción dramática sólo concede un día, aunque el Minturno, sin razón, se alarga a conceder dos. Pues ¿qué diría de nuestras comedias este crítico, al ver que se pasan los años, y aun los siglos, sin sentir en el teatro? El célebre Luzán hizo un capítulo aparte de los defectos más comunes de nuestras comedias; y, aunque en algún modo parezca que repito lo que dijo este gran poeta, diré brevemente algunos, sin que por esto se infiera que yo no estimo como debo a nuestros cómicos. La comedia de San Amaro, la de Los siete durmientes, Los trabajos de Adán y Eva, El conde de Saldaña, y otras infinitas, más que comedias se pueden llamar historias representadas, según la duración de sus acciones. La desunión de lugar se nota en las mejores y más bien parladas comedias nuestras, pues hay alguna cuyas tres jornadas se representan en las tres partes del mundo, y me admiro que no hayan puesto cuatro actos para que no quede desconsolada la América; pero ya se acordó de ella el Maestro Tirso de Molina, que en las hazañas de los Pizarros saltó desde Trujilo al Perú, y yo he visto comedia del giro que hizo en el orbe la nave la Victoria, donde es gusto hallarse ya en el Estrecho de Magallanes, ya en las Islas Marianas, ya en las Filipinas, ya en las Molucas y Maldivias, ya en el Cabo de Buena Esperanza, ya en las Canarias, hasta llegar a Sanlúcar, donde se empezó la comedia. En la unidad de acción se puede verificar mejor que en cosa ninguna el gusto estragado del vulgo, que dijo Lope. La culpa de esto, sin duda, la tiene el profundo Calderón, quien con la inmensa fantasía de que pródigamente le dotó naturaleza, amontonó tantos lances en sus comedias que hay alguna que de cada acto, o jornada, se pudiera componer otra muy buena, y el vulgo, embelesado en aquel laberinto de enredos, se está con la boca abierta hasta que al fin de la comedia salen absortos, sin poder repetir toda la sustancia de ella; pero los hombres de juicio, que saben que la Comedia se hizo para corregir las malas costumbres, y que no podemos cumplirlo sin entenderlo, conocen que es superflua e inverosímil toda aquella redundancia, la cual es originada de la libertad, que se toman, en que dure la acción lo que ellos quieren; pues si la redujeran a los límites del Arte, no pudieran en tan poco tiempo desatar tantos enredos, y si alguno lo conseguía, tropezaba con la inverosimilitud, porque es imposible, o, a lo menos, muy extraño, que en un día y en un paraje le sucedan a un hombre tantos acasos. Otras impropiedades, no menores, se notan en nuestras comedias. Sea la primera en la del Cerco de Roma por el Rey Longobardo Desiderio, que estando acampado este pagano a vista de aquella ciudad, ve en sueños a Carlo Magno en Francia, y a Bernardo, que está en España, lo que, aunque no es imposible que pudiera soñar él, lo es que se lo haga percibir visiblemente al auditorio, el cual lo está oyendo todo y viendo desde su asiento tres parajes tan distantes, lo que pudiera haber evitado el autor con hacer referir el sueño en alguna pequeña relación. No es menos duro después aquel paso tan desatento, que sucede en Roma ya acabado de llegar Bernardo, cuyas descorteses fanfarronadas y arrogancias vanas y jactanciosas, impropias en tal lance y en persona de su esfera, más deslucen que acreditan a aquel valiente español. En La Cisma de Inglaterra, el embajador de Francia hace y dice su embajada delante de todas las damas de palacio; y en la de Rendirse a la obligación, otro embajador da su embajada a la Reina en su jardín delante de los jardineros, y uno de ellos (que es un príncipe disfrazado) riñe con el dicho embajador, porque anduvo descomedido con la Reina. Si estos pasos son o no son verosímiles, senténcienlo los desapasionados juiciosos, que yo no quiero cansarme en vano. La altura del estilo sublime de nuestras comedias es censurada también porque hablando, como se supone, los actores de repente, no pueden proferir agudezas tan artificiosas, y sutiles, como se oyen a cada paso, y más debiendo ser personas humildes y plebeyas. Otras impropiedades hay: v. gr. no guardar el carácter del sujeto, de la nación y el siglo en que se supone. Los lances tan frecuentes de las tapadas quiero que los sentencie todo el mundo, y diga cualquiera si no conocería por la voz y por otras mil señales a su hermana o dama o a otra con quien tenga mucha comunicación, y suele haber conversaciones bien largas, y la señora está muy segura, fiada, sólo a la raridad de un manto, sin que la conozca quien continuamente suele estar pensando en ella. La instrucción moral, que es el alma de la Comedia, pocas son las que la tienen, siendo circunstancia esencialísima, porque el fin de la Poesía es enseñar deleitando, y para esto es la Comedia; y hay algunas, que, aunque su asunto principal no es manifiestamente malo, suelen tener algunas cláusulas que pudieran compararse con las de Menandro y Aristófanes, y éste es el motivo por qué han sido perseguidas las comedias tantas veces por varones religiosos, y cristianos, lo que no sucediera si estuvieran según el Arte, que enseña a ultrajar el vicio y a dejar siempre triunfante la virtud. De todo lo arriba dicho se origina una cuestión, y es, si nuestros autores cómicos supieron el Arte, o no. Muchos son de la segunda opinión, y dicen que, si acaso le supieron, ¿cómo no le mostraron en una u otra comedia con distinción, escribiendo alguna en particular para los doctos quien escribió tantas veces para los necios? Pero se acredita de ello quien tal piensa, pues del gran Lope consta que le supo cuando supo distinguir, aun en sus mismas comedias, las unas de las otras. Y aun sin esta razón, ¿quién pudiera persuadirse que un hombre de tan vasta erudición, y doctrina, como Lope, ignorase una cosa tan trivial para quien discurría divinamente en materias más profundas? Una cosa es el capricho y otra la ignorancia, y de ésta no tuvo nada el gran poeta español: él dio en aquel Arte nuevo, y Calderón le siguió como vio la aceptación de las comedias de Lope, que no porque ignoraba el modo de hacer bien una comedia; y lo mismo digo de los demás autores de aquel tiempo, en el cual, aunque no se practicaba, se sabía el Arte en España, pues Cascales le enseña bien. Suelen también decir muchos que si a un poeta le dan por asunto de una comedia la vida de éste, o el otro, que fue larga y de varios lances sucedidos en muy distintos parajes, que es preciso que abandone el Arte para referirlos todos y mude la escena muchas veces; pero a esto responderá el Padre Homero en la Ulisea, y Camoens en la Lusiada, y por todos el gran Virgilio, el cual pone a Eneas en Cartago contando a la reina Dido, por vía de conversación, el incendio de Troya y la causa de sus peregrinaciones, lo que también, como el épico, puede hacer el poeta cómico, y así lo hizo Moreto en El desdén con el desdén, cuando Carlos cuenta a Polilla en aquella relación todas las circunstancias de su amor y la esquivez de Diana, lo que otro poeta no hubiera contado si no lo hubiera hecho ver representado, cansando al auditorio con un año de ingratitudes. Y para que mejor se vea, hagamos un paralelo de dos comedias escritas a un mismo asunto, que es la fidelidad de Temístocles: la una es española, cuyo autor, sin perder de vista la historia (no por seguir la verdad, pues algunas veces que no importa la abandona), considerando que la injuria que le hicieron fue en Atenas, empieza allí la acción, y luego se viene a Persia, en cuyo viaje y sucesos con Jerjes gasta muchísimo tiempo y mil impropiedades y bufonadas del gracioso, violentas en tan serio espectáculo: él hace dos comedias en una, faltando notablemente a la unidad de lugar y a otros primores del Arte; pero el grande Metastasio que los sabe todos, imitando al escultor, que de un tronco de diez varas hace una estatua de dos, arrojando lo inútil, echó por el atajo, y puso a Temístocles en Susa, corte de los reyes de Persia, y en aquel día mismo acaba toda su acción con admirable artificio, informando al auditorio de todo cuanto conduce a aquel intento. Vistas las circunstancias de la historia, y la comedia primera, parece que no se podía componer de otro modo. Pues miren como le halló el Arte para hacerlo más hermoso, más natural y verisímil. Otra perfección encuentro en este drama, y es que Temístocles halla a su hija Aspasia en aquel mismo día en Persia, y admirado la pregunta cómo fue allí su venida, a lo que ella responde en pocas palabras que fue arrojada de una tempestad. Cuya respuesta, si hubiera quedado a cargo de otro poeta, olvidado del lance lastimoso y de la prisa en que se hallaban, hubiera hecho a la muchacha pintar una borrasca tan furiosa, con tales coloridos, que no la compitiera Ovidio, Lucano, Virgilio, Estacio, Séneca, Homero, ni Camoes. No hubiera dejado nombre náutico que no la hiciese decir por ostentarse erudito; pero Metastasio conoció que la mayor erudición era pintar aquel lance como pudiera haber sido, y así le sacó muy natural. Ahora vuelve la pregunta a que ofrecí responder, y es que ¿cómo aunque están sin Arte agradan tanto nuestras comedias? A esto digo sin lisonja: que ¿a quién no ha de agradar y embelesar por extremo aquella prodigiosa afluencia, tan natural y abundante, del profundo Calderón, por cuya dulce boca hablaron suavidades las Musas? ¿Quién no admira la discreción de Solís, de Don Francisco de Rojas, de Don Agustín Moreto, de Candamo, de Montalbán, y otros muchos? Y qué hombre habrá tan idiota, que no admire absorto la facilidad natural, y la elegancia sonora del fecundísimo Lope, el cual fue tan excelente en lo lírico que no cede ventajas al Petrarca. En lo heroico fue sublime. Hable su Jerusalén y callará la de Tasso, pues (exceptuando el orden y disposición) tiene cosas tan altas y divinas que al haberlas escrito un forastero, las trajeran los españoles continuamente en la boca. Allí se ve aquel furor arrebatado y encumbrada fantasía que constituye el numen de los verdaderos poetas y los distingue de los versificantes y coplistas. No es de mi asunto hacer cotejos, pero tiene muchos pasos iguales a la Eneida, y algunos que la exceden; y si le oyera cantar sus divinos versos, le hiciera reverencia el gran Virgilio. Esto que digo ingenuamente es para que se vea el justo aprecio que yo hago del mérito y la virtud, y que yo no he concebido ningún odio ni envidia contra tan insignes hombres, los cuales abandonaron el Arte, que no ignoraban, solamente por capricho y novedad, y esto ha sido lo que les ha quitado la estimación entre los doctos, porque, aunque en las mismas comedias desarregladas se encuentran cosas altísimas, sucede lo que en una ciudad mal dispuesta, que, aunque tenga edificios suntuosísimos, todos se lastiman de verlos mal empleados en semejante paraje; y no son todas las comedias totalmente imperfectas, pues hay muchas que, si no son buenas, lo quedarán con poquísimo reparo; v. gr. Los empeños de un acaso; Antes que todo es mi dama; El amor al uso; También hay duelo en las damas; Mejor está que estaba; No siempre lo peor es cierto; El esclavo en grillos de oro; El tramposo con las damas; y otras, de las cuales hay alguna que, con sólo quitarla o añadirla una palabra, quedaba perfecta. Sólo resta dar un ejemplar y ver si se pueden poner en práctica las reglas de esta teórica. Muchos célebres en ésta no han acertado en aquella: yo no pienso haberlo conseguido en una ni en otra; pero mi intento no es el de enseñar que no me juzgo capaz de eso, sino el de excitar para que algún docto español perfeccione con más juicio lo que yo empiezo. Por ahora presento La Petimetra, de la cual quisiera hacer una desinteresada crítica, pero el miedo de que juzguen apasionado me detiene, sólo advertiré de paso algunas cosas, y así digo que el sujeto me parece propio y el asunto natural para lo cómico. Heme apartado de los comunísimos que tenemos, donde todos son enamorados, duelistas y guapetones; pero tampoco lo he olvidado del todo, por ser del gusto y carácter de la nación. El de la petimetra Doña Jerónima, si no está más exprimido, fue por no alargar la comedia. La instrucción moral está patente, sin que haya multitud de sentencias, por no incurrir en el delito de Séneca. La acción se representa en Madrid; y, aunque algunos autores, y entre ellos Pedro Cornelio, permiten que una comedia se represente en una ciudad y en sus contornos, yo no he querido usar de tanta licencia. Nuestro Luzán dice que en distintos parajes de una ciudad se puede hacer la comedia, porque le parece inverosímil que en uno sucedan todos los lances; pero sin que, a mi parecer, se note inverosimilitud ni violencia, he logrado colocarla no en el ancho circuito de Madrid, ni en una casa, sino en una pieza particular, donde tiene el tocador Doña Jerónima, y de allí no se sale un paso, ni aun al cuarto de más afuera, y esto es lo que con propiedad debe llamarse unidad de lugar. La de tiempo está guardada tan fielmente que no se tarda en la acción más de lo que pueda tardar en representarse, de suerte que su duración no pasará de tres horas; y, aunque pudiera alargarla por todo el giro o período del sol que da Aristóteles, he querido sujetarme a lo que es más natural: y, aunque está ya recibido, si se mira con rigor, no dejará de ser violento que lo que pasa en ocho o diez horas pueda reducirse a tres, pero yo no intento quitar esta libertad. No imagine nadie hallar en mi comedia tantos enredos como en otras, pues el tiempo ni el paraje inmutable no lo permiten, ni fueran verosímiles tampoco. Menos se encontrará aquel estilo sublime y elegante, pues yo nunca le tuve, ni aunque le tuviera le usara en la humildad de una comedia. Todo su contexto me parece verosímil y creíble. Que tenga algunas faltas, ni lo niego ni lo dudo, porque no soy ángel; pero se la pueden suplir por las demás circunstancias que tiene, pues, sin que sea vanagloria, juzgo que pocas comedias observarán los preceptos tan religiosamente. Esto no es decir que yo sea más que Lope, ni Calderón, ni Solís, a quienes venero mucho, y también lo hacen, aunque con disimulo, los de afuera, pues algunos conceptos suyos he notado yo traducidos, con particular gusto mío, en las comedias extranjeras. Para corregirme mis defectos no es menester sátiras ni apodos. Yo le agredeceré infinito a cualquiera que, mejor informado, me advierta mis descuidos, y públicamente le confesaré por mi maestro, pues yo no tengo vergüenza de aprender, y agradézcame la patria mi intención, pues yo por defenderla me expongo: si no lo he conseguido, fue al menos noble el intento, y será feliz, si algún docto compatriota, estimulado, corona con perfección lo que yo empecé toscamente, que lo conseguirá sin duda.



PERSONAJES

DON DAMIÁN.
DON RODRIGO, su tío.
DON FÉLIX.
ANA,criada.
DOÑA JERÓNIMA.
MARTINA,criada.
DOÑA MARÍA.
ROQUE.

La escena se representa en Madrid, en el cuarto de DOÑA JERÓNIMA.

Jornada primera

Sale DON DAMIÁN y DON FÉLIX.

DAMIÁN
Que esperemos aquí un poco
la criada respondió.
FÉLIX
Bien digo, Don Damián, yo
que vos debéis de estar loco.
Cuando acabo de llegar
5
hoy desde Valladolid,
apenas entro en Madrid,
¿y ya me hacéis visitar?
DAMIÁN
Presto, Don Félix, veréis
que tenéis que agradecerme.
10
FÉLIX
Pues si queréis complacerme,
y si obligarme queréis,
dadme cuenta, Don Damián,
de lo que queréis de mí,
y a qué venimos aquí,
15
¿qué casa es esta, qué afán
es el que tenéis con vos?
DAMIÁN
Don Félix, yo os lo diré;
pero primero veré
si estamos solos los dos.
20
FÉLIX
Solos parece que estamos.
DAMIÁN
Pues atended.
FÉLIX
Ya os escucho.
DAMIÁN
Bien sabéis que habrá tres años
que a Valladolid partisteis,
con harto pesar de entrambos,
25
a estudiar, y bien sabéis
cuan libre yo de los lazos
viví con que amor enreda
los jóvenes descuidados.
Pues no ha, Don Félix, tres meses
30
que una mañana en el Prado,
al pie de un árbol sentada,
del fresco ambiente gozando,
hallé una dama tan bella
que no cabiendo en el labio
35
su perfección no la pinto,
pues, siendo hermoso milagro,
la apoco si la exagero,
la ofendo si la retrato.
Valido de la ocasión,
40
con el sombrero en la mano,
disimulando lo amante
con muestras de cortesano,
la hablé. Respondió discreta
y afable, mas no es extraño,
45
siendo discreta, que huyese
del vulgar grosero trato
de aquellas que encubrir quieren
la necedad con lo ingrato.
Acompañéla a su casa,
50
y inquiriendo y preguntando,
llegué a saber finalmente,
por los vecinos del barrio,
que es la dama por quien muero,
y en cuyos ojos me abraso,
55
Doña Jerónima Pérez,
en cuya casa hoy estamos.
Es tanta su bizarría,
su perfección y su garbo,
que es lo menos su hermosura,
60
con tenerla en sumo grado.
Aquel andar tan airoso,
aquel chiste y desenfado,
aquel primor con que juega
de la basquiña y el manto.
65
Su discreción, su gracejo,
la invención de su tocado,
el buen gusto en el vestir,
y del vestido lo extraño,
admiración de la Corte
70
es, y aun de la España; y tanto,
que ya por antonomasia
(sin hacer cuenta ni caso
de tan bellas damas como
tiene el recinto mantuano).
75
La Petimetra la llaman,
título con que se ha alzado,
y en Madrid es conocida.
Discurre tú por un rato
cuál será la que hace raya
80
en pueblo tan dilatado.
Y aun te aseguro, quisiera
no fuese su primor tanto,
por el peligro que tiene
lo culto con lo afectado.
85
Es su dote, cuando menos,
diez y siete mil ducados,
según ella me lo ha dicho.
Doña María Fajardo
es su prima, y ambas juntas
90
viven en un mismo cuarto;
pero es de Doña María
tan circunspecto el recato,
que ni aunque la hablen permite;
y es su genio tan cerrado,
95
cuanto abierto el de su prima;
y en mí su modestia ha obrado
ocultamente, de suerte,
que, aunque estoy enamorado
de Jerónima, si el dote
100
fortuna hubiera trocado,
me trocara yo también,
que la hermosura echó el fallo
en su rostro, y a gastar
el adorno y aparato
105
de estotra no fuera menos,
pero, pues así los hados
lo quieren, perdone el mundo,
que a Jerónima idolatro.
A las dos las cela un tío,
110
tan ridículo abogado
que, si por algún descuido
nos hallara en este cuarto,
con ambas primas por fuerza
nos casáramos entrambos;
115
y por saber que a estas horas
Don Rodrigo está estudiando,
vengo, porque por de noche
ni a la tarde es excusado,
según la gran vigilancia
120
con que las está guardando,
pues no hay Mercurio que baste
para adormecer tal Argos.
FÉLIX
Cierto, Don Damián amigo,
que admiración me ha causado.
125
DAMIÁN
Pues aún es más lo callado,
Don Félix, que lo que digo.
FÉLIX
Me hace admirar el saber
que es Don Rodrigo su tío.

(Sale MARTINA.)

MARTINA
Usted y este señor mío
130
irse pueden y volver
como de aquí a media hora.
DAMIÁN
Pues ¿qué hay de nuevo, Martina?
MARTINA
Que mi ama está en la cocina,
y en la cama mi señora.
135
DAMIÁN
¿Tu ama y tu señora?, di,
¿cuál es tu señora y tu ama?
MARTINA
Con la cocina y la cama
juzgo que lo distinguí,
pues ¿quién hay que en buena cuenta
140
no saque por conclusión
que todas las amas son
cual la puerca cenicienta?
Y, siendo esto último en casa,
Doña María, a fe, a fe
145
que no hay duda alguna en que
del grado de ama no pasa;
mas a estotra es disparate
el no llamarla señora,
su prima la llevó ahora
150
a la cama el chocolate,
y va a empezarse a vestir.
DAMIÁN
Pues adiós, Martina.
FÉLIX
Adiós...

(Vase.)

MARTINA
Tengo para entre los dos
una cosa que decir.
155
DAMIÁN
Y ¿qué es?
MARTINA
Una friolera,
si usted no lo tiene a mal.
DAMIÁN
¿Yo? No, por cierto; di, ¿cuál
cosa quieres?
MARTINA
Yo quisiera
un peso gordo, señor,
160
que tengo de menester.
DAMIÁN
Pues ¿qué te quieres hacer?
MARTINA
Un delantal de labor,
y aún no se ha cumplido el mes,
y no le quiero pedir.
165
DAMIÁN
Pues que tengo que venir,
yo te le daré después.
MARTINA
Pues ¿qué mejor ocasión,
si es que tenéis voluntad?
DAMIÁN
Estoy de prisa.
MARTINA
En verdad,
170
que aquellas disculpas son.
DAMIÁN
¿Qué son?
MARTINA
Ganas de no darle.
DAMIÁN
¿No te he dicho ya que sí?
MARTINA
El equívoco entendí.
DAMIÁN
No tienes que interpretarle.
175
Adiós, hasta luego.
MARTINA
En humo
verle quisiera volver.
Y ¡que haya simple mujer
que a galán que no da zumo,
por más que le aprietan, quiera,
180
y por él esté muriendo,
siendo un Don Juan Pereciendo,
sin blanca en la faltriquera!
Y ¡que esta mujer se muera
por aqueste mentecato,
185
paseante y almirantero,
viga derecha y pelmazo!
Sí, señor, mucho galón,
que ayer lo desechó el amo,
mucha vuelta con festón,
190
buena media y buen zapato,
sombrero fino, y la capa
con tanto terciopelazo,
espadín preso al ojal,
cual venera o relicario;
195
y todo esto ¿en qué se funda?,
en que soy Don Damián Pablos,
escribiente de un señor,
con ración de nueve cuartos,
acribillado de trampas
200
a puro pedir prestado
y andar engañando bobas
con fingidos mayorazgos.
Pero, a fe, que de los dos
no sé cuál más engañado
205
será, porque la tal dama,
sin ser juicio temerario,
entre veinte compañeros
valdrá cuatro o cinco ochavos
ella, su dote y su ropa.
210

(Sale DOÑA MARÍA.)

MARÍA
¿Qué estás ahí, Martina, hablando?
¿Quién era aquel forastero
que con Don Damián ha estado?
MARTINA
Yo no se lo he preguntado.
MARÍA
Pues yo de su traza infiero
215
que es hombre de calidad.
MARTINA
¿En qué lo conoce usted?
MARÍA
En su porte.
MARTINA
Conoced
quién es él por su amistad.
MARÍA
Pues, ¿qué amistad es la suya?
220
MARTINA
La del que le trajo aquí.
MARÍA
Yo nunca en mi vida vi
libertad como la tuya.
MARTINA
¿Qué es libertad? No, señora,
bien la pura verdad ves,
225
porque cual la amistad es,
tal es el amigo ahora.
Y él será, aunque es tan galán,
siendo de su mesmo estambre,
un Don Rabiando de hambre,
230
como el señor Don Damián.
MARÍA
Calla, no lo oiga mi prima,
que sale.
MARTINA
¡Y con qué alborozo!
MARÍA
No me parece mal mozo.
MARTINA
Dale.

(Salen al tocador DOÑA JERÓNIMA y ANA.)

JERÓNIMA
Tengo en mucha estima,
235
Anita, ese pitibú;
anda y búscamele tú.

(Vase ANA.)

MARTINA
¿No era mejor la cofieta
con cinta del cigarrito?
JERÓNIMA
No, que me la puse ayer,
240
y hoy ponérmela es delito.
MARTINA
Pues ¿qué importa?
JERÓNIMA
Mentecata,
¿te has criado en las Batuecas?
Dime, ¿dónde has visto tú
que una mujer de mis prendas
245
use dos veces seguidas
una cosa mesma?, que eso
se estilará en tu lugar,
donde todo el año entero
la propia saya y jubón
250
trae la mujer del Alcalde,
y, si no lo halla de balde,
no se muda ni un cordón.
Mas yo que tal cual me veo,
a Dios gracias, poderosa,
255
¿por qué he de usar una cosa,
como tú dices, arreo?
MARTINA
Es que el buen gusto pudiera
ese defecto suplir.
JERÓNIMA
No hay gusto en el repetir.
260

(Sale ANA.)

ANA
Juzgué que con él no diera,
según estaba escondido,
pero en fin ha parecido.
JERÓNIMA
¿Y el espejo?
ANA
Ya está aquí.
JERÓNIMA
Oyes, me parece a mí
265
que más limpio puede estar.
ANA
Pues ¿cómo le he de limpiar?
JERÓNIMA
¿Cómo has de limpiarle?, así.

(Límpiale.)

¿No ves esas listas anchas?,
¡qué curiosidad tan pura!;
270
así a mí se me figura
que tengo el rostro con manchas.
ANA
Yo bien le limpié.
JERÓNIMA
¿Qué Altercas?
¡No es cierto, para rabiar,
no poderse bien peinar
275
por el tesón de estas puertas!
¡Que tal necesidad reine,
en un siglo tan contrario,
que he de pagarla un salario
no más de porque me peine!
280
Y está con su habilidad
tan vana la tal criada
que hace esto y no hace más nada;
pues por cierto, y por verdad,
que veinte reales al mes,
285
dos cuartos que almuerzo llama
y los desechos del ama
moco de pavo no es.
Y esto de que es menester
estar por fuera decente
290
es lo que te hace insolente
y te hace ensobebecer.
Ahora digo, y con razón,
habiendo en vestir tal norma,
que las mujeres de forma
295
tenemos gran sujeción.
¿Vamos a peinar?
ANA
Señora...
Si usted sabe que en peinar
no la pudo contentar
otra criada hasta ahora,
300
y que luego que yo entré,
sin ser esto vanidad,
con mi grande habilidad
toda la Corte admiré,
¿para qué es tanto rigor,
305
por un descuido no más?
JERÓNIMA
¿Cuándo tú refrenarás
el pico tan hablador?
ANA
¿Pues no me has de permitir,
ni hablar con modo debido,
310
habiéndote merecido
(déjamelo ahora decir)
la confianza tan grande
que no a todas se la dan
del amor de Don Damián?
315
JERÓNIMA
Ya recelo yo que ande
bien en tu boca mi honor,
mas ¡desdichada de ti!
ANA
No receles tal y di,
sin lisonja ni favor,
320
en acertarse a peinar,
y en ponerse el pitibú,
¿hay alguna como tú?
JERÓNIMA
No te lo puedo negar.
ANA
Ni negarás que tu porte
325
es ya por mi aplicación
envidia y admiración
de las damas de la Corte.
JERÓNIMA
Cierto.
ANA
Y si más se penetra,
según todo el mundo vio,
330
desde que te peino yo,
te llaman la Petimetra.
JERÓNIMA
Es verdad.
ANA
Pues si es ¿por qué
al punto te has de enojar,
en oyéndome parlar
335
cualquier cosa?
JERÓNIMA
Me enojé
no tanto por lo que hablaste
como que, por tu descuido,
lleno de polvo y torcido
el espejo me sacaste,
340
y no es modo de servir
este.
ANA
No me riñas más
y aplaude otras prendas mías.
JERÓNIMA
Y tantas habladurías,
¿a qué asunto las dirás?
345
ANA
Dígolo, porque pudiera
darme alguna estimación
el tener con perfección
mi habilidad peluquera.
Y no es eso solamente
350
lo que en mí se encontrará,
porque otra ninguna habrá
que pueda poner decente
con menos costa a su ama,
pues de cualquier trapo viejo
355
formado un vestido dejo,
digno de la mejor dama,
que los vestidos de hoy día
no son de coste, señora,
porque sólo se usa ahora
360
hojarasca y policía;
y los pocos que tú tienes
(ahora que solas estamos)
bien sabes que siempre andamos
mudándolos.
JERÓNIMA
Te entretienes
365
más de lo que es menester.
ANA
Porque parezcan distintas
ya guarniciones, ya cintas.
JERÓNIMA
¡Qué habladora estás, mujer!
ANA
En la bata.
JERÓNIMA
Déjalo.
370
ANA
En la basquiña y la falla.
JERÓNIMA
Vamos a peinarme y calla.
ANA
Pero todo lo hago yo.
JERÓNIMA
Sí, mas tráeme el peinador.
ANA
Ya le tengo aquí, señora.
375
JERÓNIMA
Anita, digo que ahora
quitarme el bello es mejor,
antes que venga más gente.
ANA
Pues qué, ¿no se quitó ayer?
JERÓNIMA
No importa, que da en crecer,
380
y apenas tengo los veinte;
trae el vidrio, si te place,
si no con pez o con cera.
ANA
Tengo mi madre vellera,
¿y no sabré cómo se hace?
385
JERÓNIMA
Mas calla, que Mariquita
ya con sus ridiculeces
viene aquí.

(Sale DOÑA MARÍA.)

MARÍA
¡Jesús mil veces!
¿Es posible, Jeromita,
que a estas horas sin vestir
390
estés en el tocador,
sin ponerte a hacer labor
ni quererte persuadir
a que tanto señorío
como el tuyo no está bien,
395
ni le corresponde a quien
a expensas vive de un tío?
Ya sabes que la fortuna
hoy me tiene reservados
diez y siete mil ducados,
400
y que a ti más importuna
te miró; no te alborote,
pues no es vileza infamada
el que una doncella honrada
lleve en honor todo el dote;
405
y tú no contenta, prima,
con andar vociferando
que es tuyo, me estás tratando
con desprecio y sin estima.
Ya ves que tú no haces nada,
410
y yo siempre cocinera
te sirvo, como si fuera
la más indigna criada.
Pues no, prima, no es razón,
que la que ha de ser mujer
415
de todo debe saber,
del estrado y del fogón.
Bien sabes que nuestro tío
muy agrio contigo está,
y por eso te habla ya
420
con despego y con desvío.
Todos se burlan de ti,
y tú lo juzgas favor,
que el celebrarte el humor
es chanza que se usa aquí.
425
JERÓNIMA
Bueno es eso; tú quisieras
que una puerca fuera yo,
y que me arrastren o no
calandrajos y arpilleras,
arpillera y calandrajos
430
fuesen mi adorno y mi tren,
y que llevara también
por defuera los zancajos.
Quisieras que yo anduviese
con tanto moco colgando
435
y que con los pies andando
hiciera una y otra ese.
Que llevara el delantal
arrastrando por un lado,
y del otro levantado
440
con las rodillas igual.
Quisieras que me peinara
en bolsa, moño o rodete,
o que anduviera el copete
ofuscándome la cara.
445
Que el manto sin punta fuese,
como viuda o alcahueta,
y una cola de bayeta
con que las calles barriese.
Quisieras...
MARÍA
No quiero nada;
450
entendámonos, mujer,
que un medio se ha de escoger,
y está la riña acabada.
Pues ni tanto ni tan poco
es lo que te pido yo;
455
lo sucio no me gustó,
ni mirar colgando el moco.
JERÓNIMA
Una parte la limpieza
es de la buena crianza.
MARÍA
Cierto, y merece alabanza
460
de alma y cuerpo la pureza.
JERÓNIMA
Pues ¿qué tienes que notar?
MARÍA
El exceso.
JERÓNIMA
No hay exceso
en mí, porque para eso
Dios me quiso destinar
465
buenos padres.
MARÍA
Pues a mí
¿tan malos me los ha dado?
JERÓNIMA
No, pero tú has declinado
al paso que yo subí.
MARÍA
¿Declinar yo?, ¿qué motivo
470
para una razón como ésta
he dado yo?, ¿por ventura
conservarás tu nobleza
con pompa y con vanidad,
sin tener de dónde venga?
475
¿Afrento yo a mi linaje
porque vivo con modestia,
decente, no escandalosa,
bien limpia, y no deshonesta?
¿Tan grande es mi desaseo
480
que, si el tiempo que tú empleas
en tocarte, le gastara
yo en la mesma diligencia,
no hiciera bien mi papel
por cualquier parte que fuera?
485
¿No te corres, prima mía,
de que te traigan en lenguas,
llamándote todo el mundo
a una voz la Petimetra?
Y es lo peor que tú juzgas
490
que es honra para ti inmensa
lo que tuvieran por nada
las loca maravilleras.
¡Qué título tan famoso!
Por cierto, que, si tuvieras
495
juicio y discurso, la cara
de empacho te se cayera;
pues a mí aun el ir contigo
me da temor y vergüenza,
porque todos son fantasmas,
500
poses, visajes y muecas.
Y yo no sé qué interés
tan vano es el que te lleva
por ese hombre vagabundo,
pues si quien es consideras,
505
verás que lo menos malo
que tiene es suma pobreza,
poco dinero, mucha hambre,
y más aire en la cabeza.
El de ti se está burlando,
510
y, como te lisonjea,
entiendes que es discreción
lo que es solapa y cautela.
Y esta criada, que el diablo
trajo porque tú te pierdas,
515
es la que tiene la culpa
de las más de tus simplezas.
Ella con sus embelecos
te embrolla, y...
ANA
Señora, buenas
noticias, por vida mía,
520
pues no, yo no aguanto de esas
si imagina que en Madrid
me faltará conveniencia;
pues tasadamente en casa
de cuatro o cinco duquesas
525
me están rogando que vaya
con mucho empeño, y, si fuera,
allí me celebrarían
lo que aquí me vituperan

(Sale MARTINA.)

MARTINA
Señora, Don Damián viene
530
JERÓNIMA
Pues lo que mi amor te ruega,
Mariquita, es que te acuerdes
que naciste con prudencia.
MARÍA
¿Viene aquel otro también?
MARTINA
Sí, señora.
MARÍA
No, no temas,
535
que una cosa es estar solas
y otra haber gente de fuera.
MARTINA
Aprisa, que está esperando.
MARÍA
Dile que entre.
JERÓNIMA
Di que venga.
MARTINA
Voy.

(Vase.)

JERÓNIMA
Al instante, al instante,
540
Anita, limpia esa mesa,
arrima esos taburetes,
corre esa cortina apriesa,
quita de allí aquella jarra
y eso que emporcó la perra,
545
llévate ese candelero
y las despabiladeras,
y venga quien venga ahora.

(Dentro MARTINA, DON DAMIÁN y DON FÉLIX.)

MARTINA
¿Y aquello?
DAMIÁN
No has de ser necia.
MARTINA
Pues ¿no dijo usted que luego?
550
DAMIÁN
Es verdad.
MARTINA
Pues vaya.
JERÓNIMA
¿No entra
el señor Don Damián?
DAMIÁN
Sólo.

(Salen.)

esperaba esa licencia.
JERÓNIMA
Dichosos, señor, los ojos
que os ven.
DAMIÁN
Muy en hora buena,
555
pues, siendo los vuestros, pido
para ellos dichas eternas.
JERÓNIMA
Discreto venís.
DAMIÁN
Señora,
ya todo el mundo confiesa
que lo soy, no porque en nada
560
mis estudios lo comprueban,
mas por ver cuán acertada
es mi elección, pues venera
vuestras órdenes.
JERÓNIMA
Mil gracias.
Tomad sillas.
FÉLIX
La obediencia
565
disculpe la confianza.
JERÓNIMA
Y, aunque curiosidad sea,
propia en nosotras, sepamos,
si no hay cosa que lo veda,
quien es este caballero.
570
MARÍA
Eso mi atención espera.
FÉLIX
Vuestro esclavo.
JERÓNIMA
Señor mío.
DAMIÁN
Es Don Félix de Contreras,
que de Valladolid vino
hoy, y amistad muy estrecha
575
profesamos, y, fiado
yo en la benignidad vuestra,
me tomé el atrevimiento
de traerle.
JERÓNIMA
Y desde hoy sepa
que es muy suya aquesta casa.
580
FÉLIX
Para acudir siempre a ella
a ofrecer mis rendimientos
como debo.
MARÍA
A poseerla.
JERÓNIMA
Y ¿qué os parece la Corte?
FÉLIX
No es para mí cosa nueva.
585
JERÓNIMA
¿Habéis otra vez estado?
FÉLIX
Señora, si nací en ella.
JERÓNIMA
Pues no extrañaréis tampoco
de hallarme a una hora como esta
tan indecente; y es cierto,
590
que así estar yo no debiera,
viniendo a favorecerme
vos.
FÉLIX
De cualquiera manera
estáis digna del aplauso,
del obsequio y reverencia
595
del mundo.
JERÓNIMA
Es favor que os debo.
FÉLIX
No es en mi favor, que es deuda.
MARÍA

(Aparte.)

(¡Válgame Dios, qué razones
tan sentadas y discretas!)
JERÓNIMA
¿Os habéis desayunado?
600
DAMIÁN
Ya está hecha esa diligencia.
JERÓNIMA
Trae, Martina, el chocolate.
DAMIÁN
Hablemos de otra materia.
JERÓNIMA
De la que gustareis vos.

(Sale ROQUE.)

ROQUE
Buenos días; la lavandera,
605
señor, pide aquellos cuartos.
DAMIÁN
¡Que ahora con eso te vengas!
ROQUE
Pues ¿no he de venir si dice
que tiene el marido en pena,
con dos potras y una hernia,
610
y no puede trabajar?
DAMIÁN
Anda, ve y dila que vuelva
otro día, y no me enfades.
MARTINA
Roque, cuidado si cuentas
a alguien que tu señor viene
615
a ver a mi ama.
ROQUE
Necia,
tú serás la que lo diga.
MARTINA
No, por cierto, no lo creas;
sé yo callar de mis amas
cosas mayores que no éstas.
620
ROQUE
Y yo también de mis amos.
MARTINA
Secreto eres.
ROQUE
Tú secreta.
DAMIÁN
Si al instante no te vas,
te he de romper la cabeza.
ROQUE
Si así dieses los almuerzos,
625
y por las noches las cenas,
no ayunara yo al traspaso
eternamente.
DAMIÁN
¿Qué rezas?
ROQUE
El pan nuestro dánosle hoy,
y perdona nuestras deudas.
630
DAMIÁN
Anda, infame.
ROQUE
Usted, señor,
quede con Dios.

(Vase.)

JERÓNIMA
Gasta flema,
que no hay diablos que le aguanten.
DAMIÁN
Que me perdonéis es fuerza
su ignorancia.
FÉLIX
A vos, señora,
635
os servimos de molestia.
JERÓNIMA
¿Por qué?
FÉLIX
Porque no os peináis.
JERÓNIMA
Fuera ello mucha llaneza.
FÉLIX
Pues estotro es despedirnos.
JERÓNIMA
Pues, por no perder tan buena
640
conversación, peinaréme,
puesto que me dais licencia.
Anita, vamos.
ANA
Las flores
de la última moda estas
que traigo son.
JERÓNIMA
¿Qué os parecen?
645
DAMIÁN
De buen gusto.
FÉLIX
Son muy bellas.
JERÓNIMA
¿Lo hacéis por no disgustarme?
DAMIÁN
No, señora, aunque no fueran
buenas de por sí, es muy cierto
que a ser célebres empiezan,
650
cuando esperan verse ufanas,
siendo airón de tu cabeza.
JERÓNIMA
Si en otra acaso estuviesen,
bien sé yo que os parecieran
algo mejor.
DAMIÁN
Si en el cielo,
655
transformadas en estrellas
las viese resplandecer,
como la Lira y la Flecha,
no las estimara más.
JERÓNIMA
Bien sé que otra cosa os queda.
660
DAMIÁN
Queda mucho que decir,
que, si explicarlo pudiera,
o hacer mi razón visible,
ciertamente que no oyera
de tu boca lo que escucho.
665
JERÓNIMA
Que me picas.
ANA
Si es que no entra
ese alfiler, y es por eso.
DAMIÁN
Porque en mi fe verdadera
no se trasluce mentira
ni ficciones.
JERÓNIMA
¡Que me aprietas!
670
ANA
Si es que no tienes oyendo
muy segura la cabeza.
JERÓNIMA
Pues ¿cómo la he de tener?
ANA
Siquiera un instante quieta.
JERÓNIMA
¿Qué os parece a vos, Don Félix,
675
las disculpas, si son buenas,
de vuestro amigo?
FÉLIX
Señora,
que ni la hay ni puede haberla
juzgo para no estimaros
únicamente en la tierra.
680
JERÓNIMA
Pues él no es de esa opinión.
FÉLIX
Dudo yo que cierto sea.
JERÓNIMA
¿Por qué?
FÉLIX
Porque no imagino
que haya en el mundo tan necia
ingratitud que, logrando,
685
no digo correspondencia,
que esto es mucho, sino oídos
de vos, atrevido tenga
ánimo para mirar
en el mundo otra belleza.
690
Yo, a lo menos, si lograra
tal favor, que no lo espera
ni mi indignidad humilde
ni mi encogida modestia,
girasol eterno vuestro
695
arrebatado viviera,
y absorto en contemplación
de cuanto Naturaleza
apuró para formaros.
JERÓNIMA
Pues aquí está quien desprecia
700
todo lo que alabáis vos.
DAMIÁN
No me apuréis la paciencia,
que eso es ya desesperarme,
con vuestras palabras mesmas
y las de Don Félix tengo
705
de mostrar con evidencia
lo que os amo: vos decís
(bien lisonja o verdad sea)
que soy discreto.
JERÓNIMA
Y lo afirmo.
DAMIÁN
Don Félix que sois perfecta
710
acaba de confesar.
FÉLIX
Lo confesará y confiesa.
DAMIÁN
Luego siendo yo discreto,
como vos decís, es fuerza
que ame lo que confesáis
715
vos que es perfecto, pues fuera
necia discreción la que
la perfección no quisiera.
JERÓNIMA
¡Qué me tiras!
ANA
Como estás
embebecida y suspensa,
720
no juzgué que te tiraba.
JERÓNIMA
Me das tormento de cuerda,
afloja, por Dios, un poco.
DAMIÁN
¿Es a mí?
JERÓNIMA
No, sino a esta
tonta, que me mortifica.
725
DAMIÁN
¿No me volvéis la respuesta?
JERÓNIMA
¡Ah!, sí; ya no me acordaba.
DAMIÁN
¡Válgame el cielo, qué pena!
¡Que haya de haber siempre acasos,
que mis fortunas alteran!
730
JERÓNIMA
Hay argumentos, señor,
que, si sólo a lo que suenan
se atiende, parecen claros,
pero, si se hace refleja,
se experimenta que algunos
735
en la práctica falsean;
y así, señor Don Damián,
aunque la discreción vuestra,
con sofísticos engaños
me persuada que me quiera,
740
más que de favores, lleno
de invenciones y agudezas,
lo que prueba el silogismo
falsifica la experiencia.
FÉLIX

(Aparte.)

(Esta mujer habla como
745
si cursase las escuelas.)
MARÍA

(Aparte.)

(Nunca vi, por mi desgracia,
a mi prima tan discreta.)
JERÓNIMA
¿No respondéis?
DAMIÁN
Sí, señora.
Estaréis muy satisfecha
750
de que me habéis convencido;
pues, sólo porque se vea
que no, reparad, señora,
la artificiosa elocuencia
con que me injuriáis, pues cierto
755
es que en cualquiera materia
donde luce el artificio
se trasluce la cautela.
Si el corazón vuestro herido,
como tengo yo, tuvierais,
760
si enajenados tuvieseis
los sentidos y potencias,
no estuvieran tan expertos
para con tanta presteza
persuadir lo que no es,
765
haciéndome a mí que crea
lo que tu boca me dicta,
aunque el alma me lo niega;
y así, de esto inferiremos,
con tu permiso y licencia,
770
que muy discreta anduvistes,
pero no muy verdadera.
MARÍA
Grandemente se disculpa.
JERÓNIMA
Pues yo no estoy satisfecha.
MARÍA
¿Por qué?
JERÓNIMA
Muchacha, despacio,
775
que me tiras y repelas.
¡Ay, que mano tan pesada!
Válgame Dios, quien pudiera
ser cualquiera de vosotras,
que de mes a mes se peina
780
y con todo está decente.
Este trabajito lleva
la que tiene obligaciones
como yo.
FÉLIX
Señora, es fuerza
que las mujeres de modo
785
se rindan a la tarea
cotidiana de adornarse
como conviene a su esfera.
JERÓNIMA
Es verdad.
DAMIÁN
Parece que
de nuestra cuestión te alejas;
790
sepamos en qué te ofendo,
que hasta tanto que lo sepa
no estaré yo sosegado.
JERÓNIMA
Pues, por ver si te sosiegas,
ya que eres tan importuno,
795
anoche, ¿qué dependencias
tuvisteis, que no os he visto?
DAMIÁN
Como contingente sea,
y aun imposible, el hablaros,
según dijisteis vos mesma,
800
no vine anoche.
JERÓNIMA
Es verdad;
mas bien sabéis que a las rejas
o al balcón suelo estar siempre,
y aquel que adora de veras,
si hablar no puede, con ver
805
lleva el alma satisfecha.
DAMIÁN
Es así, pero...
MARÍA
Mi tío;
¡ay, Jesús!, vamos apriesa,
y buscar dónde esconderse.
JERÓNIMA
Meteros en esa pieza,
810
y tú, Martina, con ellos,
para que con maña puedas
impedir si quiere entrar.
MARTINA
¡Y que esto a mí me suceda!
Yo encerrada con dos hombres;
815
por Cristo, que nada sepa
Roquillo.
JERÓNIMA
Nada sabrá.
MARÍA
Entrad y cerrad la puerta.

(Sale DON RODRIGO pensativo.)

RODRIGO
Este caso, por mi vida,
me ha de perder la cabeza,
820
no le ha habido semejante
en consejos ni en escuelas,
ni el Vinio me da razón,
ni Cujacio, ni Valencia,
ni toda la turbamulta
825
de los autores que llenan
los estantes de mi estudio,
y quiero ver si en Ortega,
que me le dejé olvidado,
hallo algo de esta materia,
830
¡válgame Dios!
MARÍA
Tío mío,
¿dónde vais con tan suspensa
admiración?
RODRIGO
Calla niña,
porque no son cosas estas
para vosotras.
MARÍA
Si estáis
835
malo o la terciana os entra,
id por Dios a recogeros,
que yo, con la diligencia
que acostumbro, os cuidaré.
RODRIGO
No es terciana, ¡ojalá fuera!,
840
que esto es cosa del honor.
MARÍA

(Aparte.)

(¡Cielo santo!, ya estoy muerta,
cosa del honor ha dicho.)
RODRIGO
Y así, a entrar voy a esta pieza.
JERÓNIMA
¿A qué?
RODRIGO
A que he de menester
845
informarme con certeza.
JERÓNIMA
¿De qué señor?
RODRIGO
De una cosa.
JERÓNIMA
¡Ay!, ¿qué cosa será esta?
MARÍA
No entréis, señor.
RODRIGO
Pues ¿por qué?
MARÍA
Está cerrada la puerta.
850
RODRIGO
Pues abridla, porque es
preciso que un libro vea
que me le dejé olvidado.
MARÍA

(Aparte.)

(Esto es ya de otra materia.)
RODRIGO
Y va mi honor en sacar
855
con lucimiento y presteza
a un litigante que fía
de mi vida, honra y hacienda.
JERÓNIMA
Martina, tu señor tiene
que hacer dentro de esa pieza,
860
y quiere entrar.
MARTINA
¡Ay, señora!

(Dentro.)

Por San Blas y Santa Elena,
que no le dejéis.
JERÓNIMA
¿Por qué?
MARTINA
Porque estoy muy deshonesta.
RODRIGO
Pues ¿qué haces así, muchacha?
865
MARTINA
¡Ay, señor!, me da vergüenza
de decirlo.
RODRIGO
Aprisa, acaba;
¿cómo estás de esa manera?
MARTINA
Me estoy mirando las pulgas.
RODRIGO
Pues que me abras aquí es fuerza,
870
que no quiero verte nada.
MARTINA
Si estoy en camisa puesta,
¿cómo lo he de hacer sin que
de empacho me caiga muerta?
RODRIGO
¡Qué bien que a mí me parece
875
el recato en las doncellas!,
pues mira, dame ese libro
por debajo de la puerta,
que está ahí.
MARTINA
¿En dónde, señor?
RODRIGO
Ahí sobre esa papelera.
880
MARTINA
Señor, aquí hay tres o cuatro.
RODRIGO
Veremos cuál de ellos sea.

(Bájase a mirar por debajo de la puerta.)

MARTINA
¿Será éste?
RODRIGO
Dácale a ver.

(Entretiénese con los libros y sale ROQUE.)

ROQUE
Deo Gracias, la lavandera
dice que esperar no puede.
885
JERÓNIMA
¡Maldita sea tu lengua!,
vete al instante.
ROQUE
No puedo,
que sube por la escalera
el soplón del escribiente.
JERÓNIMA
Todo lo perdimos de ésta:
890
si allí le abren, ve a los dos;
si vuelve acá la cabeza,
ve a estotro; aprisa enemigo,
métete bajo esta mesa.
ROQUE
Allá voy.

(Métese.)

RODRIGO
¡Válgame Dios
895
el pleito y lo que me cuesta!,
pero el Barbosa ha de estar,
juzgo, en esta cuadra mesma.
¡Ah, Martina! ¿un libro grande
no está ahí?
MARTINA
Porque no le diera
900
el polvo, yo esta mañana
al barrer las agujetas
le até, y muy curiosamente
le metí bajo la mesa
del tocador de mi ama.
905
RODRIGO
¡Y que anden de esta manera
mis libros!

(Va a sacarle.)

MARÍA
¿Dónde vas, tío?
RODRIGO
¿Hay alguna otra doncella
también en cueros aquí?
MARÍA
No, sino que no es decencia
910
que os arrastréis vos, que yo
puedo sacarle.
RODRIGO
Pues ea,
despacha.
MARÍA
¡Virgen del Carmen!

(Búscale.)

RODRIGO
¿Qué sucede? ¿No lo encuentras?
MARÍA
No, señor.
RODRIGO
Quita, que yo
915
le hallaré.
JERÓNIMA
Eso temo.
RODRIGO
Necia,
aparta, le buscaré.
MARÍA
Nadie hará más diligencia
por daros gusto que yo,
ya le encontraré.
RODRIGO
Si me llega
920
nadie a mis libros, aunque
de polvo no se les vea,
a palos con el bastón
le he de romper la cabeza.

(Vase.)

ANA
Gracias a Dios que salimos
925
de tal confusión y pena.
MARÍA
Yo no soy para estos sustos,
Jeromita, yo estoy muerta;
yo no sé qué gusto tienes
en esto.
JERÓNIMA
Vaya, eso deja;
930
en qué poca agua te ahogas.
MARÍA
Voyme a esparcir allá fuera.

(Vase.)

JERÓNIMA
Ya podéis salir, señores.

(Salen.)

DAMIÁN
Ya impaciente lo desea
mi afecto.
JERÓNIMA
No hay que temer
935
de que ya mi tío vuelva,
que aquello fue un accidente;
a ver, ese espejo llega,
¿si estaré yo bien peinada?
DAMIÁN
Estás, Jerónima bella,
940
transformada en una Venus.
JERÓNIMA
Las flores ¿qué tal me sientan?
FÉLIX
Mejor que no en tu jardín.
JERÓNIMA
¿Y los polvos?
DAMIÁN
Te hermosean.
JERÓNIMA
¿Cómo me dice el lunar?
945
FÉLIX
Como al cielo las estrellas.
JERÓNIMA
Pues tráeme, Anita, abanicos.
ANA
¿Cuál queréis, el de la fiesta
de los toros de Aranjuez?
JERÓNIMA
¡Jesús, qué cosa tan vieja!
950
ANA
¿El del peneque?
JERÓNIMA
Tampoco.
ANA
¿Del empedrado?
JERÓNIMA
El que quieras,
como no sea antiguallas.
ANA
El de la moda postrera
es este.
JERÓNIMA
Muy bien; las cintas,
955
las sortijas, las pulseras,
el collar, el ramillete,
los guantes, caja y frasquera,
el reloj, las arracadas,
y lo que sabes que lleva
960
una mujer de mi porte.
ANA
Todas estas cosas puestas
por su orden tengo en la alcoba.

(Vase.)

JERÓNIMA
Pues voy, con vuestra licencia,
a acabarme de vestir.
965
DAMIÁN
Si os faltase camarera,
aquí tenéis quien os sirva.
JERÓNIMA
Lo estimo.

(Vase.)

MARTINA
Una trampa buena
le armamos al pobre viejo,
mi astucia la paga espera.
970
Voy a mirar mi comida.

(Vase.)

DAMIÁN
Ahora bien, mi atención sepa
qué habéis juzgado, Don Félix,
del mérito de mi prenda.
¿Hela exagerado mucho?,
975
¿ponderé sus excelencias?
¿No respondéis?, ¿que tenéis
encogimiento o vergüenza
de decir que no os parece
tan hermosa y tan discreta
980
como yo os he ponderado?
FÉLIX
¡Plugiera a Dios que eso fuera!
DAMIÁN
Pues ¿qué es?
FÉLIX
Nada.
DAMIÁN
No os entiendo.
FÉLIX
No es mucho que no me entiendas,
pues yo tampoco me entiendo.
985
DAMIÁN
Vamos claros.
FÉLIX
¿Y si os pesa
de que os hable claro yo?
DAMIÁN
No, de ninguna manera
me pesará, os aseguro
que en amistad verdadera
990
más vale un sentir patente
que un agrado con cautela.
FÉLIX
Pues, Don Damián, vos dijisteis
hoy que Jerónima bella
hermosa es.
DAMIÁN
Sí.
FÉLIX
Y yo también;
995
luego siendo así, es ya fuerza
que ame yo, aunque no discreto,
toda cosa que es perfecta.
DAMIÁN
Luego a Jerónima amáis.
FÉLIX
Es clara la consecuencia.
1000
DAMIÁN
¡Que esto escuche yo de quien
traje advenedizo a verla!
FÉLIX
Vos no dijisteis que amabais
absolutamente a ella,
sino que entre las dos primas
1005
mostrabais indiferencia.
DAMIÁN
Yo no dije cosa que
atrevimiento pudiera
daros de amar a ninguna.
FÉLIX
Mucho apuráis la materia;
1010
entre dos, que vos no amáis
puedo escoger la que quiera.
DAMIÁN
Si a Jerónima no es,
a Doña María sea.
FÉLIX
No me elijáis la mujer,
1015
yo haré lo que me parezca,
que no estáis vos encargado,
Don Damián, de mi tutela.
DAMIÁN
Ni tampoco de la mía
tú, para que así pretendas
1020
quitarme el gusto.
FÉLIX
Yo nada
quito a nadie.
DAMIÁN
No tan recia
alcéis la voz que nos oigan.
FÉLIX
Digo que yo tengo hacienda
y puedo casarme, y vos
1025
es imposible, aunque queráis.
DAMIÁN
Así mi afecto se paga,
¿es razón ni amistad ésta?
FÉLIX
Nadie más que yo el sagrado
de la amistad fiel venera.
1030
DAMIÁN
Pues sabed que he de vengarme
de cualquier suerte que pueda.
FÉLIX
No importa, que una traición
no asusta a mi fortaleza.
DAMIÁN
Pues de Jerónima huid.
1035
FÉLIX
Como me lo mande ella.
DAMIÁN
No os ha de querer tampoco.
FÉLIX
Bástame el que yo la quiera.
DAMIÁN
Perderemos la amistad.
FÉLIX
Pues la culpa será vuestra.
1040
DAMIÁN
A Jerónima dejad.
FÉLIX
Ya eso es machaca y cansera.
DAMIÁN
Yo por ella os traje aquí.
FÉLIX
Pues yo os mataré por ella.
DAMIÁN
¿Vos a mí?
FÉLIX
Sí, Don Damián.
1045
DAMIÁN
Pues, Don Félix, cuando quieras.
FÉLIX
Tal arrogancia merece
con la espada la respuesta;
ahora es buena ocasión.
DAMIÁN
No, salgamos allá fuera.
1050
FÉLIX
Decís bien, que no es razón
armar aquí una pendencia,
que el tocador de una dama
no es bueno para palestra.

(Vanse.)

(Sale ROQUE de debajo de la mesa.)

ROQUE
Andad con dos mil demonios,
1055
canallas, malas cabezas,
que he estado allí devanado,
rotos brazos, pies y piernas.
No hay que temer que se maten,
pues la cobarde prudencia
1060
de Damián ya hallará modo
cómo evadir la quimera.
Ya lo verá Martinilla
que con los majos se encierra.
Mas voy yo a ver lo que pasa,
1065
hasta que otro rato vuelva
a imitar a San Alejo
debajo de la escalera.

Jornada segunda

Sale DOÑA MARÍA.

MARÍA
¿Estoy sola? Sí, parece
que no me escucha aquí nadie,
porque a un triste solamente
le acompañan sus pesares.
Pues ya que nadie es testigo
5
del fuego oculto que late
en mi pecho, que ya pena
tierna y castamente amante,
procure aplacar sus llamas,
rompiendo mi voz al aire,
10
y con lágrimas y quejas
por boca y ojos se exhalen.
Qué nuevo galán amor
trajo a pisar mis umbrales,
que, a la primer vista, ay cielos,
15
rindió mi pecho constante.
Pero éste es al que gustosa,
junto al Pisuerga, una tarde
le respondí, aunque tapada,
más amorosa que afable.
20
Mas ¿qué digo?, ¡yo prendada
de hombre ninguno, oh pesares!;
¡oh afrenta!, ¡oh vergüenza suma!,
confundidme y acabadme.
¡Primero, abriéndose en bocas
25
la tierra, viva me trague
en su obscurísimo centro,
oh pudor, que te quebrante!
Pero ¿de qué sirven todos
mis enojos si no es fácil
30
dejar de creer que en llamas
mi triste corazón arde?
¿Es amar algún delito?
No, que hay tantos ejemplares
que me disculpen, que aun juzgo
35
que el no amar es yerro grande.
Amar es Naturaleza,
convéncenme estas verdades,
¡qué fácilmente que uno
lo que quiere se persuade!
40
Don Félix, cielos, Don Félix
es la causa de mis males,
es galán, es entendido,
es..., mas disculpa es bastante.
Pero ¿de qué suerte puedo
45
mis intentos declararle?
¿Diréselo? Qué sé yo
si es de otra hermosura amante,
y qué sé yo si a su gusto
mi beldad no es agradable.
50
Ni qué sé yo si al oírme
me reputará por fácil.
¡Oh, mal haya el que primero
reputó por liviandades
el que las mujeres sientan,
55
y que lo que sientan hablen;
y oh de los hombres dichosas
las eternas libertades,
porque dicen lo que quieren,
y al fin cuanto quieren hacen!
60
Mas, ya que de esta manera
lo quieren los cielos, ame,
note, obligue, solicite,
sufra, advierta, espere y calle.

(Sale MARTINA.)

MARTINA
Parece que se cansaron
65
ya de esperar los galanes.
MARÍA
Sí, Martina; y mis afanes
ahora de nuevo empezaron.
MARTINA
Pues ¿qué tienes?
MARÍA
¿Serás fiel?
MARTINA
Pues que ¿eso dudando estás?,
70
mi fidelidad verás.
MARÍA
Pues mira, Martina, aquel
que hoy desde Valladolid
vino, y trajo Don Damián,
tan discreto y tan galán,
75
a hacerme guerra en Madrid,
del alma se apoderó,
y yo el alma le entregué,
no sabe nada, porque
no es razón mostrarlo yo.
80
MARTINA
Bien hayas tú, que te pagas,
para que a tu prima asombre,
de un hombre que en todo es hombre
con que tu amor satisfagas.
Este sí que es grande hallazgo,
85
pues de los dos he entendido,
cuando estaba allí escondido,
que es un rico mayorazgo;
este sí que es, caballero,
de tu prima el disparate
90
se enamoró de un petate
sólo porque es lisonjero
MARÍA
Pues bien, Martina, te encargo
notar, sin que te diviertas,
sus acciones, y me adviertas
95
de esto, que queda a tu cargo.
Mira que en callar te esmeres,
que te está bien el callar,
ten cuidado de avisar,
y toma para alfileres.
100
MARTINA
Yo por aquí o por allí
siempre tengo que pillar,
tal modo de negociar
de mi amo la aprendí,
pues vienen dos litigantes,
105
y, aunque ellos contrarios son,
a entrambos da la razón,
y así del que vino antes,
como del que fue el postrero,
de entrambos logra coger,
110
por su injusto parecer,
muchas gracias y el dinero.
Doña María no sabe
como los dos repuntados
salieron desafiados
115
por su prima a un duelo grave,
y yo todo lo atisbé,
mas no lo quiero decir,
quiérola así divertir,
porque no lo perderé.
120

(Sale ROQUE.)

ROQUE
¡Ah Martinilla, a taimada,
que con los majos te escondes!,
¿así a mi amor correspondes,
y así injuriarme te agrada?
MARTINA
Roque, como te escondistes
125
tú, también me fue preciso;
y, aunque mi amor no lo quiso,
tuve que hacer lo que vistes.
ROQUE
Lo que he visto nada es,
lo que no he visto es el cuento,
130
de puro celos reviento
convertido en portugués.
MARTINA
Vaya, Roque, deja eso,
y sabe que te soy fiel,
y dime en qué paró aquel
135
lance atrevido y travieso
de los dos enamorados.
ROQUE
Pues que lo atisbaste tú,
allá va con Bercebú.
Salieron muy mesurados,
140
cabizbajos y mohínos,
haciéndose de valientes
y murmurando entre dientes
las coplas de Calainos.
Don Félix iba delante,
145
Don Damián, que no ha nacido
a ser guerrero atrevido
sino a ser chistoso amante,
con mil consideraciones
lo que pensaba no sé;
150
pero cuando me arrimé
le apestaban los calzones.
Hacia el Prado enderezaron
frente a frente se pusieron,
y de que solos se vieron
155
las tremendas aprontaron.
Damián perdió los estribos
y el color se le mudó
al punto que a Félix vio
con la espada en cueros vivos,
160
y con tiple de capón,
muy preciado de prudente,
le dijo: «No es ser valiente
esto, Félix, ni es razón
de que dos amigos tales,
165
como somos vos y yo,
se maten por lo que no
puede valer cuatro reales;
y así a su elección dejemos
el que ella escoja el que quiera;
170
y, haciendo de esta manera,
los dos nos satisfaremos».
Dijo Don Félix que sí;
con que juzgo que a engañarla,
a rendirla y obligarla
175
vendrán los dos presto aquí.
MARTINA
Pues Roquito, entre los dos
no habrá celos, ni desdén;
querámonos los dos bien
y venga la paz de Dios.
180

(Sale DON DAMIÁN.)

DAMIÁN
¿Y Don Félix ha venido?
MARTINA
No le he visto.
ROQUE
No, señor.
MARTINA
Nunca vi ocasión mejor,
de lo que habéis prometido.
DAMIÁN
¿De qué?
MARTINA
De lo que pedí.
185
DAMIÁN
¿Qué pediste?
MARTINA
Aquellos cuartos.
DAMIÁN
Déjame, por Dios, que hartos
males me cercan a mí.
MARTINA
Si adentro no me llamaran,
yo os pusiera como un trapo.
190

(Vase.)

ROQUE
Vaya, señor, que eres guapo
cual los diablos no pensaran.
DAMIÁN
Déjame y calla.
ROQUE
Señor
yo en mi vida fui discreto,
pero ahora me prometo
195
un discurso superior.
Esta madama fatal,
sahumada con incienso,
que la faltan, según pienso,
ocho cuartos para un real,
200
¿posible es que te ha ligado
con tal fuerza, señor mío,
que te tenga el albedrío
ciego y embarraganado?
¿No miras su presunción,
205
su melindre y su desdén,
y aquel andar ten con ten
cual paso de procesión?
Pensando en el uso nuevo
y en darse en la cara el unto,
210
ni sabe coser un punto
ni sabe echar sal a un huevo.
Yo por mujer escogiera
una fresca mocetona
entre marquesa y gorrona,
215
entre madama y frutera.
Juzgarán tus opiniones,
si la vieras por debajo,
entre tanto calandrajo
el solar de los Girones.
220
DAMIÁN
Calla atrevido.
ROQUE
Señor,
si la vista no me engaña,
callando piedras apaña
Félix tu competidor.
DAMIÁN
Pues ve y espera en la calle.
225

(Vase ROQUE y sale DON FÉLIX.)

FÉLIX
Ya, Don Damián, juzgué yo
que del día instante no
puede haber que aquí no os halle.
DAMIÁN
Es mi centro.
FÉLIX
Y también el mío.
DAMIÁN
Don Félix, sentido estoy
230
de que me ofendisteis hoy
con tan grande desvarío.
FÉLIX
Yo con nada os ofendí.
DAMIÁN
Faltasteis a la amistad.
FÉLIX
No probaréis que es verdad.
235
DAMIÁN
¿No lo probaré?, pues di,
¿es amistad, ni es razón,
lo que el cielo me dio a mí
por estrella y elección
me lo queráis usurpar,
240
faltando a la cortesía,
y de una cosa que es mía
me queráis enajenar?
FÉLIX
Fácil la respuesta es:
que los cielos son testigos
245
que no somos tan amigos
como dices, ya lo ves.
Y aseguro esta verdad
evidente para que
no me imputéis que violé
250
el sagrado a la amistad;
pues, aunque nos conozcamos
de algunos tiempos atrás,
conocimiento no más,
que no amistad, profesamos.
255
Pues va mucha diferencia.
y hay muy gran desigualdad,
de una intrínseca amistad
a mera correspondencia.
No os debo agradecimiento
260
de haberme traído aquí,
pues no ha sido afecto a mí,
sino es desvanecimiento,
para que yo me admirara,
y os tenga por advertido,
265
de haber por dama escogido
cosa tan hermosa y rara.
Y, si yo os desafié,
colérico y enojado,
bien sabéis que provocado
270
de vuestra arrogancia fue
Y al estar yo satisfecho,
que no sois para campaña,
no luciera tan vil hazaña,
que me pesa haberla hecho.
275
Que por Jerónima muera
no es ofenderos a vos,
pues decís que entre las dos
dudáis cual vuestro amor quiera.
Con que en un buen discurrir
280
con razón inferiré
que os enojasteis porque
me adelanté en elegir.
Si por el lote lo hacéis,
yo, que no le necesito,
285
el dote a la dama quito,
siendo mía, ahí le tenéis.
DAMIÁN
No es separable.
FÉLIX
Pues ea,
sólo digo en conclusión
que dejaste a su elección
290
el que de tu gusto sea.

(Sale DOÑA MARÍA.)

MARÍA
Por juzgar no es cortesía
solos a los dos dejaros,
yo vengo a mortificaros
con la conversación mía.
295
FÉLIX
Feliz mortificación;
yo rindiera ansioso el cuello
a Argel, que, siendo tan bello,
tan dulces sus penas son.
MARÍA
¡Que siempre el lisonjear
300
haya de ser tan usado
en hombres de todo estado!
FÉLIX
Ved que os podéis engañar,
y que quien tiene osadía,
como veis, de replicaros,
305
no querrá lisonjearos,
hermosísima María.
MARÍA
Pues ¿en qué me replicáis?
FÉLIX
Que, ¿no es réplica bastante,
el que diga yo arrogante,
310
señora, que os engañáis?
Pues yo dijera, por Dios,
al querer lisonjear,
que no se puede engañar
una dama como vos.
315
MARÍA
Lisonja entonces no era,
porque, si yo me engañara,
entonces se comprobara
que yo tan hermosa fuera.
Mas, ¡ay, que viene mi tío!,
320
esconderos al instante.
DAMIÁN
Siempre da un mísero amante
de un bajío a otro bajío.

(Escóndense y sale DON RODRIGO.)

RODRIGO
Sobrina, ¿qué haces?
MARÍA
Señor,
aunque estoy un poco mala,
325
íbame a entrar a la sala
a ponerme a hacer labor.
RODRIGO
De ti, niña, bien lo creo,
¡ojalá como tú fuera
esotra loca altanera!,
330
porque de ella, según veo,
nada se puede esperar,
sólo emplear noches y días
en hacer mil cortesías
y en cómo se ha de adornar.
335
¿Qué está haciendo?, ¿está cosiendo?,
¿o hace alguna otra labor
de provecho?
MARÍA
No, señor,
juzgo que se está vistiendo.
RODRIGO
Pues ¿cómo? ¿aún no está vestida?
340
MARÍA
Ya bien presto acabará.
RODRIGO
Pues ¿por qué no acaba ya
y va a guisar la comida?
MARÍA
¡Ay, qué engañado que estás!;
tío, fuerza es que lo avise,
345
si tú aguardas que lo guise
en tu vida comerás.
RODRIGO
Pues ¿cómo?
MARÍA
A mí no me toca
decir de mi prima nada,
llama a una u otra criada
350
y sábelo de su boca
RODRIGO
A ella tengo que llamar,
y de ella lo he de saber
y darla bien a entender
lo que quiere ejecutar.
355
Ve y llámala.
MARÍA
Ya está aquí.

(Vase.)

(Sale DOÑA JERÓNIMA.)

RODRIGO
¿Qué haces?, ¿en qué te entretienes?,
¿qué ropa cosida tienes
de la que está para mí?
JERÓNIMA
Ya lo haré.
RODRIGO
Luego ¿no has hecho
360
todo el tiempo más que holgar,
ni hemos podido lograr
de ti cosa de provecho?
Pues mira, la última vez
que yo te doy reprehensión
365
sabe que es esta ocasión,
por ti, no por mi vejez.
Dos hermanas me quedaron,
una loca, otra prudente,
y, a su tiempo competente,
370
ambas a dos se casaron.
Tu madre, Dios la dé gloria,
neciamente se casó
con tal sujeto que aún
no quiero tener de él memoria;
375
pues, después de haber jugado
cuanto de tu madre era,
no fue mucho que muriera
miserable y desdichado.
Huérfana entonces quedaste,
380
trájete a pisar mis salas,
mas de tu padre las malas
condiciones heredaste.
La madre de esa tu prima
casó con Don Luis Fajardo,
385
mozo hacendado y gallardo
y hombre al fin de toda estima.
Este al morir la dejó
diez y siete mil ducados
que se los tengo guardados
390
en mis escritorios yo.
Las dos os diferenciasteis,
ella modesta ha salido,
de honesto genio encogido,
y en todo os desigualasteis;
395
porque tú, aunque ser debieras
más humilde, por más pobre,
eres muy soberbia, sobre
mil locuras altaneras.
Al mundo andas engañando
400
(ves con qué verdad te arguyo)
diciendo que el dote es tuyo
que de estotra estoy guardando.
Tú la debieras servir,
y ella a ti te está sirviendo,
405
las cosas está ella haciendo,
y tú haces sólo dormir.
La otra noche aquella letra
que sonó con melodía,
ya sé muy bien que decía
410
que eres tú la Petimetra.
Pues, vive Dios que, si quieres
echarte más a perder,
en otra parte ha de ser
donde allí te desesperes.
415
Yo vivo muy afrentado
de ver tantos galanteos,
bufonadas y paseos,
que ya todos lo han notado,
y así, porque tanto yerro
420
se haya una vez de enmendar,
o al punto te has de casar
o meterte en un encierro.

(Vase.)

(Sale DOÑA MARÍA.)

MARÍA
Enojado el tío va,
¿qué ha dicho?
JERÓNIMA
Nada, María.
425
Una vez que no lo oía
nadie, nada se me da;
porque todo lo que pasa,
que nada importa verás
como no lo sepan más
430
que los de dentro de casa.
Voyme a acabar de vestir
no quiero perder la misa,
que, aunque corriendo y de prisa,
no he de dejarla de oír.
435

(Vase.)

(Salen DON DAMIÁN y DON FÉLIX.)

DAMIÁN
Don Félix, ¿qué habéis oído?
FÉLIX
Don Damián, ¿qué oísteis vos?
DAMIÁN
Nada percibí, por Dios.
FÉLIX
Por Dios, que nada he entendido.
DAMIÁN
¿Posible es que no entendisteis?
440
FÉLIX
¿Posible es que vos tampoco?
DAMIÁN
Yo nada.
FÉLIX
¿Nada? ¿Ni un poco?
DAMIÁN
Escondámonos, por Dios,
que si nos halla a los dos
mayor pesar es el mío.
445

(Escóndense y sale DON RODRIGO.)

RODRIGO
Un disparate iba a hacer,
sin juicio ni reflexión,
al ver la disolución
de esta imprudente mujer.

(Vase.)

(Sale DON DAMIÁN y DON FÉLIX.)

DAMIÁN
Pues salir hemos podido,
450
voy, Félix, en un instante
a cierta cosa importante
que es de mi cargo y no olvido.
Vuelvo.

(Vase.)

FÉLIX
Adiós, solo quedé;
y ¡que haya hombre como yo
455
que de lo que le pasó
avergonzado no esté!
¡Posible es que me cegara
tan pronto y de tal manera,
que a tal mujer yo quisiera
460
y por ella me prendara!
Sin juicio estuve, por cierto,
los sentidos tuve en calma,
o yo tuve absorta el alma
o el entendimiento muerto.
465
Vivo afrentado y corrido,
loco estoy de avergonzado
sólo de haberme engañado
de un presupuesto fingido.
¿Yo a una tan loca mujer,
470
tan sin juicio ni razón,
me he de rendir con pasión
y por mía he de querer?
Recobremos lo perdido,
que el todo no se perdió,
475
pues aún tengo tiempo yo
de enmendarlo arrepentido.
Hombre soy, no es mucho que
tan de pronto me engañara,
pero aquí está el juicio para
480
corregir lo que yo erré.
Suele uno incauto mirar
el engañoso oropel,
y, enamorado de aquel
falso lucir y brillar,
485
oro fino lo imagina;
pero ya más advertido
conoce que no ha salido
de tan excelente mina.
Yo así, yo así me engañé,
490
calidad la presunción,
lo atrevido discreción
incautamente juzgué.
Su locura es conocida
no sólo en Madrid, mas fuera,
495
y yo sólo juzgué que era
por su virtud aplaudida.
Quiso la ignorancia mía
más de Jerónima aquel
engañador oropel
500
que no el oro de María.
Aquella modestia sí,
aquel honesto mirar,
aquel vergonzoso hablar
sí que me ha hechizado a mí.
505
Sin duda es Doña María
quien me dio conversación,
tapada en el espolón
de Valladolid un día.
Y ¡que tan ciego esté yo
510
que no la haya conocido,
ni el alma me haya advertido
que entonces me enamoré!
Y que yo desafiado
saliese por la otra... ¡Oh, cielos!,
515
de mí propio tengo celos
por haberlo ejecutado,
y aun es pesar grande el mío,
y sin ponderación siento
el que en mi arrepentimiento
520
tuviese parte su tío.
Para Don Damián es propia,
pues yo estoy dudando cuál
de los dos original
es, o cuál de los dos copia.
525
Goce el dote y su riqueza,
pues mejor la suerte mía
es si logro de María
la honestidad y pobreza.
Porque se debe escoger,
530
por el vicio o por la fama,
desenvuelta para dama
y honesta para mujer.
Habiéndole yo atisbado,
fortuna me ayuda bien,
535
porque su tío es a quien
vengo yo recomendado.
Si me doy a conocer
sé que me agasajará,
cuanto tenga me dará,
540
y su huésped me hará ser.

(Sale MARTINA.)

MARTINA
¿Todavía no ha salido
mi señora?
FÉLIX
No, Martina.
MARTINA
Vaya, a mí me desatina
lo que dura este vestido.
545
FÉLIX
¿Qué te parece?
MARTINA
Señor,
yo respondo que muy mal.
FÉLIX
De tus dos amas, ¿a cuál
quieres más o es la mejor?
MARTINA
¡Jesús!, no me digas nada
550
de eso, porque esta señora
es mala trabajadora,
presumida y entoldada,
A todos tiene engañados
con fingida presunción,
555
pues dice que suyos son
diez y siete mil ducados
que son de Doña María.
FÉLIX
Esto no sabía yo,
ahora digo que salió
560
más feliz que suerte mía.
MARTINA
Pues ¿que la queréis?
FÉLIX
Yo sí.
MARTINA
También ella os quiere a vos.
FÉLIX
Calla, Martina, por Dios,
que no me engañes así.
565
MARTINA
No os engaño, en buena fe,
proseguid y porfiad,
y encontraréis verdad
de la que os aseguré.
FÉLIX
Pues dila que yo la adoro,
570
que tenga piedad de mí,
que a sus ojos me rendí,
y que de ella amante lloro;
y toma esta niñería
para que puedas entrar
575
en mi nombre a refrescar
en una botillería.

(Vase MARTINA.)

(Sale DON DAMIÁN.)

DAMIÁN
Me he dado prisa bastante
por juzgar que ya tardaba.
FÉLIX
Que vinieses deseaba
580
porque me voy al instante
a ver si han venido cartas
que después que yo saldrían,
en las que me avisarían
de mis dependiencias, que hartas
585
tengo Don Damián que hacer.
DAMIÁN
Id con Dios.
FÉLIX
Guárdeos el cielo.

(Vase.)

DAMIÁN
Solo quedé, solo estoy;
pues ahora a discurrir voy,
con cuidado y con desvelo,
590
qué es lo que más me conviene,
¿cómo esta loca mujer
con un tan vil proceder
tan engañado me tiene?
Esto del cielo es justicia
595
que ha ejecutado conmigo;
y esto del cielo es castigo
para enmendar mi codicia;
pues, cuando yo imaginaba
que eran suyos los cantados
600
diez y siete mil ducados
y ya rico me pensaba,
me desengaño este día
y hallo que la perfección,
la hermosura y dote son
605
de la gallarda María.
Don Félix no lo ha entendido,
según él me ha declarado;
y, pues él se ha enamorado,
y aun a reñir ha salido
610
por Jerónima, será
fácil que case con ella,
porque la hacendada y bella
María a mi cuenta está.
Yo la tengo de servir,
615
sirva a Jerónima él;
no dirá que no soy fiel,
pues ya me llegué a rendir.
¡Yo a Jerónima querer,
cuando pobre viene a estar!,
620
que traiga ella que cenar,
si yo llevo que comer.
Y, pues aun esto no tengo,
es para mí mujer buena
si almuerzo, comida y cena
625
trae, y a tal bien me prevengo.
Rica está Doña María,
pobre Jerónima está,
pues llévela Félix ya
porque estrota ha de ser mía.
630
Y esto no es mudable ser,
ni es afrenta en un sujeto,
sino rendirse discreto
a más justo parecer.

(Sale DOÑA JERÓNIMA y ANA con mantos.)

JERÓNIMA
Don Damián, ¿hemos tardado?,
635
ésta la culpa ha tenido,
el collar me había perdido
y, hasta que le hemos hallado,
no hemos podido salir.
DAMIÁN

(Aparte.)

(Fuerza aquí es disimular.)
640
Aunque se tarde en hallar,
yo no tengo qué decir;
pues yo contento estuviera
esperando aquí, señora,
aunque no os mirara ahora
645
ni en toda la vida os viera.
JERÓNIMA
¿Cómo es eso?
DAMIÁN
Digo que,
aunque no llegue a lograr,
tan sólo con esperar
muy contento viviré.
650
JERÓNIMA
Es que yo juzgué otra cosa.
DAMIÁN
No juzguéis nada, por Dios,
mientras que no dejéis vos
de ser perfecta y hermosa.
JERÓNIMA
¿Qué os parece, Don Damián?,
655
¿vengo buena?, ¿está bien puesto,
o me sienta bien todo esto?
DAMIÁN
Todas las cosas están
como en su centro, señora.
JERÓNIMA
Pues la bata y el brial
660
dijo que me estaba mal
esta criada habladora.
DAMIÁN
No hay tal, que os está de modo
que, aunque ahora no se ve,
yo aseguraré bien que
665
es de vuestra gala el todo.
JERÓNIMA
Este pañuelo he estrenado,
y también estas manillas
con muy graciosas hebillas,
y este rosario estrellado.
670
ANA
Y, como yo me esmeré
en peinarte hoy a la moda,
¿qué va que la Corte toda
se admira cuando te ve?
JERÓNIMA
Aunque tú no me peinaras,
675
no me has de poder quitar
este garbo en el andar
ni otras circunstancias raras
que me dio Naturaleza.
Y aquesto no es alabarme,
680
pues de ello quiso adornarme
ya que no me dio belleza.
DAMIÁN
¡Qué pesadez! Ambas cosas
Naturaleza te dio,
porque nunca he visto yo
685
no ser bellas las garbosas;
que, aunque la cara no sea
el alma, que encierran dentro
de aquel bien dispuesto centro,
se da a entender que no es fea.
690
JERÓNIMA
Lo mesmo me dicen todos,
todos no me han de engañar;
a Dios tengo que alabar
por muy diferentes modos.
DAMIÁN
Vamos, si a misa hemos de ir,
695
que yo no puedo esperar,
y no os podré acompañar
si es que tardáis en salir.
JERÓNIMA
Qué, ¿os enfadáis de ir conmigo?
DAMIÁN
No señora.
JERÓNIMA
Es que creí,
700
que ibais a decir que sí.
DAMIÁN
Pongo al cielo por testigo.
JERÓNIMA
Pues vamos hacia allá fuera.
Damián, dadme el brazo vos,
y ojalá que quiera Dios
705
que hallemos misa ligera.
Mas por ver si bien tocada,
o algo olvidado me dejo,
alcanza, Anita, ese espejo
para darme otra mirada.
710
ANA
Aquí está; ¡Jesús mil veces!,
ya van treinta miraduras,
yo suelo mirarme a obscuras
sin aquestas pesadeces.
JERÓNIMA
¿Quieres igualarte tú
715
conmigo?, ¡qué gracia, niña!,
¿necesitas tú basquiña,
manto, punta y pitibú?
Daca el espejo, habladora.
ANA
Ahí está.
JERÓNIMA
Pienso, señor,
720
que me está mejor la flor,
que no endenantes, ahora;
y es que, como fatigada
estoy de haberme vestido,
con el afán que he tenido
725
estoy algo sonrosada.
DAMIÁN
Todo está bien; vamos, pues.
JERÓNIMA
Vamos bajando, y, en tanto,
repara, Anita, ese manto
no sea que vaya al revés.
730
¡Ay Jesús!, yo me iba a misa
con los vuelos de dormir
y así no puedo salir,
ve y traeme esotros aprisa;
vaya, vaya, que la gente
735
que en ello repararía
sin duda alguna diría
que iba en extremo decente;
despáchate.
ANA
Voy, señora.

(Vase.)

JERÓNIMA
Ni un rato pude lograr
740
de poderme sola hallar
con vos, Don Damián, y ahora
que se ofreció esta ocasión,
hablemos de una vez claros,
porque mis sucesos raros
745
de todas maneras son.
Por vos anda el honor mío
en peligro, Don Damián,
todos ladrándole están
contra vos siempre a mi tío.
750
Mucho escándalo se ha dado,
esto bien lo conocéis;
y, pues cual decís tenéis
un mayorazgo colmado,
si nos hemos de casar,
755
como me habéis prometido,
no lo echemos en olvido
ni en esto hay que retardar,
pues, como estoy hacendada
y el dote saben que tengo,
760
a estar cada día vengo
de muchos importunada;
y si acaso os descuidáis,
aunque yo firme he de ser,
mirad que podréis perder
765
lo que tanto deseáis.
DAMIÁN
Yo siempre me alegraría,
y nunca son mis intentos
otros que vuestros aumentos
y bien, Jerónima mía;
770
y, si os he galanteado,
fue por sólo imaginar,
que no hubiera de intentar
nadie lo que yo he intentado.
No porque os juzgué olvidada
775
ni en obscura esclavitud,
sino porque la virtud
nunca suele ser buscada.
Pero, pues me decís vos
que no falta quien os quiera,
780
si esto bien se considera,
dar mil gracias debo a Dios;
pues ya sabido está
sin que el decirlo me asombre,
que otro cualesquiera hombre
785
más digno que yo será;
y así estoy muy consolado,
sin que a mí pena me aumente
de que en lo que es conveniente,
señora, hayáis mejorado.
790
JERÓNIMA
¿Con que ya, ingrato, decís,
con lisonja y mala fe,
que yo me case?, y bien sé
que en cuanto me habláis mentís.
¿Con que ya tantas finezas,
795
tantas vueltas y paseos,
favores y galanteos
a menospreciar empiezas?
Todo el tiempo se ha perdido
que se ocupó en desear
800
lo que no se ha de gozar
por tu ingratitud y olvido.
Pues, vive Dios, que has de ver,
aunque me cueste la vida,
que es víbora enfurecida
805
despreciada una mujer.
DAMIÁN
De lo que gracias debieras
rendirme, ¿quejas me das?,
considéralo y verás
mis palabras verdaderas.
810
No digo yo que no quiero
casarme contigo, digo
que es mejor case contigo
algún rico caballero,
que con toda la decencia
815
te trate que tú mereces,
donde estés mejor mil veces
y con mayor opulencia.
Más sentiré yo el dejarte
que tú lo puedes sentir;
820
y no me he de despedir,
aunque te pierda, de amarte.
¿Puedo hacer mayor portento,
ni de mayor excelencia,
que es buscar tu conveniencia
825
a costa de mi tormento?
JERÓNIMA
Bien con eso te disculpas.
DAMIÁN
Mayor disculpa es, por Dios,
que Félix os quiere a vos.
JERÓNIMA
Pues de eso a mí ¿qué me culpas?
830
DAMIÁN
Rendido a vos le miré;
por vos no ha mucho que al Prado
me sacó desafiado.
JERÓNIMA
Pues yo no se lo mandé.

(Sale ANA.)

ANA
Aquí están.
JERÓNIMA
Vamos aprisa,
835
que ellos causa hubieran sido,
si no hubiesen parecido,
de que hoy perdiera la misa.
Id delante; yo ya voy

(Vase DAMIÁN.)

un poco más consolada,
840
puesto que galanteada
de dos a lo menos soy,
y uno u otro bien se infiere
que caerán, y yo lo espero,
o el uno porque le quiero,
845
o el otro porque me quiere.

(Vanse.)

Jornada tercera

Sale DON FÉLIX.

FÉLIX
Ahora que solo he llegado,
y Jerónima y Damián
discurro que a misa están
porque yo los he atisbado,
puede ser que halle ocasión
5
de hablar a Doña María,
y decir la pena mía
con respeto y sumisión.
Martinilla puede ser
que dijese alguna cosa,
10
que es una parlera, curiosa
otra, una y otra, mujer.

(Sale DOÑA MARÍA.)

MARÍA
Don Félix, seáis bien venido.
FÉLIX
Seáis, señora, bien hallada.
MARÍA
Sea feliz vuestra llegada.
15
FÉLIX
A los cielos eso pido.
MARÍA
Qué, ¿no habéis acompañado
a mi prima?
FÉLIX
No, señora.
MARÍA
¿Por qué?
FÉLIX
Porque estoy ahora
más altamente empleado.
20
MARÍA
Pues, ¿no estuvierais mejor
con mi prima?
FÉLIX
No estuviera,
que, a estarlo, lo dispusiera
de otra manera el amor.
MARÍA
¿Qué amor?
FÉLIX
El mucho que os tengo.
25
MARÍA
Ahora es buena ocasión,
que de vuestra adulación
a hacer burla me prevengo.
FÉLIX
¿De mis afectos hacéis
burla?
MARÍA
Sí, Don Félix, sí,
30
porque lisonjero os vi,
y vos bien lo conocéis.
FÉLIX
¿Es lisonja la verdad?
MARÍA
¿Qué verdad?
FÉLIX
El que yo os quiero.
MARÍA
Dudo el que sea verdadero.
35
FÉLIX
¿En qué halláis dificultad?
MARÍA
El corto mérito mío
me hace dudar.
FÉLIX
Pues, señora,
rompa de una vez los grillos
a mi silencio y, aunque
40
el atrevimiento indigno
de proferir que os adoro,
pague con un ceño esquivo,
más que morir de cobarde
vale morir de atrevido.
45
Don Félix soy de Contreras,
tengo un mayorazgo rico,
y esperando por instantes
estoy, señora, el aviso
de un pleito que a mi favor
50
se habrá sentenciado y visto;
y, por si acaso saliese
en contrario, yo he venido
a hacer estas diligencias;
y, porque sepáis que os digo
55
la verdad, esta mañana,
cuando a una posada arribo,
hallé a este Damián, que un tiempo
sólo fue mi conocido,
aunque él, por lo que le importa,
60
dice que somos amigos.
Trájome al instante aquí,
ponderándome el hechizo
de vuestra prima, a quien ama
él con afecto excesivo.
65
Yo confieso (ahora veréis
que es verdad lo que yo os digo)
que a la primer vista todo
me arrebaté suspendido
de sus aparentes gracias.
70
No me avuergüenzo al decirlo;
pero ya desengañado,
y habiendo bien advertido
cuán diferentes las dos
sois (y agradeced que omito
75
contar vuestras perfecciones),
ya de veras me he rendido
a vos, vuestro esclavo soy,
no queráis que amor tan fino
se malogre, que yo os juro
80
por los cielos cristalinos
que no dejaré de amaros
mientras me miraren vivo.
Yo vengo recomendado
por cartas a vuestro tío,
85
y al instante que me vea,
como yo le he conocido
en Valladolid, me hará
cuanto agasajo imagino
pueda hacerme, y vos, señora,
90
no olvidéis lo que os he dicho.
Ved qué respondéis, que ahora,
sin salir de aqueste sitio,
espero de vuestra boca
la libertad o el suplicio.
95
MARÍA
Para responder, Don Félix,
muchas cosas necesito.
FÉLIX
Decidme.
MARÍA
Satisfacerme
primeramente es preciso
de vuestro amor, porque quien
100
sin consideración quiso
a mi prima y la aborrece
cuasi en el instante mismo,
es claro que no podrá
mostrar constancia conmigo.
105
FÉLIX
El querer a vuestra prima
fue impensado e improviso,
mas el quereros a vos
lance es ya muy prevenido.
Y si no, ¿no os acordáis
110
del que en Valladolid fino
aquella dichosa tarde
os libró de aquel peligro?
MARÍA
Es verdad, bien os conozco.
FÉLIX
Ved si mi amor es antiguo.
115
MARÍA
Pues ¿cómo amaste a mi prima?
FÉLIX
No os había conocido.
MARÍA
Ni ahora conocéis tampoco
el corto mérito mío.
FÉLIX
Pues yo os respondo también,
120
y con toda el alma os digo
que el Artífice Supremo
mostrar su habilidad quiso
cuando os formó tan hermosa,
y, aunque no queráis oírlo,
125
decir que es por despreciarme
y no busquéis coloridos
a vuestro rigor, y ahora,
que ya el desengaño he visto,
quedaros con Dios.
MARÍA
Don Félix,
130
¿que sois tan ejecutivo?
FÉLIX
Para decirme sí o no,
que hay bastante tiempo he visto.
MARÍA
Pero decid, si a mi prima
no queréis y habéis querido
135
en tan pequeño espacio,
¿es recelo vano el mío?
FÉLIX
Que la quise a vuestra prima
no dije, que, a haberlo dicho,
vive Dios que la quisiera,
140
aunque estorbos infinitos
se opusieran a mi intento;
y, pues a vos os lo digo,
imaginad que es verdad,
o me doy por ofendido
145
de que a un hombre como yo
le tratéis de fementido,
pues quien engaña a una dama
hace tan grande delito.
Quedad con Dios.
MARÍA
Mira, Félix.
150
FÉLIX
¿Qué decís?
MARÍA
Que no me animo
a decir nada.
FÉLIX
¿Por qué?
MARÍA
Porque es grande empacho el mío.
FÉLIX
Yo para engañar le tengo,
mas cuando la verdad digo,
155
ella mesma me da alientos
a hablar lo que solicito.
MARÍA
Pues démele a mí también.
No extrañes, Don Félix mío,
que este recato en mí propio
160
me tenga el labio encogido.
Ni extrañes que, ya que suelto
la voz, parezca al decirlo
que estoy acostumbrada
a semejantes estilos,
165
porque el que una mujer mire
al santo fin que yo la miro,
ni es de su calidad mengua,
ni es de su fama delito.
Te vi y bien me pareciste,
170
perdona, si no te digo
que te quiero, que me abrasa
la verguenza al proferirlo.
Diez y siete mil ducados,
y aún más, es el dote mío,
175
yo soy tuya, así los cielos
lo han dispuesto y lo han querido,
y siento no tener cuanto
engendra el Potosí rico
para ofrecerte por muestras,
180
Félix, de lo que te estimo.
FÉLIX
No al oro y plata, señora,
a ti solamente aspiro.
MARÍA
¿Me faltarás?
FÉLIX
¿Qué es faltar?
Primero que lo que digo
185
falte verás desplomarse
los círculos de zafiros.
MARÍA
¿Y mi prima?
FÉLIX
Que tal cosa
no me nombres te suplico.
MARÍA
Es que temo.
FÉLIX
Pues ¿qué temes?
190
MARÍA
Si serás para cumplirlo.
FÉLIX
Mas temo yo tus mudanzas.
MARÍA
Que no las temas te digo.
FÉLIX
Con que ¿no temo?
MARÍA
No temas.
FÉLIX
¿Serás mía?
MARÍA
¿Serás mío?
195
FÉLIX
Sí.
MARÍA
Sí.
FÉLIX
Pues adiós, señora.
MARÍA
Adiós, pero aquí mi tío
viene.
FÉLIX
No importa, que yo
saldré bien de este peligro.

(Sale DON RODRIGO.)

RODRIGO
¿Con quién estabas hablando?
200
Mas, cielos, ¡qué es lo que miro,
Don Félix!
FÉLIX
A vuestras plantas
estoy, señor Don Rodrigo.
RODRIGO
Enhorabuena a mi casa
vos seáis muy bien venido;
205
y ¿cuándo fue la llegada?
FÉLIX
Poco tiempo ha; de mi tío
el catedrático traigo
esta carta que a vos mismo
dijo que se la entregara.
210
RODRIGO
Somos muy grandes amigos;
y ¿cómo está?
FÉLIX
Le dejé
con salud para serviros.
RODRIGO
¿Y toda la demás gente?
FÉLIX
Buenos.
RODRIGO
Todos los antiguos
215
concurrentes a la mesa
de naipes de vuestro tío
¿cómo están?
FÉLIX
Con salud todos.
RODRIGO
¡Qué bien que nos divertimos
las noches de los inviernos!
220
FÉLIX
Y ahora hacen todos lo mismo.
RODRIGO
Me alegro, y vos ya sabéis,
aunque es ocioso el decirlo,
que tengo casa en Madrid;
y, aunque deba haber sentido
225
que sin atender a aquesto
a una posada hayáis ido,
con todo aún tiene remedio.
FÉLIX
Es fineza que yo estimo;
mas no quiero molestaros.
230
RODRIGO
Ninguna disculpa admito;
en mi casa habéis de estar.
Dile al escribiente mío,
Mariquita, que se llegue
por los trastos más precisos
235
a la posada, que así
sé yo honrar a mis amigos.
FÉLIX
Obligado me confieso.
RODRIGO
Y en el cuarto junto al mío
poned la cama a Don Félix.
240
MARÍA
Voy señor.

(Vase.)

RODRIGO
Debo advertiros
que al cuarto de mis sobrinas
no entréis con ningún motivo,
porque no parece bien,
y tal llaneza no admito
245
ni aun de sus mesmos parientes;
esto acá es cierto capricho,
no de viejo, sino de
hombre de maduro juicio
que sabe lo que es el mundo;
250
y, cuando a casa rendido
vengáis de pasear la Corte,
podéis muy bien divertiros
en mi estudio con mis cuadros,
con mis mapas y mis libros.
255
Ved que lo dicho, Don Félix,
no lo pongáis en olvido.
FÉLIX
A todo cuanto mandáis
obediente me resigno.

(Sale DOÑA MARÍA.)

MARÍA
Ya todo dispuesto queda.
260
RODRIGO
Pues ahora yo me retiro
con vuestra licencia a leer
la carta.
FÉLIX
En ella mi tío
os informa por extenso,
señor, a lo que he venido.
265
RODRIGO
Ved, que lo dicho, Don Félix,
no lo pongáis en olvido.

(Vase.)

MARÍA
Dichosa ha sido mi suerte.
FÉLIX
Más feliz la mía ha sido
porque así habré conseguido
270
a menudo hablarte y verte,
y aunque con tanto rigor
quiere impedirlo tu tío,
es un loco desvarío
poner riendas al amor.
275
Ahora voy a la posada
a decirle al escribiente
que traiga lo conveniente,
porque no se olvide nada.
MARÍA
Adiós.
FÉLIX
Adiós.

(Vase.)

MARÍA
Santo cielo,
280
hoy vuestro poder me valga,
permitidme que bien salga
mi cuidado y mi desvelo.
Mi casto intento premiad,
pues que lo sabéis bien claro,
285
y halle en vosotros amparo
la encogida honestidad.

(Salen DOÑA JERÓNIMA y DON DAMIÁN.)

JERÓNIMA
¡Jesús! ¡Jesús! ¡qué cansada,
prima, vengo, y qué molida!,
una silla por tu vida
290
arrima y ponla una almohada.
MARÍA
Pues vendréis cansado vos,
sentaos un poco, por Dios,
que ya os iréis, Don Damián.
DAMIÁN
Poco estaré.
JERÓNIMA
Vaya, vaya,
295
que está la calle Mayor
con tanta gala y primor
que casi pasa de raya.
Un aderezo que vi
mejor no se puede hallar,
300
con su peto y su collar,
con lazos y excusalí.
Por no buscarle no estreno,
porque estará ya olvidado
otro que tengo guardado,
305
que es, si no mejor, tan bueno.
No me puedo levantar,
cierto que esto es penitencia,
pero con vuestra licencia
voy a entrarme a desnudar.
310

(Vase.)

MARÍA
Yo también me voy.
DAMIÁN
Señora,
¿solo me queréis dejar?
MARÍA
Sí.
DAMIÁN
Es que os tengo yo que hablar.
MARÍA
¿Qué queréis hablarme ahora?
DAMIÁN
Suspended un poco el paso,
315
y escuchadme.
MARÍA
Ya os escucho.
DAMIÁN

(Aparte.)

(Con amor y miedo lucho,
todo me hielo y me abraso.)
MARÍA
Decid, pues.
DAMIÁN
Digo, señora,
que, antes de todo, postrado
320
a vuestras plantas os pido
perdón de lo temerario
que he de andar en lo que diga;
mas yo, sólo confiado
en vuestra piedad, espero
325
que no formaréis agravio.
Yo, señora, conociendo
los quilates y los grados
de vuestra hermosura, digo
que humilde los idolatro,
330
digo que os quiero de veras,
y mas que a mi vida os amo;
y en fin...
MARÍA
No me digáis más.
DAMIÁN
Con que ¿os habéis enojado?
MARÍA
¿No me he de enojar si veo
335
claramente un desengaño
de vuestra inconstancia ingrata?
DAMIÁN
Pues sabed que porfiando
se vence un muro y un monte
suele venir desplomado,
340
se labra un diamante, y todo
se le rinde al tiempo cano.
MARÍA
Menos mi pecho, que está
de vos muy desengañado.
DAMIÁN
Pues por más que os retiréis,
345
yo no he de dejar de amaros,
y, en oyendo mi razón,
os reduciréis acaso.
MARÍA
Primero que me reduzca
domesticaréis un mármol.
350

(Vase.)

DAMIÁN
No hay mujer que a la lisonja
resista por grande espacio.

(Sale DON FÉLIX.)

FÉLIX
Don Damián.
DAMIÁN
Don Félix.
FÉLIX
Tengo
un grande gusto que daros.
DAMIÁN
Yo a vos una enhorabuena.
355
FÉLIX
Las albricias que yo aguardo,
por la noticia que os dé,
son muy grandes.
DAMIÁN
He pensado,
que aún me las daréis mayores
por las nuevas que yo os traigo.
360
FÉLIX
Yo quiero hablar el primero.
DAMIÁN
Antes yo pretendo hablaros.
FÉLIX
He de ser yo.
DAMIÁN
No has de ser.
FÉLIX
Pues hablaremos entrambos
de una vez.
DAMIÁN
Es imposible.
365
FÉLIX
Mas ¿qué os estáis recelando
de lo que voy a decir?
DAMIÁN
Mas que vos habéis pensado...
FÉLIX
Nada pensé, oíd.
DAMIÁN
No escucho.
FÉLIX
Pues lo diré al aire vano.
370
DAMIÁN
Fuerza es oír, oigo pues.
FÉLIX
Pues ya veis que ha poco rato
que, porque os dije que amaba
a Jerónima, enojado
con razón de que os quitase
375
lo que ha tanto estáis amando,
con dolor de la amistad
salimos desafiados.
DAMIÁN
Es verdad...
FÉLIX
Pues porque no haya
entre amigos más agravios,
380
la olvidé...
DAMIÁN

(Aparte.)

(No lo sabrá,
que yo también la he dejado.)
Oíd...
FÉLIX
Aguardad que acabe,
y os escucharé despacio.
DAMIÁN
Ahora me toca a mí.
385
FÉLIX
Mientras no he finalizado
mi razonamiento, ¿es justo
que vos queráis estorbarlo?,
escuchad, o vive Dios...
DAMIÁN
Mas valiera no escucharlo.
390
FÉLIX
Digo, pues, que porque no haya
entre amigos más agravios
a Jerónima dejé,
y el corazón me ha robado
su prima Doña María.
395
DAMIÁN

(Aparte.)

(¡Que esto escucho, y no le mato!)
FÉLIX
¿Qué decís?
DAMIÁN
Hombre, a quien juzgo
que trajo a Madrid el diablo
sólo por mortificarme
y para ser mi contrario,
400
¿posible es que a cuantas cosas
dispongo, imagino y trato
te has de oponer?
FÉLIX
Pues ahora
que alegre estaba esperando
de vos agradecimientos
405
por la fineza que os hago,
¿sin cuidar del beneficio
con ingratitud os hallo?
DAMIÁN
¿Qué beneficio me has hecho,
hombre, que el infierno trajo
410
para estorbar mi quietud?
Sabe que yo imaginando
que un grande favor te hacía,
venciéndome todo cuanto
fue posible, te he cedido
415
a Jerónima; milagro
es este de mi amistad,
y, como nunca inclinado
te vi a su prima, escogíla;
y, ya que una me has quitado,
420
otra pretendes quitarme,
para que, si yo la alargo,
ver en quien pongo los ojos
y obligarla de contado.
FÉLIX
¿Con qué a la bella María
425
amáis?
DAMIÁN
Esto es, Félix, claro.
FÉLIX
No sé como con la espada
la respuesta no os he dado.
¿Con que tal atrevimiento
tenéis al ver que yo honrado,
430
por ser gusto antiguo vuestro,
Jerónima os la he dejado?
DAMIÁN
Pues ya de parecer mudo.
FÉLIX
No sé si podréis lograrlo.
DAMIÁN
Lograrélo con la espada.
435
FÉLIX
Pues, aunque viole el sagrado
y aunque el honor aventure
de ambas primas, porque osado
más no seáis, no habéis de
salir vivo de este cuarto.
440
DAMIÁN
Sacad la espada... Aunque cierto
es que el sacarla es extraño
contra un amigo, allá voy.
FÉLIX
Siempre andáis muy remirado
cuando llegáis a reñir.
445
DAMIÁN
Y ahora más que nunca ando.
Lo primero, y principal,
por el paraje en que estamos;
lo otro, porque si de antes
que eligiese ella dejamos,
450
será bien hecho que ahora
lo que allí hicimos hagamos.
FÉLIX
¿Con qué a su elección queréis
que este duelo remitamos?
DAMIÁN
Sí.
FÉLIX
Pues, aunque sé muy bien
455
que afrenta a un enamorado
consentir competidor
que se muestre apasionado,
como sé que contra mí
sois tan pequeño contrario
460
que aun me afrentara el venceros,
para ver si os desengaño
he de consentir en ello;
y así obliguémosla entrambos,
y esté en su elección el ser
465
o dichoso o desdichado.
DAMIÁN
Pues porque a mí me es preciso
ir a hacer cierto recado,
iré y volveré, Don Félix,
de aquí a brevísimo rato.
470
FÉLIX
Id con Dios.

(Sale DOÑA JERÓNIMA.)

JERÓNIMA
Señor Don Félix,
cuanto me alegro de hallaros
FÉLIX
Pues ¿qué mandáis?
JERÓNIMA
Seré breve.
FÉLIX
Decid.
JERÓNIMA
Vos sois avisado
y sabéis muy bien lo que
475
una mujer de mi estado
se corre al decirle a un hombre
que de su amor se ha prendado;
y bien sabéis que cualquiera
debe estar muy obligado
480
a semejante favor.
Yo (aunque me afrento al hablarlo)
os quiero bien, ya lo he dicho,
ved que respuesta no aguardo,
Porque supongo que a vos
485
no os conviene el ser ingrato.
Ved que una mujer os ruega
de mi sangre y de mi estado.

(Vase.)

FÉLIX
¡Válgame Dios!, ¿qué he de hacer
en un lance tan extraño?
490
Si a lo que a mí me sucede
se fingiera en un teatro,
lance propio de comedia
lo juzgara el vulgo vano.
Apenas a Madrid llego
495
y aún mis cosas no he empezado
a disponer, y tan pronto
tantas confusiones hallo.
Despechada una mujer,
que me quiere me ha mostrado;
500
el otro quiere a la otra,
que es a quien de veras amo.
A ésta, cierto, no la quiero;
mas ¿cómo he de ser ingrato
a una mujer que me ruega?
505
Mas si a su prima idolatro,
¿cómo he de poner en otra
ni mi amor ni mi cuidado?
Y si el otro me ha cedido
cauteloso o cortesano
510
la que él primero adoraba
y ahora a mí me está adorando,
y él quiere la que yo quiero,
le hago grandísimo agravio
en no ceder, pues cedió,
515
y él su gusto ha sujetado.
Pero todas estas cosas
vinieran muy bien al caso
si no hubiera en medio amor;
pero, pues amor ha entrado,
520
ni Jerónima o Damián,
ni el mundo que esté en contrario,
ni uno con sofisterías,
ni la otra con halagos
me apartarán, oh María,
525
del amor que te he mostrado.

(Sale DON DAMIÁN.)

DAMIÁN
¿He tardado?
FÉLIX
No por cierto,
Don Damián, no habéis tardado.
DAMIÁN
Pues yo ya había juzgado
que el cuarto estuviese abierto,
530
o que hubiesen ya salido
las dos a conversación.
FÉLIX
Aún no será la ocasión.
DAMIÁN
Pues a buen tiempo he venido.
FÉLIX
Pues mientras tanto que salen,
535
ya que no hemos de reñir,
mirad si queréis venir
fuera.
DAMIÁN
Tus palabras valen
mucho hoy conmigo; gustoso,
aunque yo qué hacer tengo,
540
a seguirte me prevengo,
por no hacerme sospechoso
con quedarme.

(Sale ANA.)

ANA
Andad con Dios,
mas presto volver podéis,
si por ventura queréis
545
hablar despacio a las dos.

(Vanse.)

FÉLIX
Ya volvemos.

(Sale DOÑA JERÓNIMA.)

JERÓNIMA
Ya te dije,
Anita, cómo le hablé;
la respuesta no aguardé,
y el aguardarle me aflige.
550
No se debiera buscar
bien alguno, ni querer,
tan sólo por no tener
el trabajo de esperar.
Y es tan grande este dolor,
555
que, según llego a pensar,
si es malo el desesperar,
el esperar es peor; que se alcanza,
porque el bien, si es
no causa placer cumplido
560
como está el pecho rendido
al rigor de la esperanza.
Y a no haber sabido cierto
que por mí desafiado
sacó a Don Damián al Prado,
565
primero me hubiera muerto
que decirle mi pasión;
pero como su amor sé,
por eso, Anita, le hablé
con tanta resolución.
570
Don Damián ya he conocido,
y me lo dijo el criado,
que es un tramposo, preciado
de discreto y presumido.
Estotro es rico y galante,
575
y es sin duda que me quiere,
y, como se dispusiere
nuestra boda en un instante,
tú serás mi camarera,
y por de día y de noche
580
siempre hemos de andar en coche,
tú al vidrio y yo a la testera.
Si una bata entonces saco,
sacaré otra para ti,
un reloj y excusalí
585
con su caja de tabaco.
Estando así tan bonitas,
tendremos mil galanteos,
por lucir en los paseos
y campar en las visitas.
590
ANA
¿Y las cosas no excusadas,
que en casa sean menester?
JERÓNIMA
Para lo que haya que hacer
recibiré otras criadas.
ANA
Bien.
JERÓNIMA
Compraré manteletas
595
de unas que he visto a la moda,
bata hecha de aguja toda,
paletinas y cofietas.
ANA
Cualquiera moda que salga,
por Dios, señora, que sean
600
las primeras que se vean
nosotras con ella.
JERÓNIMA
Y valgan
las cosas lo que valieren,
yo mi nombre he de perder
si habrá en la corte mujer
605
que antes con ellas las vieren.
ANA
No tengo que responder,
ni responderá el más ducho,
ahora me afirmo en que es mucho
lo que alcanza una mujer.
610
JERÓNIMA
Pues ahora sólo me falta
componerme más y más,
¿van bien los pliegues de atrás?
¿la chinela azul resalta?
ANA
Todo está bien.
JERÓNIMA
La verdad,
615
di, ¿te parezco donosa?
ANA
No vi mujer más hermosa
ni con tanta gravedad.
JERÓNIMA
¿Está este peinado igual?
ANA
El está que ni pintado.
620
JERÓNIMA
¿Es porque tú me has peinado?
ANA
Por Dios, que no digas tal.
JERÓNIMA
Con que ¿puedo parecer?
ANA
Y tan bien que el que te viera
es preciso que te quiera
625
sin poderse contener.
JERÓNIMA
¿A Félix le gustaré?
ANA
Al instante que te vea
se ha de hacer una jalea.
JERÓNIMA
Pues yo albricias te daré;
630
pero entrémonos ligeras,
verás con la astucia rara
que me compongo la cara;
éntrame aquí las salseras.
ANA
Que queráis entrar me espanto,
635
¿pues no está aquí el tocador?
JERÓNIMA
Sí, pero adentro es mejor,
por si vienen mientras tanto.

(Sale DOÑA MARÍA.)

ANA
Aquí está Doña María.
JERÓNIMA
Adiós, que tengo que hacer.
640
MARÍA
Pues vuelve presto, mujer.
JERÓNIMA
Al instante, prima mía.

(Vanse.)

MARTINA
Contenta estás.
MARÍA
Sí lo estoy,
Martina, y el caso fuera
que el caso se compusiera
645
y quedara acabado hoy.
MARTINA
Puede ser.
MARÍA
No es imposible.
MARTINA
Con que ¿él de veras te quiere?
MARÍA
Lo cierto es que por mí muere.
MARTINA
Mas ya sabes lo terrible
650
que a las dos habló tu tío
sobre que no entrase aquí.
MARÍA
Pero ¿qué se me da a mí,
si ha de ser esposo mío?
MARTINA
Ya presto vendrá a comer.
655
MARÍA
Mucho no puede tardar.
MARTINA
Pisadas oigo sonar.
MARÍA
Alárgate un poco a ver.
MARTINA
No es él, que es el pisaverde.
MARÍA
¿Damián? Voyme como un trueno,
660
que este hombre en malo ni en bueno
quiero que de mí se acuerde.

(Vase.)

(Salen DON DAMIÁN y ROQUE.)

DAMIÁN
Calla Roque.
ROQUE
Si es verdad.
DAMIÁN
Calla diablo.
ROQUE
Lo que digo.
MARTINA
Voyme, pues no hablan conmigo,
665
por no oír su necedad.

(Vase.)

DAMIÁN
Calla y da gracias a Dios
que no te he roto allá fuera
esa cabeza altanera.
ROQUE
Pues ya que estamos los dos
670
solos, y no me das blanca,
cobrar quiero en modo raro,
porque por hablarte claro
el corazón se me arranca.
Dime, infeliz mequetrefe,
675
pobre trompeta, holgazán,
que eres un pobre bausán,
y andas fingiéndote un jefe,
¿quién demonios te ha soplado,
por arte de Bercebú,
680
o de dónde sacas tú
que he de ser yo tu criado?
Bien sabes tú que sirviendo
estamos con cierto usía,
y en su casa todo el día
685
te llaman Juan Pereciendo.
El tal amo lamerón,
que el soltar cuartos le amarga,
bien ves que la paga alarga
y que acorta la ración.
690
Tú estos daños resarcidos
tienes en los bienes suyos,
pues, diciendo que son tuyos,
vas a lucir sus vestidos.
DAMIÁN
Ya conozco tu malicia,
695
infame, y tu infiel capricho,
ya yo bien sé lo que has dicho,
mas no ha de faltar justicia.
ROQUE
Mas que me ahorquen en hablando.
DAMIÁN
Calla.
ROQUE
No quiero callar.
700
DAMIÁN
Sufro por no alborotar.
ROQUE
¡Y que estés enamorado
de esa infeliz pobretona,
que no tiene ni ha tenido
nada, y tú tienes creído
705
que es una gran señorona!
El verle es cosa de risa,
pues con agujero tanto
parece punta de manto
el faldón de su camisa.
710
Y, aunque anda tan a lo majo
por encima, y pulidito,
no lo creas, pobrecito,
que está la maula debajo.
Además, voy a otra cosa,
715
si esta ha de ser tu mujer,
¿sabes tú qué sabe hacer?
¿si es humilde y hacendosa?
Ahora bien, yo la pregunto,
dígame esta niña, ¿cuál
720
se llama punto pascual,
cuál es de sábana el punto?
¿Cómo se pone un guisado?
¿Cómo se arrima una olla?
¿Cuántos cachos de cebolla
725
se echan en un estofado?
Vaya, que no sabe nada
de esto, ni ella lo ha estudiado,
sólo en hacer un guisado
juzgo que será extremada.
730
DAMIÁN
¿Cuál es?
ROQUE
El carnero verde;
sólo de esta cosa infiero
que por ser hacer carnero
la tal muchacha se acuerde.
DAMIÁN
Calla, tonto.
ROQUE
Yo, ¿por qué?
735
DAMIÁN
Porque hablas equivocado.
ROQUE
¿La dejaste o te has casado?
DAMIÁN
¿Qué es casar?, ya la dejé.
ROQUE
Me alegro, por vida mía.
¿No tienes dama?
DAMIÁN
Sí.
ROQUE
Bien.
740
¿pero no sabremos quién?
DAMIÁN
Su prima Doña María.
FÉLIX
Aquel de Valladolid,
Don Damián, me ha detenido,
él no sabe que he venido
745
esta mañana a Madrid.
¿Han salido?
DAMIÁN
Todavía,
mas ahora digo que sí,
Jerónima viene aquí,
y también Doña María.
750

(Salen JERÓNIMA, DOÑA MARÍA, ANA y MARTINA.)

FÉLIX
Señoras, a vuestros pies.
DAMIÁN
Mi rendimiento se inclina.
ROQUE
Y yo a los tuyos, Martina.
MARÍA
Ya es bien tarde, ¿qué hora es?
JERÓNIMA
Ved el reloj, Don Damián.
755
ROQUE
Adiós, fueros guapetones,
cosidas a los calzones
las cadenillas están.
DAMIÁN
Infame.
FÉLIX
No os inquietéis,
dejadle por donde estáis.
760
Señora, la que buscáis
en mi reloj la hallaréis.

(Da el reloj a DOÑA MARÍA.)

MARÍA
Tarde es ya.
JERÓNIMA
Sillas tomad.
LOS DOS
Con vuestra licencia.
JERÓNIMA
Aquí
fijamente la hora vi,
765
tomad el reloj.
FÉLIX
Dejad.
JERÓNIMA
Oyes, necia, descuidada,
sosa, dime, ¿por qué no
me trajiste el dominó?
ANA
Tiene una punta rasgada.
770
MARÍA
Tened.
FÉLIX
Miradle despacio.
MARÍA
Ya le he mirado bastante.
FÉLIX
Ves qué firme este diamante,
y qué hermoso ese topacio.
ANA
Mas ¿quién viene?
JERÓNIMA
El tío es.
775
MARTINA
Ahora aquí será la risa.
MARÍA
Tomad el reloj aprisa.
FÉLIX
Yo le tomaré después.

(Sale DON RODRIGO.)

RODRIGO
¡Válgame Dios!, honra mía,
¿qué a tan infeliz estado
780
posible es que hayas llegado
por la infamia y picardía
de dos sobrinas malvadas,
de un huésped que infiel ha sido,
de un picarón atrevido
785
y dos perversas criadas?
Mas no quiero alborotar,
con paz averiguar quiero
lo que responden primero
y después determinar.
790
No cuido de este bribón,
de Félix quiero saber,
que a estotro yo le haré hacer
lo que fuere de razón.
Don Félix, hablemos claros,
795
¿qué os he dicho cara a cara?
FÉLIX
La verdad, que aquí no entrara,
por los motivos más raros
que se ofrezcan.
RODRIGO
Y que a vellas,
sin a nadie exceptuar,
800
nadie a este cuarto ha de entrar
que no se case con ellas.
FÉLIX
Cierto.
RODRIGO
Y no lo habéis cumplido.
FÉLIX
¿No cumplí?, ¿cómo que no?
Vuestro honor licencia dio,
805
que el que fuese su marido
entre sin repulsa alguna,
y, aunque hoy vine y entré hoy,
yo cumplo como quien soy
en casándome con una.
810
ROQUE
Yo con otra.
RODRIGO
¿Tú, alcahuete,
también estabas aquí?
ROQUE
Yo vengo a tratar por mí,
que no por ningún pobrete.
RODRIGO
Y vos podéis de contado
815
a la otra prima elegir,
pues ninguno ha de salir
sino que salga casado.
ROQUE
Esto va bueno por Dios.
DAMIÁN
Yo lo acepto.
ROQUE
Yo también
820
RODRIGO
Sólo resta el ver a quién
los dos queréis de las dos.
DAMIÁN
Yo, señor.
FÉLIX
Tened un poco.
DAMIÁN
A mí me toca escoger.
FÉLIX
No sé cómo podrá ser,
825
porque yo ya me sofoco.
DAMIÁN
Yo también.
RODRIGO
No haya quimera.
Mientras lo hablamos los tres,
vosotras, niñas, bien es
que os retiréis allá fuera.
830

(Vanse las mujeres.)

DAMIÁN
Don Félix está prendado
de Jerónima la bella.
FÉLIX
Vos me trajisteis por ella,
siendo de ella enamorado.
DAMIÁN
Yo de ella ya no lo estoy.
835
FÉLIX
Don Damián, si no lo estáis,
¿por ventura os acordáis
que de ella me hicisteis hoy
una arenga tan famosa
que pareció relación
840
de Don Pedro Calderón,
alabándola de hermosa?
Pues queredla vos, que a mí
me toca Doña María,
ella tiene prenda mía.
845
DAMIÁN
¿Cuál?
FÉLIX
El reloj que la di.
DAMIÁN
Viste a Jerónima, al verla,
sin respetar mi amistad,
con ciega temeridad
te inclinaste a quererla.
850
FÉLIX
Y la dejé, aunque la quise,
por sólo ver que era vuestra.
DAMIÁN
Yo os la cedí.
FÉLIX
Yo también,
y mi afición a las prendas
rendí de Doña María.
855
DAMIÁN
Con tal que no sea a ella,
servid y amad a la otra.
FÉLIX
No ha mucho que en esta pieza
me dijisteis, persuadiendo
que mi afecto la rindiera,
860
si a Jerónima no es,
a Doña María sea.
Doña María ha de ser,
aunque el mundo se opusiera.
DAMIÁN
Pues os haré mil pedazos
865
antes que caséis con ella.
FÉLIX
Ya, ni atención, ni cordura,
ni respeto, ni prudencia
bastan; la espada responda
a semejante insolencia.
870
DAMIÁN
También la mía.
RODRIGO
Teneos.
Ninguno a violar se atreva
el decoro de mi casa;
dejémoslo a elección de ellas
FÉLIX
Soy contento.
DAMIÁN

(Aparte.)

(Muerto estoy,
875
mas el conceder es fuerza.)
RODRIGO
Salid.

(Salen las mujeres.)

LAS DOS
¿Qué mandas, señor?
RODRIGO
Que cada cual al que quiera
elija para marido.
LAS DOS
Don Félix, mi mano es ésta.
880
RODRIGO
¡Qué es esto!
DAMIÁN
Perdido soy.
JERÓNIMA
Que Don Félix me corteja
y es mi amor; hoy por mí al Prado
fue a reñir una pendencia.
MARÍA
Don Félix me ha prometido
885
hoy ser mi esposo, y en esa
suposición habló así.
RODRIGO
Nueva confusión es ésta.
JERÓNIMA
Mi esposo es.
MARÍA
Es mi marido.
RODRIGO
Apuremos la materia,
890
Don Félix, ¿a cuál queréis?
FÉLIX
Di palabra, y cumpliréla,
señor, a Doña María;
su prima se engaña ciega,
pues juro que no la debo
895
obra, palabra, ni oferta
más que su necia esperanza.
RODRIGO
Pues sin acomodo queda,
dad la mano al punto vos.
DAMIÁN
Yo no me caso con ella.
900
RODRIGO
Pues ¿por qué?
DAMIÁN
Por ser quien es.
JERÓNIMA
Pues no quede yo en afrenta.
Cáseme y sea el que fuere,
sombra de marido tenga;
cumplid, don Damián, lo que
905
me ofrecéis por estas letras.

(Saca un papel.)

RODRIGO
No hay remedio.
DAMIÁN
Si no le hay,
preciso es que me convenga,
aunque desde aqueste instante
mi infierno ya en vida empieza
910
con tal mujer.
ROQUE
Chica.
MARTINA
¿Qué?
ROQUE
¿Te cansas de ser soltera?
MARTINA
Yo sí.
ROQUE
Pues daca esa mano.
MARTINA
¿Y comer?
ROQUE
Aqueso deja.
¿Con qué ha de comer tu ama
915
y se casa?; pues pasa ella,
no hay que temer.
RODRIGO
A esta infame,
porque obró como quien era,
los vestidos de su prima
quitadla.
MARÍA
No.
RODRIGO
Vayan fuera.
920

(Quítanla la bata y queda muy ridícula.)

ROQUE
Si a él quitaran lo prestado,
sin duda que pareciera,
por la desnudez de entrambos,
matrimonio de Adán y Eva.
TODOS
Y a todas las que la imiten,
925
si para tías no quedan,
pararán en el estado
que paró la Petimetra.