La psicología. Conversaciones femeninas
Concepción Gimeno de Flaquer
La palabra psicología es hoy en México cuestión palpitante, cuestión de actualidad; hallándose tan en boga, tenía que despertar el interés de las sacerdotisas de la Diosa Moda, como si se tratara del último figurín francés.
Algunas damas, cuyos maridos no han sido víctimas de la psicología y que solo conocen la celebérrima palabra por haberla visto estampada en título de obra metafísica, índice de libro filosófico, o epígrafe de erudito artículo, huían de ella con espanto, a pesar de la decantada curiosidad femenil, temerosas de que los sabios la explicasen en griego; mas viéndola vulgarizada en los periódicos, se han decidido a preguntar el significado de ella, no a un lingüista que al querer hacer brillar la luz, las hubiera dejado a oscuras con etimologías filológicas, sino a una mujer, con objeto de que les explique clara y sencillamente le mot de sensation.
Hablarme a mí de psicología en estos momentos es mentar la soga en casa del ahorcado, así es que puedo dar la explicación, no con claridad, porque la palabra no tiene nada de clara, pero sí con lenguaje vehemente que se entiende mejor que el frío.
Los periodistas mexicanos emplean convencionalmente o en sentido figurado la palabra psicología para definir lo indefinible, para determinar el castigo aplicado a culpas que no son culpas, a lo que los... (¿me atreveré?) muy respetables señores jueces denominan delito y que es en puridad grillete puesto por ellos al pensamiento: la psicología es en lenguaje periodístico, en este momento histórico, paradoja, sutileza, sofisma o quinta esencia, para la flagelación inmaterial a lo vago, intangible, incorpóreo y espiritual, o sea al ingenio. Mas como todo es anómalo en tal procedimiento, castíganse materialmente culpas inmateriales, condenando al individuo a no gozar de los rayos del sol y a respirar mefítico ambiente en lóbrega prisión, haciéndole envidioso de la planta, el pez y el ave, que más felices que el ente humano se agitan ampliamente libres de los suplicios que inventa el hombre para el hombre.
¿Empezáis a comprender, inteligentes lectoras, lo que es psicología? Apenas hay un periodista que se haya librado de ella: por eso os hago saber que los colegas, ya no se llaman entre sí hermanos en letras sino hermanos en infortunio.
Pasemos al análisis de lo más grave: los adelantos de la ciencia han demostrado que nada influye en la inteligencia, el peso de la masa encefálica, ni la cantidad de la sustancia gris, sino la calidad, así es que ha quedado declarada oficialmente la igualdad intelectual en ambos sexos, cuando la calidad de la sustancia gris es de la misma especie, pues de otro modo, sabido es que existen muchos hombres inferiores a las mujeres inteligentes; todos aquellos cuyos cerebros conservan hasta ultratumba, la virginidad de la idea.
Aceptada esta verdad incontrovertible, la mujer tiene en sus actos la misma responsabilidad que el hombre, por consiguiente, si se desliza con la pluma o el pincel, y le aplican el sistema psicológico, tiene que ir a Belén. Pedir benevolencia denigraba su dignidad intelectual, y la que tal hiciera quedaría infamada ante su sexo, como ante el ejército de Leónidas el soldado que se hubiera resistido a pasar las Termópilas.
Hablando de la igualdad intelectual en los dos sexos, que es lema de mi bandera voy a deciros en secreto, señoras mías, que unos sabios de la Edad Media (quiero ser benévola callando sus nombres) nos negaron el alma, por cuya razón debemos gratitud al hombre de la edad moderna que nos la concede; (¡) pero no os he dicho algo curioso que os interesa respecto de este punto: los sabios aquellos que nos han insultado tantas veces en griego y en latín, viéronse muy apurados para definir el alma, es decir, el ser moral, la parte más noble del individuo, lo que nos diferencia de los brutos y tuvo que definirla una mujer.
Ocurrió de este modo: asistía a la escuela un niño de gran imaginación, que al oír hablar a su maestro repetidas veces del alma, quiso saber lo que era. El profesor sumergiose de lleno en la psicognosia con argumentos complicados, embrollando las ideas del niño que no logró entenderle. Al llegar a su casa preguntó a su madre ¿qué es el alma? El alma, repuso esta, es una facultad en la que reside el recuerdo, la esperanza y el deseo de lo que más nos halaga; ¡ah! exclamó el pequeñuelo alegremente, con el alma es con lo que yo te quiero.
Mas volviendo a la psicología aplicada a la ley por el distinguido abogado Montiel, necesítanse grandes facultades para ejercerla, pues como él dice, «la garantía del reo consiste en la acertada conciencia jurídica de un juez inteligente, experimentado y probo»
. ¿Podrá ser probo el juez, pregunto yo, si el reo es una mujer bonita?
Interesante fuera el debate, nombrándose abogado defensor a Francisco Alfaro, que es elocuente como un magistrado ateniense, galante como un magnate del reinado de Francisco I, de aquel rey que solía decir: una corte sin mujeres es una primavera sin rosas.
No es inverosímil que la psicología caiga sobre la mujer y entonces esta, parodiando a Mme. Roland, les dirá a los jueces mexicanos: «Me juzgáis digna de participar de la suerte de los grandes hombres que habéis llevado a Belén, trataré de mostrar en la prisión el valor que ellos mostraron»
.
No os desalentéis, señoras mías, el día en que nos hagan víctimas de la psicología, pediremos derechos electorales y se armará la gorda. Olimpia de Gouges, que tanto brilló en la Revolución francesa, decretó nuestra participación en la vida política del hombre con esta frase: «Las mujeres tienen derecho para subir a la tribuna ya que suben al cadalso»
; llegado el caso diremos, ya que suben a Belén.
La psicología nos priva de uno de los manjares más sabrosos, el de la murmuración: creedme, una mujer que no murmura se aburre profundamente. Señores jueces, por piedad, dejadnos murmurar: sino estuvieran tan desacreditadas nuestras lágrimas, os lo pediríamos con las lágrimas en los ojos; pero cómo hablar de lágrimas cuando ha dicho un pícaro poeta:
L'art de pleurer est un talentque la femme la plus novicepossède à fond, et que souventelle entretient par l'exercice.
Ya lo sabéis, bellas lectoras, la palabra psicología tiene varias acepciones; considerada científicamente como conocimiento del alma humana, es una palabra inventada en el siglo XVI por el filósofo alemán Goolenius, inaugurada en México en el siglo XIX para menoscabar la libertad de imprenta; es creación del ilustrado jurisconsulto Sr. Montiel, a quien dicha palabra ha dado la inmortalidad.
Os desea amables lectoras, salud, belleza, triunfos amorosos, y nada de psicología vuestra atenta servidora
México, septiembre 4 de 1889.