1
Cfr. Cicerón, Ad Herennium, XXX, 47:
«Conclusiones, quae apud
Graecos, epilogi nominantur, tripertitae sunt Nam constant ex
enbumeratione, amplificatione, et
commiseratione»
. Cp. Cicerón, De inventione, LII, 98;
Quintiliano, De
Institutione Oratoria, VI, i.
2
Cfr. E. R.
Curtius, Literatura Europea y Edad Media Latina.
México, 1955. I, 136: «Si en la
poesía medieval la tópica del exordio pudo apoyarse
por lo común en la retórica, no ocurrió lo
mismo con las conclusiones. El final de un discurso debía
resumir los puntos principales y dirigirse después a los
sentimientos del oyente, es decir, moverlo a indignación o
compasión. Estos preceptos no eran aplicables a la
poesía, como tampoco a la prosa no oratoria; de ahí
que sean relativamente frecuentes las obras sin verdadera
conclusión (como la Eneida) o las conclusiones
bruscas»
.
3
Cfr. E. R.
Curtius, op. cit.: «Así, Ovidio termina su Ars amandi (III, 809) con las
palabras: "el juego llega a su fin"»
. Otro ejemplo de
final abrupto (Poetae, III, XXV, 732):
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4
Vid.
E. R. Curtius, op.
cit., p. 137: «Las
fórmulas finales y precisamente las fórmulas
"abruptas", tienen en la Edad Media un sentido muy determinado:
hacen saber al lector que la obra está concluida; que por lo
tanto la tiene ante sí completa. Era grata esta seguridad en
una época en que la copia era el único método
-muy inseguro, por cierto- de reproducción. El copista
podía verse obligado a abandonar la tarea, podía
hacer un viaje, enfermarse, morir. De muchos poemas medievales no
se nos han conservado mas que fragmentos; en muchos falta la
conclusión. La breve fórmula final permitía
también al autor incluir su nombre»
.
5
Vid. E. R. Curtius,
loc. cit.: «Sólo uno de los tópicos antiguos
de la conclusión pasó a la Edad media; "debemos
terminar, porque se hace de noche". Esto, claro está,
sólo conviene a una conversación al aire libre;
así la fingida situación del De oratore ciceroniano, que
termina (III, Iv, 209) porque el sol poniente exhorta a la
brevedad. Así también la fingida situación de
la poesía bucólica: el primero, el quinto y el
decimoctavo de los idilios de Teócrito; las églogas
primera, segunda, sexta, novena y décima de Virgilio y la
quinta de Calpurnio terminan con la puesta del sol»
.
6
Cfr. E. R.
Curtius, op.
cit., pág. 138:
«Garcilaso de la Vega desarrolla el
dúo de su Égloga I en el término de
un día; Salicio comienza al salir el sol, y Nemoroso
concluye cuando se pone. Herrera criticó este procedimiento,
pero la lamentación pastoril que ocupa todo un día
hizo fortuna»
. Debe observarse que la
Églogas II y III adoptan la misma duración,
pero no una conclusión definida como la de la I. Curtius no
señala que el lamento de Salicio concluye con el
tópico del cansancio. Con respecto a este último
tópico Curtius advierte, pág. 137: «El motivo más natural para poner fin a
un poema era en la Edad Media el cansancio. Escribir poesía
era tarea fatigosa. Muchas veces los poetas concluyen "para poder
estar tranquilos", o se alegran de poder descansar. Cuando el poeta
deja caer la pluma, podemos percibir su respiro de alivio; algunas
veces pretende que la Musa se ha fatigado; otras, que él
tiene los pies cansados»
.
7
Citamos por Ariosto, Orlando Furioso. Milano, Instituto Editoriale Italiano, s. a. 2 tomos (Classici Italiani I, volume II y III). El número romano indica el canto y el árabe, la estrofa.
8
Citamos por la ed. De Julio Caillet-Bois, Buenos Aires, Emecé Editores, 1946. Los números indican la Parte y el Canto respectivamente. A este tipo del tópico del cansancio pertenecen los ejemplos que se hallan en Os Lusiadas de Luis de Camoes:
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| VII, lxxxvii (vs. 6013-6016) | ||
| X, cxlv (vs. 8697-8704) | ||
Obras Completas. El resto de los cantos carece de conclusión. Citamos por Luis de Camoes, Lisboa, Livraria Sa Da Costa Editora, 1947. Vol. V: Os Lusiadas, tomos I y II (Coleccăo de Classicos Sa Da Costa).
9
Citamos por la ed. de J. T. Medina, Santiago, Imprenta Universitaria, 1917.
10
Jean Ducamin, «Introduction», L'Araucana. París, Garnier, 1900, p. xlvii, sostiene, basado sólo en conjeturas, la indefendible idea de que el canto XV era en la intención del poeta el último de la obra y que parte de él habría pasado a formar parte del canto xxxvii y último, como hoy lo conoceremos.