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11

No es dado hacer en el poema mención de todos los que se distinguieron en Junín: Bruix, Pringles, Lizarraga, Savry, Blanco, Olavarría, Brown, Medina, Allende, Camacaro, Escobar, Sandoval, Jiménez, Peraza, Segovia, Tapia, Lanza, etc. Es muy sensible no poder insertar los nombres de todos los jefes, oficiales y aun soldados que combatieron en Junín. Este silencio forzoso sería más sensible si sus nombres para ser memorables necesitasen de mi canto.

 

12

Homero fue hijo de Meón: también se cree que fue natural de Meonia, en el Asia Menor.

 

13

La acción de Junín empezó a las cinco de la tarde, la noche sobreviniendo tan pronto impidió la completa destrucción del ejército real.

 

14

Después de Huayna-Cápac reinaron algunos Incas; pero él fue el último que poseyó íntegro el imperio. Los demás reinaron en un reino dividido, agitados siempre de guerras civiles o encadenados por los españoles. Éstos por farsa solían coronar a los legítimos sucesores para llevar al cadalso una víctima que lisonjease más su ferocidad.

 

15

El Inca Atahualpa, hijo de Huayna-Cápac, murió en un cadalso por orden de Pizarro y consejo del Padre Valverde, que después fue obispo de la misma Corte en que habían reinado sus víctimas.

El nombre de Atahualpa está desfigurado con el de Ataliba en varios poemas europeos. ¡Y ojalá que sólo se desfigurasen los nombres!... algunos dramas, por apartarse de la historia, ¡cuánto pierden de interés, y cuántas lágrimas perdonan!

 

16

El Inca Huáscar, hijo predilecto de Huayna-Cápac, no fue asesinado por los españoles; pero ellos dieron la causa de su muerte, pues si no hubiesen osado intervenir en los negocios de los hermanos reyes, las diferencias de éstos habrían terminado de otro modo.

 

17

El nombre de Las Casas no puede recordarse sin enternecimiento por ningún americano, a pesar del último extravío de su celo. ¡Cuándo no se extraviaron las grandes pasiones! El nombre de Las Casas es muy venerado en América. ¡España le trata de fanático e impostor!

 

18

La peana del Inca era un edificio en que solía descansar cuando atravesaba -el gran camino de la Cordillera. Sus ruinas, o más bien los vestigios de sus ruinas, están muy cerca del campo de Junín.

 

19

El jefe del ejército real, después de su derrota en Junín, marchó precipitadamente al Cuzco para preparar una segunda acción, cortando los puentes del Apurímac. Esta operación detuvo al ejército libertador en la orilla izquierda del río. El general Bolívar, entonces, dejando las disposiciones convenientes, volvió a Lima con el fin de levantar nuevas tropas para reabrir la campaña, pasada que fuese la rigorosa estación del invierno. En este intervalo los españoles, reuniendo con presteza admirable cuantas fuerzas tenían en el Cuzco y demás provincias, y arrebatando cuantos elementos de guerra útiles o inútiles había en el país, repasaron inesperadamente el Apurímac y se presentaron en Ayacucho con cerca de diez mil hombres, cuando nuestro ejército apenas excedía de cinco mil.

 

20

En el campo de Ayacucho fue la célebre victoria que predice el Inca y que fijó los destinos de la América. En el mismo lugar, al principio de la Conquista, se disputaron los Almagros y Pizarros el dominio del Perú con tal encarnizamiento, que por la mortandad de unos y otros se llamó el campo de Aya-cucho, que se interpreta Rincón de muertos. Habiendo recaído la suma del imperio en uno solo, se aceleró la conquista de todo el país.