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1

Imposible no leer aquí a Sarmiento como antecedente de Manuel Puig y a su Josefa como la hermana de la Rabadilla de Boquitas pintadas.

 

2

Ciertamente, el Zonda establece una visión centralista, aun en la periferia. Doña Josefa hace que Sarmiento corrija -«le indicaremos que no vuelva a agarrar el Zonda, porque lo hará pedazos. Agarrar es un verbo...» (1939, 4: 3. Cursiva en el original)- y contextualice en un debate más amplio los términos de esa corrección -«es lo más chabacano, lo más Angaquero posible, y una Señorita del pueblo no se expresa así jamás, según U. puede comprobarlo, cuando baje» (1939: 4, 3).

 

3

El comentario de Prieto (1982) se enmarca en una visión de la dudosa sexualidad de Sarmiento.

 

4

La idealización de las internadas contrasta con la presentación realista de Doña Josefa. En esto se adivina cierto juicio de Sarmiento de tintes platónicas: las chicas son jóvenes y, por lo tanto, bellas y educadas. Una vieja iletrada como Josefa nunca podría ser acreedora de una consideración estética.